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“El diario de René”: ¿Usted tiene algún problema de memoria?

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Hoy es lunes 5 de febrero. Esta mañana llegamos a la sala a las 9:00 a.m. Los alguaciles nos recogieron un poco tarde de las celdas de tránsito, y nos preguntamos si ya se habrá formado alguno de los piquetes por los que clamaba Ninoska en la radio. Al encon­trarnos con nuestros abogados, Philip me dice que traía el paraguas preparado, pero pudo pasar sin problemas ante la ausencia de protes­tantes frente a la Corte. Si las cosas siguen como verás a continuación, no me extraña que comiencen a aparecer de un momento a otro.

A las 9:10 la jueza se dirige a las partes para comenzar la discu­sión de la famosa cinta de grabadora que la Fiscalía trató de autenti­car el viernes pasado a través de Arnaldo Iglesias. Paul le ha enviado las citas legales pertinentes al caso, que considera que apoyan su po­sición, y la jueza no ha recibido ninguna cita de la Fiscalía. En ese mo­mento Heck Miller se para a explicar que un fax fue supuestamente enviado la noche anterior por Kastrenakes y toma la palabra para renunciar al uso de la cinta, al menos por ahora. Acepta que Iglesias no es el testigo más indicado para autenticarla y comienza la sesión.

A Kastrenakes le toma solo siete minutos terminar el examen di­recto de Arnaldo. Regresa al vuelo fatídico del 24 de febrero de 1996 para preguntarle si Basulto había reportado su posición al control de tráfico aéreo habanero y para inquirir respecto a si los Mig o la Fuerza Aérea Cubana dieron un aviso por radio a los aviones de Hermanos al Rescate. Tras dar una respuesta negativa y repetir que no recibieron ningún aviso, el testigo es interrogado acerca de si en algún momento ellos dejaron de comunicarse por radio con el exterior. Arnaldo cuenta que inicialmente estaban en sintonía, pero tras el derribo decidieron irse del aire hasta que, ya más cerca de Estados Unidos, consideraron seguro volver a transmitir por las ondas radiales. Con este último dato cerró el examen directo de Arnaldo Iglesias, sin penas ni glorias, sin dramatismos ni altisonan­cias, con la calma que siempre precede a las tormentas.

El vendaval se desarrolla por etapas. Comienza a las 9:17 con la discusión sobre dos videos que Paul pretende mostrar al testigo para refutar su testimonio. Uno fue tomado a bordo del N2506 el día del derribo, y el abogado quiere mostrar la costa cubana y la figura de un avión rápido pasando por delante de la nave de Igle­sias, impugnando así las explicaciones que este había dado sobre la distancia a que voló de Cuba y la falta de avisos por parte de los Mig. El segundo video es una de las piezas más ridículas que he visto en mi vida. Tomado el 9 de enero del 96 antes de despegar de Opa-locka para un lanzamiento de volantes, muestra la despe­dida patética de cada uno de los participantes antes de abordar el vuelo, la de Iglesias no tiene desperdicio. El señor explica a todos los que lo conocen que: “Ustedes saben que yo tengo un tic ner­vioso. Si soy obligado a aterrizar en Cuba y salgo por la televisión trataré de no hacer mi mueca para que ustedes sepan que lo que estoy diciendo está siendo forzado por el gobierno cubano, ya sea bajo presión, tortura o drogas”. El tono conspirativo y la cara del señor son un poema al ridículo. Esta gente va a una “misión patrió­tica” y ya están adelantando que si los agarran se echarán a llorar en la televisión cubana.

El video del 24 de febrero también incursiona en los viajes de avituallamiento a los campamentos de balseros en las Bahamas. Paul lo quiere utilizar porque demuestra que además de vituallas este grupo se dedica a llevar propaganda política a los campamentos.

Kastrenakes vuelve sobre el argumento de que lo que quiere McKenna es introducir evidencia durante la presentación de la Fis­calía, y urge a la jueza a rechazar el uso de los videos en el con­traexamen y hacer su exhibición cuando toque el caso de la defensa. Lenard parece no querer dejar las cosas para mañana y acepta ver los videos, exhortando a Kastrenakes a que presente las objeciones que estime convenientes sobre la marcha.

