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Diálogo y cultura cívica: un debate de Temas

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El panel de este Último Jueves, espacio mensual de debate que organiza la revista Temas, estuvo integrado por: Antonio Castañeda, presidente de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba; Román de la Campa, profesor de la Universidad de Pennsylvania; Maritza Moleón Borodowsky, directora general del Centro Félix Varela; John McAuliff, director ejecutivo de la ONG estadounidense Fondo para la Reconciliación y el Desarrollo; y el moderador Carlos Alzugaray, miembro del equipo editorial de la citada publicación.

El panel de este Último Jueves, espacio mensual de debate que organiza la revista Temas, estuvo integrado por: Antonio Castañeda, presidente de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba; Román de la Campa, profesor de la Universidad de Pennsylvania; Maritza Moleón Borodowsky, directora general del Centro Félix Varela; John McAuliff, director ejecutivo de la ONG estadounidense Fondo para la Reconciliación y el Desarrollo; y el moderador Carlos Alzugaray, miembro del equipo editorial de la citada publicación.

Por Tania Chappi Docurro

“Si respondemos ojo por ojo y diente por diente, todos terminaremos ciegos y sin dientes”. Esta frase, atribuida a Mahatma Gandhi, impulsó el intercambio de ideas durante el espacio Último Jueves de la revista Temas, celebrado en La Habana, en la Asociación Cultural Yoruba de Cuba.

Antonio Castañeda, Presidente de la Asociación; Román de la Campa, profesor de la Universidad de Pennsylvania; Maritza Moleón Borodowsky, directora general del habanero Centro Félix Varela, John McAuliff, director ejecutivo de la ONG estadounidense Fondo para la Reconciliación y el Desarrollo; y el moderador Carlos Alzugaray, se dieron cita en un panel que puso sobre la mesa de discusión los términos diálogo, cultura cívica, reconciliación y discrepancia.

“Vivimos en un mundo donde es necesario cambiar la cultura cívica. El ciudadano debe ser más proactivo y consciente de su rol en la sociedad, para eso hay que dialogar, comprender al otro, pero de igual manera discrepar”, sostuvo Maritza Moleón Borodowsky, directora general del  Centro Félix Varela, ONG cubana que desde hace dos décadas promueve, entre otros asuntos, la cultura de paz, entendida como la prevención de la violencia en los ámbitos institucional y comunitario.

“Dialogar implica saber de antemano que vamos a disentir y también podemos encontrar puntos en común (…) Incluso el conflicto es parte de la vida cotidiana y contribuye al desarrollo humano, porque puede enriquecer el proceso de la toma de decisiones”.

Investigaciones realizadas por dicho Centro evidencian que el cubano no está acostumbrado a dialogar, ni siquiera dentro del ámbito familiar. Lo habitual es no tener en cuenta a los niños y las niñas; los padres imponen sus criterios, no hay decisiones colegiadas. A los pequeños se les enseña a defenderse con imposiciones y con violencia. Se les dice: “Si te pegan, tú pegas”.

El hecho de que la familia resulta esencial para desarrollar en las personas, desde la infancia, la cultura del diálogo resultó una de las ideas recurrentes en el encuentro, tanto entre los panelistas como en el público. De igual modo lo fue el criterio de que la escuela juega un papel primordial en la formación de la cultura cívica, tarea para la cual en estos momentos no se encuentra suficientemente preparada.

Según Román de la Campa, profesor de la Universidad de Pennsylvania, en los Estados Unidos, autor de numerosos libros y ensayos sobre Latinoamérica y Cuba, esa última deficiencia no es inherente a la Isla, sino que alcanza proporciones globales. La situación adquiere mayor complejidad pues en el mundo la educación se ha ido desplazando de las instituciones tradicionales hacia los medios de comunicación masiva, que convierten a la información y la instrucción  en una especie de performance, un show mediático deformador.

