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Rubén Darío Salazar: “Mientras el ser humano exista vivirá el teatro” (+Video)

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Teatro de Las Estaciones. Foto: Cortesía del entrevistado

Silencio. Abre el telón y una singular escenografía se deja ver sobre el tabloncillo. Unas figuras de tela sobresalen en el conjunto. Son los títeres que comienzan a contar lo cotidiano y lo trascendente, buscando siempre nuevas posibilidades escénicas, con los actores, el público, el espacio.

Así una y otra vez se reinventa la actuación, porque si vamos a hablar del Teatro de Figuras en Cuba no puede pasar por alto el Grupo Teatro de Las Estaciones bajo la dirección de Rubén Darío Salazar.

Corría el año 1994, año difícil para nuestro país, y en agosto fue la cima a nivel social y económico con la llamada “Crisis de los balseros”. Por esos días, Rubén junto al diseñador Zenén Calero realizaron en el Teatro Sauto un par de espectáculos musicales.

“Llegó el período estival y la dirección del Consejo Provincial de Artes Escénicas de Matanzas (Cpae), y del propio Teatro Sauto, nos piden realizar una revista musical para el público infantil. Así nacimos, un 12 de agosto. Lo que sería un fin de semana con el espectáculo ¡Viva el verano!, se convirtió en dos, a teatro lleno”. Vino, después, la aventura.

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Rubén Darío Salazar. Foto: Cortesía del entrevistado.

“Yo le tengo horror a las fórmulas. Cuando se me espera por un camino, vengo por otro. No me preocupan los riesgos. Lo importante es que la gente siempre está segura de que se va a encontrar un espectáculo que no esperan, mas sabe qué será de calidad, que mostrará una imagen hermosa, o por lo menos sugerente; un texto y una dramaturgia respetuosos; un trabajo musical serio; y corporal, pensado.

“Pero… ¿cómo lo hacemos? No. No tenemos fórmulas para eso en lo absoluto. Y si existiese alguna sería la del respeto al público y a nosotros mismos como artistas”, dijo Rubén Darío en 2009, en una entrevista a Juventud Rebelde. Once años después sigue igual, con la misma sonrisa, las mismas ganas, el mismo deseo de ver a la gente disfrutar cada espectáculo.

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Sede de Teatro de Las Estaciones. Foto: Cortesía del entrevistado.

Matanzas y el buen teatro son casi sinónimos en esta historia. Es una ciudad que ostenta dos de las más importantes compañías teatrales en Cuba: Teatro de Las Estaciones y el Portazo. En esta primera parte decidimos dialogar con Rubén Darío, en una segunda entrega le daremos voz a Pedro Franco, los dos directores de estos grupos. Mientras tanto, apague la luz, pónganse cómodo y lea al artista, que tiene mucho que decirnos, que confesarnos, que alumbrarnos.

¿Por qué llamar al grupo Teatro de Las Estaciones?

— Al espectáculo ¡Viva el verano! , le siguió en octubre del mismo año Canción de otoño. Los resultados de aquella primera revista musical, que tenía de todo, títeres, danza, música, circo…motivaron el segundo pedido. El equipo artístico inicial empezó a cohesionarse, estábamos felices con lo producido, por lo que decidimos de mutuo acuerdo con los directivos del Cpae y el Sauto, completar la tetralogía verano, otoño, invierno y primavera.

Estrenamos en febrero de 1995 El cuento de invierno, y luego en mayo ¡Buenos días primavera! Ninguno de los miembros quería dejar de trabajar en colectivo, por lo que en julio estrenamos el unipersonal con títeres Lo que le pasó a Liborio, y en diciembre otro montaje titiritero llamado Un gato con botas.

Para este último estreno necesitábamos una identificación que fuera más allá de aquello que aparecía en los programas anteriores, donde poníamos “Somos un grupo de amigos…”. Freddy Maragotto, otro de los fundadores de nuestro conjunto, propuso que nos nombramos Teatro de Las Estaciones, como evocación de los primeros cuatro espectáculos. Me encantó y acepté.

Desde entonces aquel grupo de amigos se convirtió en la tropa del sol y la luna que aparecen en su logotipo. Dos astros que significan la sucesión de los días, el paso perenne de las estaciones.

