Yo quiero que mi hijo vuelva a la escuela

Diego, como otros tantos pioneros habaneros, debería estar regresando a la escuela. Foto: Jorge Ricardo.
En tiempos normales el momento favorito de mi vida es cuando, después del besito, mi hijo me da la espalda y va por un camino que lo lleva hasta su escuela. Y mientras lo veo alejarse pienso: “mijo, ten cuidado, que eres muy torpe y te puedes caer, sé justo, pero no delates a los malosos del aula, comparte tus cosas, no dejes que te roben los lápices, haz caso a tu maestra Candita, no vendas cosas, ayuda a tus amigos, no te dejes meter el pie, no pierdas los espejuelos, aprende mucho, no te aburras en los repasos, no corras, corre, pero cuídate los dientes…” Y cuando ya no lo puedo ver porque está demasiado lejos se cortan mis pensamientos.
Yo ansío ese momento lleno de contradicciones que me hace suspirar profundo cada mañana en tiempos normales. Y deseo que Diego regrese de la escuela lleno de churre, con el bolsito de la merienda roto, porque juegan futbol con las luncheras después del recreo. Y encontrármelo con la rodilla remellada porque se cayó en la Educación Física, y me diga que me trae un regalo y me dé una cartica con faltas de ortografía.
Quiero que me diga que ya hizo la tarea porque estaba muy fácil y la terminó en lo que los otros niños terminaban de copiarla. Quiero llegar a la escuela y que algún niño grite desde la ventana del segundo piso: “¡Dieeeego, tu mamaaaaaá!” Yo quiero gastar 5 pesos diarios en el granizado de sirope y agua sin hervir. Quiero que la maestra Candita me mande a hacer una maqueta o tres. Quiero ver a las madres fajarse en las reuniones de padres porque a sus hijos les rompieron la mochila. Quiero escuchar una canción de Silvio en el matutino y ver a una niña recitando “Hay sol bueno y mar de espuma…”
Yo quiero que mi hijo vuelva a la escuela. Yo no sé si los que se quejan con tanto ardor por las restricciones además de ego tienen hijos, yo no sé si tienen padres ancianos. Ojalá la prudencia y la buena voluntad llegue a los que infringen y a los que se quejan, para que nuestros padres no mueran, para que nuestros hijos vuelvan a la escuela.
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Quiero que nuestros niños vuelvan a las escuelas,si, pero cuando no hayan riesgos. Todos los aspectos de nuestra vida cotidiana probablemente tendremos que recomenzar los desde una perspectiva diferente. El hogar es la cuna de la formación y de la educación de nuestros hijos, porque estén algunos meses en la casa aprendiendo a ayudar a sus papás a sus abuelitos, o a sembrar a cuidar de animales, no se van a atrasar tal vez sea entonces el comienzo de una nueva visión en la educación de nuestros niños.Claro requiere que le dediquemos tiempo, mucho de nuestro tiempo y de mucha preseverancia
Qué buen artículo ,es lo más bonito que he leído hoy.Comparto el comentario del Holguinero. Saludos Isabel Cristina.
Es un artículo precioso, que me ha hecho llorar, soy madre de una profesional y tía de una pequeña niña que nada más preguntan que cuando comenzaran las clases, pues a la vez ellas mismas hacen sus reflexiones que primero está la salud de todos, para que no haya más enfermos de COVID-19 y poder vivir con paz y sin miedo.