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Argentina: 35 años después

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videla1Marcelo Colussi
Tomado de Aporrea

Argentina, miércoles 24 de marzo de 1976: un nuevo golpe militar. Uno más en la larga historia de cuartelazos que signaron su historia política en el siglo XX. Un golpe de Estado más, un general más al frente del Ejecutivo… Pero no fue cualquier golpe. El Proceso de Reorganización Nacional -eufemismo con el que se pretendió rebautizar engañosamente una sangrienta dictadura- significó un quiebre en la historia institucional del país. Claro que, sin dudas, más allá del engaño del nombre, efectivamente fue una verdadera “reorganización”.

A lo largo de su historia institucional Argentina, igual que la gran mayoría de países latinoamericanos, conoció innumerables procesos militares, quiebres de su orden constitucional, gobiernos de facto. Pero ninguno de ellos alteró estructuralmente su situación. El país fue, desde principios del siglo XX, gran agroexportador de cereales y carne vacuna al par que el lugar más industrializado de la región, y eso se trasuntó en una relativa bonanza económica -en términos comparativos con sus vecinos- que no modificó ningún golpe de Estado.

Ello viene a demostrar que las formas políticas que adquiere una sociedad no son los verdaderos factores de poder que cimentan todo el andamiaje social. Es decir, y para utilizar una terminología hoy supuestamente “pasada de moda” (pero en realidad más vigente que nunca): la estructura económica sigue siendo la plataforma sobre la que se construye la superestructura jurídico-política. El gobierno de turno (civil o militar) no es sino un administrador de las riquezas sociales, que siempre pertenecen a un clase, aunque ello no se diga claramente y se encubra con la manoseada noción de “patria”.

Incluso la década de gobierno del general Juan Domingo Perón, hacia mediados del siglo pasado, no transformó esa estructura de base. Produjo cambios, sin dudas (una más equitativa repartición de la riqueza nacional dándole mayor participación a los sectores históricamente postergados), pero más allá de su corte reformador (“populismo redistributivo” para algunos, “germen revolucionario” para otros, y por supuesto “exabrupto de mal gusto” para la derecha), la estructura no se alteró: los terratenientes no perdieron sus tierras ni los banqueros sus bancos, y la cada vez más numerosa clase obrera urbana no se constituyó en poder soviético, como sí se logró, con los altibajos del caso, por ejemplo en Rusia. El supuesto “germen revolucionario” nunca tomó forma de revolución.

Durante todo el siglo XX pasaron civiles y militares por la casa de gobierno, pero ni con unos ni con otros cambiaron sustancialmente las cosas: el país siguió su acumulación capitalista con un considerable desarrollo industrial llegando a ser, en la década de los 60 -su punto máximo de expansión como unidad económica y cultural- quien aportaba el 50% de todo el producto bruto latinoamericano. Sin dudas la relativa prosperidad de Argentina, acrecentada luego de la Segunda Guerra Mundial que le dejó enormes ganancias por su papel de “granero del mundo”, no se cimentó en la ecuanimidad de gobiernos civiles. Por supuesto que los regímenes militares significaron siempre, como en cualquier otro país donde también tuvieron lugar, cierre de espacios políticos para las grandes mayorías populares, mayores cuotas de represión, pérdida de libertades civiles. De ninguna manera se los podría aplaudir, y ni siquiera minimizar diciendo que, en definitiva, la propiedad de fondo no se ve alterada. Eso es cierto, pero en sí misma una dictadura tiene rasgos negativos que deben ser denunciados por su forma política. Las mayores cotas de represión política y de conculcación de derechos tienen lugar con ellas. Los gobiernos civiles, en estas democracias representativas que desde hace dos siglos se presentan como el punto máximo del desarrollo político de la humanidad, permiten la sensación de mayores libertades. Libertades que no son tales, por supuesto; el dios-mercado es el que manda, es decir: los grupos de poder cada vez más monopólicos y hoy día planetarios son los que siguen controlando todo. Pero siempre dejando el espacio para hacer creer que la gente elige algo, todo lo cual propicia un clima de mayor “tranquilidad” social.

