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En las buenas y en las malas, las palabras

Por: Pedro de Jesús
En este artículo: Cuba, Español, Lenguas, Sociedad, Valores
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Ilustración: Osval.

Proferir palabras que la norma estima indecorosas tiene su correlato en conductas como poner música ensordecedora sin que importe el vecino; echar basura en la calle o en el río; arremeter vandálicamente contra bancos y luminarias del parque o el teléfono monedero de la esquina…

Las palabras relacionadas con el sexo y algunas funciones fisiológicas excrementicias han sido, y son, objeto de interdicción en las lenguas. Para sortear el tabú los hablantes acuden a circunloquios y eufemismos, es decir, expresiones de más prestigio o decoro. Mis abuelos, por ejemplo, decían las partes, hacer una necesidad o dar del cuerpo.

Recuerdo también que ni siquiera en el ámbito familiar los niños de mi generación nos atrevíamos a soltar un coño o un carajo, aunque en la década de los 70 hacía rato que en Cuba ambos vocablos habían perdido casi por entero su referencia sexual.

Usados como interjecciones, poco a poco coño y carajo —y aún más sus variantes coñó, ñó, cará, caray, carijo, etcétera— fueron ganando carta de ciudadanía en nuestros espacios públicos, a pesar de lo cual, incluso hoy, nadie con tres dedos de frente las pronunciaría en situaciones donde debamos o queramos ofrecer una imagen de respeto y seriedad.

Digo imagen porque de eso se trata. Las palabras no son buenas o malas en sí mismas, sino por la valoración que les atribuimos, fruto de un consenso colectivo construido histórica y culturalmente.

En el caso de las conocidas como malas palabras, se constata en nuestro país, a través de la simple escucha y observación, el aumento de su empleo en los más diversos sitios y circunstancias, especialmente dos de ellas que, siendo masivo el alcance de Escambray, reproduzco a medias: pi… (órgano sexual masculino) y co… (gónadas masculinas).

Casi seguro que usted las ha oído —o proferido—, bien como meras interjecciones para expresar múltiples estados anímicos, bien integrando locuciones o enunciados de clara intención ofensiva, en una cola enmarañada, en centros gastronómicos y recreativos, en trifulcas domésticas o callejeras… y hasta en instituciones educativas.

Aunque es justo admitir que tanto pi… como co… se emplean, preferentemente, en situaciones informales e íntimas, o de violencia, estrés psicológico y desinhibición asociada al consumo de alcohol, y que la mayoría de las personas —adultas y jóvenes— las siguen evitando en contextos de marcada formalidad o bajo la impronta de diferencias jerárquicas, etarias o sexuales entre los hablantes, es importante reconocer que, en comparación con 20 años atrás, tales vocablos tienen mayor presencia en la esfera pública —incluida la que se desarrolla en el interior de centros laborales y estudiantiles—. Lo afirmo, primero que todo, por mí: de un tiempo a esta parte, sin apenas darme cuenta, se me escapan…

Es evidente que algo en nuestras convenciones lingüísticas está cambiando. Pero más que diatribas y sermones, conviene ahondar en las causas. Sin descartar la posibilidad de enfoques más profundos, opino que el asunto ha de interpretarse en interconexión con las transformaciones económicas, sociales y culturales que han venido sucediendo en Cuba tras la debacle del período especial.

En contrapartida con la pujanza del dólar y el peso convertible, la pérdida del valor adquisitivo del peso cubano ha menoscabado la significación —económica y simbólica— de los empleos, servicios y productos vinculados a esta moneda. Consecuentemente, en las entidades que ofrecen tales servicios y productos (estatales sobre todo) imperan la descortesía, la falta de respeto, el maltrato; señal inequívoca de que en esos ámbitos —preponderantes para el cubano de a pie— se ha resquebrajado la formalidad de las interacciones comunicativas o, según se vea, la informalidad ha conquistado terreno. Esto se ha extendido como una plaga a servicios y productos comercializados en pesos convertibles que se destinan a cubanos —en contraste con los que se brindan a extranjeros—, como las TRD, tiendas Panamericanas, etc.

