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El diálogo y el pensar martiano

En este artículo: Comunicación, Cuba, José Martí
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"Loable constituye la empresa de permitir la convergencia de diferentes generaciones en un mismo espacio". Foto Kaloian Santos

“Loable constituye la empresa de permitir la convergencia de diferentes generaciones en un mismo espacio”. Foto Kaloian Santos

Por Williams Enrique Tolentino Herrera

Por estos días me ha parecido oportuno profundizar en la necesidad e importancia del diálogo, y en la utilidad del pensamiento martiano como brújula para la comprensión cabal de estos tiempos. Oportuno porque la interpretación y aplicación de las ideas de Martí a la realidad, así como el fomento de un escenario propicio para el intercambio de opiniones y experiencias, considero, son dos de las principales acciones a emprender hoy por los cubanos para entender el contexto social con sus virtudes y aspectos a mejorar.

Sobre la importancia del diálogo se han pronunciado varios teóricos en el campo de los estudios sobre comunicación. Distante ya de aquellos tiempos donde se concebía el acto comunicativo en términos de manipulación y naturaleza unidireccional, las miradas desde la teoría en las últimas décadas favorecen la atención a esta práctica como la fórmula imprescindible para democratizar la comunicación y hacer partícipe a los ciudadanos en la construcción y manejo de un país. Medulares son los aportes de algunos autores latinoamericanos al respecto. Y entre ellos los del pedagogo brasileño Paulo Freire y el comunicólogo boliviano Luis Ramiro Beltrán.

Según Freire, el diálogo como fenómeno inherente a los hombres posee dos dimensiones palpables: una factual y otra reflexiva. El vínculo entre acción y reflexión era tan fuerte –agregaba– que el sacrificio de lo primero repercutía negativamente en lo segundo y viceversa. En ese sentido, el logro de un equilibrio entre obrar y pensar significaba para él otorgarle al diálogo un carácter auténtico. Solo así era posible evitar la conversión de lo dicho en puro verbalismo o activismo estéril; dándole a este intercambio de palabras –en igualdad de condiciones y derechos– la coyuntura idónea para alentar la transformación de lo social.

La importancia de esta actividad humana era tal que, a decir de Freire, en las décadas de 1960 y 70, la única labor pedagógica capaz de liberar a Latinoamérica de la influencia cultural opresora proveniente del Norte, consistía en preterir la educación en su concepción bancaria –de depósito arbitrario de conocimientos– y estimular el diálogo entre educadores y educandos como alternativa para el cambio. Debía ser el acto pedagógico un proceso de construcción colectiva de ideas y no una transmisión lineal de saberes. En cambio, las proposiciones de Beltrán homologaban el diálogo con la imagen de un engranaje clave para los anhelos de horizontalizar la comunicación: establecer la igualdad de derechos y oportunidades de los hombres en calidad de comunicadores activos.

Similares propósitos debe perseguir el diálogo que entre generaciones pueda estimularse en Cuba para educar, formar y aprender a pensar. Necesario es el intercambio inclusivo de opiniones con el respeto y el reconocimiento a la diversidad de criterios como máximas a cumplir en todo instante. No obstante, debe ese diálogo trascender la socorrida práctica del contacto entre opiniones formales y aun peor, vacías en lo concerniente al orden semántico. Como también debe procurar el fomento de un balance entre lo dicho y lo hecho. Más allá de la expresión de palabras “huecas” se hace indispensable el libre flujo de argumentos objetivos y saberes aprehendidos.

En esto último, bastante puede contribuir la adopción del pensamiento martiano y su posterior interpretación, ejecutada de forma activa y consciente. Validan esta tesis la vigencia de sus ideas y los valores éticos presentes en su legado escrito y trayectoria política. Muy pocos se atreven hoy a negar en las frases de Martí cierto vínculo con la actualidad. Pero a mi modo de ver, quizás lo más útil y valioso de su pensar radica precisamente en lo segundo: en el potencial formador y humano de su obra moral. Debe ser esa la brújula asumida por quienes de verdad anhelan entender a Martí. En definitiva, la incorporación y asimilación de sus reflexiones solo estará completa cuando se aprenda a pensar como él.

Hay quienes buscan en los escritos martianos la frase capaz de generar aplausos cuando se habla desde una tribuna. Otros prefieren repetir sus doctrinas sin conocer al menos el significado de cada palabra mencionada. Mas en estos tiempos no deben las sentencias de Martí ser simples catalizadoras de simpatías. Tampoco inhibidoras del pensamiento propio. No se trata de recitar palabras ajenas. Conviene poco escuchar a quien esgrima esas frases sin antes haberlas interpretado. El primer diálogo que brote de la lectura a Martí deberá establecerse entre lo escrito y la conciencia del sujeto. Buena práctica sería educar la reflexión auténtica a través del empleo de algunos principios martianos como: la concepción de los intereses colectivos en detrimento de las preocupaciones individuales y la visión del deber cual centro de la conciencia moral humana. La memorización sin análisis equivaldría a errar el rumbo.

Hasta ahora Generaciones en diálogo, la iniciativa de Juventud Rebelde, ha dado los primeros pasos en ese camino de articular en un entorno favorable para la comunicación, el empleo del arsenal ideológico del Apóstol capaz de tributar a la comprensión de la sociedad cubana contemporánea. Loable constituye la empresa de permitir la convergencia de diferentes generaciones en un mismo espacio, con el objetivo común de opinar e interactuar sobre un tema cualquiera de interés social. Mucho más si con la plática el propósito primero es sintetizar el pensamiento individual en uno colectivo no excluyente y por ende más acabado. Promover la cultura del debate entre los cubanos hará posible la contribución de los criterios diversos a la génesis de un pensar más coherente con estos tiempos. Siempre que el diálogo sea verdadero, la idea surgida del intercambio creará oportunidades para transformar el mañana en una versión mejor del hoy. Y en ese sentido ya se han creado las bases, aun cuando todavía quede mucho por recorrer.

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  • Felicia DM Padron dijo:

    Estoy de acuerdo con esta reflexiva exhortacion

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