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Manning, Assange y Snowden: o la furia del Estado o la libertad

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El común denominador: la revelación, al público mundial, de información que el Gobierno norteamericano considera estrictamente confidencial y que, supuestamente, pone en “peligro” la seguridad de Estados Unidos.

Tres nombres han provocado la ira del Gobierno de Estados Unidos en esta segunda década del siglo XXI: Manning, Assange y Snowden. Todos jóvenes expertos en uso de las Tecnologías de la Información (TI).

El común denominador: la revelación, al público mundial, de información que el Gobierno norteamericano considera estrictamente confidencial y que, supuestamente, pone en “peligro” la seguridad de Estados Unidos. Una parte importante del escándalo se refiere a la reacción de amplios sectores de la opinión pública mundial frente a abusos, por vía de la intromisión en la vida privada de los ciudadanos, de parte de aparatos de seguridad del Estado.

Justamente, el 30 de julio pasado, el soldado Bradley Manning (que no ha cumplido los 26 años), fue hallado culpable, por parte de una juez militar de cargos de robo y de espionaje. Aunque no se ha proferido aún la sentencia, se especula que podría ser condenado a cadena perpetua y unos 150 años más de prisión.

A diferencia de las revelaciones acerca de la violación de la intimidad de millones de ciudadanos realizadas por Snowden (que acaba de cumplir 30 años), en el caso de Manning, un analista de inteligencia del Ejército que filtró datos para Wikileaks (el portal creado por el australiano Julian Assange, de 42 años), sus “transferencias de datos” dejaron muy mal parado al Gobierno de EE.UU., incluyendo un video en el que aparece un helicóptero disparando a población civil en Iraq, así como información confidencial diplomática (opiniones indelicadas acerca de aliados suyos y decisiones costosas en vidas humanas) que se vertieron en el portal WikiLeaks.

Por su parte, Assange, asilado en la embajada de Ecuador en el Reino Unido, procura no ser extraditado a Suecia (por cargos de acoso sexual), hecho que podría implicar ser enviado a Estados Unidos para ser juzgado. Gracias a él, el mundo pudo informarse de crudos aspectos de la “Realpolitik” del Gobierno de Estados Unidos que sobrepasan estándares éticos mínimos cuando de vidas humanas se trata.

En cuanto a Snowden, aún permanece en el limbo en el aeropuerto de Moscú, intentando no caer en manos de la justicia de los EE.UU. después de haber contado al diario británico The Guardian acerca del espionaje que, sistemáticamente la Agencia Nacional de la Seguridad (ANS) ejerce sobre ciudadanos de todo el mundo.

Tanto Assange como Snowden se consideran a sí mismos, emblemas de la libertad y, por ahora, están fuera de las garras de la justicia gringa. Este último cree que es el gobierno de los EE.UU. el que ha violado la ley. Manning no pudo evitar ser juzgado por una corte militar.

El vertiginoso avance tecnológico en materia de Tecnologías de la Información ha generado una gran paradoja que contribuye a explicar las agudas controversias acerca de la información confidencial: por una parte, el Estado cuenta con inmensas capacidades tecnológicas de realizar seguimientos a las comunicaciones de millones de individuos a través de Internet. El centro de datos de Utah, que estará listo en septiembre, complementará capacidades instaladas no solo en EE.UU. sino prácticamente en todas las naciones avanzadas, que facilitan saber con quién y cuándo, y qué se comunican en tiempo real, centenares de millones de personas. De ahí los recientes escándalos de opinión pública por labores de “chuzadas”, no solo en Estados Unidos sino en el Reino Unido y en Alemania.

Por otra, el desarrollo de las TI ha generado en individuos y pequeñas comunidades un poder de interacción con los poderes públicos sin precedentes en la historia de la humanidad. El acceso a Internet por vía de cualquier dispositivo, el uso de redes sociales y blogs y, en general, la posibilidad de crear contenidos, han permitido que ciudadanos puedan expresar opiniones y ser parte activa de movimientos cívicos, políticos, étnicos, libertarios, de orientación sexual y de muchos otros tipos.

Es claro que las TI han permitido, también, que individuos y organizaciones (incluyendo aquellas con propósitos criminales) ingresen a bases de datos reservadas, bien sean públicas o privadas, por la vía de actividades típicas de “hackeadores”. Sin embargo, en los casos de Manning y Snowden no se trata simplemente de “hackeo” sino de revelaciones que voluntariamente realizaron acerca de sus labores cotidianas.

¿Qué sigue? Independientemente de que el aparato judicial de los EEUU pueda echarle mano a Snowden y Assange, resulta muy difícil ocultar las actividades de los aparatos de seguridad en materia de seguimiento a la vida de individuos. El solo hecho de que, en el caso de los EEUU, haya miles de empresas privadas vinculadas a los programas de la ANS en labores de mantenimiento y operación de las plataformas sobre las que se realizan las “chuzadas”, implica un enorme riesgo a la pretensión de mantener ocultas tales actividades. Habrá más Mannings y Snowdens, de manera que es de esperar que el mundo conozca en los próximos meses y años más detalles del nivel de intrusión de los aparatos de seguridad en la vida privada.

Pero, en contraste, el desarrollo de las TI y la capacidad económica de los Estados les permitirán, guste o no, vigilar los movimientos, opiniones y rutinas de los gobernados. Habrá mayores dosis de cinismo (sí, ¿y qué?) y los ciudadanos seremos controlados aún más.

¿Cuáles podrían ser las consecuencias de que aparatos de seguridad tengan acceso a la información acerca de qué libros leen las personas, qué compran, cuándo viajan, que preferencias personales tienen? Los ejemplos históricos, sea en la época del fascismo y el estalinismo, o en la actual, no dejan mucha duda. Incluyendo las actividades “non sanctas” de aparatos de seguridad colombianos como el extinto DAS, tan proclive a las “chuzadas” de las comunicaciones de ciudadanos (y ciudadanas) considerados sospechosos.

Es obvio que los Estados deben cuidar la seguridad nacional. Sin embargo, frente al cinismo y el poder de control de parte de aquellos, la ciudadanía no tiene alternativa diferente a la protesta, particularmente por vía de las TI y a saber quién, qué y por qué se vigilan sus movimientos.

(Tomado de Telesur)

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  • fire dijo:

    Manning, Assange y Snowden deben ser apoyados por todas las fuerzas que aman la libertad y el derecho a la información sin manipulación,se han ganado ese derecho, su ejemplo debe seguir estimulando a otros a descubrir las miserias de los que manipulan los imperios, por eso la persecusión , hay que divulgar más lo que descubrieron y no las cosas que se traman contra ellos.

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