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Mariano Rodríguez, palabras para un centenario

En este artículo: Artes Plásticas, Cuba, Cultura, Pintura
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Por Roberto Méndez Martínez

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En septiembre de 1937, en el primer número de la revista Espuela de plata, el crítico Guy Pérez Cisneros escribía en el artículo “Sexo, símbolo y paisaje; a propósito de Mariano“:

Figuras, cosas y plantas viven mecidas por un gigantesco oleaje de semen. Desde luego, en pintores de la generación precedente el sexo había tomado la palabra. Pero se sentía impuro y no tenía la voluntad de concebir. Lo galante lo destruía y lo empequeñecía todo. (…) En Mariano, por lo contrario el sexo es tan inocente como el lobo que come el cordero. Se hunde en un vasto y simbólico misterio cósmico en que el hombre de pronto puede jugar con los planetas, pero también, en que la más humilde hierba tiene tanta grandeza como la conciencia humana. (…) Por ser misterioso, hierático, por contentarse con purificar lo obsceno por el símbolo, es como adquiere extraordinario relieve el impulso sexual de la pintura de Mariano.

Por entonces, la trayectoria vital del singular artista no era todavía muy dilatada. Nacido en La Habana, el 24 de agosto de 1912, había realizado estudios más o menos irregulares en la Academia San Alejandro; pero su auténtico aprendizaje había tenido lugar en México, donde conoció de primera mano el movimiento muralista y se llenó de fervor por la educación artística popular. Eso explica que formara parte a su regreso del Estudio Libre de Pintura y Escultura que tuvo vida efímera en unos galpones junto al Capitolio Nacional y que fuera uno de los creadores que pintaran murales en la Escuela Normal de Santa Clara, el suyo resultaba provocador desde el mismo título: Educación Sexual.

Pero Mariano no resultó un simple epígono del muralismo. Su interés por el arte del Renacimiento se armonizaba con su admiración por Picasso, particularmente el de la etapa neoclásica. Su habilidad para el dibujo de las figuras y para la solidez en las composiciones, confirió una temprana elocuencia a su arte. Piénsese en Unidad, obra con la que obtiene el tercer premio en la II Exposición Nacional de Pintura y Escultura, celebrada en 1938. La pieza fue exhibida en 1940 en la muestra 300 años de arte en Cuba, celebrada en la Universidad habanera bajo los auspicios del Instituto Nacional de Artes Plástica, con la curaduría de Domingo Ravenet y Guy Pérez Cisneros y para entonces formaba parte ya de la colección perteneciente a la Secretaría de Educación.

El artista se había acercado al escritor José Lezama Lima y a sus proyectos editoriales. De hecho se les veía con frecuencia juntos en el café La Lluvia de Oro o caminando por la calle Obispo. De esos encuentros nacieron revistas como Espuela de plata (1939-1941), Nadie parecía (1942-1944) y Orígenes (1944-1956). En todas ellas estuvo el sello de Mariano, como consejero o editor, creador de diseños de portada o de ilustraciones y viñetas interiores.

Mariano retrató varias veces a Lezama y, a la vez, diseñó varias de las cubiertas de los libros del poeta: Enemigo rumor (1941), Aventuras sigilosas (1945) y La fijeza (1949) e hizo perdurar en el lienzo el espíritu de las búsquedas del Grupo en su óleo Lectura de Orígenes.

Los nexos con este grupo artístico tuvieron otras implicaciones. Aunque Mariano fue desde su juventud proclive al pensamiento materialista, colaboró con el Presbítero Ángel Gaztelu en la renovación de la Parroquia de Bauta, para la cual creó dos grandes pinturas sobre madera: Descendimiento de la cruz y La resurrección de Cristo; y el diseño de dos vitrales, dedicado uno a Nuestra Señora de Fátima y el otro a San José. Esta labor no estuvo libre de tropiezos, como relata el clérigo, años después, en su artículo “La pintura religiosa en Cuba”:

Mariano además hizo posteriormente dos vitrales, uno de San José y otro de la Virgen de Fátima y colocados en el Presbiterio de esta Iglesia. En el de San José, enmarcados en cálidos y brillantes tonos de este gran colorista que es Mariano, y en las formas y ornamentos que recuerdan las lucetas de las señoriales casas del Cerro, se nota cierta desarmonía entre el fondo del vitral y la imagen del Santo. Ello se debe a que el pintor, obligado por la familia que lo costeaba, tuvo que sustituir la imagen del diseño original por la copia de una estampa.