Una muestra de cuánto se afianza este deterioro en nuestras relaciones sociales es que hasta en los juicios —actos judiciales de proverbial ceremonia— se ha detectado “falta de solemnidad”, según analizó la Asamblea Nacional del Poder Popular en julio pasado.

En un panorama así, lastrado, además, por la carencia de verdadero liderazgo de tantos jefes y administradores incompetentes, y por la dudosa autoridad de muchos maestros, las normas de comportamiento y trato en el interior de numerosos centros de trabajo y de estudio se van relajando, al extremo de que, por ejemplo, las diferencias jerárquicas entre superiores y subordinados no alcanzan una expresión lingüística consecuente. Es el caso de instituciones donde el jefe se dirige a los trabajadores —y viceversa— con gestos, poses y palabras dignas de una valla de gallos, o de escuelas donde el maestro les dice mamita a las alumnas y asere o loco a los alumnos, y, cuando se incomoda, los interpela con mi’jo(a) y otros calificativos que ofenden.

A esto se añade el consumo, generalizado entre los jóvenes, de textos y videos musicales donde la sexualidad se tematiza desde sus aristas visuales y lingüísticas más previsibles y explícitas, así como la difusión constante que de estos materiales se hace desde toda clase de instituciones y en la vía pública, medios de transporte incluidos.

La producción, distribución y consumo de estos productos —a los que debemos agregar los creados por la industria pornográfica— es un fenómeno de alcance mundial. Constituye un avatar posmoderno y mercantil de la irrupción que, en el siglo XX, en la literatura y las artes de vanguardia, tuvieron el cuerpo, el erotismo y la sexualidad, y deviene una de las tantas expresiones culturales —no de las mejores, se sabe— del cambio que en la percepción de estos asuntos ha experimentado gran parte de la sociedad global.

Todos estos aspectos han debido influir en nuestras formas de socialización en la esfera pública, propiciando modificaciones en ciertas normas y hábitos lingüísticos que han hecho posible la aceptación creciente de palabras con clara referencia sexual para la práctica comunicativa en tales espacios.

No olvidemos, asimismo, que muchos prejuicios y estigmas relativos a la sexualidad han ido erosionándose o desapareciendo gracias a la comprensión científica, cuyos saberes desmitificadores se insertan en campañas promocionales de salud o como parte de los contenidos curriculares en la enseñanza general de unos cuantos países —también la de Cuba—. Ni siquiera nuestros padres y abuelos, educados según patrones culturales distintos, han permanecido ajenos a esa mudanza discursiva contemporánea.

Si a usted le parece exagerada la postulación de nexos tan estrechos entre economía, sociedad, cultura y lenguaje, le recuerdo que desde los años 90 y hasta hoy el habla cubana ha puesto en boga la locución tener/haber búsqueda, eufemismo que enmascara la posibilidad de acceder, en determinada plaza o centro laboral, a beneficios extrasalariales mediante apropiación ilícita de dinero y recursos. En igual etapa se originó también la resemantización de los vocablos luchar, lucha y luchador(a), con los cuales el hablante neutralizó el valor despectivo que en un principio tuvieron sus sinónimos jinetear, jineteo, jinetero(a) y otros afines.

Estas innovaciones lingüísticas responden a reajustes suscitados en las ideas morales de buena parte de los cubanos ante la precariedad de la vida. A través de tales reajustes se hicieron éticamente justificables ciertas estrategias de resiliencia ciudadana como el robo sin cortapisa al patrimonio estatal o la prostitución, hasta ese entonces muy mal vistos.

Otro tanto sucede con señor y señora. En virtud de las políticas sociales igualatorias del Gobierno revolucionario, estas formas de tratamiento perdieron casi toda vitalidad después de 1959. Sin embargo, a partir del desarrollo del turismo internacional y la inversión extranjera, han recobrado notoria vigencia, en detrimento de compañero y compañera, de gran arraigo hasta los 90, cuando, a consecuencia de la crisis y de las medidas para paliarla, emergieron y se acrecentaron dolorosas inequidades sociales.

