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Reverenciar la historia: Los micrófonos de Radio Reloj llaman a la rebelión del pueblo

Por: Miguel José Maury Guerrero
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Imagen del Palacio Presidencial después del asalto. Foto: Archivo JR

Hay lugares que, a fuerza de historia, se convierten en sitios de evocación, llaman a la veneración y devienen altares. Así lo determinan nuestra conciencia, sensibilidad y sentido patriótico. Es a partir de esa realidad que los reverenciamos.

Estoy parado frente a lo que fuera la cabina de transmisiones de Radio Reloj que, el 13 de marzo de 1957, fuera asaltada por José Antonio Echevarría y un grupo de sus compañeros del Directorio Revolucionario, como parte del plan de ajusticiamiento del dictador Fulgencio Batista, que tenía como ingrediente principal, el asalto al Palacio Presidencial.

En los momentos en que el joven y valeroso líder de la Federación de Estudiantes Universitarios dejaba escuchar su voz a través de los micrófonos de Radio Reloj, en esta pequeña habitación, anunciando la muerte de Batista, un comando de 50 jóvenes del mismo Directorio Revolucionario, ejecutaba el asalto a la guarida del tirano en la Avenida de las Misiones, en el corazón de La Habana.

A decir de Faure Chomón Mediavilla, el jefe de esta parte de la acción, y de no pocos de los sobrevivientes, el asalto se frustró principalmente ante el fallo de la operación de apoyo, un minucioso plan que contemplaba, una vez tomados todos los pisos interiores de Palacio –como ocurrió- la entrada en combate de un segundo comando dotado de buen armamento.

Este otro grupo de combatientes, desde las azoteas de los edificios vecinos a la sede presidencial, debían batir a la guarnición del lugar que, tal y como supusieron los planificadores del ataque, se concentró en el área del techo del inmueble al ser desplazados de su interior por el fuego de los jóvenes asaltantes.

El descalabro que supuso este fallo, obligó a los heroicos atacantes del Palacio a ejecutar una retirada que no estaba prevista en el plan inicial.

Salir del edificio sin haber sido totalmente tomado, supuso para los combatientes, correr en fuga bajo el nutrido fuego de la guarnición del recinto apostada en la azotea, lo cual se convirtió en una cacería de la que pocos lograron evadirse.

Ahora en el cuarto piso del Instituto de Radio y Televisión, actual sede del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, sólo queda esa cabina que rememora los hechos de Radio Reloj.

Aquí, en el extremo del pasillo que conduce al estudio principal y al Máster Central de todos los espacios informativos de la televisión cubana, se puede observar el pequeño cuarto a través de una amplia ventana acristalada, usual en todos los estudios de la radio.

Se trata de un espacio que, gracias al respeto de los periodistas, trabajadores y directivos del ICRT durante 61 años, ha sobrevivido a todo género de remodelaciones sufridas por el entorno donde radicaba Radio Reloj en los años 50, cuando el edificio en su conjunto, albergaba emisoras de radio y Televisión bajo el nombre de CMQ y era propiedad de Goar Mestre, el magnate de la radiodifusión en la Cuba de entonces.

Varios relojes en las paredes, donde se indicaba la hora simultáneamente en diversas capitales del mundo; una mesa rematada por un paño verde, flanqueada por dos asientos de aluminio para los locutores; un micrófono bidireccional pendiente del techo y una clavija semejante a las que antiguamente se utilizaban en los correos para transmitir en clave morse. Es todo lo que se observa; una escena que fue testigo de la audacia aquella tarde del decimotercer día de marzo en 1957.

“Pueblo de Cuba…” comenzó, en tono muy alto, aquella voz juvenil, marcada por la emoción del momento, que daba lectura al llamado a la rebelión del pueblo tras anunciar la muerte del dictador.

“Cubanos que me escuchan… Acaba de ser eliminado…” y, por el nerviosismo del empleado de Televilla, centro transmisor, quedaba cortada la emisión.

Luego sobreviene la fuga precipitada de los 15 jóvenes asaltantes en los tres vehículos que se dispersan y llegan a la Universidad por diferentes vías. El auto en que viaja José Antonio llega a las proximidades de la Colina por Jovellar y tras sortear el intenso tránsito de L, cruza esa arteria, sigue de largo y se tropieza con un patrullero que viene en sentido contrario.

“El Chino Figueredo”, como le conocían sus allegados, era uno de los participantes en las acciones del 13 de marzo que, en ocasión del aniversario 20 de estos hechos, entrevistamos en 1977.

En esa oportunidad, parado en el lugar de los hechos y frente a la tarja que marca el lugar donde cayera abatido José Antonio Echeverría, Carlos Figueredo, quien conducía el vehículo, nos contaba que el 13 de marzo de 1957, por orden del impetuoso líder estudiantil, el cual viaja a su lado, lanza el carro contra el auto policial y comienza el enfrentamiento a tiros.