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Los pequeños son capaces de dejarse encantar con muy poco y a la vez con una gran producción, como mismo se puede aburrir con un montaje simple y reiterativo. Foto: Cortesía del entrevistado

¿En qué elementos se basan para seleccionar las obras de su repertorio?

—Desde que nacimos, la promoción de lo mejor de la literatura, la música y las artes  plásticas para niños, niñas y adultos en Cuba y el mundo, junto a la dramaturgia y los problemas referentes al universo infantil, en cuanto a preocupaciones, sueños, dudas y aspiraciones, ha sido nuestro principal objetivo de trabajo.

No vivimos ajenos a la cotidianidad de nuestros infantes. Queremos ser una inspiración para ellos, el oasis cultural y espiritual donde vienen a crecer intelectualmente, a disfrutar, e incluso a cuestionarse cosas. La creación para los más pequeños no excluye al entorno familiar.

Estamos pendientes de eso, de los diferentes intereses y edades de nuestro público, por eso hemos ido de Martí a Federico García Lorca, de Dora Alonso a Javier Villafañe, de la sonoridad de Debussy a Benny Moré y Bola de Nieve, de la pintura abstracta de Picasso a la imaginería inquieta de Alfredo Sosabravo, y así…en un eterno descubrir y aprender nosotros mismos.

Para su director, los temas, proyecciones y aspiraciones escénicas van juntos, son inseparables. No interesa mucho dar mensajes, comunicaciones, moralejas. Resulta más importante estimular el alma y el pensamiento de pequeños y grandes, sugerir, interesar, ese es el punto de vista que defiende Teatro de las Estaciones

Son parte de la vanguardia del teatro de títeres en el país. ¿Qué retos implica el trabajo con títeres?

—Es una aseveración que agradezco 26 años después de nacido Teatro de Las Estaciones, pero también es una alegría que no nos permite sentarnos en un trono de oro, nunca lo hemos hecho ni lo haremos.

Pertenecer a la franja delantera de nuestro teatro titiritero tiene una altísima responsabilidad, convivimos con muchos colegas talentosos, tan enamorados como nosotros de esta profesión ancestral y maravillosa y eso hay que respetarlo, además de tener un linaje nacional y mundial que nos enorgullece.

Todo en la vida es un reto. El teatro de títeres tiene sus propios retos, acumula mucha historia, posee intensos vasos comunicantes con varias artes, lo cual le aporta una regeneración infinita. Hay que estar atentos a esas confluencias, las cuales se agudizan en el mundo contemporáneo, permeado de nuevas tecnologías en convivencia con la más rancia y luminosa tradición.

¿Cuáles son los requisitos que deben cumplir los actores para ser parte de Teatro de las Estaciones?

—Estar dispuestos a ser actores totales. Intérpretes que actúen, bailen, canten, investiguen, animen títeres u objetos, sin subvalorar nada de lo que pueda potenciar nuestra entrega escénica. Ser personas con luz, para sacar oscuridades están las consultas de los psicólogos.

El teatro, aunque nos exhibe ante todos y vivimos otras vidas, no debería ser espacio para vanidades y retorcimientos innecesarios e inútiles. En nuestro grupo eso se decanta enseguida, pues afecta la energía grupal, el respeto y la armonía que se precisa entre todos sobre las tablas o tras el retablo.

¿Cómo transcurre el diálogo generacional en la intimidad del grupo?

—Pasamos mucho tiempo juntos en el teatro, por lo que la tendencia natural es a formar células muy familiares. En todas las familias, troncos, castas o como quiera llamársele existen todos los colores.  Hay que aprender a convivir con eso sin ofenderse, herirse o imponerse.

No somos la familia paradisíaca a la que todos aspiramos, pero yo trato de fomentar el diálogo siempre, escucharlos a todos para que me escuchen a mí, pues yo también puedo errar, y de hecho me he equivocado cantidad, pero siempre desde el respeto y con una gran dosis de afecto, ese afecto que restaura, alivia y sana.

