Primera crónica sobre una batalla italiana a favor de Cuba
Italia, lo confieso, cual una mujer hermosa, se le mete a uno en el corazón sin pedir permiso. Así me la encontré yo en el reciente abril, desarmado ante su belleza y su historia, embelezado por la hospitalidad de sus gentes, cuando por invitación de un grupo de amigos la visité hace unos días, mientras asumía sobre mis hombros la importante misión de hablar de Cuba, de su tenaz enfrentamiento al criminal bloqueo que le ha impuesto Estados Unidos durante más de cuatro décadas, víctima a la vez de de un desalmado terrorismo y de la desinformación mediática.
Roma me recibió hospitalaria y reconfortante, representada dignamente por un grupo de hermanos solidarios, quienes no deparan en entregarle a Cuba lo mejor de su dedicación. Cuba les vive a ellos, lo supe entonces, como Italia a mí, en el corazón. Allí les descubrí en la mirada la fuerza de la solidaridad, la voz airada cuando me hablaban de las cosas que les hace el imperialismo yanqui a los cubanos y la tenaz terquedad del batallador al hacer el recuento de lo hecho a favor de la Isla lejana, pero guardada siempre en el alma. Estaba preparado, pues, a librar con ellos esta primera batalla por la dignidad de los cubanos y por hacer de la verdad nuestra arma en el combate.
El jueves 14 de Abril se reunieron más de un centenar de amigos de Cuba, convocados por L´ Associazionne Nazionale di Amicizia Italia-Cuba, Circolo di Roma, para analizar los hipócritas y condenables planes de Estados Unidos hacia la Isla. Bajo el título de Los planes de USA para la "transición democrática" en Cuba: Un nuevo acto de ilegalidad internacional, me correspondió el alto honor de representar a la Patria de Fidel junto al conocido escritor y periodista Gianni Miná, el politólogo norteamericano Bruce Jackson y el líder histórico de los comunistas italianos, Armando Cossutta.
La sala de la Universidad Valdese, de Roma, resultó pequeña para los asistentes al encuentro. Había allí diplomáticos cubanos y de otras naciones, diputados de izquierda, latinoamericanos y cubanos residentes en Italia, así como amigos solidarios con Cuba. Luego que Franco Costanzi, miembro de la Asociación de Amistad Italia- Cuba, hiciera la introducción al tema, le correspondió a Gianni Miná realizar una disección de la política norteamericana contra Cuba. Está claro, puntualizó Miná, que Estados Unidos no perdonará a la Isla haber resistido por más de cuatro décadas a sus criminales agresiones.
Luego fue Bruce Jackson, profesor de la Universidad de Búfalo, en Estados Unidos, quien denunciaría el contenido injerencista del documento elaborado por la Comisión para la Asistencia a una Cuba Libre y presentado por el ex Secretario de Estado Colin Powell el pasado 6 de mayo de 2004. Con la seguridad de un experto en este tema, Jackson condenó los ataques anticubanos de la administración Bush y su falta de moral para criticar a Cuba por supuestas violaciones de los derechos humanos, cuando los Estados Unidos se han convertido en los principales violadores de los mismos en el mundo de hoy.
Luego me correspondió el altísimo honor de hablar por los cubanos. Roma supo entonces, detalle a detalle, cuál ha sido el carácter criminal del terrorismo sufrido por nosotros en estos más de cuarenta años. Supo Italia, pues, quien financia tanto acto violento contra Cuba y cómo los Estados Unidos, autotitulado adalid de la lucha contra el terrorismo, albergan en sus ciudades a asesinos capaces de palidecer con sus actos la historia de Osama Bin Laden. Allí estuvo presente el sagrado derecho de los cubanos a defenderse de las agresiones y el estado de necesidad de proteger a la Patria en las mismas entrañas del monstruo. Los Cinco Héroes se crecieron aún más ante los ojos del mundo, cuando se les explicó la razón de su lucha y de su sacrificio.
Cuba, les expliqué, nunca ha estado sola y hoy lo estás menos que nunca, a pesar de los esfuerzos de sus enemigos. La sola presencia de amigos de Cuba en ese acto resultó ser una confirmación de mis palabras. Ni las maniobras norteamericanas en Ginebra, cuyo resultado se dio a conocer mientras se realizaba este encuentro en Roma, ni el terrorismo ideológico desplegado contra Cuba por sus enemigos, podrán vencernos.
Ante preguntas iniciales hechas a mí sobre la posibilidad de una agresión contra Cuba, aspecto que abordó posteriormente Armando Cossutta, les reafirmé la voluntad de todos los cubanos de defender su Revolución al precio que fuera necesario. Moriremos junto a Fidel, les dije, antes de entregar la obra realizada por nuestro heroico pueblo.
Debo reconocer que esta batalla a favor de Cuba había comenzado aún antes de mi arribo a Roma. Lo comprobé cuando Marco Papacci, Responsable Político del grupo de Amistad Italia-Cuba. Círculo de Roma, me mostró los carteles convocando al encuentro, ubicados en diferentes calles y plazas de la ciudad. Fueron jornadas nocturnas de amplio trabajo preparatorio dedicadas a informar sobre este conversa torio a cada uno de los habitantes de Roma.
Días después, cuando me tocó despedirme de los amigos romanos, los que gentilmente me otorgaron la condición de miembro de honor de la Asociación de Amistad Italia-Cuba, comprobé una gran verdad: Cuba no está ni estará sola mientras existan hombres y mujeres como Marco Papacci, Franco Costanzi, María Fierro, Catia Funari, Mónica Martino, Luca Zugaro, Fabricio Rossi, Máximo Patrizi, Roberto Landolo, Etta Pulidora, Andrea Petrucci, Franco Gaspare y tantos otros que, como los miembros del grupo de Franco Falconi, levantan sobre sí la hermosa bandera de la solidaridad. No en balde les dije, desde lo más hondo de mi corazón, que Cuba les estaba agradecida no sólo por la ayuda material que con tanto sacrificio nos ofrecen, sino por su constancia en la lucha a favor de los cubanos. Supe, entonces, que mi viaje había sido fructífero y que yo, en particular, había recibido una poderosa inyección para continuar mi batalla por la verdad.
Con el Che siempre solidario viviéndoles en el alma, me despedí de ellos, mientras aún recordaba en mi alma el bello poema de Franco Costanzi dedicado a Cuba y que resume, sin lugar a dudas, la expresión de todo su esfuerzo y solidaridad:
Me quedaré contigo
aún cuando el viento borre las calles;
cuando el mar rebose de espuma;
cuando del cielo caiga toda el agua del infinito.
Me quedaré contigo
aunque ya no haya ninguno;
cuando habremos consumido hasta la última ración;
cuando las voces festejantes de los otros nos sean vecinas.
Me quedaré contigo,
aunque todo esté perdido;
cuando la razón nos diga: basta;
Cuando el cuerpo esté exhausto.
Me quedaré contigo
porque yo te he amado
cuando los prados de mi vida estaban de fiesta.
Cuando los pobres reían.
Porque no se puede traicionar
a la que ha sido y es la única esperanza
de una vida diferente,
de un mundo mejor.
Por esto,
me quedaré contigo para siempre.
Percy Francisco Alvarado Godoy
Escritor guatemalteco


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