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El son: Color sonoro de la bandera cubana

Publicado en: Destino: Cultura y País
En este artículo: Cultura, Música, Son
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En África, el continente madre, no importa cuántas generaciones pasen entre uno y otro miembro: todos siempre son familia. Así sucede con las conexiones, influencias y entramados que se tejen desde el son hacia otros géneros y expresiones músico-danzarias dentro y fuera de Cuba (Orozco, s/a). No se pierde ni la raíz ni el lazo.

A cien años de creado el Trío Matamoros, componente imprescindible de la banda sonora de Cuba, por esos misterios de la pobreza irradiante lezamiana, regresa otra edición del Festival Matamoros Son. El 8 de mayo de este 2025 celebrando –por iniciativa de Adalberto Álvarez– el Día del Son Cubano, comenzó este evento que como ya es costumbre, expone jornadas teóricas, de conciertos, exposiciones y bailes para adentrarnos en el suculento mundo del son, sus huellas y sus nexos transfronterizos.

Nacido en el oriente del país, el son es una marca de identidad cubana. Es, como expresa Pancho Amat, “de los géneros que más nos identifican en el mundo. Es de los que más nos convoca como cubanos” (Rivera Paredes, 2012).

El investigador José Reyes Fortún recientemente desaparecido y al que la musicología cubana, le debe mucho, pudo encontrar referencias de una primera grabación de un tema clasificado como son, en 1904 en un catálogo de Edison. Se trataba de Ursina, una composición de Sindo Garay, interpretada por el dúo de trovadores de Seoane y Marín.

Más tarde, referencia Fortún, otro gran investigador de la discografía cubana, Cristóbal Díaz Ayala, encontró el fonograma editado en 1906 con dicha grabación y similar clasificación genérica. Esto confirma la presencia del son en la capital y en la fonografía nacional, en los inicios de la primera década del siglo XX echando por tierra las afirmaciones de que el son sólo había arribado a La Habana entre 1908 y 1909 (Reyes Fortún, 2021).

Desde sus remotos orígenes – que no es propósito trazar aquí- unido a su complejo desarrollo, el son ha sido objeto de numerosos estudios que, entre otras resultantes, han dado lugar a disquisiciones taxonómicas que siguen provocando el desvelo actual de más de un analista. Más allá de terminologías, el son cubano, con todas sus pluralidades, ha dejado una huella imperecedera en las artes y la cultura cubanas.

De entonces a la fecha las grabaciones han sido numerosas. Más que nombrarlas, vale mencionar algunos de los nombres de grandes exponentes que han de servir como referentes que incentiven en cada cubano la búsqueda, la escucha y el disfrute: Miguel Matamoros, Ñico Saquito, Ignacio Piñeiro, María Teresa Vera, Benny Moré, Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Abelardo Barroso, Arsenio Rodríguez, Sexteto y Septeto Habanero, Conjunto Chapotín, Eliades Ochoa, Adalberto Álvarez, entre tantos que no alcanzan estas líneas para agotar a riesgo de la injusticia consecuente. Ellos son parte de la memoria sonora que nos recuerda la grandeza de la música cubana.

El son como expresión bailable ha sido igualmente rico en su evolución. De origen rural, en su desarrollo, el baile llegó a la capital donde sus pasillos fueron ganando en complejidad, amalgama y estilización. En su paulatino proceso de internacionalización fue transformándose y así como surgió la salsa también se creó un baile homónimo con base en el son cubano.

No obstante, en la evolución danzaria quizás lo más significativo para los cubanos, fue el  surgimiento en la década de 1960, del casino (Chao Carbonero, 2023), un ingrediente imprescindible en cada fiesta en la que la música cubana se hace sentir y late un corazón cubano.

A través de las múltiples academias de baile que, en países como Italia, Alemania, México, China, Venezuela, Perú, Japón, Sudáfrica entre otros, se encargan de promover el baile de casino, la música cubana y específicamente el son como expresión músico-danzaria, se confirma como instrumento excepcional para el ejercicio de la diplomacia cultural cubana.

“El son no se fue de Cuba”, lectura recomendada para los amantes de la música cubana de la investigadora Adriana Orejuela (Orejuela Martínez, 2006) refiere en su título una sentencia sempiterna: el son, nacido en Cuba, no se irá nunca de aquí. El son está y en lugares que precisan ser revisitados:  en la literatura, en el cine, en la danza, en la plástica…

Parte de mi formación musical transcurrió escuchando al Trío Matamoros. Mi madre, santiaguera de nacimiento y alma, me enseñó, siendo como se autodenominaba: una “musicóloga sata”, el valor de las que consideraba expresiones raigales de la música cubana: el bolero, la vieja trova y el son.

A ella y a todas las madres en su día también van estas líneas, por ser parte decisiva de los tesoros y las memorias que nos amparan y conforman. Recuerdo aquella historia que orgullosa me contaba: “llevas la música en la sangre: el tío de tu abuela, José “Pepe” Mecías, fue el trompeta del Conjunto Matamoros”.

Y así, celebro doblemente el centenario de aquel coloso, con el pecho conmovido por los recuerdos y confirmando hoy por bella y por cierta la metáfora bordada por Pancho Amat: “El son es uno de los colores sonoros que más tiñen la bandera cubana”.

Referencias bibliográficas

Chao Carbonero, G. (2023). Sobre el Son Cubano. Obtenido de Consejo Federal del Folklore de Argentina:https://www.coffar.org.ar/SALTA2023/virtual/SOBRE%20EL%20SON%20CUBANO.pdf

Orejuela Martínez, A. (2006). El son no se fue de Cuba. Claves para una historia 1959-1973. Editorial Letras Cubanas.

Orozco, D. (s/a). Nexos globales desde la música cubana con rejuegos de Son y No son. Ojalá.

Reyes Fortún, J. (10 de 5 de 2021). Incidencia del son cubano en la fonografía musical. Obtenido de La Jiribilla:https://www.lajiribilla.cu/incidencia-del-son-cubano-en-la-fonografia-musical/

Rivera Paredes, L. A. (17 de octubre de 2012). Pancho Amat: "Está seguro el relevo sonero en Cuba". Obtenido de Cubadebate:http://www.cubadebate.cu/noticias/2012/10/17/pancho-amat-esta-seguro-el-relevo-sonero-en-cuba/

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Xiomara Pedroso Gómez

Xiomara Pedroso Gómez

Doctora en Ciencias sobre Arte (2010). Musicóloga, graduada de la Facultad de Música de la Universidad de las Artes de Cuba (2003). Profesora Titular de la Universidad de las Artes de Cuba, de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y del Centro de Estudios de Radio y Televisión. Especialista de crítica musical de Radio Habana Cuba.

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