A las 9:30 se excusa a la asistencia y quedan en la sala solo los abogados de ambos bandos y nosotros para revisar los videos y determinar las partes que serán utilizadas. A las 9:53 se regresa del receso para comenzar el contraexamen de Arnaldo Iglesias, sobre cuyo asiento en el estrado ya se ciernen las nubes de la tormenta cuando Paul McKenna se para ante el podio para dirigirle la palabra.

El abogado comienza inquiriendo suavemente sobre las acti­vidades de Arnaldo en la organización, desde su incorporación a finales de 1991 hasta que asciende a secretario del ejecutivo. Lue­go toca el asunto de los salarios, y ante la respuesta negativa del testigo en cuanto a si recibe utilidades del grupo, Paul le pregunta si conoce otros miembros que ganen dinero en la organización, lo que motiva la objeción de Kastrenakes, que la jueza sostiene. El abogado recorre los años previos al 94 en que el grupo trabaja­ba, en coordinación con los guardacostas norteamericanos, repor­tando los balseros, que luego eran recogidos y traídos a Estados Unidos.

Mostrando un conocimiento que comienza a sorprenderme, Paul recorre la crisis de los balseros en el verano de ese año, para hacer reconocer a Arnaldo que la política de Estados Unidos cambia a par­tir de ese momento. Ya Iglesias está perdiendo la poca compostura con que se sentó en el banquillo de los acu... –perdón, quise decir en el estrado de los testigos– y a duras penas va admitiendo los hechos que llevaron a que se crearan los campamentos de balseros en Guantánamo, en 1994, y a la subsecuente firma de los acuer­dos migratorios en mayo del 95. Los fiscales también comienzan a objetar a cada pregunta, porque saben que la mención de los cam­pamentos llevará inexorablemente a la violación del espacio aéreo sobre Maisí, en noviembre de ese año. Pero la jueza es una pared y no quiere dejar oculto ni uno de los rollos de papel sanitario que fueron llevados a las Bahamas por el grupo.

—¿Me puede decir si tras los acuerdos migratorios los balseros comenzaron a ser devueltos a Cuba por los guardacostas?

—Yo no sé lo que hacían con ellos.

—¿Los traían a los Estados Unidos?

—No.

—¿Usted no sabe si los devolvían a Cuba?

—Bueno..., sí.

—¿No reenfocaron ustedes sus misiones tras ese cambio?

—Bueno..., de alguna manera.

—¿No fueron sus violaciones del espacio aéreo cubano un reenfo­que de sus misiones?

—No.

—¿Usted recuerda la violación del espacio aéreo cubano tras un despegue de la base de Guantánamo, en noviembre del 94?

—No recuerdo.

—¿No era usted el vocero del grupo para esa época?

—¡Objeción! –salta Kastrenakes.

—¡Denegada!

—No.

—¿No dio usted una entrevista como vocero de Hermanos al Rescate a propósito de la violación del espacio aéreo en Guan­tánamo?

—No recuerdo.

Ya a esta altura el testigo ha repetido la frase “No recuerdo” varias veces y Philip, a mi lado, toma la pluma para contar la cantidad que sumará al final. McKenna le extiende el periódico y Arnaldo lo mira, supongo que sin poder leerlo –y no precisamente a causa de al­guna lágrima ensayada para impresionar al jurado–, se toma su tiempo, seguramente para tratar de relajarse ante una sala que espera en vilo a que termine su lectura. Parece estar leyendo el ar­tículo completo y, después de varios minutos, devuelve el periódico al abogado.

—No recuerdo.

—¿Usted va a decir a este jurado que no recuerda haber dado esa entrevista a The Miami Herald como vocero de Hermanos al Rescate?

—¡Objeción! –otra vez Kastrenakes.

—¡Denegada!

—No recuerdo.

Paul quiere entrar en los hechos de Guantánamo, pero la Fisca­lía se opone, provocando un side bar, que en esta ocasión le es favo­rable, pues efectivamente Arnaldo no fue parte de dicha incursión y no puede atestiguar acerca de ella.

—¿Usted tiene conocimiento de lo que pasó en Guantánamo?