En la historia de Argentina durante el siglo XX, entonces, sus vaivenes políticos, la condición cívico-militar de los diversos ocupantes de la Casa Rosada, todo ello no impidió que la acumulación capitalista fuera mayor que en otros países de la región. Su desarrollo como nación relativamente próspera siguió una línea continua con las décadas; su potencial cultural (varios premios Nobel, importante producción intelectual), su economía (décima a nivel mundial en la inmediata post Segunda Guerra Mundial), su tecnología (industria propia en muchas ramas a diferencia de otros países vecinos, desarrollo nuclear, industria militar avanzada), su organización social (primeros sindicatos en Latinoamérica, seguro social, leyes laborales) fueron logros que obtuvo su colectivo social. En esa historia las administraciones de turno, salvo quizá la década peronista, no fueron quienes fijaron el rumbo. En todo caso, administraron.

El proceso que se abre con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 significa otra cosa: ahí sí cambió el rumbo, hubo una verdadera “reorganización”. A partir de ese momento efectivamente hay un nuevo proyecto de nación. Obviamente, nuevo para mal de las grandes mayorías. Pero sin dudas novedoso.

La cúpula militar fue quien puso la cara, y como en todas las dictaduras castrenses que barrieron Latinoamérica durante todo el siglo pasado, los principales beneficiados no fueron las mismas fuerzas armadas. Ellas, en definitiva, estuvieron -y siguen estando- preparadas para eso: para ser el brazo armado del sistema, su reaseguro último. En nuestra región, si alguna función importante cumplen es, básicamente, participar en lo que la doctrina militar dominante durante el período de la Guerra Fría llamó “seguridad nacional”. Es decir: defensa a muerte del statu quo de cada Estado-nación contra cualquier forma de enemigo interno.

Para la década de los 70 comienzan a operarse cambios profundos en el capitalismo planetario: el pensamiento neoliberal comienza a calar hondo en los grupos dominantes, y la globalización absoluta que permite el desarrollo científico-técnico (transportes, comunicaciones, informatización) ya va más allá de la unidad nacional. El capitalismo se torna cada vez más transnacional.

Lo que sucede en marzo del 76 en Argentina no fue un simple cuartelazo más: fue el inicio de estas políticas de transnacionalización a gran escala en el sub-continente latinoamericano, las mismas que ya habían comenzado como prueba en Chile unos años antes con la dictadura liderada por Augusto Pinochet.

Ése es el sentido final de este golpe. No, por supuesto, sacar de en medio un gobierno desprolijo; ése, en todo caso, fue el motivo manejado mediáticamente en su momento, no sin ocultar la profunda lógica antipopular (antiperonista para el caso) que anidaba en la medida de fuerza. Pero lo que significó y lo que trajo aparejado el golpe fue la instauración de medidas de corte neoliberal que achicaron el Estado, permitieron las leoninas privatizaciones de empresas públicas y prepararon las condiciones para un tremendo retroceso en términos políticos e ideológicos.

Si alguien se benefició con esta dictadura fueron los grandes grupos de interés transnacionales, representados en aquella ocasión por un miembro de las más rancias familias aristocráticas del país, aquellos que en general no dan la cara en el gobierno (pues para eso existen los políticos profesionales): el economista formado en Estados Unidos José Alfredo Martínez de Hoz, real hombre fuerte del Proceso de Reorganización Nacional; fueron también las compañías transnacionales que hicieron su gran negocio; e igualmente grupos de interés nacional, que como socios menores siempre toman parte en el festín. El movimiento obrero y todos los movimientos sociales con larga tradición organizativa y combativa fueron diezmados, acorralados, terriblemente golpeados. Los 30.000 desaparecidos y los horrores de la guerra sucia que enlutó al país por varios años cerraron, o al menos pospusieron por un buen tiempo, toda forma de organización y protesta popular.