A mí me enseñaron a respetar a mis mayores pues ellos se lo han ganado, así sucede con los fundadores de Las Estaciones como los maestros Zenén Calero y Migdalia Seguí, que conviven con los más jóvenes. De ellos hay que aprender, ganarse el sitio al que ellos llegaron luego de años de fidelidad, resultados y entrega.

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Rubén Darío Salazar y Zenén Calero, un grupo de amigos, así era como se definían antes de llamarse Teatro de Las Estaciones.

Muchos podrían creer que hacer teatro para niños es sencillo, hasta fácil. El  teatro para los pequeños de la casa es ante todo teatro, con todas sus letras, más allá de peculiaridades y características.

Los profesionales del género en la isla, reconocen esta manifestación como teatro para niños y de títeres, pues no siempre los que se dedican a las marionetas lo hacen exclusivamente para los más chicos. Existen temas, sonoridades, tratamientos cromáticos y estéticos que funcionan en la formación de la personalidad de los futuros espectadores adultos, pero tampoco es ese un criterio cerrado, definido de manera radical.

“Cuando oigo a artistas que trabajan para la infancia decir que son un público exigente, con todo respeto, me parece que no han estudiado de profundis un público tan agradecido. Los pequeños son capaces de dejarse encantar con muy poco y a la vez con una gran producción, como mismo se puede aburrir con un montaje simple y reiterativo, que con una puesta en escena a lo grande, hecha con todos los recursos”, señala el director.

“El secreto del público infantil y su atención o juicio va por otros senderos, tiene más que ver con la responsabilidad de los creadores respecto a esa inocencia, al compromiso de dotarlos con una cultura que definitivamente los tendrá que ayudar a ser mejores personas, seres sensibles, con valores éticos y cívicos”.

Rubén aclara que los grupos de teatro para niños no tienen el derecho a deformar su imaginario en ciernes con vulgaridades, chapucerías, asuntos que no les corresponden, palabras soeces o tontas. “No prestar atención por una comunicación endeble a través del arte no significa ser exigente, con lo malo se aburriría lo mismo un infante que un adulto, por eso  creo que por superficialidad y desconocimiento, se ha emitido en muchos lugares este concepto, errático en mi opinión”.

Se atrevería a decir los tres principales retos que a su consideración tiene el teatro cubano en la actualidad

 — Está bien utilizado el verbo atreverse, pues circunscribir a tres retos principales esa consideración, refiriéndose al teatro cubano todo, es una osadía. Pero soy hombre de riesgos, mezclados siempre con mi sentido del compromiso profesional, y puedo enunciar tres, a sabiendas de que faltarán muchos más.

Rescatar y conocer con profundidad y respeto lo mejor de nuestra propia historia teatral, cultural y política, todo junto. No olvidar las necesidades, ansiedades e ilusiones de nuestro público, para él trabajamos. No vivir de espaldas a los avances e historia de la escena mundial y sus vínculos con nuestra cultura. Por ahí siento que van los tiros.

 ¿Cuánto ha cambiado la forma de hacer teatro en estos tiempos de COVID-19?

—Nada, solo ha habido una pausa debido a una crisis sanitaria que nos supera, y en ese paréntesis  se ha acudido a ideas y posibilidades virtuales para sobrevivir, para no perder la relación con el público que apuesta por el teatro como manifestación artística potente, vital, única.

Cuando todo pase estas variantes darán nacimiento a otros enlaces y discursos, pero esencialmente el teatro seguirá siendo teatro, el encuentro efímero entre los actores y su público en un espacio cerrado o al aire libre, con luces eléctricas  o con la iluminación solar, como la música seguirá siendo música, más dinámica, melódica o aleatoria y las artes plásticas serán las ideas de los artistas plasmadas en diversos soportes, y así. Mientras el ser humano exista vivirá el teatro.

¿Qué enseñanzas le deja Teatro de Las Estaciones?

—Pues me deja muchas enseñanzas y me abre el camino hacia muchas más. Somos un núcleo de creación vivo, palpitante, todavía en formación, nunca se sabe todo de todo, eso lo tengo muy claro y cuando me descubro una mecánica acomodaticia, como le puede ocurrir a cualquier ser mortal, me sacudo y sigo hacia delante lleno de nuevas dudas.

