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Ocho horas sin rostro

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A las 6:47 de la mañana, antes de estirar los músculos o abrir los ojos del todo, mi mano ya lo buscaba. Es un gesto automático, como rascar una picadura. La pantalla parpadea: 8 notificaciones, 12 mensajes en WhatsApp. No soy la única, según un estudio de 2023, el 89% de los usuarios chequea el teléfono antes de ponerse los pantalones. Pero esa mañana no me conformé con la estadística.

Durante tres días, anoté cada vez que tocaba el móvil. No fue un diario: fue un registro de vergüenzas. ¿Es normal revisar el teléfono ocho horas con tres minutos como promedio diario? Los datos, fríos, le ganaban a cualquier excusa.

Ocho horas sin rostro. Ocho giros completos de las manecillas del reloj, pero no hay memoria de lo que habitó ese tiempo. Solo el rastro de un dedo deslizándose. Vídeos que se suceden, una receta, un debate sobre algo que ya no importa. Fragmentos de mundos que no me pertenecen, pero que devoré en ese tiempo.

El móvil dice que estuve aquí, pero yo no estuve ¿Dónde quedaron esas horas? No están en los músculos —no caminé—, ni en la garganta —no reí a carcajadas—, ni en los ojos —no lloré—. Se perdieron en un laberinto de píxeles. Y sin embargo, cada minuto quedó registrado: el algoritmo conoce mis titubeos, mis clics furtivos, mis dudas de dos segundos antes de elegir un filtro. Él sabe más que yo cómo gasté ese tiempo.

Antes, las horas tenían peso. Se medían en risas con los amigos, en pasos lentos, en juegos de mesa donde las fichas eran excusas para mirarnos a los ojos. No había notificaciones, solo voces. No había scroll, solo el ritmo pausado de las cosas que tardan en ocurrir: el hervir del café, el silencio cómplice entre dos preguntas. El tiempo no se esfumaba; se gastaba, y uno sabía en qué lo había invertido.

Recuerdo las sobremesas que se alargaban hasta que oscurecía, las mañanas de domingo en que el aburrimiento nos obligaba a inventar cosas para hacer. No éramos más productivos, pero éramos más dueños: el tedio era un campo fértil donde crecían preguntas. Ahora, en cambio, huimos del vacío como si fuera un ladrón. Llenamos cada pausa con un meme, un like, un tutorial de cinco pasos para ser feliz.

Ahora, las pantallas nos han vuelto contables pero pobres. Registramos minutos de uso como si midiéramos la respiración, pero ¿qué hacemos con este aire? Las conversaciones tienen pausas incómodas —miradas furtivas al dispositivo, los paseos se interrumpen para capturar una foto que nadie pedirá, las ideas nacen y mueren entre notificaciones. Hemos convertido la atención en una moneda rota: la repartimos en centavos, sin saber que así nunca podremos comprar nada entero.

¿Cuántas veces he fingido escuchar a alguien mientras leía un mensaje trivial? ¿Cuántos atardeceres se han vuelto borrosos tras el cristal de una cámara? Hay un vértigo en este intercambio: entregamos pedazos de intimidad a cambio de espectros de conexión. La pantalla nos promete compañía, pero su luz es fría. No abraza.

Quizás el problema no sea la pantalla, sino lo que dejamos que devore. Si cerrara los ojos —si apagara el brillo—, tal vez las horas recuperarían su vieja costumbre de durar. Habría libretas con frases tachadas, llamadas que no son fugas, silencios que no piden ser llenados. En el vacío, en esa quietud que hoy nos asusta, podrían brotar, las preguntas que todavía no nos hemos hecho.

¿Qué nace en nosotros cuando dejamos de huir de la propia cotidianidad? La pantalla no responde. Sigue ahí, mudo testigo del tiempo que le regalamos, esperando el próximo desliz. Pero hoy, tal vez, podría ocurrir un milagro pequeño: mirar al cielo en vez de al algoritmo. Dejar que una hora se escape sin vigilancia. Y, en su fuga, descubrir que todavía sabemos latir al ritmo lento de las cosas reales.

Se han publicado 11 comentarios



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  • Valeri dijo:

    Interesante artículo… Personalmente creo que toda esta tecnología, en buena parte necesaria y en buena parte no, nos ha deshumanizado… Son los tiempos… todo evoluciona y ya no somos los de antes, somos los de hoy. El Móvil y su pantalla llegaron como un día llegó la Radio y el Televisor, que también cambiaron nuestro modo de vida anterior a ellos.