Recordar hoy este infausto 35° aniversario por supuesto que debe servir para continuar pidiendo juicio y castigo a los hechores de tanta monstruosidad. Pero el recordatorio debe ir más allá. Si alguien tiene responsabilidad, y si contra alguien hay que seguir levantando las voces y dirigiendo la lucha, no es tanto contra el guardaespaldas de turno (las juntas militares del 76, o las que vinieron después, o los actuales uniformados, que no son golpistas, pero que siguen siendo el reaseguro del sistema, a no dudarlo) sino aquellos a quienes realmente defienden. Está claro que los beneficiados de tanta sangre derramada no fueron las mayorías populares, peronistas o no peronistas, ni tampoco fue la institución castrense como cuerpo corporativo, que en realidad salió bastante desfavorecida en términos políticos con el advenimiento de la “democracia” y el bochorno de la Guerra de Malvinas, última cortina de humo con la que intentaron lavar la cara. El beneficiado es el mismo que desde hace décadas maneja los destinos nacionales, que sigue con sus negocios tanto con militares como con civiles en la casa de gobierno, que ve siempre una potencial amenaza en cualquier atisbo de organización popular. Ese beneficiado tiene nombre y apellido: grupos tradicionales de interés (Sociedad Rural, Unión Industrial Argentina, Asociación de Bancos), nuevos grupos económicos surgidos de los años de la dictadura, empresas multinacionales. En definitiva, la lógica global la manejan grandes grupos transnacionales a los que la aristocracia local se une en calidad de socio menor. Lo que sucedió y está sucediendo en Argentina hay que verlo en esa dinámica: era un país que, por ejemplo, consumía demasiado petróleo y que no abría fronteras a la producción industrial del Norte siguiendo los dictados del desarrollismo cepalino del que fuera impulsor Raúl Prebisch. Los militares, quizá sin saberlo, hicieron el trabajo sucio que preparó la actual patria sojera y la desarticulación del movimiento sindical.

Pero si algo hay que seguir denunciando (y más aún: ¡combatiendo!) es aquello para lo que 30.000 desaparecidos sirvieron en este proyecto de nación del que los militares fueron los ejecutores: un país empobrecido, la feroz despolitización, el miedo que se fue acumulando, y quizá lo peor en términos de acción política: la falsa creencia que optando por “lo menos malo” (el posibilisimo reformista) estaremos mejor. Es decir, el terror que campea y permite asustarnos con el patético: “¡cuidado que viene el lobo!”

El que otrora fuera “el país de las vacas”, con un consumo de carne roja casi exagerado, a partir de las políticas neoliberales que comienzan a aplicarse desde la dictadura del 76, supo lo que es el hambre. No fue raro, incluso, que en más de una ocasión pobladores hambrientos saquearan un parque zoológico a fin de comer carne. Eso, más allá de la crónica sensacionalista en que pudiera enmarcarse, es todo un símbolo: la “reorganización” en juego con el proceso militar tuvo que ver con el nuevo papel que empezó a jugar Argentina en la arquitectura global. Su industria nacional fue prácticamente desmantelada, su clase obrera diezmada, y el papel que los grandes centros de poder le adjudicaron fue el de productor de ciertos productos para el mercado mundial (la soja transgénica, por ejemplo), y punto. El hambre, expresión máxima y descarnada del empobrecimiento en tanto unidad nacional, comenzó a trepar en forma alarmante. Hoy día, según cifras oficiales, la pobreza se extiende a un 12% de la población total (4,8 millones de personas), mientras que la pobreza extrema o indigencia afecta al 3,1%; aunque en realidad, según datos no maquillados, las cifras reales son el 30,5% y e13,5% respectivamente.

Los 30.000 desaparecidos son la expresión brutal del inicio de ese cambio, de esa profunda transformación que sufrió el país en estos últimos años. Lo que hoy evocamos no es la saña de unos cuantos fundamentalistas anticomunistas que dirigieron el país con mano de hierro; es el inicio de un cambio enorme en la historia político-ideológica y cultural. Luego de la dictadura, con el terror que dejó la guerra sucia, con la cultura del silencio que ello trajo como resultado, las condiciones estuvieron dadas para la profundización de esos planes de achicamiento del Estado, de entronización de la privatización, de apología del individualismo…  y de grandes negocios para muy pocos. Claro que fue una pequeña porción de la población la que recibió los frutos de este cambio sin anestesia; para la gran mayoría significó más hambre, más postración. Y para grandes sectores urbanos de clase media significó la pérdida de los beneficios conquistados en varias décadas de acumulación. Haber tenido por varios años uno de los índices mundiales más altos de suicidio o de disfunción sexual masculina (al igual que el robo de algún animal de zoológico) no hacen sino evidenciar la catástrofe reciente de Argentina.