—No recuerdo.

—¿No sabe que la organización voló allá?

—No recuerdo.

—¿Usted recuerda las averiguaciones de la Administración de Avia­ción al respecto?

—No recuerdo.

—¿No habló con la prensa a propósito de esas violaciones?

—No recuerdo.

Paul le muestra un periódico con su fotografía:

—¿No le hizo The Miami Herald esta fotografía en aquella entre­vista?

—No recuerdo.

—A propósito, ¿usted tiene algún problema de memoria?

—Bueno, no sé..., tal vez..., creo que no..., en fin..., usted sabe..., hay veces que... vaya...

—¿Usted nunca supo que a Hermanos al Rescate le fue prohi­bido regresar a Guantánamo por la Administración Federal de Aviación (FAA) y la Marina (Navy)?[i]

—No recuerdo.

Paul retrocede unos meses en el tiempo para abordar la primera violación flagrante frente a La Habana, cuando esta gente abrigaba la vana ilusión de que sus gracias provocarían un levantamiento en un país al que, en medio de sus problemas económicos, trataban de aniquilar por estrangulamiento:

—¿Usted supo de la violación del espacio aéreo cubano el 17 de abril del 94, cuando con la periodista Bernadette Pardo, a bordo del 2506, se protagonizó un show frente a La Habana?

—No recuerdo.

—¿Usted conoce a Bernadette Pardo?

—Sí.

—¿Ha volado con el grupo?

—Sí.

—¿Y usted no recuerda aquel vuelo del 17 de abril del 94?

—No recuerdo.

McKenna sigue a la ofensiva como si estuviera frente a Basul­to. Después de todo, la Fiscalía prefiere perder el caso antes que acudir a un salvador con tantos huecos en el fondo, y el abogado parece no querer dejar tema sin tocar:

—¿Usted participó en la flotilla del 13 de julio de 1995?

—No.

—¿No voló usted ese día?

—Bueno, yo sí volé, pero no fui en un barco y a eso me refiero cuando digo que no participé en la flotilla.

—¿No habían ustedes planificado lanzar humo en el lugar del hundimiento del remolcador?

—Sí.

—¿Usted recuerda una reunión con la FAA previa a la salida de la flotilla?

—Sí.

—¿Con el funcionario Mike Thomas?

—Sí.

—¿No les dio el funcionario un aviso de que no entraran en aguas cubanas?

—No recuerdo. ¿Qué quiere decir?

—¡Una advertencia! ¡Un aviso! ¿No recibieron ustedes un aviso por parte del señor Mike antes de entrar en aguas cubanas en julio del 95? ¿Cuál fue el propósito de la reunión? ¿Tomar café con el señor Thomas? ¿Acostumbraban ustedes a ir a la FAA para tomar café con el señor Thomas? ¿No fue la reunión motivada por la flotilla anunciada para el 13 de julio? ¿Quién citó a la reunión?

—Bueno, Basulto me dijo que lo acompañara a la FAA, yo no sé si sería por su iniciativa o si la FAA citaría a Basulto.

—¿Y no recuerda a Thomas advirtiéndoles sobre la flotilla? ¿No se ha­bló sobre la flotilla y las consecuencias de violar las aguas cubanas?

—Bueno sí..., digo no..., bueno, sí... No recuerdo.

—¿O sea, que usted toma café con Thomas todos los días? ¿Quién fue su piloto durante la flotilla?

—Alfredo Sánchez.

—¿Y entraron a aguas cubanas?

—Puede ser.

—¿Usted vio aviones Mig?

—No.

—¿Vio algún otro avión cubano?

—Un Antonov y un helicóptero.

—¿Usted vio los aviones de Hermanos al Rescate sobre Cuba?

—No.

—¿No estuvo al tanto de eso?

—¡Objeción! –y vuelve Kastrenakes.

—¡Denegada!

—No.

—¿No le parece que la Fuerza Aérea Cubana mostró contención con ese vuelo sobre La Habana?

—Bueno...

—¿No recibieron varias advertencias del tráfico aéreo de La Haba­na para que salieran de las aguas cubanas?

—No recuerdo.