Vistas las malas palabras en el amplio contexto apuntado, y lingüísticamente hablando, poco interesa que pi… y co…, siquiera como interjecciones, acaben perdiendo su marca de vulgaridad en la norma coloquial cubana del futuro, a semejanza de coño y carajo en la actual, y aun con las restricciones arriba comentadas para este par de vocablos. ¿Se sorprendería si le digo que, según algunos lingüistas, la referencia sexual de la palabra bo… —que tampoco puedo escribir completa— surgió como un eufemismo metafórico, probablemente traído en tiempos de la colonización desde la península ibérica, donde designaba, y aún designa, un tipo de panecillo? Es decir: bo…, que tan soez nos parece ahora, fue en sus inicios tenido por más decente que coño. Hasta que la valoración de ambos, al menos en Cuba, cambió…

Entonces, lo que debe inquietarnos no es, en última instancia, el uso de una u otra mala palabra en espacios públicos, sino las transformaciones en nuestros códigos de convivencia y civilidad, de los cuales el lenguaje es componente y, a su vez, reflejo. Proferir palabras que la norma estima indecorosas tiene su correlato en conductas como poner música ensordecedora sin que importe el vecino; echar basura en la calle o en el río; arremeter vandálicamente contra bancos y luminarias del parque o el teléfono monedero de la esquina…

El uso indiscriminado de palabras malsonantes y la proliferación de indisciplinas sociales son solo los signos más visibles de un estado de cosas que pugna por arraigarse entre nosotros y que, en lenguaje de la ciencia, recibe el nombre de anomia: conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación. Combatir las causas de esa anomia constituye el verdadero desafío.

(Tomado de Escambray)

Se han publicado 51 comentarios



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  • Pedro B. dijo:

    Las palabras no son buenas ni malas, son las INTERPRETACIONES.
    En Centroamérica la palabra “hueco” es, para ellos, una “mala palabra”.

    • 1+ dijo:

      Por eso también se les dice malsonantes como escribió al final el autor. Al final, bueno o malo es el uso, no la palabra y debe respetarse la norma de cada lugar donde cada cual esté, aunque uno no la interprete como “malapalabra”.
      En Cuba por ejemplo, todas las que con connotación sexual se aluden en el artículo se consideran vulgares, impropias de emplear en condiciones normales de vida, en un contexto social civilizado, por mucha desinhibición sexual que se tenga y sin embargo, nuestros propios conciudadanos, no alguien llegado de Marte, las emplean públicamente en voz alta, en conversaciones que debieran ser privadas.
      Desde un punto de vista estrecho diría que el que desee hablar salpicando su conversación con groserías, que sea feliz haciéndolo pero el problema es que no lo limitan a su espacio privado y que incluso allí es una forma de maltrato, que exponen a los niños de su familia a una agresión, a la “malaeducación”. Es lo que se revierte fuera de ese espacio supuestamente privado.

    • ppg dijo:

      Una de las características del signo lingüístico es su convencionalidad y, sí, pueden ser malas o buenas en dependencia del lugar donde las pronuncies.

    • la cienfueguera dijo:

      Pedro no vivimos en centro america vivimos en Cuba

  • lucia dijo:

    Cada día son las más personas de todas las edades, nivel escolar, con cargos de dirección o no que dicen palabras feas y groseras, unidas a gestos aún peores y por cualquier cosa, como un pésimo hábito, que además quieren imponer como algo que caracteriza a los cubanos, cosa que me niego a reconocer. Los cubanos somos alegres, hablamos y reímos altos pero muchos quedamos de los que pensamos que el español es un idioma amplio con el que se puede responder en cualquier tipo de situación sin hacer alusión a palabras groseras y altisonantes.

