Imprimir
Inicio »Opinión, Economía  »

Pagamos en libras y se pesa en kilogramos 2.0

| 183

Imagen del Foro Romano, lugar cuyas ruinas son un museo al aire libre y se considera como uno de los sitios donde se realizaba un comercio más activo en el Mediterraneo. Foto: Luis Montero.

Hay quienes estiman que la especie humana usó el intercambio de bienes y servicios desde mucho antes de salir de África. La expresión más elemental del comercio es el hecho de convertir algo que se posee y de lo se puede disponer en algo que otro posee y de interés. Nuestro trabajo puede ser objeto de este intercambio: cuando contratamos una acción laboral con otro que la requiere y este nos paga por ello estamos en realidad vendiendo un bien personal, nuestro trabajo, y recibiendo a cambio otro bien que requerimos. El comercio y el mercado son hoy parte cotidiana e indispensable de la vida de todas las personas en cualquier sociedad. Es también algo de lo más influyente en nuestra vida, nos guste o no.

Cualquier cifra o hecho de la economía de nuestro país puede ser estimulante. Un crecimiento, aunque sea modesto, de nuestro producto interno bruto siempre deja un buen sabor. La inversión en un megapuerto marítimo que puede convertirse en una meca de creación de riquezas para nuestro bienestar, también. La instalación de una nueva planta de asfalto nos llena de esperanzas a los habitantes de una ciudad con pavimentos cada vez más precarios y donde no se observa acción para paliar la situación, al menos proporcional a la que confrontamos.

Sin embargo, lo que siempre realiza finalmente un sentimiento de prosperidad y de esperanza de mejorías es cuando vamos a adquirir algún bien o servicio que necesitamos, con el salario correspondiente al trabajo que hemos entregado a la sociedad, y lo encontremos accesible y a un precio pagable.

Desafortunadamente, uno de los problemas más graves que trae aparejada una economía de planificación nacional en especie, muy centralizada, y donde el valor de cambio de la moneda circulante está restringido artificialmente es que siempre y de una forma u otra hay escasez en la oferta de mercancías y servicios, tanto de variedad como de cantidad. Tampoco se llega a saber bien el valor real en dinero de lo que se realiza como mercancía, ni de la fuerza de trabajo, lo que aniquila a una verdadera posibilidad de planificar el progreso económico. Ese problema lo venimos afrontando en la Cuba revolucionaria desde que los ladrones que fueron derrocados en 1959 se robaron las reservas en divisas de la República antes de huir del país.

Entonces la Revolución se vio obligada a comenzar a diferenciar entre el valor de la moneda circulante local con respecto a la que se usa en el comercio exterior. Una medida tomada entonces fue también la restricción del libre cambio monetario entre la moneda local y la extranjera, pues se decidió no devaluar, al menos formalmente, la nuestra. De alguna forma, con varias complejidades añadidas, sobre todo el bloqueo de los EEUU que ya dura casi 60 años, esa situación se ha mantenido hasta nuestros días.

Nuestro sistema comercial actual es probablemente uno de los más atrasados tecnológicamente y más ineficientes en su capacidad de resolver las necesidades de las personas y las instituciones. También, duele expresarlo, se suele corromper muy frecuentemente en su relación con los clientes comunes.

Todo un huracán de medidas administrativas y de control, de denuncias claras y directas en los medios, de acción popular, no ha podido y parece que no podrá por si solo resolver el problema. La parte sana de nuestra sociedad, todavía mayoritaria, que entrega su trabajo honestamente y por una retribución conscientemente muy inferior a su valor real suele ser expoliada por mercaderes privados y también públicos. Nos ofrecen productos que siempre son deficitarios y usualmente con muy bajos estándares de calidad. Los precios legales del comercio libre están desproporcionados con respecto al salario medio del cubano y es muy frecuente que se alteren de muchas formas arbitrarias y ventajosas para el vendedor que enfrenta al cliente. Las instalaciones son también pocas, y como regla deficientes, desordenadas e incómodas. En lugar de aumentar el número y distribución geográfica de las tiendas, se suele reducir el de las cadenas estatales.

Las mercancías de alimentación se suelen expender a granel con las mismas manos con las que se cobra su precio. El trato de los dependientes es frecuentemente descortés, tanto en el sector público como en el privado. La inexistencia formal del comercio mayorista para este último hace recaer inevitablemente y de muy variadas formas sobre los ciudadanos comunes el peso de su existencia real. Los problemas cotidianos para los clientes populares sobrepasan con creces cualquier logro puntual a su favor, que además suele ser efímero.

La aparente indiferencia a la solución de estos medulares problemas es también muy perjudicial. Hace meses se comentó acerca de las ventajas de que los sistemas de medidas y comparación fueran uniformes en el país. Se pusieron ejemplos de casos en los que la poca uniformidad había costado mucho, tanto en Cuba como en la ciencia mundial. Una acción tan sencilla como poner precios a los productos que se expenden a granel en kilogramos donde se pese en esa unidad y en libras donde se venda con esta no recibió respuesta alguna por parte de los encargados por la sociedad para atenderlo. Ni en los comentarios al artículo, ni en la práctica diaria. Solo alguien evidentemente vinculada al Instituto Nacional de Investigaciones en Metrología se refirió entonces a su parte, en el comentario número 78.