—¿No hubo recibimiento a los participantes de la flotilla del 13 de julio?

—No recuerdo.

La caricatura que ves a continuación está inspirada en este tes­timonio. Arnaldo Iglesias resultó el testigo más amnésico que ha pasado por este juicio, aun cuando yo no creía que alguien pudiera emular el récord de Guillermo Lares.

McKenna pasa a otra de las “batallas” por la liberación de Cuba en la que ha estado enfrascado el testigo:

—¿Usted recuerda la flotilla de septiembre de 1995 en la que un bote se hundió y provocó su cancelación?

—Sí.

—¿Y no recuerda las advertencias que les hicieran al respecto?

—¡Objeción! –y dale con Kastrenakes.

—¡Denegada!

—No recuerdo.

Paul da otro salto en el tiempo, y habla sobre el lanzamiento de panfletos sobre La Habana durante los días 9 y 13 de enero del 96, solo un mes antes de la fatídica incursión del 24 de febrero de ese año:

—Usted dijo haber consultado a un meteorólogo para lanzar los papeles en enero del 96. ¿Es cierto? ¿Me puede decir quién?

—John Morales, un conocido que ha volado algunas veces con el grupo.

—¿Y cuándo fue que lo consultó?

—Bueno, no lo consultamos acerca de las octavillas, solamente acerca del estado del tiempo.

Paul le hace identificar a John Morales en la fotografía de Her­manos al Rescate ocupada en nuestra casa:

—¿Entonces fue a este señor a quien usted consultó para el lanza­miento de los volantes?

—Bueno, dije yo porque participé y se me ha instruido a respon­der por mi persona. Pero en realidad no estaba solo y Basulto participó también.

Resulta que ahora tenemos un chiva más en el caso.

Y sigue el ataque:

—¿Entonces el señor Morales les dijo el día óptimo para lanzar sus octavillas?

—Bueno, no un día específico sino el período de tiempo que sería mejor.

—¿Y fue el tiempo el único factor para determinar el día del lan­zamiento?

—Sí.

—¿No hubo otro factor para determinar ese momento?

—No.

—¿No fue la declaración universal de derechos humanos firmada el 13 de enero de 1945? ¿Es solo una coincidencia que el tiempo estuviera bueno ese día?

—Bueno, no sé... ehhh.

—¿Ustedes no tenían intención de entrar en aguas territoriales cu­banas en enero del 96?

—No.

—¿Usted recuerda haber filmado un video antes del vuelo?

—Sí.

Paul le lee la transcripción del video, donde Arnaldo hace el ridículo parafraseando al cómico que, cuando se quitaba el som­brero, decía la verdad, y cuando se lo ponía estaba mintiendo. Solo que la idea genial de Iglesias es sustituir el sombrero por su tic nervioso para que sepan que, si no guiña los ojos, los castristas lo obligaron a hacer un papelazo en la televisión. Por lo general, quienes se lanzan a este tipo de aventuras sin medir las consecuencias lo hacen pensando que podrán hacer el papel de héroes una vez atra­pados, pero luego la realidad los baja de la nube. Hay que reconocer, al menos, que el comando aéreo de los vientos plataneros ha tenido el buen tino de admitir, desde antes, que le podría faltar el temple si son cogidos con las manos en la masa.

Tras confrontarlo con el texto de su declaración, McKenna pre­gunta al testigo si alguna vez fueron obligados a aterrizar, en todos estos años, por volar en aguas internacionales, y tiene que admitir que no:

—¿Entonces por qué hacen una grabación en este vuelo en parti­cular? –pregunta McKenna sin obtener respuesta y sigue:

—¿Cuántas octavillas lanzaron entre el 9 y el 13 de enero?

—Alrededor de quinientas mil.

—¿Usted no participó en la audiencia contra Basulto por parte de la FAA? ¿No le enseñaron el récord del radar donde aparece que violaron las aguas cubanas?

—No recuerdo.

—¿Tampoco recuerda a Basulto alardeando por Radio Martí?

—No recuerdo.

—¿Usted no participó con Basulto en sus audiencias? ¿No apare­cieron las transcripciones de los alardes de Basulto por Radio Martí en dichas audiencias?