Si Japón, por ejemplo, representa un modelo de “milagro” como nación, pues luego del desastre de su derrota en la Segunda Guerra en unos pocos años pudo llegar a ser la segunda economía planetaria, el caso de Argentina es un “milagro” en sentido inverso: ¿cómo pudo retroceder de esa manera y descender tan estrepitosamente luego del grado de desarrollo obtenido en la primera mitad del siglo XX? El golpe militar del que ahora se cumplen 35 años es la llave para entenderlo: fue el inicio de un proceso de transformación del país, de cambio de minipotencia industrial regional a granja especializada en productos primarios, de reconversión de una clase obrera desarrollada y organizada en grandes masas de subocupados y desocupados crónicos mucho más fácilmente manejables, de primera economía en Latinoamérica a quinta. El terror de la desaparición forzada se trocó en terror económico por la falta de perspectiva, y la única salida del país pasó a ser… Ezeiza (al menos, para los sectores medios urbanos, aún bien preparados).

Al evocar hoy este infame 24 de marzo de 1976 tenemos que tener presente las 30.000 vidas sesgadas, por supuesto. Y debemos seguir exigiendo la revisión de esa historia negra con castigo a los culpables. Pero junto a eso debemos levantar las banderas contra el empobrecimiento que sufrió el país, contra el crecimiento imparable de las villas miserias, contra la precarización laboral, contra el retorno de enfermedades infecto-contagiosas, contra el analfabetismo que se disparó, elementos todos que ese golpe posibilitó.

Y junto a ello, con la misma fuerza tenemos que seguir levantando la voz contra ese abaratamiento de la política que fue tomando cuerpo donde una tibia propuesta reformista ya es vista como un enorme paso adelante. Ante tanto retroceso económico, político y social de estas últimas décadas, un gobierno como el del fallecido Néstor Kirchner, por ejemplo, aparece ya como un “avance”. En términos relativos quizá lo es, como al lado de cualquier dictadura también lo son las distintas “democracias de baja intensidad” que la Casa Blanca impulsó en estos años recientes (Lula en Brasil, Bachelet en Chile, etc., etc.). Pero no hay que llamarse a engaño: seguir asustándonos con que “con una dictadura podríamos estar aún peor” es una forma de avalar reformismos gatopardistas que, en definitiva, sólo sirven para seguir postergando las soluciones de las grandes masas empobrecidas, y posibilitando grandes negocios a las mafias de turno, en muchos casos escondidas en las mismas oficinas de gobierno.

La perspectiva de lucha política en Argentina hoy sigue siendo la revisión de la historia, sin dudas. Pero ya ha corrido mucha agua bajo el puente como para seguir atados a ese fantasma de la dictadura militar. Los gobiernos tímidamente reformistas que siguen asustando con la “la vuelta del lobo” (que hoy día incluso puede tomar forma civil y no castrense) pueden terminar siendo tan nocivos como el “lobo” mismo.

Se han publicado 13 comentarios



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  • Amauris Domínguez Meriño dijo:

    Muy buen articulo Marcelo Colussi,gracias.

  • CARLOS dijo:

    EL 70 POR CIENTO DE LO QUE DICE ESTE ESCRITO ES MENTIRA , SOY ARGENTINO Y VIVI ESTA EPOCA .DE DONDE SACARON QUE ASALTARON UN PAQUE ZOOLOGICO PARA COMER CARNE. ESTAN LOCOS , LOS ASALTOS A SUPERMERCADOS ESTABAN DIGITADOS Y BANCADOS POR CANDIDATOS DEL PERONISMO COMO MENEN Y DUHALDE PARA DESESTABILIZAR EL GOBIERNO ….ESTO ES VERDAD NO MUCHO DE LO ANTERIOR

  • daniel dijo:

    exelente la nota. no le agregaria ni le quitaria una coma.