La Isla en primer plano

Para los numerosos concurrentes a este Último Jueves, fomentar el diálogo entre los ciudadanos constituye una necesidad inaplazable. Según se dijo, falta disposición, por parte de algunas instituciones, para instrumentar la discusión y el debate con corrientes discrepantes en el seno de la opinión pública cubana. Otros, sin embargo, opinaron que es posible dialogar si las partes aprenden que cada una es ganadora en el proceso. Maritza Moleón citó la práctica del Centro Félix Varela en la búsqueda del diálogo dentro de las relaciones familiares y comunitarias.

“Creamos una red a nivel nacional y en las escuelas formamos niños jueces de paz, es decir, mediadores. Nuestra ONG ha acompañado a diversas empresas en conflictos que pueden ser antagónicos y hemos alcanzado resultados interesantes; por ejemplo, en organismos que desarrollan proyectos en la comunidad”.

La especialista abogó por expandir esas experiencias a todas las instituciones del país y a todos los niveles. E involucrar a los medios audiovisuales.

Otro de los conferencistas, Antonio Castañeda, presidente de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba y practicante de una religión muy extendida en el país, también refirió vivencias positivas: “Es un tema polémico, pero puedo decir que se ha avanzado mucho en la materia. Hemos sostenido diálogos con las organizaciones y con casi todas las entidades religiosas de la Isla”. Y recalcó: “El diálogo tiene que estar basado en el respeto, sin eso no puede existir. Muchas personas tratan de imponer posiciones de fuerza, incluso dentro de mi religión hay quienes creen tener la verdad absoluta, eso es un error. Debemos ser flexibles y preocuparnos por lograr consenso. Sea cual sea el tema: raza, negritud, religión, política. Comenzar en la familia, seguir en las instituciones, luego dialogar con el gobierno. De lo contrario todos vamos a salir perjudicados. Las nuevas directivas del país para tratar de resolver los problemas nacionales harán el diálogo más fuerte dentro de la sociedad cubana”.

Cuba-Estados Unidos: el freno principal proviene de Washington

“Nací aquí y viví hasta los 14 años, cuando viajé a los Estados Unidos como parte de la Operación Peter Pan. En 1978 comencé a participar en el diálogo entre Cuba y la comunidad cubanoamericana, por lo que me gané el mote de dialoguero”, recordó Román de la Campa. “Entonces me parecía que ambos podían dialogar -yo estoy a favor de eso-, pero sigue existiendo un disenso, aunque se ha adelantado algo en ese camino”.

El diferendo Cuba- Estados Unidos emergió como tema lo mismo entre los participantes del público, que entre las opiniones vertidas por el propio panel, que reconoció las trabas puestas al diálogo por varias administraciones norteamericanas, al bloquear el establecimiento de nexos bilaterales.

Para John McAuliff, director ejecutivo del Fondo para la Reconciliación y el Desarrollo, una ONG estadounidense que desempeñó un rol importante en el proceso de normalización de relaciones entre los Estados Unidos y Viet Nam, Cambodia y Laos, entre el 60 y el 65 por cierto de los norteamericanos aboga por vínculos normales con la Isla, pero ese propósito enfrenta no pocos obstáculos. “La reconciliación  solo sucede cuando todas las partes en conflicto deciden tratar al otro con integridad y como iguales. El paso de Obama de permitir  libertad para que los cubanoamericanos viajen a Cuba o envíen remesas, es una rendija. Esto provocó palabras y acciones de senadores y representantes de la parte recalcitrante de esa comunidad, pero la mayoría de los norteamericanos quiere la normalización”

“Como amigo de Cuba y de muchos cubanos espero que se alcance un arreglo entre los puntos de vista diferentes dentro de la Isla. De acuerdo con mi experiencia, las dificultades internas de cada nación se agravan si hay presión desde el exterior. Lo mejor sería la reconciliación entre los dos países, para que Cuba pueda tener en su interior un proceso normal. Como ciudadano norteamericano pienso que la base del problema es que los Estados Unidos afirman: ‘no habrá reconciliación con Cuba hasta que ocurra una reconciliación dentro de Cuba’. Y este punto de vista tiene no 50 años, sino más de un siglo. Creo que el freno principal proviene de Washington”.