El Consejo Nacional de las Artes Escénicas de Cuba otorgó este 8 de julio el Premio Nacional de Teatro 2020. ¿Qué compromiso genera este premio?

—La responsabilidad y el deber con que asumí mi profesión teatral en 1987, son las mismas después de obtener este prestigioso galardón, que además me cabe el alto honor de haberlo conseguido junto al diseñador Zenén Calero, la otra mitad imprescindible en el grupo.

Ni a él ni a mí nos ha provocado ninguna lesión cerebral, ni nos ha convertido en teatristas más disciplinados o entregados. Así éramos antes y así seremos hasta la muerte. Sigo buscando todas las perspectivas posibles para mi desarrollo como artista en pleno ejercicio.

 ¿Cómo sueñas el futuro de Teatro de Las Estaciones?

—Pues tengo que decirte con toda honestidad que no lo sueño, yo lo vivo, el futuro del Teatro de Las Estaciones se está construyendo ahora mismo.

Dos astros que significan la sucesión de los días, el paso perenne de las estaciones. Foto: Compañía Teatro de Las Estaciones/Facebook.

El teatro de títeres tiene sus propios retos, acumula mucha historia, posee intensos vasos comunicantes con varias artes, lo cual le aporta una regeneración infinita. Foto: Compañía Teatro de Las Estaciones/Facebook.

Rescatar y conocer con profundidad y respeto lo mejor de nuestra propia historia teatral, cultural y política, todo junto. Foto: Compañía Teatro de Las Estaciones/Facebook.

Mientras el ser humano exista vivirá el teatro. Foto: Compañía Teatro de Las Estaciones/Facebook.

Somos un núcleo de creación vivo, palpitante, todavía en formación. Foto: Compañía Teatro de Las Estaciones/Facebook.

En video, Rubén Darío nos muestra su sede

Se han publicado 9 comentarios



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  • Marcos dijo:

    Zenén claro orgullo de Boca de Camarioca

  • Aurora dijo:

    Artistas de kilates. Son un orgullo para Matanzas.

  • Reflexivo dijo:

    Muy de acuerdo con el encabezado

  • Oscar dijo:

    Excelente teatrista , siempre una apuesta segura por su calidad y buen gusto

  • Rafael Emilio Cervantes Martínez dijo:

    Maravillosa entrega del alma, sencillez y alta profesionalidad. Les deseo que sigan entregando amor y cultura para su especial público.

  • Felipe Rolo Gomez dijo:

    Excelente compañero y muy buen diseñador, es una persona admirable Zenen, con quién compartimos como estudiantes en una de las ESBEC de Jaguey Grande en 10mo grado. La escuela se llama José A. Hechevarria, si mal no recuerdo fue por allá por el año 1973. Sólo han pasado 47 años. Fiel a sus inquietudes artísticas y a su terruño. Felicidades por tu vida, por tu Premio, muy merecido.

  • Luis Ignacio dijo:

    Me consta la perseverancia, dedicación y entrega sin desmayo y sorteando toda dificultad económica y recursos de los años 90, y lo que va de siglo actual de Rubén Dario Salazar y Zenen Calero. Ha ellos no les amilanaba nada, había que verles presentes en el día a día entre Boca de Camarioca y Matanzas y viceversa, para afirmar que ahí si hay amor y pasión por su trabajo, en especial por su creación. Merecen mucho más reconocimiento institucional que no ha ido a la par de su público y de la sociedad que les rodea. Por lo pronto, ánimos y mucha fuerza para seguir adelante.

  • Maria Elena dijo:

    Felicidades, mi preferida Barrio Barroco. Excelentes los dos.

  • María la jabá dijo:

    Fantástico. Siempre me fascinaron los títeres. Felicitaciones.

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Jorge Suñol Robles

Jorge Suñol Robles

Gestor de Redes Sociales en Cubadebate. Licenciado en Periodismo de la Universidad de Holguín en 2018. Contacto: jorge@cubadebate.cu En twitter: @jsrobles94

Karina Rodríguez Martínez

Karina Rodríguez Martínez

Periodista de Cubadebate y la Mesa Redonda. Graduada de Periodismo por la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana en el 2020.

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