  • daniel dijo:

    POR MAS QUE LE PESE A CARLOS LA PUBLICACION ES EXELENTE.

  • Cestor dijo:

    Ven acá Carlos, tú quieres decir que Colussi es un mentiroso ?, te estás metiendo en problemas amigo, este periodista tiene gran prestigio a nivel mundial y muy bién probado, y eso lo sabes bién tú.

  • Eduardo dijo:

    El artículo tiene aspectos muy interesantes y apropiados de la descripción del efecto de los golpes militares y las políticas libreempresarias. No todas las épocas han sido iguales aunque debe aceptarse que no haya habido mayores cambios estructurales. Tal vez pueda calificarse asi a la educacion gratuita universal(la que dió los Nobel que se citan),la salud pública, hoy el mas pobre se puede hacer un transplante, las organizaciones sociales, en particular la CGT, las tres muy agredidas pero no eliminadas y lo mas importante, en este momento, con otro gobierno peronista, restableciéndose vigorosamente.

  • Eduardo dijo:

    En el post anterior omití lo que, me parece, que es el aporte mas interesante que se está produciendo durante el gobierno de Cristina, el interés entusiasta por protagonizar de los jóvenes, sus ganas, su alegría. Esto se manifestó como un tsunami a partir de la muerte de Kirchner y se caracteriza por fuerte presencia juvenil en manifestaciones de todo tipo, políticas, culturales y hasta deportivas donde consignas como “fuerza Crist” se ven en mano de chicas y chicos muy jóvenes. Lo notable es que nadie se propuso, para mi, que esto ocurra y sucede a lo largo y ancho del pais que no es poco.

  • Claudia dijo:

    Sr. tambien soy argentina y realmente me da un poco de tristeza su nota. Fuimos y aun somos un pueblo golpeado por el imperio y estamos los que siempre luchamos, siempre mirando a america latina. La batalla es larga, uno de los mas beneficiados por el golpe fue el grupo Clarin, propietario de los medios y formador de opinion. Le pido como latinoamericana que no insulte nuestro esfuerzo, Argentina esta mandando a carcel comun a los genocidas, garantizando procesos legales que ellos desoyeron torturando, y desapareciendo, robando bebes; Todo bajo el mando de la CIA, tenemos Sr. razones para tener miedo, pero nos sobreponemos lo mas rapido posible. Aun nos falta, tenemos sindicalistas corruptos, profesores, jueces, policias de la dictadura, formadores de opinion. Tenemos heridas abiertas, pero tambien ponemos el corazon entero para sanarlas.
    Del asalto al zoolegico, la verdad nunca habia escuchado. Mi pueblo pasa hambre, pero nos estamos poniendo de pie.

  • Carlosglez dijo:

    Creo que el pasado existe, pero ya paso Argentinos luchen y eduquen a su pueblo para que no vuelvan a pasar cosas como estas,ahora lo que esta haciendo Cristina, su presidente, para el mundo, trabajando en bien de los hijos de su tierra, que es lo que cualquier Gobierno tiene que dar, educación, salud, y puestos de trabajo dignos que permitan satisfacer las necesidades de sus habitantes.Hablen por favor de los pueblos de hoy del presente y futuro que es donde podemos cambiar las cosas.

  • ricardo dijo:

    NO QUE HAY CONFORMARSE CON LO MENOS MALO.ESO ES CORRECTO.PERO DIGO QUE CON TODOS SUS DEFECTOS Y COSAS CRITICABLES.ESTE GOBIERNO ES EL MEJOR GOBIERNO QUE HEMOS TENIDO EN AÑOS-LA VALORACION QUE HAN HECHOCHAVEZ,EVO,CORREA Y OTROS MANDATARIOS PROGRESISTAS DE AMERICA LATINA.LO MISMO EL NOTORIO APOYOQUE LAS MADRES Y LAS ABUELAS DE PLAZADE MAYO A ESTE GOBIERNO Y QUE NO TENIAN CON NINGUN GOBIERNO ANTERIOR ES BASTANTE INDICATIVO AL RESPECTO.ES CIERTO NO TODO ES COLOR DE ROSA NI MUCHO MENOS Y NO HAY QUE CONFORMARSE PERO EL PAISESTA MUCHOMEJOR QUE COMOESTABA ANTES DEL2003.EL DUELO POPULAR POR LA MUERTE DE NESTOR KIRCHNER NO FUECASUALIDAD NI MUCHO MENOS-LAIZQUIERDA MAS SECTARIA DE ARGENTINA NO TIENE NINGUN RESPALDO POPULAR Y APARTE ESTA TOTALMENTE DIVIDIDA.

