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Haití: Vivencia reflexiva

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Por Emiliano Mariscal

El sudeste de Haití tiene una geografía de ensueño, así me vi como si fuera parte de la trama de uno de esos sueños que le transmiten templanza al alma, entre montañas pobladas de frondosa vegetación, y sobre caminos estrechos, empinados y rodeados de cornisas de una profundidad que estremece (cabe aclarar que estamos hablando de un sitio privilegiado, puesto que Haití cuenta con solo el 2 por ciento de su suelo con vegetación).

Allí nos dirigimos hacia una comunidad en lo alto de la montaña. Casi a mitad de camino, luego de una pronunciada pendiente aparece un lago entre las montañas, grande, de aguas que a lo lejos se ven claras, la magnificencia de la escena se diluye al darnos cuenta que sobre el único camino posible se encuentra un inmenso tronco de una palma que se ha caído. Nos detenemos, las gentes comentan que se cayó la noche anterior con la tormenta, pronto nos vemos rodeados por muchas personas que sin que nadie diga nada comienzan a arremeter contra el tronco, machete en mano, pareciera como si la furia contenida en tanto tiempo la volcaran contra aquel elemento de la naturaleza empeñado en no dejarnos pasar, conversamos, nos reímos, nos regocija esa forma tan natural, ese ser tan puro que es el haitiano.

El chofer con toda su cubania “inventa” un remolcador que concluye con éxito la tarea y seguimos viaje presurosos, concientes de que nos esperarían muchas personas para consultarse. Varias pendientes con sus respectivas cornisas hasta que el camino se acaba. Nos resta subir a pie, pendiente arriba, sin saber qué distancia nos tocaría recorrer. Llevábamos media hora cuando una señora de edad, que llevaba una caja sobre su cabeza y que había pasado el camino riéndose de nuestros esfuerzos y ella tan así como si nada, nos dijo que estábamos a 15 minutos. En el transcurso del camino iba gritando frente a las casas que cada cierto tramo atravesábamos: pediatra, clínico parecía como si estuviera pregonando la venta de algún producto novedoso. Al llegar encontramos una pequeña casita, con un árbol que se convertiría en nuestra consulta. Alrededor varias personas que esperaban por nosotros, demás está describir como el sudor hacía las veces de ducha, y cómo ciertos calambres recorrían cada músculo de nuestras piernas, algunos pedían agua, otros pulmones, en fin luego de unos minutos de descanso iniciamos por fin la asistencia médica.

Al concluir la tarea mientras el cielo oscurece, pienso en cómo desde allí arriba todo parece posible, sin Minushta, sin la presencia criminal de esas fuerzas de represión disfrazadas de pacifistas, lejos esos tanques con los que se pasean, lejos las armas de grueso calibre, lejos la prepotencia y el maltrato que caracteriza su “distribución solidaria”, que genera tanto malestar en la gente, que crea una atmósfera de desesperación propia de quien tiene necesidad. Lo que más jode es que saben lo que hacen, buscan sacar eso que los seres humanos tenemos y que en los momentos de desesperación fluye con más fuerza, ese salvarse individual, egoísta, que en otros órdenes y ámbitos no caracterizan en absoluto a un pueblo que ha dado muestras de solidaridad colectiva, de organización espontánea ante la catástrofe.

Comienza entonces algo muy parecido a un gran diluvio, la fuerza de la naturaleza se hace presente y toda la belleza de una geografía imponente se nutre de una fuerza inenarrable, y yo pienso en las luchas de este pueblo, en su historia, en los antepasados que poblaron esta tierra, traídos por los bárbaros, por los incivilizados de la gran civilización, quienes se disponían a desarrollar un sistema cuya esencia contempla que alguien se levanta por sobre la cabeza de muchos otros, que unos países se desarrollan a costa de otros que padecen.

Pienso en América Latina, cuya primera independencia recibió fuertes influencias del proceso revolucionario haitiano. Alexander Petión alojó a Simón Bolivar en Jacmel, a poca distancia de estas montañas, quien al despedirlo solo exigió en retribución a tanto apoyo, logístico y de hombres, que al declarar la independencia se liberara en ese mismo instante a todos los esclavos. Sin duda la revolución haitiana jugo un papel clave en el proceso independentista Latinoamericano.

Me quedo mirando una gota que luego de recorrer el tallo de una hoja se arroja al vacío y cae uniéndose con muchas otras gotas, que luego de charco deviene caudal que con fuerza se dirige pendiente abajo, y ahí entendí…

Hace horas conmemoramos el 26 de Julio, fecha considerada como el día de la rebeldía en Cuba, cuando la generación del centenario basados en las doctrinas del maestro (José Martí) inició el proceso que culminó con la revolución triunfante en 1959, faro de América Latina y de los países que han luchado y luchan por la libertad.

El imperialismo mientras observaba con preocupación lustraba su bota, con la cual se aprestaría a aplastar a la atrevida isla, y la revolución -parafraseando a Raúl- como una estaca, cuantos más golpes recibe más se consolida.  Haití vivía ya la dictadura de los Duvalier, quienes tenían la venia de EE.UU. y eran continuadores del proceso iniciado con la ocupación directa de los yanquis en 1915. Fueron años en que existieron movimientos de resistencia que a pesar de no lograr la victoria, se destacaron por su valor, fueron fieles seguidores de sus antecesores, Louverture, Petión, Dessaline.

Cuba  era esa gota cayendo, que poco a poco devenía charco, así fue como se unió Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, que con características propias de cada país y procesos revolucionarios acordes a su historia e idiosincrasia, retoman la esencia del pensamiento nuestro americano: Bolivariano, Alfarista, Sandinista, de nuestros pueblos originarios, conformando ese gran caudal de solidaridad y complementariedad cristalizada en la Alternativa Bolivariana para los pueblos de Nuestra América.

Aires de libertad se respiran en el continente, el sueño de la emancipación se vislumbra cercano y los yanquis vuelven a lustrar sus botas. Entonces, la estaca del proceso nuestroamericano deviene fortaleza en nuevos valores, en mecanismos de solidaridad inéditos hasta el momento.

Emiliano Mariscal es médico argentino. Egresado de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), pertenece a la Brigada Médica Internacional de Cuba en Haití.

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Emiliano Mariscal

Emiliano Mariscal

Médico Epidemiólogo Argentino formado en Cuba. Miembro de la Brigada Internacional Henry Reeve. Actualmente en Argentina.

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