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El inmenso legado de los hermanos Grenet III (+ Audio y Fotos)

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Emilio Grenet

Emilio Grenet

Ahondar en lo que fue la vida y obra de Emilio (La Habana, 1901-1941),  el segundo de los hermanos Grenet, a la manera en que prefiero hacerlo, desde dentro del sentir cubano, del amor a nuestra música y el reconocimiento a las legiones de hombres y mujeres que la han convertido en ese sensible detalle (como diría Manuel Corona) capaz de abrir los sentidos y el alma del mundo entero hacia aquello que nos define, marca y diferencia entre todas las maneras habidas y por haber, está resultando una de las más engorrosas tareas en que me haya enfrascado jamás.

A comienzos de los años sesenta, tuve la fortuna de poder cursar una temporada de clases con el guitarrista Vicente González Rubiera (Guyún, el Maestro) cuya sabiduría, al son de las memorias y las reflexiones propias de quien fue un genio, venía marcada con el recuerdo del amigo y maestro suyo que fue, precisamente, aquel músico a quien todos apodaban Neno, autor de esa colección de joyas musicales en que se convirtieron varios de los Motivos de son de Nicolás Guillén, entre ellos Yambambó (título con que se conoce su musicalización del poema Canto negro) por aquel entonces una de las piezas más significativas en el repertorio habitual que Bola de Nieve ofrecía al público en sus recitales. Expresión elocuente del pianismo de su autor, perfectamente apreciable en la versión del mencionado intérprete, Guyún la había trasladado de modo magistral a la guitarra y, a través de ella, siempre encontraba, en nuestras sesiones de trabajo, la manera de hacer memoria en torno a su autor.

Emilio Grenet

Emilio Grenet

Discípulo y amigo del compositor, Guyún subrayaba en él la condición del talento que no se deja vencer por atrocidades como la que, en el verano de 1930, había pretendido -según las propias, ilegibles palabras suyas vertidas en una entrevista que concediera en 1938 para la revista Bohemia-dar por terminada su intensa vida como pianista cuando quedó mutilado por la mordida de un tiburón. Ocho años median entre el terrible episodio y la entrevista. Alentado por su madre para buscar una salvación como ser humano, el joven  encuentra cauce para su vocación  musical en el trabajo sobre unos manuscritos de su contemporáneo, el poeta Guillén, poco antes publicados como Motivos de son. Según sus propias palabras, los pensó para Rita Montaner, quien había paseado por el mundo la Mamá Inés de Eliseo –el hermano mayor– y no sólo acogió e incorporó a su arte la primera de las composiciones de esta serie sino que alentó al compositor en el propósito de enriquecerla con nuevos intentos que aclararon para el joven el panorama de su propio futuro. Relata el compositor cómo, en aquellos primeros tiempos, también abordó la música para coro, labor que fue acogida y estimulada con especial deferencia por María Muñoz de Quevedo, verdadera promotora del cultivo de esta expresión musical por parte de los compositores cubanos desde los primeros años de la década de los treinta, con vista al repertorio de la recién creada Coral de La Habana.

Atraído por el misterioso poderío de la música, Emilio (Neno Grenet), consciente de la necesidad de esa herramienta que sólo  encuentra el compositor en el auxilio que puede aportar el dominio de la técnica, decidió emprender  estudios que comenzaron por la Armonía, bajo el magisterio de Amadeo Roldán. Este primer paso fue breve pues -según continúa relatando el músico-su hermano Eliseo le propuso  viajar a Madrid para reunirse con él y  completar allí sus estudios así como su información, cuerpo a cuerpo, en contacto con los más altos exponentes del panorama musical que la Europa de aquellos tiempos hacía desfilar por la escena de la capital española. Años de estudio intenso y profundo, amplitud de horizontes, confrontación en diversos ámbitos (Valencia, París y siempre un retorno a Madrid), a raíz del comienzo de la guerra civil española, en vista de la agitación y la falta de estabilidad que suponía el ambiente parisino de la época, le vemos entonces en la Cuba de 1938, fecha de la entrevista mencionada al comienzo de este escrito*, cuyos párrafos legibles nos enfrentan al músico hecho y derecho que ha encontrado la forma de sobreponerse a sus limitaciones físicas y no sólo enfrenta una manera de ejecución al piano para hacer valer sus ideas musicales sino que, en posesión de un punto de vista amplio, sólido y profundo acerca de los caminos que ha tomado nuestra música, da a la luz, en 1939, el primer libro dedicado a exponer en letra y música, presentando ejemplos que hacen de él un cancionero imprescindible, las coordenadas que permiten al estudioso acercarse al panorama del cancionero cubano creado hasta esa fecha. Muy poco tiempo después, en 1941, falleció en La Habana, su ciudad natal, este músico acerca de quien valdría tanto la pena abundar.

Acerca de Ernesto, el hermano menor de los Grenet, he podido reunir muy pocos, pero suficientes, indicios de que vale mucho la pena rastrear, nadar aunque sea en contra de la corriente y delinear un breve pero confiable retrato que permita a los lectores conformar una idea lo más aproximada que el descuido y el desamor lo permitan, en defensa del legítimo empeño que hará posible llevar por buen camino el tema que nos está inquietando desde hace varios domingos: el inmenso legado de los hermanos Grenet. (¿Continuará?)

*Documento al cual tuve acceso gracias a la gestión, que mucho aprecio, de la investigadora y amiga Rosa Marquetti

Escuche Yambambó, de Emilio Grenet, interpretado por Bola de Nieve

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Marta Valdés

La Habana, 1934. Compositora, guitarrista e intérprete de sus obras. En 1955 se inició como compositora con su canción “Palabras”. La autora ha basado sus creaciones en géneros como el bolero y la canción dentro del estilo “feeling”. Entre los intérpretes de su obra se encuentran Elena Burke, Doris de la Torre, Bola de Nieve, Cheo Feliciano, Reneé Barrios y, más recientemente, prestigiosos artistas suramericanos y españoles que se han sumado a esta lista.

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