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Fue un dolor infinito, Chávez, te lo juro. Hoy por primera vez, me atrevo a escribir esto, a reconocerlo y aceptar que no fui mala por sentir esa rabia, ese dolor. Solo fui una hija de la Patria más, destrozada por tu inminente ausencia. Pero, ¿sabes qué, Chávez? Hoy me doy cuenta que siempre tuviste razón y que la angustia y la tristeza no me dejaron ver más allá.