  • joel rondon dijo:

    Señor carlos glez para entender nuestro presente hay que mirar al pasado y así saber que nos espera para el futuro, no soy argentino pero si se que las transnacionales son una maldición para cualquier gobierno allí esta el sindicato de camionero que daña a Argentina porque es la mas rencia oposición del gobierno es como fedecamara en Venezuela tiene a cristina chantajeada con un paro siempre que quieren algo y esta aliada a la CGT CONFEDERACIÓN GENERAL DEL TRABAJO que no esta por los intereses del trabajador sino del patrono las transnacionales capitalistas explotadoras esa es como CTV CENTRAL DE TRABAJADORES DE VENEZUELA la peor y mas vil arrastrados del capitalismo salvaje que tampoco trabaja para el trabajador sino para el patrono y si quisiera saber mas de argentina si se comieron un zoológico o un elefante yo con hambre me como hasta un caballo

    PATRIA SOCIALISTA, O MUERTE

  • MARISOL dijo:

    ESTA TRAGICA PARTE DE LA HISTORIA ARGENTINA SE LA DEBEMOS A NUESTROS VECINOS DEL NORTE ELLOS FUERON QUIENES BANCARON ECONOMICAMENTE LAS DICTADURAS EN AMERICA LATINA Y SON JUNTO CON LOS MILICOS RESPONSABLES DE LAS VIOLACIONES A LOS DERECHOS HUMANOS, DEL ROBO DE BEBES, Y DE LA DESAPARICION Y MUERTE DE TANTOS LATINOAMERICANOS. ESTA PARTE NEFASTA DE NUESTRA HISTORIA NO DEBE QUEDAR JAMAS EN EL OLVIDO POR TANTO SUFRIMIENTO LOS ARGENTINOS VAMOS A APRENDER CUAL ES NUESTRO CAMINO: UNIRNOS A NUESTROS HERMANOS DE AMERICA LATINA PARA COMBATIR AL IMPERIALISMO NORTEAMERICANO. LOS ARGENTINOS DESPUES DE 35 AÑOS SEGUIMOS GRITANDO ¡¡NUNCA MAS!!

  • Dardo Ribas dijo:

    EN TÉRMINOS GENERALES, ESTOY DE ACUERDO
    CON EL AUTOR

    No me parece un aporte que devele los misterios totales de la sociedad argentina, pero, claro, es una síntesis con criterio periodístico. Una nota de columnista de diarios. No se trata de un ensayo meduloso, pero tiene la dinámica apropiada para estos espacios. Lo que corresponde. Me parece fidedigno y objetivo. Hay criterio, conocimiento histórico y, por sobre todo lo anterior, honradez narrativa, afirmada en certezas que pueden ser irritantes para ciertos entendimientos apasionados, pero que se ajustan a la verdad. Por lo menos, para los argentinos… o un sector de la argentinidad que ha vivido y reflexionado, calmadamente, los hechos sin parapetarse en emociones viscerales o impresionada por subjetividades eternas.

    El papel de la dictadura del 76, sus instigadores e impulsores; el fenómeno del peronismo, los tiempos de “socialdemocracias” que, objetivamente, no son más que mascaradas para seguir perpetuando al capitalismo bajo la apariencia de participación generosa y apelando a falsedades como las que eternizó Alfonsín con toda aquella pegajosa recitada de frases de la Constitución que remedaban una retórica vacía y demagógica.