Algunos ciudadanos se refirieron a que muchas pesas digitales que tienen capacidad de conversión eran reguladas para que las libras tuvieran 400 g en lugar de los 460 g convencionales. También que se pesa en kilogramos y se convierte con libras de 400 g. Esta práctica viciosa está hoy generalizada y se puede comprobar con facilidad en múltiples sitios de venta. En pocas palabras: se roban sistemáticamente por lo menos el 15 % de lo que venden.

La entronización de esta corrupción, lamentablemente ubicua, no solo cuesta directamente al bolsillo del ciudadano decente que va a comprar algo que necesite. Su mayor costo social es la generalizada connivencia con ella en actividades que por naturaleza afectan cotidianamente a todos y cada uno de nosotros. Los niños y jóvenes la podrían reproducir y amplificar al futuro ante la impunidad evidente. Nuestros trabajadores, que se mantienen aferrados a la decencia de su propia actividad laboral cotidiana, están en permanente contacto con la tentación de corromperse ellos también para poder resolver necesidades perentorias. Nuestros mayores se encuentran desprotegidos e inermes frente a algunos forajidos a los que tienen que recurrir para satisfacer sus necesidades elementales de supervivencia.

La Revolución Cubana no puede permitir la prolongación indefinida de este estado de cosas en algo tan importante y cotidiano. Es preciso cambiar radicalmente una forma de planificación y gobierno económico que comprobadamente no resuelve los problemas. Necesitamos también tener una moneda circulante con capacidad liberatoria ilimitada para las personas y para las empresas, aunque algunos que hoy tienen ingresos desmedidos tengan que verlos reducidos al valor real de su trabajo. Las mayorías los tenemos reducidos hace mucho tiempo. Si para esto debe renovarse completamente el personal administrativo y de dirección de empresas, direcciones y ministerios completos, una Revolución como la nuestra puede hacerlo. Tenemos, ni más ni menos, que cumplir los acuerdos de los congresos del Partido Comunista de Cuba.

Se han publicado 183 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Rosiña dijo:

    Dr. Luis, al leer su artículo me he sentido tan familiarmente representada en él, porque es lo que siempre hemos querido decir nosotros los cubanos de a pies, los que vivimos del sudor de nuestra frente y lo voy a representar con dos ejemplos: mi casillero pone el field de la pesa en el lugar correcto, pero cuando ya uno cree que le va a dar el poyo comienza a mover insensiblemente la pesa hasta que al final nunca llegas a saber que cantidad en realidad te está despachando, las bodegueras si te quejas de la misma situación de demonizan y hasta hay clientes que se oarcializan con ellas porque y de qué van a vivir las pobrecitas, entonces Ud. ha dicho lo correcto, el sentir de la mayoría de los cubanos y que somos quienes más la defendemos y la defenderemos, pero y las soluciones pa cuando.

  • Rosiña dijo:

    Los acuerdos de los congresos del Partido Comunista de Cuba no pueden ser letra muerta.

    • Eduardo Ortega dijo:

      De acuerdo Rosiña, no deberían ser letra muerta.
      SALUDOS!

  • Aldebaran dijo:

    Ya lo dijo Carlos Varela hace muchos años: TODOS TE ROBAN!!

  • Aries69 dijo:

    Gracias Luis Montero Cabrera por las enseñanzas de su valiosa reflexión, que es la de muchos en nuestra sociedad. Solo lamento que quienes realmente tienen que aprender de estas enseñanzas las innoren. Esos mismos, a los que no les conviene la solución que propone en su cierre del artículo "... debe renovarse completamente el personal administrativo y de dirección de empresas, direcciones y ministerios completos, una Revolución como la nuestra puede hacerlo. Tenemos, ni más ni menos, que cumplir los acuerdos de los congresos del Partido Comunista de Cuba”.

  • Reyomar dijo:

    Hasta tanto no sea posible la necesaria inversión para el empaque de la totalidad de los productos , seguiremos debatiendo

    Mientras debe hacerse lo posible para minimizarlo

    Prefiero la medida del jarro, el mazo o la pila en las que al menos puedo apreciar la cantidad antes de decir la compra que las inesperadas libras en las que no sabes cuanto te van despachar o a como te va a salir la libra segun el peso real que te vendan

    Conozco por mi zona algunos carretilleros que aunque venden caro pesan bien , pues pasan cotidianamnete y queiren tener la confianza de los vecinos, ganan en el precio no en al estafa, pero no siempre tienen todos que encesitamos y entonces cuando compramos al que paso esporadicamente , viene el machetazo, que en los establecimientos de comercio y acopio es permanente aunque siempres están ahi y los vecinos lo sabemos, cuando se a cambiado uno por las protestas el que ha vendo ha sido peor

  • Alipio Cribeiro dijo:

    Pura verdad y objetividad,..._ ahora,... Quién le pone el cascabel al gato ???.?.

  • Eddy dijo:

    Excelente articulo, realista y valiente pero quien le pone el cascabel al gato!!! Además en centenares de ocasiones no hay respuesta de los involucrados en el tema... salvo en algunas mesas redondas.
    Creo que debe haber transparencia en muchos temas y respuestas a preguntas que hace la población y creo que ya los presidentes de los PP de los municipios deberian pasar por las mesas redondas o programas especiales primero para que los conozcan y segundo para que expliquen que se hace para el municipio por el cual fueron elegidos. Gracias

Se han publicado 183 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Luis A. Montero Cabrera

Luis A. Montero Cabrera

Doctor en Ciencias. Es decano de la Facultad de Química de la Universidad de La Habana, presidió el Consejo Científico Universitario y fue coordinador de ciencias naturales y exactas de la Academia de Ciencias de Cuba.

Vea también