  • lucia dijo:

    Cada día son más las personas de todas las edades, nivel escolar, con cargos de dirección o no que dicen palabras feas y groseras, unidas a gestos aún peores y por cualquier cosa, como un pésimo hábito, que además quieren imponer como algo que caracteriza a los cubanos, cosa que me niego a reconocer. Los cubanos somos alegres, hablamos y reímos altos pero muchos quedamos de los que pensamos que el español es un idioma amplio con el que se puede responder en cualquier tipo de situación sin hacer alusión a palabras groseras y altisonantes.

    • Maykel Gonzáles dijo:

      totalmente de acuerdo con usted..

  • Uno ahí dijo:

    Como dijo Pedro B. anteriormente, son las interpretaciones las que son malas. En dominicana, por decir que “vas a coger una guagua” puedes pasar un mal rato por pedófilo.

  • Juana Ruiz dijo:

    Ya lo dijo quien lo dijo que no dijo nada pero lo dijo: Cuba es un pueblo instruido, pero no educado.

    • cesarv dijo:

      Juana no discrepo de usted, pero también otro dijo; en Cuba existe mucha EDUCACIÓN PERO MUY POCA CULTURA…….

  • Daniel dijo:

    Las palabras no son buenas ni malas, no me jodan…..

    • Diandy dijo:

      Tienes toda la razón Daniel, yo defiendo las a las mal llamadas malas palabras en muchas ocaciones, se que no caben en un aula, ni en una tesis estudiantil, ni en varios lugares, pero cuando un cubano da un jonronaso en un juego o cuando mijail lopez le propina un suplex al oponente o cuando ganamos al voleibol en las olimpiadas, en fin la lista es interminable (no solo en el deporte) me Llenaré los pulmones de orgullo y gritaré “Si co%@ne!!!!”. Y por favor no sean hipocritas

      • respetuosa dijo:

        ¡Qué pobreza de lenguaje la suya si tiene que acudir a palabras malsonantes para expresar su entusiasmo en un estadio o en cualquier otra circunstancia! ¡Arriba/Eso es/ Dale/Sí/Anda/etc! tienen igual significado y no hieren los oídos ajenos. Si quiere ser tan “moderno” maanténgase al tanto de los avances científicos y de la buena literatura contemporánea y codéese con quienes lo son …con elegancia. De otro modo, será usted calificado muy justamente con calificativos peyorativos y no logrará nunca sali del círculo de quienes se expresan de ese modo. Y lo peor es que arrastrará a sus hijos a igual destino.

      • Anibal del Prado dijo:

        Este comentario suyome recuerda el corto animado de Ernesto Piña “Sin Pelos en la Lengua”, no lo ha visto? claro, en la red alternativa de memorias flash y computadoras, el ICRT ni loco! Es sobre el uso de la palabra pi….

    • Sand dijo:

      Wow, Daniel! Hablar contigo debe ser una delicia.
      Si bien los gestos, el tono y la intención influyen mucho en el significado de una frase, las palabras son igualmente esenciales. Hacer el amor tampoco es malo, pero no lo harías en el parque frente a todo el mundo, hay que tener conciencia del momento y el lugar, que es lo que nos diferencia de las bestias, la habilidad de discernir y decidir.

  • Ivonne Denisse dijo:

    Muy buen artículo…ya se te cuelan esas palabrotas por la oreja lo mismo en una guagua, una cola, en plena calle, tan normal y en voz alta como decir “buenos días” o “buenas noches”….y es muy sincero de su parte expresar que a veces se vuelve esa anomia, tan normal, que termina uno repitiéndola…ciertamente nos pasa y no siempre en un espacio íntimo o totalmente informal.

  • Habanera100porciento dijo:

    Lean este titular de ELPais.Por que no aplicarlo en Cuba?

    El Congreso da luz verde a sancionar a los padres de los menores que beban alcohol

    • Enrique.B dijo:

      Muy buena idea, también debería agregarse a los que fuman.

      • Salems dijo:

        Esa propuesta me gusta.

