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Cataricagua: un sitio en la ruta del Che en Bolivia

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cataricaguaUna mañana muy fría de junio y el compromiso ineludible con el Presidente de la Central Obrera Boliviana (COB), Pedro Montes, nos llevó a visitar Cataricagua, el primer Cantón del Municipio minero de Huanuni, en la Provincia “Pantaleón Dalence”, Departamento de Oruro. Tras más de 4 horas de camino desde La Paz, llegamos a Huanuni. Un poblado grande, gris y humilde.

Comenzamos a subir por un camino difícil y estrecho, bordeando enormes montañas de piedra y mineral, respirando pobreza y un absoluto olvido. Una media hora de salto en el estómago, a milímetros de caídas de 400 metros de altura, y una enorme ansiedad por llegar a ese lugar místico donde dicen los mineros que estuvo el “Comandante de América”, junto a Moisés Guevara, oriundo del lugar, dirigente minero, devenido guerrillero en 1967, y abatido posteriormente en la emboscada de Vado del Yeso (o Puerto Mauricio). Un hombre honesto, con gran espíritu combativo y dedicado por entero a la causa de los mineros, que sería un contacto importante de la guerrilla con los campesinos tanto para obtener alimentos, como para explicar los objetivos de la lucha emprendida, para tratar de crear conciencia.

Vista aérea del poblado de Cataricagua, Departamento de Oruro, Bolivia. Al fondo, el cerro de Posokoni, puro estaño nacido de la tierra,  desgastado por una explotación despiadada, testigo de las más cruentas luchas de varias generaciones de mineros de piel oscura y corazón de acero.

Vista aérea del poblado de Cataricagua, Departamento de Oruro, Bolivia. Al fondo, el cerro de Posokoni, puro estaño nacido de la tierra, desgastado por una explotación despiadada, testigo de las más cruentas luchas de varias generaciones de mineros de piel oscura y corazón de acero.

Allí también vivió y luchó Simeón Cuba (“Willy”), compañero de lucha de Moisés. Ambos vivieron el sufrimiento de cientos de familias que a diario arrancaban el mineral de la tierra para sobrevivir.

Fundado el 15 noviembre de 1912, el “campamento minero de Cataricagua”. más que un poblado parece un lugar improvisado, semiconstruido… más bien, semidestruido. Unas 120 familias habitan allí, en el otrora importante centro minero. Conflictos y contradicciones internas alimentadas por el imperialismo norteamericano para sembrar desunión y debilitar el movimiento obrero minero, sumirían a este poblado en la pobreza extrema.

Cataricagua es hoy un pueblo abandonado, donde sus habitantes sobreviven al desempleo, a la falta de servicios básicos. Impresiona, más que la pobreza de unas decenas de casas de adobe y ladrillos, el hecho de que no hay un solo letrero, incluso ni un anuncio comercial. Sin embargo, en las paredes borrosas y sucias de muchas casitas emerge la figura del Che, y debajo un letrero casi ilegible, “El Che Vive”.

Una humilde casa de Cataricagua.

Una humilde casa de Cataricagua.

Nos reciben en un acto de bienvenida, el corregidor de Cataricagua, la alcaldesa de Huanuni, autoridades de salud municipal, directivos de la escuela, (probablemente la institución más importante allí). En todos los discursos una profunda emoción, agradecimiento a Cuba, una gran frustración por las carencias, que no les permite aún ver ni creer que hoy, por primera vez en la historia de Cataricagua, llegaron médicos cubanos para atender gratuitamente a la población. Veo los mismos rostros de “campesinos cautelosos” que describía el Che en su Diario, en su ingente labor por convencer, explicar, por llegar al pueblo boliviano con un mensaje de esperanza.

Una pequeña niña de siete años que sufrió un accidente en la mina, fue intervenida quirúrgicamente en la misma escuelita donde se improvisaron las consultas. Sonríe tranquila a los médicos que la atienden y la alientan para enfrentar el dolor. Un traumatólogo, un pediatra, un cardiólogo, técnicos de un laboratorio ambulante y otros colaboradores atienden a varias personas, “cholitas” evidentemente muy pobres, ancianos, niños, con una insalubridad acumulada por décadas de abandono.

Nueve compañeros han llegado muy temprano desde el hospital de Huanuni, donde labora una Brigada Médica Cubana compuesta por 15 colaboradores. Les acompaña la Coordinadora del Departamento, la Dra Alina, mujer entusiasta y combativa, digna de la mujer cubana de estos tiempos. Al final de la jornada, 59 pacientes atendidos, que regresaron a sus casas igual de pobres y con el mismo frío, pero con mucha mejor salud.

Una niña accidentada en una mina recibe atención médica por parte de los médicos cubanos.

Una niña accidentada en una mina recibe atención médica por parte de los médicos cubanos.