Llegadas las seis de la tarde, hora de concluir la cita, saltaba a la vista una “singularidad”: “Curiosamente, en este encuentro ha habido menos diálogo entre el panel y el público que en otros debates anteriores”, constató Rafael Hernández, director de Temas.

Quizás el hecho no debiera extrañarnos tanto. Evidencia que dialogar sobre el diálogo, la reconciliación y la discrepancia todavía es asunto espinoso en la Isla. Y ratifica que si bien la inmensa mayoría de los cubanos abogamos por asentar esa triada, pendiente tenemos el aprendizaje.

Se han publicado 6 comentarios



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  • Qbano.cu dijo:

    esa es una gran verdad no sabemos dialogar nosotros imponeos nuestro criterio pa nosotros las palmas son azules y quien diga lo contrario esta con muestros enemigos x ende no db tener ni ser escuchado
    urgimos d dialogo

  • Silvio Jova Argota dijo:

    Nuestra sociedad -la cubana- se viene complicando a los propósitos del diálogo. Cuando empezamos en 1959 a tratar de hallar un camino propio la cuestión fue evolucionando -mas bien, revolucionándose- en la misma medida que nos íbamos convirtiendo en compañeras y compañeros, con sus derivados de compañeritas y compañeritos. Así si se puede dialogar: entre iguales mutuamente reconocidos como tales. Ahora la vida y usos (algunos importados) nos van convirtiendo en públicos, usuarios, clientes, contribuyentes, consumidores, multiplicando la diversidad de motivos para diferenciarnos por colores, credos, orientación sexual, grado científico, nivel de ingresos, etc. que si bien siempre existieron y por mucho tiempo existirán, se subordinaban al acto de creación social colectiva en aquellos inicios. Incluso ahora hay conectados y desconectados a la red en una desproporción de uno a diez, por lo menos. que ha creado una nueva dimensión del diálogo en zonas separadas. O le metemos cabeza a esto o jamás dialogaremos.

  • Candela dijo:

    Sí, es verdad: tenemos problemas con el diálogo desde el nivel más elemental al más elevado; creo que hay en esto hasta un problema cultural, porque los cubanos somos dados en gran medida a creernos que tenemos la razón en lo que decimos, a no matizar y a cerrarnos ante la opinión contraria.

    Cuando alguien discrepa, la frase más recurrente del interlocutor es “estás totalmente equivocado”… en vez de hurgar con mayor profundidad en los planteamientos del otro y abrirse al entendimiento, mediante la búsqueda de puntos comunes y tratamiento respetuoso a los que no lo son.

    Pero como todo en la vida, los diálogos también deben transcurrir entre límites y el propio diálogo podrá correrlos o acercarlos, según evolucionen los puntos de común beneficio. El diálogo ha de moverse siempre sobre la base de principios y respeto.

    Digo esto porque no me imagino ni quiero un diálogo con Posada Carriles, por ejemplo.

  • Karel dijo:

    Incluso, los entes formadores de sociedad, llámese escuela y familia se preocupan muy poco por el diálogo, no hay en la escuela cubana una cultura de diálogo, siguen existiendo los profesores ortodoxos que no promueven la crítica y así seguimos teniendo generaciones enteras que repelen todo intento de diálogo.

  • daiyan dijo:

    Con el igualitarismo hemos creado una sarta de simuladores y oportunistas que no utilizan su vocabulario para expresarse , sino el que los superiores en jerarquía desean oír . Resulta aún difícil escuchar criterios honestoa , en el lugar y momento apropiados .Tenemos que insistir en la preparación de los participantes en análisis colectivos a cualquier nivel con información fidedigna y expresada con términos apropiados ; Nadie podrá cuestionar el derecho a niño , joven ,adulto o anciano .

  • jose dijo:

    Candela..me encanta ese nick..sera que usted es una mujer ardiente?

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