    No obstante, estoy de acuerdo con el participante Carlos cuando se refiere a cómo se saboteó a ese gobierno. Los sectores de la ultraderecha peronista -y también del chabacano Ubaldini-, se cansaron de provocarlo con medidas extremas que no tuvieron el valor de ejecutar con la dictadura. Es más, la CGT “oficial” de aquella época terrible, fue cómplice de aquellos canallas. Apellidos de jerarcas sindicales como Triaca, Cavaliere, etcétera, hicieron buenas migas con los déspotas, aunque aparentaran enojo. Cayó la dictadura y se dedicaron a sabotear al gobierno elegido por la mayoría. Esa es la realidad histórica al margen de si Alfonsín fue o no un buen presidente.

    Con respecto a los deslices de aquel gobierno “socialdemócrata”, me refiero a ciertas agachadas y payasadas al estilo “con la democracia se come, con la democracia se educa, con la democracia se cura”, para luego seguir con la bajeza histórica del “felices Pascuas, la casa está en orden” y toda esa retahíla de sensiblerías inconsistentes, no dejaban de ser posiciones de un partido burgués que sólo pretendía perpetuar el sistema con formas más digeribles. Lo de siempre en la historia del “radicalismo”. Gatopardismo y tibias reformas.

    Esa verborragia trivial y ridícula de Alfonsín y su grupo pactó de manera vergonzante con ciertos “procesistas” que habían sido derrotados en Malvinas. Me refiero a aquel grupo de militares de rango intermedio (Rico y compañía… los “carapintadas”) que no eran otra cosa que un grupo de violentos extorsionadores temerosos de ser alcanzados por la mano de una Justicia verdadera por haber participado de la carnicería represiva de los años 76-83.

    Alfonsín y su partido, fueron funcionales a lo que demandaban los tiranos vencidos. Recordemos las “instrucciones a los fiscales”, la “obediencia debida” (para amparar a miles de secuestradores, torturadores y asesinos… la tropa del “proceso) y lo peor, el alejarse del gobierno para darle paso al mayor de los vende patrias… la rata de Menem y su neoliberalismo bárbaro.

    El tema del peronismo es complejo y polémico. Los que tuvimos y tenemos la capacidad de memoria por haber vivido en aquella época, no compartimos para nada la visión de las generaciones posteriores que sólo tienen referencias en base a la opinión interesada de sus mayores o cimentadas en la diatriba de historiadores “nacionalistas” burgueses que adhirieron a aquel proyecto tan singular.

    Cuando me refiero a “peronismo” estoy hablando de los años 1947 a 1955. Única y concreta experiencia por la cual mucha gente -en especial los humildes, obreros y peones rurales-, conservan una devoción particular. Devoción que descansa en el hecho objetivo que vivieron mejor y obtuvieron cambios sensibles en su estándar de vida. Eso es innegable, pero también fue una maniobra de Perón para apagar toda posibilidad que en la Argentina se implante un verdadero gobierno socialista.

    El peronismo del 73 en adelante, fue lisa y llanamente una desgracia horrorosa que cayó sobre la Nación (“Isabel”, López Rega, “Triple A”, Rodrigo y una economía puesta al servicio de las multinacionales y en contra de los trabajadores. Es la verdad histórica.

    Por lo tanto, podría decirse que el peronismo al día de hoy, es casi un mito. Un mito que revive en la memoria de los viejos de más de 80 años que adhirieron al Perón de los 50. Sólo se pueden ver aspectos positivos en esos pocos años que menciono más arriba. Era otro país y había enormes cantidades de divisas para hacer demagogia entre los pobres. Demagogia, repito, que se estructuró para evitar precisamente que un día esos mismos pobres fueran poder. Poder popular. En esto, Perón fue un artista. Hasta Álvaro Alsogaray, antiperonista y anticomunista acérrimo, conservador a ultranza y siervo de los EEUU, lo reconoció. (Buscar sus opiniones en Internet referidas a este asunto). “Reconozco en Perón un solo mérito: fue un dique contra el comunismo.”

    El gobierno actual, no es peronismo. Es una socialdemocracia avanzada en reformas interesantes, pero plagada de muchos de los anteriores vicios y contradicciones: corrupción, negocios con la obra pública y “avivadas” que hicieron millonarios a no pocos de sus funcionarios. Convive Cristina con tipejos como Moyano -un ex “Triple A”-, encaramado en la dirección de la CGT. Millonario y mafioso.

