Antonio Guiteras: Un pilar del socialismo en Cuba

Antonio Guiteras. Foto: Archivo.
Un 8 de mayo de 1935 el Ejército a las órdenes de Fulgencio Batista y Zaldívar, cegó la vida en El Morrillo, de una figura emblemática de la llamada generación del 30, Antonio Guiteras Holmes (1902-1935); caído junto al lugarteniente del General de los hombres libres Augusto César Sandino, el venezolano Carlos Aponte.
Tal acontecimiento, frustró la salida desde Matanzas hacia México en el Yate “Amalia”, de un grupo de revolucionarios que buscaban preparar las condiciones necesarias para iniciar en el país la insurrección armada contra las fuerzas de la oligarquía y el imperialismo yanqui, que habían dado un sui generis golpe de estado al gobierno revolucionario presidido por Ramón Grau San Martín en enero de 1934 y ahogado en sangre la última huelga revolucionaria de marzo de 1935 que cerraría el ciclo revolucionario iniciado en agosto de 1933.
Guiteras fue adalid de las luchas revolucionarias y antiimperialistas en la década del treinta del siglo XX en Cuba y está catalogado como uno de los pilares del socialismo cubano, imprescindible para comprender la naturaleza y peculiaridad de la Revolución de 1959.
Su “socialismo insurreccional”, fue elaborado a partir del conocimiento de nuestra cultura, de la influencia de sectores revolucionarios en el oriente del país, del análisis de la realidad nacional y de las experiencias de liberación de los pueblos latinoamericanos, quienes le aportaron los cimientos ideológicos a su acción.
Su incesante labor antimachadista desplegada en Holguín, junto a su organización Unión Revolucionaria -posteriormente nombrada Revolucionarios de Cuba- propició que fuera muy conocido en todo el país y fuese llamado a formar parte del gobierno provisional revolucionario que encabezó Ramón Grau San Martín a partir de septiembre de 1933, conocido como el “gobierno de los 100 días”.
La temprana convicción de que la vía armada era la adecuada para la revolución social, obligó a Guiteras a consultar la propuesta con su organización, que finalmente lo aconsejó aceptar el ofrecimiento. Cuentan que una multitud holguinera de más de cinco mil personas le mostraron su amor y apoyo antes de salir hacia La Habana, y que en un discurso que hizo en el Centro de los Veteranos de la independencia de esa ciudad, habló de la posibilidad de crear un Partido Socialista. Antonio Guiteras ocupó la Secretaría de Gobernación el 10 de septiembre de 1933 y el 15 del propio mes la de Guerra y Marina, con el único objeto de utilizar los altos cargos para trabajar por la Revolución social.
Este sería el ambiente revolucionario que rodeó en Holguín y en Santiago de Cuba, a un niño inquieto y atento nacido el 13 de agosto de 1926 en Birán, Fidel Castro Ruz, quien conseguiría materializar el intento de Guiteras con el desembarco del Granma en 1956. A solo cuatro meses del triunfo de la Revolución cubana, el 8 de mayo de 1959, Fidel reconoció la continuidad de la lucha en uno de sus memorables discursos: Guiteras –dijo- “… quiso lo que nosotros queremos y cayó antes de lograrlo…comenzó a hacer lo que estamos haciendo hoy…combatió contra los mismos males que nosotros estamos combatiendo hoy…luchó contra el mismo tirano sanguinario contra quien luchamos nosotros después…cayó víctima de las mismas balas homicidas que privaron de la vida a tantos compañeros nuestros…fueron hombres del mismo uniforme los que asesinaron a Guiteras y después a miles de cubanos”
Desde que Guiteras asumió sus cargos en el gobierno de Grau San Martín, ya tenía claras las ideas básicas sobre el carácter de la revolución que quería. Una Revolución que tenía por objeto esencial darle a Cuba un Estado antiimperialista, independiente, que representase a todas las fuerzas del país y que se consagrase a la resolución de las necesidades colectivas de su pueblo, al que le debía ofrecer el bienestar y las ventajas jurídicas, sociales, educacionales y sanitarias que disfrutaba una minoría.
La certeza que tuvo de la llegada de la revolución socialista, bien pudiera catalogarse de premonitoria y fue la que condicionó su perseverante esfuerzo para preparar las condiciones de su triunfo: “(…) la época nueva llama a la puerta. Lo que va a ocurrir es inevitable (…) Solo el revestimiento externo de intereses extranjerizos cohíbe ya el libre juego de la nacionalidad cubana que —como cisne al instante de nacer— no necesita otra audacia que moverse para ver rodar hecho pedazos el cascarón opresor.”