El vitral de Ntra. Señora de Fátima, fue realizado dentro de la interpretación libre, necesaria a toda obra de creación artística. En él, la Virgen de Fátima (concepción libre del pintor), juega con la armonía formal del dibujo y color, gloriosamente entre azules y blancos purísimos. La Reina del Cielo parece, al través de este vitral, resplandecer gozosamente en la serena armonía de sus aéreos colores y graciosas formas lineales.

También colaboró el creador en otra obra religiosa: la decoración de la capilla de la Cárcel del Castillo del Príncipe, iniciativa de otro sacerdote, el Presbítero Hilario Chaurrondo, de la Congregación de los Padres Paúles, gran amante de las artes, mecenas de Fidelio Ponce y amigo de artistas como Jorge Arche y René Portocarrero, quien llegó a forjarse una importante colección en el Convento de La Merced. Allí Mariano realizó una Crucifixión cuyo paradero no conocemos.

Como ha escrito el investigador y curador Roberto Cobas:

A través de sus lienzos y dibujos del primer lustro de los cuarenta Mariano obtiene su propia interpretación de lo cubano mediante la personalidad singular que adquiere el color en su pintura, lo cual otorgará un carácter definitivo a sus lienzos en obras rotundas como Guajiroso La Catedral de La Habana, realizadas en 1944, obras representativas en la aprehensión de una visualidad propia, nutrida de una esencia cultural cubana, caribeña, latinoamericana. Con un prodigioso despliegue de sus dotes como colorista, atrapa y recrea en sus paisajes, parques, catedrales, guajiros, gallos y mujeres, una atmósfera de época que identifica con un sello particular su primer ciclo de madurez.

Mariano tuvo la habilidad, dentro de los presupuesto que compartía con otros artistas como Amelia Peláez y René Portocarrero, de forjar un estilo original, que rehuía lo puramente decorativo o complaciente, para concentrarse en una pintura que parece nutrida por los arquetipos de lo cubano, uno de ellos, el gallo, ha quedado definitivamente asociado a su quehacer, pero habría que pensar también en la sensualidad de sus desnudos femeninos, en las frutas de vibración pulposa y en la singular manera de lograr que su color siempre aparezca alimentado por un sol tropical y reverberante.

En 1943 en un texto titulado “Mariano”, que a la postre dejó inédito, Lezama comentaba la especial relación del artista con el color:

En realidad su arte empieza a saltar de aquellas limitaciones del espíritu prevenido o no prevenido, para estar dichosamente ceñido por lo que se sabe y no sabe, para crear siempre dentro de una atmósfera que era la que necesitaba la aventura que iba a ofrecer su lienzo. La luz, si antes se utilizaba como una proyección que subrayaba un fragmento, ahora se ha constituido en un volumen que ciñe, en la recepción total de la obra. […] La luz no se lanza sobre la distancia o profundidad de una figura, sino que es la misma casa que todos tienen que habitar y que está toda ella sumergida en esa luz grave.

Su obra tiende a la expansión. Realizó murales en espacios públicos, baste con recordar el pintado al fresco en el edificio del Retiro Estomatológico con el título El dolor humano y el cerámico que en 1956 emplazó en el Retiro Médico.

Paralelamente, se iba a Santiago de las Vegas, para decorar cerámicas en el taller que allá animaba el Dr. Rodríguez de la Cruz. Eso no le impedía exponer con éxito en Nueva York, París, Caracas, Sao Paulo.

