El ají cachucha es mágico

Así como el primer amor, el ají cachucha es inolvidable y mágico. Foto: generacionasere
Lisette, mi mujer, me regaló un cartuchito de ají cachucha. Y es el mejor obsequio de navidad que he recibido. Ella lo sabe. Y es que el que ají cachucha y yo tenemos una relación complicada. Así como el primer amor, el ají cachucha es inolvidable y mágico. Crecí bajo el embrujo de su aroma.
En Cuba, hace medio siglo (tendría yo cuatro a cinco años), mi madre me mandaba al jardín a arrancar dos o tres de aquellas fruticas amarillitas y rojas. Yo regresaba a la cocina con el encargo y cuando se lo daba, ella me decía: “Ahora vamos a hacer magia con esto”.
Acto seguido, mi “pura” (así le dije hasta sus últimos días) cortaba los ajicitos y les sacaba las semillas con delicadeza (como si les estuviera dando las gracias). Luego, los agregaba a los frijoles negros que hervían en la cazuela. Después mi vieja, con sus manos olorosas a aquellos condimentos, me decía, “huele ahí”. Yo olfateaba sus dedos y me embargaba un olor maternal de tierra, maravilla y hechizo. Pensaba para mis adentros que sí, que mi madre tenía razón y que los ajíes cachuchas eran mágicos.
Ha pasado medio siglo de aquello y todavía ando obsesionado con los pequeños ajicitos.
Pero en la fría ciudad del “primer mundo” donde vivo, es casi imposible cultivar ají (y menos todavía, ají cachucha). No es una tarea imposible, hay quien lo ha logrado, pero yo no he tenido esa suerte. He traído semillitas de Hialeah, en la Florida (y hasta de Cuba me mandaron una vez). Pero no se me dan.
Hace como un año, cuando una de aquellas simientes empezó a retoñar, casi hago una fiesta. Por aquellos días, cuando me visitaba alguien, le mostraba con orgullo mi diminuta planta de ají cachucha. Era como si la familia se estuviera preparando para un paritorio.
Coloqué a “la pequeña” en un lugar donde le diera el sol (una ventana en el lado sur de mi casa) y donde no sufriera los embates del frío. Pero Mima, mi perrita, al parecer medio celosa por la atención excesiva que yo le prodigaba a la plantica bebé, un día se la comió (no me gusta acordarme de aquello).
En otra ocasión, una amiga cubana me regaló un retoñito de ají cachucha que tenía ya dos hojitas. Era cuestión de regarla, cuidarla y que se fuera en vicio. Pero una mañana, descubrí con horror que una babosa se había desayunado las hojitas verdes de la matica. Ese día, clausuré los planes de cultivar ajíes cachuchas, aquí en Seattle.
Es tanta mi fascinación con el dichoso ajicito que, por años, he tenido un sueño recurrente. En esa visión, está cayendo una fuerte nevada y salgo al patio y descubro que detrás de mi casa han construido un invernadero, una especie de cuartico de cristales sudados, como en las películas. Desde fuera, a través del vidrio transpirado, puedo ver las plantas con abundantes hojas verdes, de las que cuelgan ajíes cachuchas, rojos y amarillos.
El sueño siempre se torna pesadilla, pues cada vez que voy a entrar al invernáculo a cosechar los ajíes, me despierto. Mi mujer está al tanto de esta obsesión “cachucha” (y también conoce de la pesadilla del invernadero). Hay días en que, si estoy serio y taciturno en la mañana, Lisette me pregunta “¿qué te pasa?” y yo le digo entre dientes “Na’…” y ella me riposta: “Yo sé”. Y yo repito, “no me pasa na’... y ella dice bajito (pa’ joderme) “ají cachucha”. Yo sigo en lo mío, como si no la hubiera oído, pero en realidad estoy “encabronao” porque me ha leído el pensamiento.
Por eso, este regalo es tan importante para mí. ¡Y la forma en que me lo dio! Me dijo “cierra los ojos”. Metió su mano en el cartuchito “me tienes que prometer que no vas a abrir los ojos” dijo. Y yo, “dale vieja, deja la intriga”. Y ella: “promete, ojos cerrados, no seas tramposo” y yo “bueno, prometido” (con los dedos cruzados).
Entonces, ella sacó la mano del cartucho, me la acercó a la nariz y me dice: “huele ahí”. Yo olfateé aquellos dedos que sostenían un ajicito medio triturado. Y allí mismo, medio siglo después, a cinco mil kilómetros, volví a oler a mi madre, y me llegó, idéntico, aquel aroma de infancia y tierra maternal, de maravilla y hechizo. Y me di cuenta, por enésima vez, que la vieja mía tenía razón y que los ajíes cachuchas son mágicos.