Son muy conocidas las leyes revolucionarias que promovió o dictó el líder revolucionario en su corto andar por el gobierno (septiembre de 1933 a enero de 1934) y que habían sido aspiraciones genuinas por las que había luchado el pueblo cubano como: la implantación de la jornada laboral de 8 horas, el establecimiento del jornal mínimo, la nacionalización del trabajo, la sindicalización forzosa, la institución de un sistema de seguros y de retiro para los obreros - complementada por la creación de una Secretaria de Trabajo para atender estos asuntos-, la rebaja de los precios de los artículos de primera necesidad, la reducción del precio de la energía eléctrica, el establecimiento del desayuno escolar en todas las escuelas públicas y la municipalización de los bateyes porque la cantidad de población que se asentaba en ellos, había provocado desde la década del 20 en las fuerzas más progresistas, la lucha por la demanda de crear municipios en estas comunidades con la intensión de romper el feudo que las industrias del dulce tenían sobre ellas.
Así mismo se llevó a cabo la incautación de los bienes de Machado y sus colaboradores, creando Tribunales Especiales para juzgarlos, y la joya del golpe revolucionario fue la intervención de la Compañía Cubana de Electricidad ante las maniobras de sus dueños para no cumplir las demandas de los trabajadores.
Pero, lo que prácticamente se desconoce hasta hoy, es la acción que Guiteras llevó a cabo para adaptar las estructuras del Estado republicano neocolonial a la situación que vivía el país marcado por una profunda crisis económica, política y social.
Ello, además de demostrar la capacidad del líder para en medio de circunstancias adversas, lograr desde el poder sus objetivos de materializar la justicia social en todo el país, constituyó una experiencia única en el período republicano que antecedió al triunfo de nuestro proceso revolucionario de 1959, la necesidad del ajuste institucional del gobierno a las circunstancias históricas específicas, para garantizar su perdurabilidad y la extensión y cumplimiento de las políticas trazadas por la Revolución que lideró nuestro Comandante en Jefe.
Modificaciones a los gobiernos locales y provinciales
Al margen de los ajustes que hizo a todas las otras Secretarías que tuvo a su cargo, como las de Guerra y Marina -muchas veces frenados por el propio Grau y el Jefe del Ejército Fulgencio Batista-, Guiteras como Secretario de Gobernación simplificó sus estructuras centrales y la tradicional estructura de los gobiernos municipales y provinciales establecidas desde 1902, porque contaban con enormes aparatos burocráticos que consumían la mayor parte los presupuestos locales y regionales.
Por Decreto No. 1801 de 19 de septiembre de 1933 definió que estas instancias serían dadas a los Gobernadores y Alcaldes de Facto (nombrados), teniendo en cuenta la voluntad de prescindir de todo personal administrativo y gasto financiero que resultase innecesario. Por lo tanto, declaró “vacantes” los cargos de todos los Consejeros Provinciales y de los Concejales de los Ayuntamientos de la República —en el caso de La Habana de los Comisionados del Consejo Deliberativo del Distrito Central— y dejó frente a los gobiernos, la figura de un Gobernador Provincial y de un Alcalde Municipal nombrado por él, para realizar las labores que le fuesen encomendadas. Advirtiéndoles que “no podían ejercer las funciones asignadas por la ley a los cuerpos suprimidos, con excepciones que se relacionaban con las necesidades inmediatas que pudieran tener los vecinos o contribuyentes.
El Secretario de Gobernación, teniendo en cuenta la condición de provisionalidad del gobierno y el futuro compromiso de convocar a una Asamblea Constituyente, centralizó aquellas funciones que consideró de mayor importancia, permitiéndoles a los Alcaldes de facto, ejercer solo aquellas que se relacionaban con los asuntos sensibles y urgentes para los habitantes del territorio, además de exigirles la elaboración de nuevos presupuestos donde ordenaba dar prioridad a la resolución de las necesidades de los más desposeídos. Consecuente con su método de concertación entre las heterogéneas fuerzas sociales existentes para resolver sus diferencias, Guiteras dejó establecida una vía para que los pobladores denunciaran a las autoridades centrales, las acciones violatorias en las que incurrieran los funcionarios nombrados.
Por otra parte, y teniendo en cuenta las numerosas solicitudes hechas a la Secretaría de Gobernación por agrupaciones y vecinos de distintos barrios de la República desde muchos años antes, y que el Congreso —órgano facultado para estos asuntos— no funcionaba, estableció por Decreto No. 2561, reglas para la constitución de nuevos municipios en el país.
En ellas respetó el itinerario y las regulaciones establecidas por la propia Ley Orgánica Municipal de 1908 para resolver los asuntos que le fueron ineludibles. Por tanto, los nuevos Términos Municipales creados por este gobierno, no dependieron de decisiones políticas, como fue usual en la época y no fueron ajenos a la voluntad de las comunidades involucradas.