Los oradores piden empleos, mejores condiciones de vida, cualquier ayuda, pero sobre todo, piden una estatua o un busto del Che, con gran cariño, con impresionante admiración, un museo del Che y sus compañeros, tal vez en lo que queda de la casita destruida de Moisés Guevara. Allí donde nos llevó su hija, Nelvis Guevara, una mujer de muy baja estatura, de hablar discreto y tristeza en el rostro.
Nos muestra unas paredes sostenidas por inercia sobre un suelo de barro e insiste en que diferenciemos lo que fue la sala de la casa donde su padre se reunía con otros dirigentes mineros, donde reclutó para la guerrilla del Che a varios compañeros, con ninguna experiencia militar pero con una gran disciplina y decisión como Simeón Cuba, que moriría posteriormente junto al Che en La Higuera. Ella dice que recuerda al Che, su imagen, su figura imponente; era pequeña entonces, pero lo recuerda cuando estuvo allí. Todos orgullosos nos muestran la casita, los lugares donde caminó allí el Che Guevara. Todos están convencidos de que el Che estuvo físicamente allí.

Escuchamos los relatos con admiración y cariño. Nos damos cuenta cómo la mística y la leyenda se confunden con la realidad. En los libros consultados sobre el Che, no recuerdo haber encontrado nunca un detalle sobre la presencia del Che en Cataricagua; ni siquiera en Oruro o en el centro minero de Huanuni. Pero los pobladores lo dicen con tanta convicción que uno llega a imaginar la figura de “Adolfo Mena González” dentro de ese hombre gigante de todos los tiempos, caminando por aquellos inhóspitos parajes.

En el acto Pedro Montes y el Embajador de Cuba en Bolivia, recuerdan que hoy Cataricagua, “mirador de serpientes” (significado de cataricagua en lengua aymara), ubicado a casi 4000 metros de altura por encima del nivel del mar, renace con el gobierno del Presidente Evo Morales, “un hombre como ustedes, dicen”, un hombre nacido y forjado en el pueblo, decidido a cambiar la historia de Cataricagua y de toda Bolivia. El es la razón por la que hoy está aquí ese “ejército de batas blancas”. Se buscará la estatua, o un busto, se traerán libros; trataremos de que pueda establecerse allí un pequeño museo, que haga real la presencia del Che como una esperanza de vida mejor para el pueblo boliviano en su conjunto, y por qué no?, también para Cataricagua.

Después hay un almuerzo colectivo indígena, “apthapi” como se le llama en aymara. Comemos con las manos, como es la costumbre indígena, y con gran cariño y agradecimiento compartimos su mesa. Y sus esperanzas. Al terminar la jornada, un compromiso: Habrá un médico permanentemente en Cataricagua. Se coordina con los colaboradores cubanos que gustosos aceptan el reto.

De regreso, cansada, busco los datos, reviso varios libros, casi releo en unas pocas horas “El Diario del Che en Bolivia”. El Che no estuvo en Cataricagua, como el imaginario popular ha querido creer, tal vez con la esperanza de que el halo místico del Guerrillero heroico traiga mejores días a sus perseverantes pobladores.

El Ché no estuvo pero está. Está cada día en el cambio que poco a poco y con muchas dificultades avanza en Bolivia, bajo el liderazgo de Evo Morales Ayma, ese hombre humilde, de una integridad a toda prueba, de una devoción inquieta por su pueblo que conmueve profundamente a quienes hemos tenido el privilegio de conocerle un poco de cerca, de escucharle reflexionar, dibujar una Bolivia digna, próspera, con un pueblo sano e instruido, un país productivo, con la riqueza ultrajada por siglos, de vuelta en las manos de su verdadero dueños, el pueblo. Un hombre que piensa y forja el futuro con una inteligencia preclara, enfrentando con valentía a esos todavía poderosos sectores oligárquicos tradicionales, deseosos de seguir robando y dilapidando la riqueza inmensa de este hermoso país.

Ruinas de lo que fue la vivienda de Moisés Guevara.

Ruinas de lo que fue la vivienda de Moisés Guevara.

Ese líder natural, de aguda visión milenaria, hacia el pasado y el futuro, que ha sido capaz de cambiar el curso de un pueblo precursor de la independencia sudamericana; un hombre imprescindible que no parece darse cuenta de su impacto en la historia. Un hombre del color de la tierra, admirador de la gesta del Che, dispuesto a reivindicar su ejemplo a las nuevas generaciones de bolivianos.

El Che también está y estará en Cataricagua a través de esos médicos que hoy llegan para dejar su huella humanista. Está y estará en el espíritu de solidaridad y esperanza que ellos llevan a sus humildes pobladores, aferrados con amor a sus minas y a su tierra, convencidos de que el Che estuvo realmente allí, y de que su espíritu de revolucionario insomne les acompaña y les guía.

Nota: A sólo dos días de aquella visita, el Dr Macdonald Migués Ramírez, inició su noble labor en Cataricagua. El primer día, 10 pacientes vistos. Incredulidad aún en los pobladores. El segundo día, 24 pacientes. Se acercan, sonríen, preguntan. Ya creen lo que les está pasando.

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Mercedes de Armas García (Chachi)

Diplomática cubana. Funcionaria de la Misión Diplomática en Bolivia.

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