El editor y mecenas José Rodríguez Feo ha escrito sobre este período del artistaPero Mariano siempre ha sorprendido a sus admiradores por la afanosa experimentación dentro de la evolución lógica de su arte. Ya en los cuadros a finales de la década de 1940 aparecen y comienzan a predominar los tonos más oscuros. El Retrato de una Dama (1947) es un ejemplo magnífico de cómo el pintor emplea el negro para enmarcar el rostro del personaje. Mariano había pintado varios retratos de personajes reales: uno de su hija, de su hermana, su propio autorretrato. Pero estos retratos limitaban su deseo de ensayar nuevas modalidades y por ellos comienza una serie de retratos que denominó “imaginarios”, que le permitían no ajustarse estrictamente a una realidad concreta. Así podía dar vuelo a su fantasía y seguir experimentando con nuevas formas y colores. El Retrato de una Dama es una curiosa anticipación del predominio del color negro en su obra. Más tarde, en 1957, Mariano visita España y ve por vez primera los cuadros de Goya. Él mismo ha confesado la enorme impresión que se llevó ante los cuadros “negros” de Goya:

Pero Mariano siempre ha sorprendido a sus admiradores por la afanosa experimentación dentro de la evolución lógica de su arte. Ya en los cuadros a finales de la década de 1940 aparecen y comienzan a predominar los tonos más oscuros. El Retrato de una Dama(1947) es un ejemplo magnífico de cómo el pintor emplea el negro para enmarcar el rostro del personaje. Mariano había pintado varios retratos de personajes reales: uno de su hija, de su hermana, su propio autorretrato. Pero estos retratos limitaban su deseo de ensayar nuevas modalidades y por ellos comienza una serie de retratos que denominó “imaginarios”, que le permitían no ajustarse estrictamente a una realidad concreta. Así podía dar vuelo a su fantasía y seguir experimentando con nuevas formas y colores. El Retrato de una Damaes una curiosa anticipación del predominio del color negro en su obra. Más tarde, en 1957, Mariano visita España y ve por vez primera los cuadros de Goya. Él mismo ha confesado la enorme impresión que se llevó ante los cuadros “negros” de Goya. Pero Mariano siempre ha sorprendido a sus admiradores por la afanosa experimentación dentro de la evolución lógica de su arte. Ya en los cuadros a finales de la década de 1940 aparecen y comienzan a predominar los tonos más oscuros. El Retrato de una Dama (1947) es un ejemplo magnífico de cómo el pintor emplea el negro para enmarcar el rostro del personaje. Mariano había pintado varios retratos de personajes reales: uno de su hija, de su hermana, su propio autorretrato. Pero estos retratos limitaban su deseo de ensayar nuevas modalidades y por ellos comienza una serie de retratos que denominó “imaginarios”, que le permitían no ajustarse estrictamente a una realidad concreta. Así podía dar vuelo a su fantasía y seguir experimentando con nuevas formas y colores. El Retrato de una Dama es una curiosa anticipación del predominio del color negro en su obra. Más tarde, en 1957, Mariano visita España y ve por vez primera los cuadros de Goya. Él mismo ha confesado la enorme impresión que se llevó ante los cuadros “negros” de Goya.Pero Mariano siempre ha sorprendido a sus admiradores por la afanosa experimentación dentro de la evolución lógica de su arte. Ya en los cuadros a finales de la década de 1940 aparecen y comienzan a predominar los tonos más oscuros. El Retrato de una Dama (1947) es un ejemplo magnífico de cómo el pintor emplea el negro para enmarcar el rostro del personaje. Mariano había pintado varios retratos de personajes reales: uno de su hija, de su hermana, su propio autorretrato. Pero estos retratos limitaban su deseo de ensayar nuevas modalidades y por ellos comienza una serie de retratos que denominó “imaginarios”, que le permitían no ajustarse estrictamente a una realidad concreta. Así podía dar vuelo a su fantasía y seguir experimentando con nuevas formas y colores. El Retrato de una Dama es una curiosa anticipación del predominio del color negro en su obra. Más tarde, en 1957, Mariano visita España y ve por vez primera los cuadros de Goya. Él mismo ha confesado la enorme impresión que se llevó ante los cuadros “negros” de Goya.