—¡Objeción! –claro..., Kastrenakes.

Se produce un side bar y se hace un receso a las 11:00 a. m. De vuel­ta a las 11:20, Arnaldo sigue haciendo de punching bag para McKenna:

—¿Usted dijo que Hermanos al Rescate era una organización pa­cífica?

—Sí.

—¿Usted no participó en unas pruebas de armas antipersonales?

—Bueno, se trataba de bengalas.

—¿Usted sabe que está bajo juramento en este momento? ¿Admi­tió usted o no al FBI que había participado en una prueba de un artefacto antipersonal con municiones de 20 milímetros?

—Sí.

—¿Son las municiones de 20 milímetros lanzadas a los balseros? ¿No estaban destinadas para su uso en una revuelta contra Castro?

—No.

—¿No estaban diseñadas para herir personas?

—Sí..., no..., sí..., era solo una prueba.

—¿Quién participó con usted en las pruebas de esa arma antiper­sonal?

—Fuimos yo y Basulto.

—¿Ustedes dos hablaron de la creación de esta arma?

—Basulto me lo dijo a mí.

Y lo que sigue es la fábula que intenta explicar sus actividades violentas:

—Me dijo que había sido una idea de Roque a partir de una prue­ba que se estaba haciendo para construir una bengala.

—¿Basulto le dijo si Roque lo forzó a construir esta arma?

—Bueno, es que fue probada solamente una vez.

—¿Y cuál era el propósito de todo esto?

—Para ver si Roque tenía razón.

—¿Y ustedes usan municiones de 20 milímetros en Miami? ¿Pensaban usar en Miami esa arma?

Y, sin respirar, pasa McKenna a otro tema:

—Usted dice que Hermanos al Rescate es una organización pací­fica. ¿No estaba usted al tanto de las intenciones de comprar un avión de entrenamiento militar L-39 por parte de Basulto?

—No recuerdo.

—¿No son ustedes amigos? ¿No fue usted a las audiencias de su revocación de licencia? ¿No estaba lo suficientemente cerca de él como para saber si quería comprar un L-39?

—No sé.

Me tomaría varias páginas más el completar este diálogo im­puesto por Paul a Arnaldo Iglesias, con tono perentorio y sin aliviar la presión ni un instante. Así que mejor trato de hacer un resumen de los temas que se abordaron durante el resto de la audiencia, para que no quede tópico sin mencionar.

Claro que eso lo dejaré para mañana martes, si me puedo sen­tar a la máquina, pues, como ves, se me ha ido esta noche sin haber podido siquiera entregarte todo lo que aconteció este día.

Nota:
[i] United States Navy o U. S. Navy. Armada del ejército de los Estados Unidos.

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  • Marta de Argentina dijo:

    Un placer leer este fragmento de tu libro, hermano René. Gracias, Cubadebate por publicarlo.

  • Alejandro Fernández Costa dijo:

    Si no fuera por la seriedad del asunto tratado,daría risas incontrolables el papelazo del testigo ¡Buen trabajo René!

  • Yoli dijo:

    Amnesia selectiva

  • Marlin Alicia López Rodríguez dijo:

    Dado el tiempo que llevo leyendo, y poco a poco, esperando esta sección, me concidero en condición de catalogarla como mi preferida en Cuba Debate. Es simplemente un privilegio el tener la posibilidad de disfrutar de detalles tan certeros y llenos de humanidad de nuestra historia. Sin dejar de mencionar la calidad de la escritura que resulta agradable y emotiva. Muchas gracias

  • ernest dijo:

    Coincido con el forista Alejandro, si no se supiera que es el diario de René y toda la seriedad del caso de los 5, perfectamente podría pasar por el libreto de un programa humorístico, y muy bueno además.

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René González Sehwerert

René González Sehwerert

Héroe de la República de Cuba. Uno de los cinco jóvenes revolucionarios que se infiltró en grupos terroristas que desde la cuna de la mafia anticubana, Miami, organizan impunes sus ataques criminales contra el territorio cubano. Fue condenado a 15 años de prisión. Su causa contó con una enorme solidaridad internacional. Regresó a Cuba en el año 2013.

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