El zombie de Bush sale de escena: Adiós, Blair, adiós
Publicado en Counterpunch, 10 de mayo de 2007
Traducido por Asunción Aday, del Equipo de Traductores de Cubadebate y Rebelión
El éxito de Blair se limitó a ganar tres elecciones generales seguidas. Actor de segunda, Blair resultó ser un político habilidoso y avariciosos, aunque sin mucha sustancia; despojado de ideas, se apropió con entusiasmo del legado de Margaret Thatcher y trató de mejorarlo. Ahora bien, en tanto el programa de Blair de muchas maneras ha sido una versión eufemística, aunque más sangrienta, del de la Thatcher, sus salidas llevan un estilo muy diferente. El derrocamiento de la Thatcher por los propios conservadores fue una cuestión de mucho drama: un anunció frente a la pirámide de cristal del Louvre durante el Congreso en París en que se negociaba el fin de la Guerra Fría; lágrimas, un Cámara de los Comunes repleta. La salida de mala gana de Blair ocurre con un trasfondo de coches-bomba y una carnicería masiva en Irak, con un saldo de cientos de miles de muertos o mutilados como resultado de sus políticas, y convirtiendo a Londres en blanco fundamental de ataques terroristas. Los seguidores de la Thatcher más tarde decían encontrarse horrorizados por lo que habían hecho. Incluso los mayores aduladores de Blair en los medios británicos: Martin Kettle y Michael White (The Guardian), Andrew Rawnsley (Observer), Philip Stephens (FT) confiensan sentirse aliviados ahora que por fin renuncia.
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Una verdadera creación del Consenso de Washington, Blair siempre fue leal a los diferentes inquilinos de la Casa Blanca. En Europa, prefería Aznar a Zapatero, Merckel a Schroeder, quedó seriamente impresionado con Berlusconi, y más recientemente, no escondió su deseo de que Sarkozy fuera su candidato en Francia. Comprendió que la privatización/desregularización en lo interno formaba parte del mismo mecanismo que las guerras en el extranjero. Si esta valoración pareciera indebidamente dura, permítaseme citar lo que Sir Rodric Braithwaite, ex asesor principal de Blair, escribiera en el Financial Times el 2 de agosto de 2006:
"Un fantasma acecha a la televisión británica, un zombie raído y encerado salido directamente de Madame Tussaud. Este, inusitadamente, parece que vive y respira. Quizás provenga del cajón de trucos técnicos de la Agencia Central de Inteligencia, programado para soltar a chorros el lenguaje de la Casa Blanca con un acento inglés artificial
Blair le ha ocasionado más daño a los intereses británicos en el Medio Oriente que Anthony Eden, quien llevó al Reino Unido al desastre de Suez hace 50 años. En los últimos 100 años -para tomar lo más destacado-hemos bombardeado y ocupado Egipto e Irak, sofocado un levantamiento árabe en Palestina y derrocado gobiernos en Irán, Irak y el Golfo. Ya no podemos hacer estas cosas por nuestra propia cuenta, así que ahora las hacemos con los Estados Unidos. La plena identificación de Blair con la Casa Blanca ha destruido su influencia en Washington, Europa y el propio Medio Oriente: ¿Quién se molesta con el mono si se puede ir directamente al organillero?
Esto también es leve comparado con lo que se dice de Blair en el ministerio de relaciones exteriores y el ministerio de Defensa británicos. Diplomáticos de alto rango me han contado en más de una ocasión que no se molestarían demasiado si Blair es enjuiciado como un criminal de guerra. Los críticos más cultos a veces lo comparan con el Cavaliere Cipolia, el vil hipnotista de la Italia fascista, tan brillantemente descrito por Tomas Mann en la novela de 1929 "Mario y el mago". Ciertamente Blair no es Mussolini, pero como el Duce, el disfrutaba a la vez dirigir y humillar a sus seguidores.
Lo que revela esto es ira e impotencia. No hay mecanismo para deshacerse de un Primer Ministro en el gobierno a menos que su partido le pierda confianza. La dirección conservadora decidió que Thatcher tenía que salir por su actitud negativa respecto de Europa. El laborismo tiende a ser más sentimental con sus líderes y en este caso le deben tanto a Blair que nadie cercano al mismo quiere asumir el papel de Brutos. Al final, él mismo decidió renunciar. El desastre de Irak lo habían convertido en un político muy odiado y lentamente el apoyo comenzó a mermar. Una explicación para la lentitud es que el país carece de una oposición seria. En el Parlamento, los conservadores sencillamente seguían a Blair: Los liberales demócratas eran ineficientes. Blair había resumido la actitud de Gran Bretaña respecto de Europa en Niza en 2000:
"Es posible, en nuestro juicio, luchar por el espació de Gran Bretaña, obtener lo mejor de Europa para Gran Bretaña y ejercer una verdadera autoridad e influencia en Europa. Así es como debe ser. Gran Bretaña es una potencia mundial."
Esta fantasía grotesca e interesada de que "Gran Bretaña es una potencia mundial" es para justificar que siempre se tratará de UE/Reino Unido. La verdadera unión es con Washington. Francia y Alemania son consideradas rivales por el afecto de Washington, no hay aliados potenciales en una UE independiente. La decisión de Francia de volver a integrar la OTAN y convertirse en el aliado más fuerte de los EE.UU. constituyó un serio cambio estructural que debilitó a Europa. Gran Bretaña respondió alentando a un orden político fragmentado en Europa mediante la expansión e insistió en la presencia permanente de los EE.UU. en el continente.
El sucesor semi-ungido, semi-odiado de Blair, Gordon Brown, es mucho más inteligente (lee libros) pero no es diferente desde el punto de vista político. Podrá haber un cambio de tono, pero no mucho más. Es un panorama sombrío con o sin Blair y la política alternativa (contra la guerra, contra el Tridente, en pos de la defensa de servicios públicos) queda confinada a los partidos nacionalistas de Escocia y Gales. Su ausencia estimula a nivel nacional la ira que sienten los sectores de la población, que se refleja en el voto (o no) contra los que están en el poder.
El nuevo libro de Tariq Ali, Piratas del Caribe: El eje de la esperanza, es publicado por Verso.


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