Lea también:
Fábrica de sueños: Más allá de las fronteras entre Cuba y EE.UU
- El trabajo a distancia y el teletrabajo en el Derecho Laboral cubano
- Adiós a Dany Miranda, campeón olímpico y director de los Tigres del béisbol cubano
- Energías Renovables en Cuba: La transición que puede cambiar la economía
- Por el bienestar animal: ¿Por qué prevención y enfoque por Una Sola Salud?
- Manuel Varese: “La solidaridad entre los pueblos nunca dejará de existir”
- ir aEspeciales »
- Podcast Las 3 del día: Una mirada a lo publicado en Cubadebate en las últimas horas
- El trabajo a distancia y el teletrabajo en el Derecho Laboral cubano
- Papa León XIV convoca a una vigilia mundial por la paz y denuncia la “globalización de la indiferencia”
- Inauguran en Villa Clara solinera para uso comunitario (+ Fotos)
- Quinto contenedor de ayuda médica partirá desde Bélgica hacia Cuba impulsado por proyecto solidario
- ir aSociedad »

Púes yo siempre tengo ají cachucha y chay sembrados en el patio de mi casa, consumo y vendo el excedente a los vecinos. Podemos hacer un contrato, jajajá. Saludos desde La Habana.
Cual es la explicación que el vaso que Valía 5 vale ahora vale 10 cup
Yo lo logre en Bélgica, son mas pequeños y la planta pare menos... Ni decirte que muere en el invierno y hay que volver a sembrar...
Sin vergüenza alguna les digo que mis ojos se hicieron aguas.
Carlos con usted comparto el gusto por el cachucha por eso le quiero contar como logré su cultivo en macetas; Lo busque en el Sur de Brasil sin encontrarlo, por eso llevé las semillas seleccionándolas de ajies bien maduros realmente fue una buena cantidad por el temor a que dada la diferencia de clima no prosperaran las sembré en tierra común sin abono superficialmente en primavera les echaba agua dias alternos y así surgieron varias maticas las cuales a los 10 cm aproximadamente fueron transplantadas y otras obsequiadas al señor Daniel y la señora Graciema ambos también se enamoraron de su olor y su sabor al punto de que aún hoy me envian fotos de los pomos de ají encurtido el señor Daniel los come "crudos"
Las plantas mueren en el frio invierno del Sur Brasileño pero la colecta de sus semillas permiten que perdure su cultivo en cada primavera.
El tema de los insectos es importante, y para bien. Eso de polinizar es imprescindible para lograr los resultados. Me pasó lo mismo en Angola, que es un país de clima muy áspero. Un par de colegas y yo hicimos un huerto sobre un vertedero rocoso, logramos plantas de tomates muy frondosas y luego de las flores, no lográbamos éxitos.
Tengo similares relatos con ajíes. Bonito artículo.
Impresionante articulo, muy emocionante, hoy cuando llegue a la casa le voy a pedir a mi madre que me cuele un cafe como solia hacer, ya por cosas de la edad no lo hace, y a mi no me sale igual, lo extraño mucho.
Hermoso homenaje a las manos de nuestras madres que ya no están entre nosotros y que como ellas nadie hacía las cosas (sean comidas o cualquier otra cosa), mi madre cocinaba estupendamente y haciendo dulces no había quien le pusiera un pie delante, los decoraba igual que los veía en láminas o libros de cocina, una excelente repostera y está mal que lo diga yo que soy su hija pero es así, a mí me encantan las papas rellenas y las hago pero mi hermano me dice que me quedan sabrosas pero como a mami nunca, ahí va mi homenaje a ella que siempre está conmigo y a todas las madres estén o no, gracias por su excelente artículo y no desmaye en lograr el cultivo de sus ajíes cachucha, ojalá lo logre.
Profe, pero que alegria encontrarlo por aqui, ayer mismo estaba comentando con mis compañeros de trabajo la publicacion suya del Ají Cachucha, en FB y hoy revisando las noticias que grata sorpresa ver su publicacion aca, uffff usted no es grande, usted es inmenso, como el corazon que tiene, jajajaja, mire se que si le pone empeño a esas semillas del ají que su esposa le regalo, podra sembrar montones de ellas y de alguna matica podra cosechar ajíes, la esperanza no se pierde, Mis saludos y montones de gracias mas.
soy de Sancti Spíritus y aquí todos los domingos hacen feria agropecuaria y el ají cachucha es punto fijo, hasta han sacada una nueva variedad que se llama cachuchón que es un poco más gordo, pero Sr. Carlos Lazo, una señora de campo una vez me dijo algo del ají cachucha, 1- mientras más chiquito más útil para la cocina y 2- el secreto del ají cachucha está en la semilla, ese picante se lo da la semilla y me dio a comer la cascara y la semilla por separados y tenía un 200% de razón, el olor de su mama en las manos era aportado por las semilla cuando las sacaba. Así que si quieres ver más magia, sácales la ramita si lo tienen y cocínalos con todo
No puedo escribir porque estoy llorando emocionada, Dios es unico toda su creacion la hizo para el gusto y deleite de las peresonas todas la frutas, los olores, las flores, los alimentos despiertan emociones unicas en cada ser humano el hace brotar de la tierra las plantas.