    Este artículo lo he leído nada más despertar… luego de chequear las notificaciones de mi móvil, deslizando el dedo sobre esta pantalla fría, antes de ponerme el pantalón… pero entiendo su sentido. El problema no es el teléfono… el problema es la falta de consciencia de estos datos, el problema es de educarnos y orientación también en este sentido y darle a esa pantalla portátil el uso necesario y correcto. No es negarlo, es usarlo a nuestro favor y bienestar sin dejar de ser humanos… sin dejar de ser sociedad.

  • Jose dijo:

    Bellamente dicho!!

  • Cuba-mi-Patria dijo:

    Muy cierto. Gracias por su análisis y sus consejos.

  • Nirvana dijo:

    Buenas,interesante reflexión. Es cierto que el avance de la tecnología ha favorecido en muchas esferas como la salud, la educación entre otras pero también nos ha hecho involucionar, hay padres que no le dedican tiempo a sus hijos para jugar con ellos, lo resuelven con el celular. Las personas ya no se comunican entre sí estando una frente a la otra ya sea a la espera de una consulta médica, en una parada etc. Si se queda el móvil en casa nos sentimos perdidos sin saber que hacer.

  • Adriel dijo:

    Eso mismo yo me di cuenta como el celular te come el tiempo por gusto sin hacer nada productivo a menos de que estés vendiendo algo pero a las mayorías de las personas se les va el tiempo en el móvil y lo más lindo es que se sienten bien así.

  • mirar al cielo!!! dijo:

    Citando a Aniela Dumas: "La pantalla nos promete compañía, pero su luz es fría. No abraza. ...mirar al cielo... Dejar que una hora se escape sin vigilancia. Y, en su fuga, descubrir que todavía sabemos latir al ritmo lento de las cosas reales"

    Wow. Cosas reales: ....familia, amigos, experiencias, amor, paz, gozo, educación, preocuparnos por los nuestros, salud.....

    Tú eliges.

  • Dayan GP dijo:

    Me ha dado cierta nostalgia este artículo. Si bien es cierto que la tecnología ha llegado para facilitarnos la vida, hemos perdido con ello parte de lo que realmente es: Disfrutar mientras estemos vivos de todo lo que nos rodea y no necesariamente a través de una pantalla.

  • Jorgess dijo:

    No sé en la implementación del Android, quizas si, pero en el iPhone hay una notificación semanal del tiempo en pantalla, o pantalla activa, no recuerdo bien.
    Verlo en la mañana, acabado de despertar, es letal... la máquina del tiempo de "los 5 minutos" se van horas.

  • santiago dijo:

    Alla los que tengan corriente para poder hacer eso. Los apagados no podemos ni hacer una llamada en 15 o 17 horas al dia, sncillamente los celulares no funcionan durante el apagon.
    Es cierto que cada cual piensa como vive

  • cubanoquieresaber dijo:

    Sin duda estimada periodista, ha puesto usted el dedo en una de las llagas de nuestro tiempo, el tiempo invertido - y casi siempre perdido- en "vivir con el celular" no se puede medir solo en horas y minutos al día, hay que medirlo en las consecuencias de vivir enajenados sin percatarnos de que fuera de la pantalla el mundo es otro, que puede ser peligroso y convulso, que necesita de nuestro actuar ante disímiles eventos que no se pueden gestionar o resolver desde un celular, dígase ocuparnos de nuestros hijos y familia, ocuparnos de nosotros mismos y relacionarnos con otros que es en definitiva lo que nos hacer seres humanos.
    Lamentablemente he conocido de hechos asociados a la enajenación que nos auto provocarnos mientras usamos el celular, niños que sufren accidentes- fatales incluso- por estar sus padres pendientes del teléfono y no atender lo que estos hacían, personas que "colapsan" ante la cruda realidad de que lo que les dijeron vía celular- en cualquiera de las variantes en que nos pueda llegar la información- no es lo que tienen delante, otros que toman decisiones en su vida provocadas o fundamentadas por lo que leyeron, vieron u oyeron en el celular y lo peor que existe un gran por ciento de la población que no cree otra cosa que no sea lo que ven en la pequeña pantalla de su teléfono celular. En fin, no sabría decir si es un mal de este tiempo o un tiempo malo que estamos viviendo, sin negar las ventajas que aporta el desarrollo tecnológico. Estoy convencido de que más temprano que tarde los hijos de hoy o los de mañana, harán algo que cambie las reglas y el modo de consumir esta tecnología y volvamos a tener padres que vuelvan a ser personas y no cibertontos.

  • DBG dijo:

    Menos mal que usted tiene al menos corriente para recargar su teléfono celular, la invito a que viaje a centro oriente para que conosca la situación del resto del país que es cinco vences más cruda que en La Habana, no se puede ni ver la comida que se está comiendo, así que ni pensar en juegos de mesas.

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Aniela Dumas Rojas

Aniela Dumas Rojas

Periodista de Cubadebate. Graduada en La Universidad de La Habana en 2024.

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