      • Hector"Akuma"Costa(AD3C-AcE) dijo:

        miren hijos mios si sancionan a padres q fumen o tomen van a sancionar a la mayoria d los padres d este pais xq el q no fuma ,toma y el q no hace las dos asi q x favor no escriban mas sandeses q ese comentario no tiene sentido alguno. y con respecto al tema d las malas palabras q eso era el comunicado yo opino q el q diga q eso es un dolor d oido o no c q cosa q vaya al medico xq o eres yuma o eres d otra provincia q no es la habana xq todo habanero x muy fina q sea la niña tiene q soltarlo xq cuando te das durisimo en el pie o en un dedo q ya lo tenias lastimado no me digan q dicen ay q dolor! o me dolio cantidad! o talves dicen como me duele! xq eso no c los cree ni ustedes mismos q son los q c dan el golpe en el dedo todo habanero o vamos a ponerlo cubano todo cubano dice pi……………………………………………………! asi mismo d ese tamaño xq si no lo dices no c te va eso x dentro q te entra cuando te das el trastaso y te duele despues q lo dices sientes el dolor pero meno tu me entiendes mientras no digas las palabras magicas como digo yo no te vas a sentir normal despues d un golpe fula ok siempre recuerden q eso ya es parte d el vocabulario d nosotros lo q x supuesto siempre con medidas xq todo en exceso siempre es malo asi q para hacer memoria AOI NO HIME

      • Enrique.B dijo:

        Hector”Akuma”Costa(AD3C-AcE), se refería a los padres de los menores que beben alcohol, o sea los menores que beben alcohol no sus padres.

  • Rey Mo dijo:

    Yo vivo al doblar de una secundaria y una primaria y hay que ponerse tapones en los oidos, por las mañanas tengo que pasar por ese lugar y la algarabía que forman los muchachos es tremenda, pero el nivel de grosería va en aumento diariamente, las cosas mas ordinarias y vulgares las hablan esos niños a las 7.30 de la mañana, y generalmente las niñas son mas ordinarias aun que los varones, que esta pasando en mi pais?

  • sachiel dijo:

    Solamente utilizo “pintura!!!”, !carajo!!, puñeta, y a veces corojo!!!, tendria que estar en estado de suma exaltación para usar las consabidas malas palabras cubanas… Zumbado creó el cañojorajo!!!

    Hoy, hay quien las usa cotidianamente, sin ira, sin exaltación, como cosa normal, en los móviles y en algunos sitios web, en los chateos y en los video juegos online y offline, conversando con los menores, comprando el pan, oyendo música, y nada, se ha hecho vocabulario endémico en Cuba, como parece que sucederá con la musica estruendosa alta, y todas las malas costumbres que conocemos.

    Yo espero que la ANPP en su sesión de julio, aborde este tema muy seriamente.

  • equalzero dijo:

    A veces se usan para referise a determinados productos y/o servicios que no voy a mencionar aquí, uno tiene que liberar la furia a través de palabras cuando un determinado momento lo demanda pero el problema es que en todos lados se está haciendo uso frecuente de palabras de ese tipo, en las casas, en la calle y hasta en las canciones.

  • MC dijo:

    Rey Mo, eso mismo me pregunto, qué está pasando en mi país? más cuando veo que estás cosas suceden en las guaguas que viajo, y policías y miembros del Minint que igualemente viajan no dicen una palabra ante estos hechos, solo en una ocasión lo vi hacer por una funcionaria del PCC municipal, ella mujer, ella negra, pero tuvo el suficiente valor y dignidad de llamar la atención. Personas como ella son las que deben ocupar los cargos de dirigir.

