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Un tiempo ¿acorralado?

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 Foto: AFP.

Criterios muy rotundos en unos casos, tibios o peligrosamente optimistas, en otros, coinciden en calificar de extraordinario y dificilísimo, el momento que vive la humanidad, donde muchas ideas y hechos no serán iguales a la etapa previa a la COVID-19. Evidencias sobresalientes, como quiera se le mire, están en la triste desnudez con la cual se muestran sistemas sanitarios despojados de sus capacidades por  la fiebre neoliberal y el violento castigo aplicado a los pueblos tras la crisis global iniciada en Estados Unidos en el 2008. Esa constatación lleva a plantear que se avecina el término de una época por otra de confusos perfiles.

Los recortes, la “austeridad” implantada, tuvieron trágico epicentro en los sectores vulnerables de cada país. Los pobres han pagado, siguen pagando, los costes de la impericia e iniquidad forjada por las ambiciones de los ricos, inexplicablemente más opulentos durante y después de la seria situación extendida por el mundo y a la cual debería anotarse como la primera gran “epidemia” del siglo XXI, dado el modo de profundizar bárbaramente la desigualdad entre sectores sociales.

Lo están destacando economistas y pensadores, antes de que apareciera el coronavirus SARS COV 2, hallando mal provistos y con importantes déficits a la mayor parte de las naciones, incluyendo, claro, a las más encumbradas. Como la enfermedad misma, hay problemas subyacentes que pueden empeorar cualquier trance. Tal la astronómica deuda de Estados Unidos, junto con otras deformaciones, cuando le quita el malhadado cetro al resto de las naciones y registra las cotas más altas de infectados (por encima de 100 mil) y muertes (rebasando los 1 700) por el coronavirus.

Además, el más poderoso entre los poderosos, revela una incapacidad plena para ayudar a otros.

La primera potencia mundial reporta, asimismo, un desempleo que afecta a 3,3 millones personas cuando aparecen amplias muestras de recesión. No menos acontece en otros sitios incluso menos afectados por la epidemia que se desplaza por todos lados, descubriendo distintos puntos flacos, no prevenidos o mal valorados.

En entredicho están la insensible coartada del yo por encima de cualquier otro, facturada por la administración Trump, o el accionar algo anárquico dentro de ventajosas asociaciones. Se cojea de ejecutorias individualistas que revelan egoísmos y rumbos a veces erráticos.

“Parte de lo acontecido en las últimas semanas resulta doloroso de relatar. Cuando Europa realmente necesitaba apoyo mutuo, hubo demasiados que solo miraron por su propio interés en un primer momento. Cuando Europa necesitaba un afán de ‘todos para uno’, hubo demasiados que optaron por responder que ‘todo para mí’ en un primer momento”, expuso Úrsula Von der Leyen, en un pleno extraordinario del Parlamento Europeo.

A la presidenta de la Comisión Europea le preocupa qué sobreviene a la prueba en curso y si la experiencia comunitaria del Viejo Continente sobrevive a las pruebas en marcha. Sus temores provienen de hechos y capacidades del organismo integracionista. Varias naciones están pidiendo al pacto unos eurobonos para enfrentar sus respetivas situaciones. Que les otorguen créditos del Fondo Europeo de Rescate. Las naciones de mayor peso económico no aceptan, y solo cedieron en cuanto a flexibilizar las normas sobre el margen del pasivo a reportar por los gobiernos.

Y como en todas partes cuecen habas: --“El caos relacionado a la pandemia prueba claramente que se está necesitando una coordinación como la que ofrecía Unasur ¡Y se va a seguir necesitando! Si este organismo estuviera en la plenitud de sus funciones seguramente se hubieran reunido los ministros de salud en Río de Janeiro, convocados por el Instituto de Políticas Públicas de Salud de Unasur para diseñar una estrategia común para enfrentar la pandemia. En estas semanas vimos un espectáculo de desintegración.

Mientras hay países que se dan el lujo de prescindir de las relaciones con otros por razones ideológicas, las fuerzas progresistas demostramos que la forma de unirnos es a través de la integración, que es lo que no funciona hoy en día en América del Sur. (Ernesto Samper, ex presidente de Colombia, y último secretario general que tuvo Unasur).

Cuando se plantea que se requiere de medicaciones en los patrones mundiales vigentes, a un orden cuya capacidad está en entredicho, pues no pasa la actual prueba, es algo cuestionado hace tiempo, pues siempre se cae en formular restricciones a las necesidades populares.

La ingobernabilidad expresada en cambios institucionales frecuentes o dificultades notables para contraer compromisos entre las principales fuerzas políticas en sitios del llamado primer mundo, son muestra, como las protestas ciudadanas, evidenciando cuán poco viable del modelo vigente o sus copias.