Fue así que al amparo del Decreto No. 2561, creó el municipio de Santaa Cruz del Norte en la provincia de La Habana, segregado del de Jaruco, por la solicitud que hicieron los vecinos de los barrios de Santa Cruz del Norte, Jibacoa y Boca de Jaruco, y de conformidad con el deseo de una Asamblea Magna que se había celebrado en el barrio de Santa Cruz del Norte el 8 de septiembre de 1933; en ese mismo mes de diciembre también se creó en la provincia de Santa Clara el Municipio de Fomento segregado del de Trinidad y el 22 de septiembre de 1933, por Decreto no. 1779 dispuso que el municipio nombrado Gerardo Machado de la provincia de Santa Clara, pasaría a denominarse como su ciudad principal Esmeralda.
La Asociación de Alcaldes Revolucionarios
Pero la labor del Secretario también estuvo dirigida a buscar el apoyo de los funcionarios municipales en sus proyectos revolucionarios, pues para la consecución de todas las pragmáticas revolucionarias, era necesario contar con vehículos que extendieran y apoyaran los “decretos que como enormes martillazos” estaban llamados a romper la máquina gigantesca del Estado burgués.
Fue por ello que Guiteras tuvo que desplegar un arduo trabajo de búsqueda y organización de la base de sustentación de sus medidas revolucionarias. Entre otras, la labor incluyó el nombramiento y la organización de figuras que le eran afines dentro de todos los niveles de la administración, es decir, dentro de las esferas central, provincial y municipal del Estado.
La gran importancia que tuvo este asunto para el líder revolucionario, se mostró en los decretos de nombramientos que dictó como Secretario de Gobernación, donde fijaba las condiciones que debían tener los hombres del nuevo gobierno, en ellos explicaba que “por ser el gobierno producto de una revolución, es su deber procurar que la designación de las personas civiles para los cargos de Alcaldes Provisionales, recaigan en personas que, a más de reunir condiciones para el desempeño del mismo, gocen de solvencia moral en el concepto público, para con ella asegurar el restablecimiento del orden y la normalidad administrativa y para esta finalidad una de las cualidades que debe concurrir en el designado es la de estar caracterizado como elemento de dicha tendencia”.
Tabares del Real, en su excepcional estudio biográfico sobre Guiteras, dejó identificada la creación de un grupo revolucionario dentro del poder central formado por Miguel Ángel Fernández de Velasco, Secretario de Comunicaciones; Ángel Alberto Giraudy, Secretario del Trabajo; José Ángel González Rubiera, titular de Instrucción Pública y varios subsecretarios del gobierno como los comandantes Pablo Rodríguez, Heriberto Marchena y Mario A. Hernández; además de numerosos oficiales de la Marina de Guerra, cuadros del ABC radical, de la Asociación Revolucionarios de Cuba y otros elementos progresistas.
También nombró a las primeras alcaldesas de Cuba, Elena Azcuy y Lemus en Consolación del Norte y Caridad Delgadillo Leyva en Jaruco, -que ejercieron el cargo hasta 1936- y a un buen número de los alcaldes municipales del país con los que creó la Asociación Nacional de Alcaldes (Revolucionarios) para que desplegara una labor de propaganda y movilización. De esta asociación solo contamos con los datos que Tabares del Real publicó de su entrevista a la ex alcaldesa Caridad Delgadillo:
(…). Con los alcaldes municipales, Tony formó otra entidad política y de masas, dirigida por él con el objeto de divulgar la política del ala revolucionaria del régimen y movilizar al pueblo para tareas concretas. La Asociación de Alcaldes Revolucionarios eligió presidente a Emilio Sorondo, rector del municipio de Bauta, adicto a Guiteras.
Sorondo, José Fernández, alcalde de Batabanó; Juan de Dios Pérez, de Ranchuelo; Caridad Delgadillo, de Jaruco; Bilbao , de Aguacate; Luis Felipe Masferrer, de Holguín y Manolo Estrada, de Bayamo, estuvieron entre los miembros más activos de la Asociación. Los alcaldes celebraban sus reuniones quincenales en Gobernación, el Capitolio o alguna alcaldía municipal. Guiteras asistió a la mayoría de estas plenarias. El Ejército persiguió a la Asociación, decomisó su propaganda, atropelló los mítines que organizaba y arrestó, en varias oportunidades a Sorondo y otros alcaldes. En esos casos la intervención personal de Guiteras resolvía el problema”.
Esta asociación perduró en el tiempo, hasta que fue apagada por el fortalecimiento del conservadurismo y el militarismo en el país. Se tienen noticias de ella hasta septiembre de 1934.