    Hay aspectos positivos como ser la cuestión de derechos humanos, enjuiciamiento y cárcel a respresores, Ley de Medios, baja de la desocupación, ajustes epidérmicos en los haberes de la masa de jubilados y otras cuestiones que deben valorarse. Pero que quede claro, no es ninguna “revolución”. Los Kirchner reacomodaron el capitalismo nacional; sus cuentas y pagos de intereses de la monstruosa deuda externa. Por eso el imperio, el FMI y el “Club de París” no lo atacan de forma impiadosa. Critican, pero conviven.

    Volviendo a Perón -supuesto inspirador de los Kirchner-, basta con leer los libros escritos por el general para entender cuál fue la esencia de su proyecto. Recomiendo “Conducción política” y, especialmente, “Los vende patria” (Rueda y Brachet-Cota, editores).

    Allí se pueden encontrar aspectos asombrosos de su pensamiento. Si muchos honrados compañeros peronistas leyeran estas confesiones, dejarían de ser peronistas al instante. Claro, hay un problema. La inmensa mayoría de los partidarios del general… no leyeron a Perón. Como ellos dicen, “el peronismo es un sentimiento”.

    Y no bastan los sentimientos para comprender los problemas económicos y sociales. Perón fue el mejor defensor del capitalismo. Hasta él se lo dijo a los grandes burgueses en la Bolsa de Comercio en histórico discurso, cuando le pidieron explicaciones porque alentaba en los pobres reivindicaciones sociales. (El asunto se puede hallar en Internet.)

    Es un tema ampliamente estudiado. El Perón de aquella época fue amigo encubierto de los nazis y del fascismo italiano, sistema donde vivió como agregado militar antes de su gestión presidencial y del que aprendió técnicas demagógicas para manipular a las masas. Los yanquees odiaban a Perón, no tanto porque fuera simpatizante del “Eje”, sino porque se convirtió en un obstáculo para sus pretensiones cuando quiso edificar una Argentina industrializada.

    El general, tuvo la oportunidad y la visión histórica de la que no gozaron otros gobiernos. Una Europa destruida por la Primera y Segunda guerra y una Argentina administrada por las políticas conservadoras y oligárquicas que había acumulado toneladas de reservas dinerarias en base a las exportaciones tradicionales, ambicionadas con furia, por todos esos países en estado de desastre y manifestadas en lo más necesario: alimentos.

    Perón logró algunos años de bonanza para los sectores más empobrecidos y estableció, además, viejos y anhelados proyectos de comunistas y socialistas criollos: aguinaldo, vacaciones, estabilidad en los empleos regimentada por leyes, voto a la mujer, jubilaciones…

    No es poco. Más bien digamos que era mucho, justo y necesario. Pero no dejó por ello de ser una maniobra de alcances extraordinarios para frenar toda posibilidad de que Argentina pudiera convertirse al socialismo.

    También reprimió, que se sepa. Si no que lo diga el gremio de los bancarios; los gráficos, los ferroviarios de aquella época. O los comunistas y socialistas, a muchos de los cuales se persiguió de manera infame con cárcel e incluso asesinatos. Caso emblemático el crimen y desaparición del eminente doctor Ingalinella en la ciudad de Rosario.

    Un tema arduo y complejo el que trata Colussi con encomiable decoro.

    CARLOS: lo que dice el autor referido a gente que asaltó un zoológico para comerse algunos animales parece cómico y exagerado, pero ocurrió. Por supuesto fue un hecho aislado. La Argentina, al menos en las grandes metrópolis, no era ni es Biafra o Haití en su desoladora pobreza integral, aunque existen bolsones de miseria escandalosa en cantidad de provincias y en las misma periferia de grandes ciudades.

    Reitero, Carlos, que te cabe la razón cuando te refieres a que los asaltos a supermercados estaban manipulados por personajes inescrupulosos como los que nombras. Pero, anoto, no me parecen falaces los argumentos de Colussi. Todo lo que dice, si lo lees con atención, es certero, veraz.

    Saludos a todos.

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