Maravilloso artículo, conmovedora historia y hermosa forma de manifestar sentimientos y solidaridad hacia nuestro país.
Maravillosa y conmovedora historia, hermoso modo de expresar sentimientos y solidaridad con Cuba, gracias..
Hola Carlos, de nuevo coincido con Ud. antes por FACEBOOK con su hermosa reflexión y ahora con CACHUCHA, también me gusta la cocina y también amo ese pequeñín, los persigo por doquier, -como todo en Cuba- a veces se pierden y trato de tenerlos de reserva, también he intentado cultivarlos sólo una vez en una maceta se me dio una plantica y parió tres... una hazaña en tan pequeño espacio. Los uso en casi todo.
Alberto Cruz Lastres.
bella anécdota, Ud tiene toda la razón , es increíble lo mágico de ese olor tan rico que tiene el ají cachucha , yo para que no se echen a perder los congelo y no pierden su propiedades, ojala y algún dia los logre cultivar. saludos,leticia
Me gustó mucho la anécdota, me gusta también el ají cachucha, exquisito para el frijol negro, muy cubano, el ají y él; dele para alante, no se desanime, que llegará el momento, que habrá tantos ajíes, como cubanos por su gusto, y de que se dará, se dará, suerte.
En realidad me encanta este aji para frijoles,congris y arroz con pollo, pero ojo a veces lo he comprado y son picantes,parece que lo injertaron con otra especie.
No se si leera mi comentario , despues de tantos dias, me encanto su articulo, muy emotivo , principalmente porque ese sentimiento de la nostalgia tambien la he sentido, vivo en Cuba , pero tengo un hermano que vive en Argentina y siento su dolor al querer disfrutar de un potaje de frijol negro,un buen cafe, un buen jugo de naranja etc... pero bueno asi es la vida.Muchas gracias por su articulo, que tenga mucha salud porque belleza sobra .......Gracias . Saludos para su esposa.
Hay profe asi mismo estamos mi esposo y yo.
El sabor de ese aji es insustituible.
Ya sembramos una vez y no lo logramos. Ahora regalaron y volveremos sembrar.
Maravilla de sabor
Muchas gracias a todos por sus comentarios sobre mi artículo y por sus sugerencias. Es grato que, por el milagro de la tecnología, en la distancia podamos intercambiar vivencias e ideas.
Señor Carlos Lazo no se deprima...yo misma aquí en Cuba he tratado infinidades de veces de sembrar esa planta mágica porque como Ud estoy obsesionada con el Ají Cachucha. Siento que le da carácter y un sabor único a las comidas y su olor maravilloso que hace te pique la nariz me encanta. Hermosa su historia es una muestra infinita de cuanto amo a Nuestro País. Gracias.
Señor Carlos..diga por fin si llegó a germinar sus nativa de Ají Cachucha. Cuando leí su artículo animé a sembrar una matica de Ají y gracias al cielo ahí está creciendo. Mi madre dice que estoy loca por la planta porque es mi niña chiquita jajaja aquí le envío un consejo siempre el Ají Cachucha maduro y espere. .eso sí, la planta lleva agua y abundante Sol. Espero pronto ver un fotoreportaje sobre este hermoso tema.
Soy un argentino viviendo y trabajando en La Habana. Y quiso que casi por casualidad descubriese al ají cachucha. Yendo al agro con mi esposa a la compra semanal, veíamos los cartuchitos y nos preguntábamos cuán picantes o no serían aquellos ajicitos. Ambos somos descendientes de italianos y muchos de Ustedes habrán oído hablar de otra clase de ají diminuto sumamente picante que nuestros abuelos trajeron desde Italia. Pero lo que realmente me conmovió y me transportó a mi niñez es el detalle del Sr. Lazo describiendo los olores en las manos de su abuela. Me embargó una gran emoción y por un instante retrocedí 50 años y fui inmensamente feliz de recordar esos gratis momentos de mi niñez. Gracias totales Sr. Lazo por tan bella descripción! Un fuerte abrazo.
Gracias por el relato, emotivo y evocador.
Carlos,me conmovio tu historia y estoy muy de acuerdo contigo,el ají cachucha es magico,yo tengo siembra de ají cachucha,puedes contactarme y te podras llevar dos plantincas de ají cachucha cubano
escribeme al correo,
Me encanta Cuba y México por sus sabores, todos los años viajo a ambos destinos. Me gustaría apreciar el sabor del cachucha en las manos de una madre cubana. Soy fanático de los ajíes