Al triunfo de la Revolución, se incorporó de inmediato al movimiento popular. Fue por breve tiempo Consejero Cultural en la Embajada de Cuba en la India. A su regreso trajo una serie de piezas notables que expuso en la Galería Habana en 1962. Lezama escribió en el catálogo:

Dichoso Mariano que ha podido ver los cuatro grandes ríos: el Ganges, el Sena, el Amazonas y el Almendares. El Ganges, donde los efímeros se purifican y los muertos fluyen. La horizontal del Sena, al lado de la verticalidad del gótico implorante. La fluencia pura, indetenible, desconocida, del Amazonas. Y la tierna humildad del Almendares lento, donde la mano se extiende por las colinas y peina e impulsa con la lunada. Si se reúnen en la imagen los cuatro grandes ríos, se logra la extemporalidad, la isla de la dormición germinativa que busca la casa del árbol.

Presidió la sección de Artes Plásticas de la UNEAC hasta 1963 y se hizo cargo también del departamento de esa manifestación en la Casa de las Américas, en la que fue primero vicepresidente y luego presidente a la muerte de su fundadora Haydée Santamaría. Tales responsabilidades no impidieron que continuara su labor creativa, baste con recordar su importante serie de madurez Frutas y realidad (1967). De él dijo su amigo, el poeta Mario Benedetti:

Cuando la crítica trató de encasillarlo, cuando intentó subordinarlo a algún rasgo peculiar, definitorio, paradójicamente sólo pudo echar mano a los adjetivos de la insubordinación, y así se dice que su pintura es exuberante, alegre, dinámica, esencial. Por algo el gallo le acompañó de alba en alba (nunca despide al sol; siempre lo anuncia). Cada jornada o etapa de su obra incluye una alegría temprana, como un gallo, una alegría que a veces puede venir maniatada y convicta, pero Mariano supo siempre cómo desatarla, intuyó que en el nuevo amanecer volverían a cantar los gallísimos sueños.

Falleció en La Habana el 26 de mayo de 1990. En 1998, la Casa de las Américas sirvió como sede la retrospectiva Mariano, una energía voluptuosa, en homenaje a los 85 años de su natalicio.

Su obra, atesorada en las colecciones de nuestro Museo Nacional de Bellas Artes, la Casa de las Américas y otras instituciones resulta emblemática dentro del arte cubano del siglo XX. Toda su trayectoria parece justificar y amplificar las predicciones que sobre él hiciera el escritor Ramón Guirao en el artículo que le dedicara en 1938 en la revista Grafos:

Mariano se encamina señeramente hacia una forma de expresión que responde a nuestro verdadero estado espiritual, no por la línea simplista del pintoresquismo, sino en el logro de una voluntad de forma medularmente americana, llevando hasta el más oculto rincón del lienzo la atmósfera poética, fijándola con la aparente simplicidad que los principios de una plástica en formación exige. Lo americano más propio, más puro, ha de surgir de esos dos opuestos puntos polémicos, de lo pintoresco hondo, sentido, y de lo universal americano.

(Tomado de Cubarte)

Se han publicado 3 comentarios



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  • Coral Vila dijo:

    Soy hija de un pintor ya fallecido,cuya mejor obra reconozco en la década de los 60 y 70. Mi padre fue un discípulo de Mariano, y seguidor muralista y retratista. También abordó el cubismo con técnicas impresionistas y ganó premios por sus cuadros y sus obras, por ejemplo en SANVEX 1967. Fue un concurso en Santiago de las Vegas, al que lo acompañé de pequeña.

    Mi padre pintó murales, y resalto el que lució en el salón de lobby de la Secundaria Básica del Cerro, Combatientes de América, en los años 1968-1970. Él pintó una imagen que había sido aceptada con motivo de la TRICONTINENTAL. Aquella idea lo ilusonaba tanto! y pintó a niños que, por sus razgos, representaban a niños de diferentes partes del mundo.