En la labor de nombramientos de alcaldes u otras autoridades locales, Guiteras fue apoyado por la asociación Revolucionarios de Cuba. A tal punto lo auxilió, que la historiadora Olga Cabrera no vaciló en afirmar que “La existencia de Revolucionarios de Cuba garantizó en buena medida el acceso al poder de elementos radicales”. Cabrera descubrió que al Secretario de Gobernación se le mantuvo informado sobre toda la situación de la región oriental y se le recomendaron individuos para diferentes cargos.
Algunas autoridades municipales implementaron las medidas revolucionarias que Guiteras dictó desde el gobierno. En Cienfuegos el Alcalde Domingo Irisarri decretó la rebaja del fluido eléctrico, en Holguín Luis Felipe Masferrer puso en práctica las medidas más radicales dictadas por el gobierno. Pero, en otros lugares no ocurrió así y muchos falsos revolucionarios coparon posiciones desde las cuales crearon mil obstáculos al avance de la revolución y provocaron una mayor confusión en cuanto al carácter de aquel gobierno.
Tabares afirma que la táctica de Guiteras de búsqueda de apoyo a través de personalidades, asociaciones y comités, era la de crear subgrupos para luego unirlos en una agrupación nacional.
Por conducto de estos diversos canales, Antonio Guiteras amplió su base popular y el número de cuadros intermedios que trabajaban bajo su orientación. En la suma de todas esas personas y organizaciones estaba el germen de una agrupación política nacional, con estructura y dirección formal. De nuevo, pero en mayor escala, Guiteras repetía los pasos que dio en Oriente, durante el machadato, para integrar varios grupos en un todo. El proceso fue afectado por la caída del Gobierno. Pero a mediados de 1934, la mayor parte de los seguidores de Guiteras se aglutinaron en Joven Cuba.
El programa de Joven Cuba, fue el que mostró con mayor claridad las expectativas del líder revolucionario en cuanto al orden municipal cubano que aspiraba. En este, coherente con las intenciones de Guiteras de acabar con el aparato estatal burgués, al esbozar el contenido general de la primera etapa de la revolución socialista, se incluyeron preceptos generales que impugnaron las esencias del orden municipal vigente desde 1908.
El cuestionamiento más importante fue hacia el contenido social del gobierno municipal, proponiendo que se les otorgase representatividad a los trabajadores y abogando entonces por un cuerpo municipal más representativo de las fuerzas que componían a la sociedad. “El régimen municipal —planteaba— se reemplazará por Consejos locales, integrados por representantes de las tres grandes fuerzas sociales; o sea, la riqueza, la intelectualidad y el trabajo.”
El programa afirmaba a lo largo del texto, cuestiones que eran de la agenda de las expectativas cubanas desde hacía mucho tiempo, entre ellas, la necesidad de la descentralización administrativa y, ante la enorme corrupción, la exigencia de que cada funcionario público antes de comenzar su servicio, hiciese un “Inventario jurado” de sus propiedades. Finalmente reafirmaba la necesidad de que las localidades apoyasen la Implantación de los postulados de la revolución a medida de su triunfo y de acuerdo con las características de las mismas.
El programa de la Joven Cuba, también planteó otros asuntos que significaban afectaciones al orden municipal como la “Reforma tributaria integral de tendencia social”, haciendo que el peso del sistema impositivo recayera sobre las clases acomodadas; la municipalización de los bateyes y caminos o vías de acceso a los mismos y la nacionalización de servicios públicos, entre otros.
El 15 de enero de 1934 las fuerzas reaccionarias confabuladas con Estados Unidos, llevaron a cabo un golpe de estado que puso fin al Gobierno revolucionario y con ello cambió completamente el panorama del país. Las aspiraciones para el gobierno municipal, plasmadas en el programa de Joven Cuba, mostraron que los elementos revolucionarios en esta etapa, pensaron el futuro de la República desde la propia realidad del país. Muchos de sus postulados acompañaron los debates de la constituyente de 1940 y el sueño de que era posible crear en el país un gobierno municipal más democrático del que había establecido la República a principios de siglo XX, bajo la tutela de nuestro vecino del norte.
Notas
1- Martínez Heredia, Fernando. La Revolución Cubana del 30. Ensayos. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2012.
2- “Programa de Joven Cuba” en Olga Cabrera. Antonio Guiteras. Su pensamiento Revolucionario. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1974.
3- Gaspe Álvarez, Latvia. Municipio cubano en la encrucijada. 1933-1940. Pendiente de publicación.
4- Tabares del Real, José. Guiteras. Ed. CS, la Habana, 1990.
5- Cabrera, Olga. Guiteras. La época, el hombre. Editorial de Arte y Literatura, La Habana, 1974
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