Una pregunta para Trump y Netanyahu

Foto: Archivo
La cultura, en su concepto más amplio, es el componente fundamental que define a una nación. Los demás elementos giran alrededor de ella, y se entrelazan.
Por eso, aunque estemos en pleno siglo XXI —dicho sea de paso— caracterizado por acciones de la anticultura—, como son las guerras, cualquier sistema político y social no puede obviar en la formación de sus ciudadanos, el estudio y conocimiento de la cultura en toda su dimensión.
Hoy, cuando la mayor potencia mundial, se lanza con todo su poderío militar contra la República Islámica de Irán, aunque el propósito sea apoderarse de sus recursos energéticos —la cuarta mayor reserva mundial de petróleo y la primera de gas—, debe saber que se está destruyendo una parte muy importante de la cultura, y un patrimonio universal que se remonta a 550 años antes de nuestra era.
Cuando se bombardea ese patrimonio creado hace siglos, se destruye la cultura. Cuando se asesina al Ayatolah, se está asesinando a una de las fundamentales autoridades dentro del chiismo, un experto de la mayor jerarquía en los estudios islámicos. La palabra viene del árabe y significa ‘señal de Dios’. Son clérigos especializados en la sharía o ley islámica, que se han ganado el derecho a interpretarla, enseñarla y promulgar sus opiniones doctrinales, conocidas como fatuas.
Quienes arremeten contra Irán, como lo hacen hoy Estados Unidos e Israel, con sus guerras, bombardeos y demás expresiones de la anticultura, debían tener en cuenta que esa resistencia implícita dentro del pueblo iraní y sus dirigentes, y la fe que profesan, no son ciegos caprichos ni fanatismos o ficciones.
La República Islámica de Irán es un país soberano y su sistema se basa en los principios religiosos del islam chií. Es el decimoséptimo país más extenso del mundo con 1 648 195 km², y una población de casi cien millones de habitantes.
Está considerado una potencia regional con una gran importancia geopolítica, al encontrarse entre Oriente Próximo, Asia Central y Asia del Sur. Limita con Irak y Turquía al oeste, con Azerbaiyán y Armenia al noroeste, con el Mar Caspio y Turkmenistán al norte, con Afganistán y Oakistán, al este, y con el golfo de Omán y el golfo Pérsico al sur.
La diversidad étnica de la sociedad iraní está compuesta por persas, como grupo principal, además de azeríes, kurdos, turcomanos, entre otros.
Irán es cuna de las civilizaciones más antiguas y sus primeras dinastías datan del año 2 800 antes de nuestra era.
Irán presenta vestigios de ocupación humana desde la Edad de Piedra. Durante el Neolítico se desarrolló un proceso de sedentarización, producción estable de alimentos y establecimiento de rutas de intercambio a corta distancia. La Edad del Cobre, caracterizada por la aparición de elementos de cobre y cerámica pintada en Susiana (sudoeste de Irán) y en Sialk (centro-oeste), se extiende en la nación a lo largo del IV milenio antes de nuestra era.
En el siglo pasado, en 1953, el entonces primer ministro Mohammad Mosaddeq, que había nacionalizado el petróleo dos años antes, fue derrocado por un golpe militar orquestado por Reino Unido y Estados Unidos, lo que facilitó que el sha Reza Pahlevi tuviera mayor poder en el gobierno. Su monarquía fue derrotada en 1979, mediante una revolución popular, conocida como Revolución Islámica, liderada por chiitas, y en el poder hasta nuestros días.
Irán es fundador de la Organización de las Naciones Unidas, del Movimiento de Países No Alineados, de la Organización para la Cooperación Islámica y de la OPEP.
En cuanto a las acusaciones que Occidente hace contra la forma de gobierno iraní, es válido recordar que la República Islámica de Irán cuenta con un Parlamento y una Asamblea Consultiva Islámica conformada por 290 miembros, elegidos por voto directo y secreto para un periodo de cuatro años.
Una prerrogativa constitucional establece cinco escaños para representantes elegidos entre integrantes de las minorías religiosas no islámicas.
Aunque Estados Unidos usa todo tipo de mentira, como amenaza en detrimento del país persa, hay muchas verdades que aplastan todo intento occidental de denigrar a Irán.
Solo dos ejemplos: el presupuesto militar de Irán es 40 veces inferior al del Pentágono. La otra realidad que Estados Unidos e Israel han desfigurado es el programa nuclear iraní, para justificar sus agresiones. Al respecto, la nación persa, por la religión que practica, no puede tener armas nucleares y tampoco desarrollarlas. Es decir, tiene, como todos los países, el derecho soberano a desarrollar la energía nuclear con fines pacíficos para el desarrollo de planes de salud y alimentación en beneficio de su pueblo.
Y así lo ha hecho.
Fuentes
—Wikipedia
—La Revolución de Irán
—Agencias
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