    En fin, conservo algunas obras de mi padre, entre ellas un óleo a los ómnibus General Motor (que eran los que circulaban en el bario del Cerro donde nací), así como una serie de pasquines, como él le llamaba, que ilusran las diferentes campañas de la Revolución en sus primeros 20 años de vida.

    Quisiera rendirle a mi padre, Manuel Vila, un póstumo homenaje incorporándolo al registro de pintores de su generación de San Alejandro, donde compartió espacios también con Mendive.

    Si alguien sabe cómo hacerlo, lo agradezco de antemano, gracias por esta oportunidad!

    Coral Vila

  • Marta O. Carreras Rivery dijo:

    A pesar de los errores de edición del artículo –repetición de párrafo–, su contenido es muy interesante.

    A propósito de la obra de Mariano Rodríguez, les traslado la siguiente historia, también para su conocimiento.

    Por inspiración de Celia Sánchez, en las primeras décadas de la Revolución se hizo un llamado a nuestros plásticos para adornar con sus obras las sedes diplomáticas cubanas en el exterior.

    Buena parte del mobiliario de las misiones cubanas de entonces llegaron desde Cuba, elaborados por ingeniosos y exquisitos carpinteros cubanos, cuyos diseños y comodidad impactantes y permitían más allá del entorno diferente que rodea a cualquier misión en cualquier país, la sensación de que se está, efectivamente, en la casa de Cuba.

    Mariano Rodríguez figura entre los grandes que asombran con su arte en varias misiones cubanas, que se conservan registrados, inventariados y custodiados, como parte del patrimonio cultural de nuestro país.

    En la embajada cubana en Rusia hay dos cuadros de gran formato de Mariano; ambos representan frutas tropicales, pero tienen una diferencia muy interesante. Uno es vitalmente cubano, intenso, colorido y erótico, donde las frutas -mango, papaya (en el centro), plátanos, caimito…- están rodeadas de momentos importantes en la vida cubana de la década del 60: un cortador de caña, una pareja haciendo el amor, una representación femenina que -se me figura- su esposa de entonces. Ese cuadro está firmado dos veces por el autor: una en el año 65 y otra en el año 70, lo que me sugiere su tránsito por Moscú y un posible retoque de la obra.

    El otro cuadro tiene un color que impacta por su frialdad y por el distanciamiento entre las frutas. Jamás había visto en la obra de Mariano (la que he podido ver en galerías, museos, catálogos y revistas) semejante color. Eran frutas tropicales, sí, pero de un Mariano diferente, tal vez con una profunda melancolía en la lejanía y en cierto modo, atado a su tierra cual un visible cordón umbilical.

    Pregunté por la historia del cuadro y lamentablemente no estaba escrita. En el catálogo de las obras de arte de la misión aparece su incorporación a la Embajada procedente del cierre, por razones financieras, del consulado cubano en San Petersburgo en el año 2002.

    En las misiones diplomáticas se vive con tanto dinamismo, que no siempre da tiempo a escribirlo todo y a veces no somos conscientes de la importancia que tiene -tal vez porque no todos tenemos una profesión vinculante con el arte — de dejar esos registros para la historia.

    Y como la mente necesita de respuestas y a mí me encanta fabular, se me figura, tal vez, que ese cuadro tan diferente, de frutas distantes y frías fue pintado en Rusia en el año 70, con el deseo de dejar una impronta personal en medio de una gran nostalgia por la calidez de la patria.

    Cubano que haya vivido un crudo invierno ruso, puede entender perfectamente de qué se trata.

    Envío al correo de Cubadebate, las fotos de los cuadros, tal vez con la esperanza de que puedan ser disfrutado por los lectores de este espacio cultural y quién sabe, si al fin quede bien escrita la historia real del cuadro “frío” y no la leyenda que le he inventado.

  • antonio lopez dijo:

    quisiera que si es posible Marta O. Carreras me enviara las fotos de las obras del maestro Mariano Rodriguez por mi admiracion , yo tambien estuve en la URSS y conozco un poco la historia de esas obras

    gracias

    Antonio Lopez

    antolop@gmail.com

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