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Los estudiantes desafiaron a los órganos represivos de Batista

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Foto conservada por Carmen Cortiñas de aquel histórico hecho. Al dorso aparece una dedicatoria que Jesús Suárez Gayol le hiciera a ella.

La posición antibatistiana asumida por el estudiantado camagüeyano el 27 de noviembre de 1955 tuvo resonancia nacional. Ese día en el instituto de segundo enseñanza, previo al acto de recordación a los ocho alumnos de la carrera de medicina fusilados injustamente en La Habana por orden del colonialismo español, tuvo lugar la develación de un cuadro del mártir revolucionario Abel Santamaría.

Una muchacha, con apenas 14 años de edad, estudiante del segundo año de bachillerato de ese plantel, que responde al nombre de Carmen Nilda Cortiñas Hernández, tuvo el honor, hace 60 años, de despojar el manto negro que cubría la efigie de quien fuera en vida el segunde jefe del Movimiento 26 de Julio en Cuba.

Nilda, residente en la calle Julio Sanguily entre la Avenida de Los Mártires y Capdevila, en el reparto La Vigia, a la luz de seis décadas de aquel acontecimiento histórico confiesa, con tremenda modestia, que en realidad fue un desafío a los sicarios de la dictadura que, de manera aparatosa, recorrían en vehículos los alrededores del lugar sonando las sirenas de las perseguidoras, mientras otros permanecían apostados con armas largas en el parque frente al instituto en pose amenazante.

“Para mí fue una sorpresa como parte de los estudiantes que seguíamos las ideas revolucionarias, en contra de la dictadura, quizás no comprendiendo, como lo comprendí después , de que Gayol (Jesús Suárez Gayol), fuera donde yo estaba y me dijera: nosotros vamos a tener un acto en la asociación y quiero que seas tú la que develes el cuadro. Fue para mí un compromiso para continuar.

“Creo que tenía una gran importancia en aquel contexto. Era el primer acto público, revolucionario que se daba en medio de aquella represión, constituido ya en Camagüey el Movimiento 26 de Julio y el Frente Estudiantil Revolucionario, cuya jefatura ocupó Gayol, líder natural de todos nosotros y que arrastró hacia la lucha también a alumnos de la Escuela de Comercio”.

Suárez Gayol tuvo la iniciativa de invitar al acto del 27 de noviembre de 1955 al Doctor Armando Hart Dávalos, integrante de la dirección nacional del 26 de Julio, aunque pensó también en la posibilidad de que asistiera Fidel, algo difícil por estar inmerso en los trajines del viaje al extranjero para organizar la expedición del yate Granma. Asistió a la ceremonia inicial y posteriormente habló en el acto, efectuado en el patio central del instituto, precisó la entrevistada.

Hart refiriéndose al caído en la gesta libertaria dijo: “…en el ejemplo de Abel encontramos algo más que un mártir. Él no entregó su vida un día, él fue entregándola todos los días. Él era un joven que disfrutaba de un sueldo de cuatrocientos pesos mensuales y lo había venido dando a la causa meses y meses, hasta que tuvo que abandonar el trabajo porque las actividades revolucionarias le exigían todo el tiempo.

“…el mejor homenaje que yo pueda hacerle a Abel Santamaría en este acto es decir que él comprendió mejor que nadie, porque sintió más que nadie, que el problema cubano no es político, como quieren los partidos plantear, sino que es esencialmente económico, es social, es también forjador de conciencia ciudadana…”

¿A la luz de tantos años que recuerdos te trae Suárez Gayol?

Era una persona muy valiente, le daba el frente a los sicarios de Batista. Por ejemplo recuerdo que en el laboratorio de física del pre, que las ventanas dan a la carretera central, por el Casino, una vez se puso a tirar proclamas y a gritar: ‘¡Abajo Batista!’. Ya nosotros nos preparábamos para que nos sacaran del instituto y cerraran las puertas, porque eso conllevaba que viniera la Policía.

“En otra ocasión recuerdo, de eso hablaba el otro día con Elpidio Lezcano, veterano luchador estudiantil e inseparable amigo de El Rubio en la Guerrilla del Che, la vez que Suárez Gayol se puso a arengar al pueblo y a los estudiantes, situado en el medio del escudo, ubicado en el portal del instituto, mientras nosotros cogíamos las botellas de Coca Cola de un aparato y cuanto teníamos y se lo tirábamos a la Policía.

“Cuando cogían a Gayol, lo golpeaban, lo pateaban y se lo llevaban en una perseguidora para la cárcel. Yo era parte de ese estudiantado que le gritaba a la Policía: ¡sicarios!”.

En un momento de la entrevista y retrotrayéndola del pasado y al presente, Carmen expresó: “Creo que si los jóvenes estudiantes leen e investigan la historia de Cuba, a partir de la década del ’50, deben ser continuadores de esas luchas y estar al lado de lo que tanto sangre y sufrimiento costó.

“Es un proceso que hay que estudiar profundamente porque quien lo vivió, como nosotros, lo recordamos como un hecho heroico y arriesgado. Y si nos ponemos a pensar en Abel, a Abel le sacaron los ojos. Los que vivieron esa etapa no pueden pensar en otra cosa, que no sea en el proceso revolucionario y que los jóvenes de ahora, que están en el preuniversitario se enorgullezcan de que tuvieron un estudiantado en esa época, con la misma edad de ellos, capaces de enfrentarse a fuerzas tan agresoras como la Policía y la guardia de Batista.

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Carmen Cortiñas. Foto: Otilio Rivero

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Dorso de la primera imagen. Con casi 75 años Carmen no olvida la pujanza del estudiantado en aquellos fatídicos días de 1955.

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