Una ráfaga de ametralladora cruza de lado a lado el parabrisas de nuestro auto y José Antonio, a cuerpo descubierto, avanza sobre el patrullero mientras tira sobre los policías con su pistola, -nos contaba Figueredo en esa ocasión quien seguidamente, con gesto compungido por los recuerdos, nos narró cómo de inmediato el valeroso joven cae abatido por la ráfaga de la Thompson que acciona uno de los uniformados.

Enrique Rodríguez Loeches, otro de los integrantes del grupo que tomó Radio Reloj, luego de narrar su accionar personal y la de los demás miembros del comando, consideró el comportamiento de José Antonio nada sorprendente de acuerdo con su bravura y trayectoria de enfrentamientos con la fuerza policial de la dictadura.

“Se trataba de un hombre con sentimientos de odio e impotencia reprimidos, que en decenas de manifestaciones, se había enfrentado a mano limpia, sin armas, con la policía y su cuerpo guardaba lesiones de esos enfrentamientos.

Loeches nos indicaba que incluso los médicos le habían advertido a José Antonio que no podía recibir nuevos golpes en la cabeza, como los que ya había sufrido durante los encuentros con la fuerza policial del tirano, en tanto su vida peligraba.

“Es así que, sabiendo que, en aquellos momentos sus compañeros se enfrentaban a tiros dentro del Palacio Presidencial y al verse provisto de una pistola y tener la ocasión de batirse con la policía e igual a igual, no vaciló, al ver el auto patrullero avanzar en dirección contraria a ellos, en ordenarle al Chino (Carlos Figueredo) tirar el carro contra el mismo y liarse a tiros con aquellos sicarios”.

En esa ocasión, a manera de colofón de la entrevista, el ex combatiente hizo emotivas reflexiones, muy válidas a la luz de aquellos y los actuales tiempos.

Yo era un estudiante de periodismo en la Universidad de La Habana y laboraba para lo que sería el trabajo central de la revista Alma Máter en vista del aniversario 20 de los sucesos del Palacio Presidencial y Radio Reloj.

“No dudo que ustedes, en aquellos tiempos, -dijo apuntándome con su índice- hubiesen hecho lo mismo que hicimos nosotros; serían los José Antonio, Fructuoso (Rodríguez, Machadito, Joe (Westbrok), sin duda.

Porque acaso muchos, igual que sucedió con nosotros, fuesen hoy mártires y otros quizás anónimos y heroicos sobrevivientes, afirmó el veterano revolucionario a la vez que me miraba fijamente.

A la luz de la realidad y los requerimientos de estos tiempos que vive el país y la Revolución, me permito afirmar que, entender, validar y honrar nuestra historia, es lo que nos dará la fuerza necesaria para los grandes retos actuales.

Las necesidades de la patria, condujeron a los cubanos del siglo XIX al arrojo y sacrificios inmensos, hasta el de renunciar, en muchos casos, a sus comodidades, apartarse de sus familias y a ofrendar sus riquezas y hasta sus vidas.

Los héroes como José Antonio Echeverría partieron de esas enseñanzas y es lo que les corresponde a las generaciones de jóvenes cubanos ante una patria ahora persistentemente acosada y amenazada.

Los retos de hoy, los escollos a vencer, que son muchos, configuran la realidad en que les ha tocado vivir.

La misma está signada por la estrategia norteamericana, nada nueva, erigida en una amenaza presente a la existencia de Cuba como nación independiente.

Se trata de la puja enfilada a cercar, aislar, dividir, subvertir, aupar a la extrema derecha de todas partes; derrocar gobiernos democráticos de izquierda a fuer de golpes parlamentarios; anular a figuras de izquierda presentes o descollantes que potencialmente pudiesen amenazar los intereses yanquis y hacerlo a costa del desprestigio y de utilizar a los corruptos sistemas judiciales para “fabricar” causas en su contra.

No emigrar, -como reclamaba hace poco, refiriéndose a los jóvenes, Eusebio Leal Spengler, historiador de La Habana- ni fragmentarse ni vacilar ante las dificultades actuales ni venideras, es lo que demandan la patria y la Revolución, que es su garantía de existencia.

Actuar de manera consecuente con nuestra realidad de hoy y observar esos reclamos será, para los jóvenes actuales, su oportunidad de erigirse en los José Antonio Echeverría de este momento y ocasión para tener su 10 de Octubre y su 24 de febrero, su 26 de julio y también, por supuesto, su 13 de marzo.

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  • cary carmen dijo:

    excelente comentario. mis parabienes al periodista

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Miguel José Maury Guerrero

Periodista Sistema Informativo de la TV Cubana

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