El desmantelamiento de los sistemas sanitarios y educacionales o los relacionados a otros ángulos y en especial sufridos por las mayorías, es, quizás,  lo más visible, pero no lo único a cuestionar. Si la pandemia que azota al planeta delata varias debilidades, ¿qué esperar del peligro climático, cada vez más cerca, o del tratamiento a la crisis económica que deja tras de sí la cruel enfermedad mientras azota a diestra y siniestro?

Entre los filósofos y otros analistas, se están manejando criterios como el que cuestiona los excesos del consumismo y la rapiña capitalista y hasta vaticinan el fin de su versión neoliberal. Se acude a lo perentorio de, al menos, modificar los patrones de actividad vigentes del sistema y procurar una sana intervención de los estados en la organización de sus sociedades,  pues ahora se está haciendo como urgencia procurando acorralar el virus o los estragos que provoca. Otros métodos no sirven.

Se echa a ver cuando China está dando palmaria certeza de capacidades ausentes en otros sitios, y países pequeños y pobres demuestran competencias mejor estructuradas y  sensibles que se expresan en la solidaridad. O sea, todo lo contrario de estrechos egocentrismos y fatuidades ante algo que les supera.

Y sí, la contracción del PIB será de un 2,2%  o más, en la zona euro y en Latinoamérica o para Estados Unidos incluso si Donald Trump insiste en poner la economía por encima de quienes la crean. Esa miopía de  magnate narcisista, pudiera incrementar las pérdidas inevitables por delante.

Cinco billones de dólares destinarán los países del G20 a la amortiguación  del ineludible parón económico. Dicen los expertos que no es suficiente y  debe cambiarse el modelo de desarrollo predominante. “Posiblemente sea inevitable pasar por una fase de desglobalización, es decir, de comercio y flujo de capitales reducidos entre los países”, estima el experto francés Tomas Pikety, entre varias consideraciones. Se refiere a variar en términos de gran calado, los abecedarios del libre mercado, urgidos por la desgracia en tránsito.

Poco importa la disputa sobre si el virus vencerá a un sistema con suficientes grietas como para, cierto es, exigir reformulaciones a fondo. La incapacidad de gestionar la actual crisis,  pudo ser menor de no haberla infravalorado. No ayuda nada tampoco la insuficiente cobertura sanitaria probadamente impropia al nivel de desarrollo y poderío que se dice tener.

Se trata, según varios, de reorganizar la hacienda global impidiendo la  supremacía de los mecanismos del mercado y cuanto trajo consigo la economía casino (lo financiero por encima de la esfera productiva) o el desmedido peso de  las grandes potencias y corporaciones que han venido imponiendo cuanto les conviene, sin medir alcances.

El economista e historiador argentino, Mario Rapoport, encuentra preliminares en hechos no tan lejanos. Cree que “La actual pandemia internacional no es ajena a la crisis económica mundial cuyos orígenes pueden remontarse a fines del siglo XX e inicios del siglo XXI en Estados Unidos con las crisis de las punto com, de Enron y de otras empresas, cajas de ahorro y bancos; crisis financieras que repercuten en el mundo hasta el estallido de la crisis mundial de 2008”. De aquellos polvos proceden los recientes lodos.

Unos cuántos consideran que si se lograra vigorizar o darle signos vitales a organismos existentes o por ser creados, con capacidad de unificar voluntades y vigores convenientes, la humanidad estaría mejor preparada para embates que, con entera seguridad, estarán más cerca en tanto cuanto no se están atendiendo convenientemente hoy día.

El debate reinante, con sus concordancias o antinomias, resulta no tan filosófico como apremiante ante las dimensiones y gravedad del problema, haciendo resurgir lo imprescindible de difundir menos mentiras, erradicar sanciones y agresividad, colocando en la mira un mejor hacer, constatable y un poquito más igualitario. Darle vigencia plena a entidades apropiadas capaces de dar batalla, juntando fuerzas, sin fronteras, ante este que no será el único conflicto capaz de moverles el piso a todos al mismo tiempo.

Se han publicado 1 comentarios



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  • eilen dijo:

    Todo esto que está sucediendo es otra muestra que estas palabras son ciertas...yo sé muy bien que el hombre no es dueño de su camino.Al hombre que está andando ni siquiera le corresponde dirigir sus pasos.Dice la Biblia. El ser humano no tiene la capacidad para gobernarse,y los resultados son nefastos, calentamiento global, contaminación, guerras,etcétera, etcétera.

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Elsa Claro

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

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