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Ante el persistente shock energético en Cuba, salvar vidas no puede esperar

Por: Francisco Pichón
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Las calles quedan en silencio antes de que caiga completamente la noche. Foto: Y Lage/ AFP/ The Guardian.

A cuatro meses del agravamiento de la crisis energética en Cuba, sus consecuencias siguen marcando el ritmo de la vida cotidiana. Las calles quedan en silencio antes de que caiga completamente la noche. Los hospitales reducen sus operaciones. Los pequeños negocios cierran por falta de suministros. Al amanecer, el cansancio se refleja en los rostros tras largas noches sin electricidad.

De los muchos datos recopilados en las últimas semanas, probablemente los más sensibles estén relacionados con el acceso a la salud. Decenas de miles de cirugías han sido pospuestas en todo el país. Las mujeres embarazadas enfrentan un acceso irregular a la atención prenatal. Los recién nacidos que dependen de incubadoras o ventiladores corren riesgos cuando falla la electricidad. Los pacientes con hemodiálisis, cáncer o enfermedades crónicas dependen de la energía no como una comodidad, sino como un soporte vital.

Médicos y enfermeras prestan servicios bajo condiciones que pondrían a prueba a cualquier sistema de salud en el mundo. Mientras tanto, los pacientes esperan en la incertidumbre, como si las enfermedades pudieran ponerse en pausa.

El shock energético tiene un efecto multiplicador y sistémico sobre todos los ámbitos de la vida nacional. Un hospital lo ilustra con claridad: no se trata solo de la electricidad para la atención médica, sino del bombeo de agua a salas y quirófanos, de la conservación y distribución de alimentos, del combustible para ambulancias y del transporte de pacientes. Cuando la energía falla, los servicios vitales comienzan a fallar en cadena.

En este contexto, las necesidades humanitarias en Cuba siguen profundizándose cada día. No pueden resolverse únicamente con importaciones puntuales de combustible. Si bien cualquier suministro adicional puede brindar un alivio inmediato, resulta insuficiente en escala y no aborda las limitaciones estructurales que afectan a los sectores esenciales.

El acceso al combustible sigue siendo un factor crítico para sostener la acción humanitaria.

En respuesta, el sistema de las Naciones Unidas en Cuba, con el apoyo de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios, ha restructurado su Plan de Acción para atender los impactos del Huracán Melissa, incorporando las necesidades derivadas de la contingencia energética. El objetivo es claro: salvar vidas y evitar un mayor deterioro de indicadores críticos, en complemento a los esfuerzos nacionales.

Durante una reciente visita a Santiago de Cuba y Granma en el oriente del país —entre las zonas más afectadas— pude constatar cómo incluso un apoyo limitado puede marcar una diferencia real. Más de dos millones de personas resultaron afectadas por el Huracán Melissa, que provocó inundaciones, impactó severamente medios de vida y alteró servicios básicos. Cientos de miles perdieron acceso al agua potable en un país donde la mayoría de los sistemas de bombeo dependen de la electricidad.

Nuestra respuesta ya había movilizado 24 millones de dólares antes de que la crisis energética se intensificara. Sin embargo, sostener y ampliar ese esfuerzo depende de una condición esencial: contar con combustible suficiente para transportar la ayuda a través de puertos, provincias y comunidades.

Por esta razón, el actual Plan de Acción está concebido para mantenerse hasta finales de año, con necesidades monitoreadas de forma continua y una respuesta que se adapta en consecuencia, priorizando siempre las intervenciones que salvan vidas.

En esencia, no se trata de un asunto político. Es sobre todo un tema humano.

Detrás de cada cifra hay familias cuyos planes han sido interrumpidos y cuya resiliencia se pone a prueba cada día. Para ellas, la acción humanitaria no puede esperar.

Cuando hay vidas en juego, el tiempo no es un lujo.

Es la diferencia entre recibir atención o no.

Entre contener el deterioro o agravarlo.

El combustible es necesario ahora.

Porque salvar vidas no puede esperar.

Sala de oncopediatría del Instituto de Oncología y Radiobiología. Foto: Naturaleza Secreta.

(Publicado originalmente en The Guardian, 30 de abril de 2026)

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Francisco Pichón

Coordinador Residente del Sistema de Naciones Unidas en Cuba.

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