  • librepensador dijo:

    Trístemente ya se salen de las calles estas feas palabras y se internan en empresas, instituciones de salud y otros lugares donde debiera predominar el respeto al espacio público. En Viñales estuve en el parque de la calle principal a las 12 del mediodía el pasado fin de semana y las mismas autoridades del gobierno allí había permitido unas bocinas inmensas con una música a niveles tan altos que impedían que los visitantes que se conectaban a la red wifi pudieran conversar con las personas por el móvil e incluso me fue difícil hablar con un amigo mío en ese lugar. Para mí fue toda una verguenza dado que soy parte de esta nación como ciudadano y elector de funcionarios públicos que cometen semejantes faltas al orden y la tranquilidad. Saludos

  • Laly dijo:

    Si no fuera por la difícil situación de acceso y economía,preferiría vivir en medio del monte,donde no tenga que oir constantemente tanat vulgaridad,desde esas malas palabras,hasta la música ensordecedora con otras muuuchas vulgaridaes del regueaton que tanto se escucha y a todas horas el tan horroroso, para mi,Palón divino,con esas canciones vulgares que no se quien dijo que era música.Eso es lo que la gran mayoría de los jóvenes escuchan,entonces que podemos esperar del futuro de esta sociedad

  • Enrique.B dijo:

    Yo he escuchado cuando ando por la calle a niños de primaria decir cada mala palabra, que yo me pregunto quiénes son los padres.

  • Mimisma dijo:

    Si hay malas palabras, por Dios!, hay un amigo con el que conversaba tan cómodamente y ahora ha “enriquecido” su vocabulario con estas pi…., y los co.. como cosa normal, cuanta pena me da porque no me siento tan respetada cuando las pronuncia y ya apenas conversamos, haría lo mismo que Laly, es una selva como se está viviendo en este país, con el mal uso del lenguaje

  • Anibal del Prado dijo:

    EStimado pedro de Jesus: Lo felicito por este articulo tan interesante, usted ha expuesto de forma muy clara toda la perdida de valores de nuestra sociedad a partir de, como Ud. bien dice, la debacle del Periodo Especial, cosa que tambien considero valiente, catalogar de esa manera ese periodo nefasto de nuestra historia. Considero que este es el periodismo que necesitamos, esta bueno ya de apologias, eufemismos y triunfalismos

  • Salems dijo:

    Hay personas que desde que nacieron se les enseñó a hablar bien… luego se van a una beca por un par de años, y viran diciendo malas palabras al por mayor. Es el ambiente… definitivamente…

  • CubanoAlFin dijo:

    Recuerdo que en los 80′ el grupito con quien andaba y solíamos ir a fiestas de quince y populares, los hombres no decíamos malas palabras y las muchachitas MUCHO MENOS. Hoy día es tan normal que cualquier niño-jovencito diga cualquier cosa sin el menor reparo, públicamente. Tan humano, solidario, ALTRUISTA, compartidor, amistoso, buen vecino que era el cubano. Que lejos están aquellos días que Martí dijo: “…La juventud es la edad del crecimiento y del desarrollo, de la actividad, y de la viveza, de la imaginación y el ímpetu.” En cambio, hoy (hablando en términos francos y sin tapujos) los cubanos vamos de ordinarios por la vida. Saludos y Gracias.

    • Pablo Andres dijo:

      ¿Somos responsables? o cantamos al unisono el estribillo de la conocida cancion de Buena Fe
      !Y la culpa la maldita culpa, no la tiene nadie!

  • Amaury II dijo:

    Una de las conquistas de nuestra Revolución es que ha llevado la educación gratuita y obligatoria a todas las personas, sin embargo vemos como decía un forista anteriormente que hay instrucción pero no educación y lo peor es que las malas palabras, las grosería y la vulgaridad esta calando profundamente en la sociedad y hasta muchos profesionales están a ese bajo nivel y para colmo ahora eliminaron la prueba del español en los exámenes de ingreso a la universidad, lo que significa que ha perdido protagonismo el buen uso del lenguaje, al paso que vamos ahorita el que no diga esas palabrotas, va a ser tratado como un bicho raro y extraño en la sociedad.

    • tere dijo:

      Amaury II, NO eliminaron la prueba de español de los exámenes de ingreso a la educación superior, lo que eliminaron fue el examen de español de las pruebas de ingreso a los pre de ciencias exactas (IPVCE).

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Pedro de Jesús

Periodista del rotativo Escambray.

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