Trump contra Guaicapuro

Foto: EFE.
El hostigamiento y la guerra híbrida que sufre la República Bolivariana tienen su explicación en el denominado “Corolario Trump” de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN). Uno de los aspectos centrales de ese documento busca abolir las soberanías nacionales de todos los países ubicados al sur de sus fronteras. En 1823, la Doctrina Monroe reconocía la autonomía de los países de la región siempre y cuando tomaran distancia de Europa Occidental. En 1904, el Corolario Roosevelt inauguró la "Doctrina del Gran Garrote“, que condicionaba las soberanías latinoamericanas al respeto de los intereses económicos de Washington. En la década del 60, la Doctrina de la Seguridad Nacional habilitó el Plan Cóndor para suspender la soberanía política de los pueblos mediante dictaduras militares responsables de ejecutar programas de exterminio y desapariciones forzadas. La cuarta etapa, conocida semanas atrás como el Corolario Trump, suma un ladrillo más al muro del excepcionalísimo supremacista con el que se identifican sus élites desde hace 250 años. En esta última iniciativa, su ESN no propone limitar, condicionar ni suspender la autonomía política de sus vecinos, ubicados al sur del Río Bravo. Pretende, lisa y llanamente, la supresión de sus soberanías, en función de la confrontación estratégica con la República Popular.
En la página 15 del ESN se establece con claridad el objetivo central del programa: “Negaremos a competidores, no hemisféricos, la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro hemisferio”. Eso significa, lisa y llanamente, que Washington se posiciona como único factótum soberano de las decisiones económicas, políticas y de cooperación de cada uno de los países que conforman el Hemisferio Occidental. En otro párrafo, dedicado a lo que consideran su hemisferio, agregan que: “Debemos hacer todo lo posible por expulsar a las empresas extranjeras que construyan infraestructura en la región”. Dado que el continente americano es considerado de su exclusiva propiedad, las “empresas extranjeras” son aquellas que no son controladas por capitales estadounidenses.
El máximo referente intelectual del ESN es Elbridge Colby, actual subsecretario de Defensa para políticas, nieto de William Colby, quien fuera en los años 70 y 80 uno de los máximos responsables de articular las acciones de la Doctrina de la Seguridad Nacional, dedicadas a cercenar las revueltas populares, en el marco de la Guerra Fría. Colby publicó, en 2021, La estrategia de la negación. Defensa de América en la era de las grandes disputas de poder“, en el que adelanta gran parte de las orientaciones postuladas en la ESN.
En ese texto señala que: (a) el patio trasero ya no es parte del vecindario de Estados Unidos, sino una cuestión de su política doméstica. Desde este hemisferio occidental es que se deberán sentar las bases para garantizar la supervivencia de Washington como potencia global. Eso significa limitar y destruir todos los puentes de América Latina y el Caribe con Beijing. Según Colby, esa denegación (denial) a Beijing permitirá socavar la proyección global del gigante asiático. En ese marco, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Colombia e incluso Brasil deben ser limitados en sus capacidades soberanas. Pero Caracas se ha ganado el primer puesto en el odio trumpista porque se niega a entregar sus enormes riquezas naturales, al tiempo que incrementa sus vínculos con China. Doble justificación para ser acosada, hostigada e intimidada. (b) Washington debe concentrarse en impedir el ascenso de China colaborando con Taiwán para que Xi Jinping se abroquele en el sudeste asiático. (c) Debe lograrse una tregua en Ucrania para que el Departamento de Estado pueda concentrarse en la guerra —por ahora híbrida— contra Beijing. Dicho “cese de las hostilidades” garantizaría una “estabilidad estratégica”, una recomposición geopolítica que permitiría separar a Moscú de Beijing, repitiendo ––en forma inversa–– el esquema aplicado por Richard Nixon y Henry Kissinger en los años 70 del siglo pasado. (d) Los postulados incluyen resquebrajar a los BRICS, a la CELAC y al Mercosur, para dejar a sus actuales miembros lejos de instituciones multipolares, en situación de mayor vulnerabilidad frente a Washington.
Estas elucubraciones de Dolby motivaron el sincericidio de Donald Trump (foto), el último miércoles, cuando omitió los reiterados pretextos del narcotráfico, de las migraciones, del Tren de Aragua y del Cártel de los Soles: “Venezuela les quitó los derechos petroleros a las empresas estadounidenses”, denunció. Según la Casa Blanca, Nicolás Maduro está privando a las corporaciones estadounidenses de sus derechos de explotación. Los asesores del magnate devenido en mandatario no llegaron a informarle que la nacionalización del petróleo se llevó a cabo el 1 de enero de 1976, mientras gobernaba el presidente Carlos Andrés Pérez, más de dos décadas antes de la llegada al poder del comandante Hugo Chávez. Además, en aquella ocasión, la empresa PDVESA —creada en agosto de 1975— acordó con las petroleras estadounidenses un programa de indemnizaciones a ser costeadas durante ocho años, desde 1976 hasta 1984, fecha en la que estaba programada la finalización de las concesiones.
En 2023 la jefa del Comando Sur, la generala de cuatro estrellas Laura Richardson, señaló, en un evento organizado por el Atlantic Council que en América Latina y el Caribe “tenemos tierras raras (…) El 60 por ciento el litio del mundo está en Argentina, Bolivia y Chile (…) Tenemos el petróleo de Venezuela…" Uno de los escenarios planteados por los halcones del Pentágono es convertir a Venezuela en un Estado Fallido como han logrado en Siria, para apropiarse de las reservas de hidrocarburos. Eso es lo que continúan haciendo en la región de Al-Tanf, donde una base del Comando Centro continúa controlando los pozos petrolíferos de Al-Omar, Al-Tanak y Al-Rimelan “para evitar que dichos recursos sean utilizados por el ISIS”. Mañana podrían argumentar que “es su deber controlar las reservas caribeñas para evitar que se las apropien los narcotraficantes”. Uno de los escenarios propuestos por los halcones del Pentágono es desmembrar Venezuela y apropiarse de la Faja del Orinoco —que alberga las mayores reservas de crudo extrapesado del mundo—, la de Maracaibo-Falcón (petróleo liviano), la Oriental (crudo mediano y pesado) y la de Barinas-Apure. En conjunto, las cuatro franjas contienen las existencias comprobadas más grandes del mundo. Ni Marco Rubio, ni Laura Richardson, ni Donald Trump parecen dispuestos a que unos chavistas, descendientes del Cacique Guaicaipuro, sean los poseedores de esos recursos. Lo consideran un despropósito. Tendrán que acostumbrarse. Son hijos de Simón Bolívar, que en 1805 sentencio, en las Colinas del Monte Sacro, en Roma: “Juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor, y juro por mi Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que no haya roto las cadenas de los Pueblos de América del Sur”.
(Tomado de Página 12)
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Excelente artículo. Estados Unidos pretende repartirse el mundo pero no sobre la base de la libre adhesión de los estados sino por imperativo de las cañoneras y de las zanahorias tóxicas. Ello es premonitorio de un siniestro escenario. Conociendo el historial de la superpotencia, no puede ser más siniestro.
Mi
Excelente escrito. Toda la razón en lo que escribe. La historia demuestra que del imperialismo yanqui no se puede confiar ni un tantito así, como expresara el Ché.
Toda la solidaridad con la hermana República Bolivariana de Venezuela. Ojalá y los imperialistas no cometan el error de incendiar la América Latina y el Caribe.
Por favor, mantengáse publicando tan esclarecedores escritos.