Imprimir
Inicio » Opinión, Historia  »

Así murió el Generalísimo

| 46

Autor: LAZ.

Invita Máximo Gómez a su esposa Manana a visitar Santiago de Cuba y la propuesta llena de júbilo a la familia pues los acompañarán sus hijas Clemencia y Margarita. Quiere el viejo guerrero abrazar a su hijo Maxito, a Candita, la esposa de este, y a los pequeños nietos; y, de paso, que sus hijas conozcan la bella capital oriental. Ese es el motivo visible del viaje. Abriga además el General una segunda intención: impugnar los planes reeleccionistas del presidente Tomás Estrada Palma y promover la candidatura presidencial del general Emilio Núñez. Corría el mes de mayo de 1905. Pocas semanas después, el 17 de junio, hace hoy 113 años, el General en Jefe del Ejército Libertador era cadáver. El Napoleón de la Guerrilla, como lo llamaron los ingleses, el hombre que había desafiado a la muerte en unos 235 combates sin sufrir más que dos heridas, moría en su cama fulminado por la septicemia.

En los tiempos precedentes al viaje ha estado alejado de la vida pública. El sueño cubano de libertad e independencia se frustró por la ocupación militar que siguió a la intervención norteamericana en la guerra contra España, y él se erige, ya en la paz, como un factor de unidad y equilibrio, ajeno al desempeño de cualquier posición política, incluso la Presidencia de la República, que rechazó de manera tajante. Pero la intransigencia y los desplantes del Gobierno lo mantuvieron momentáneamente apartado hasta que lo sacaron de su retiro los propósitos del Presidente de prorrogarse en el poder. De vuelta a la brega, asiste a juntas y hace declaraciones. Ve el descontento popular e intuye la convulsión que se avecina. Dice a sus íntimos: “Siento barruntos de Revolución”.

Enfermo de popularidad

Necesita por otra parte ese viaje. Los años de guerra y el duro y largo peregrinar por tierras americanas resintieron su cuerpo de acero. Las privaciones, la vida a la intemperie, y las largas cabalgatas hicieron mella en su organismo. Siente que le faltan fuerzas y bien merece un descanso al lado de su familia. Sigue siendo un ídolo, y la plácida estancia en Santiago de Cuba le reafirma, como si acaso lo necesitara, que su arraigo y ascendencia están intactos y siguen siendo enormes. La gente le cierra el paso en la calle. Todos quieren verlo y saludarlo. Una noche se queja el General de un dolor en la mano derecha, que tantos han insistido en estrechar en las jornadas precedentes. Un dolor que se manifiesta justo en el sitio donde días antes se hizo una pequeña herida. El malestar tolerable y aparentemente pasajero y sin importancia, se complica. Hay infección y sobreviene la fiebre, y se dispone de inmediato el regreso a La Habana. Así lo determina el doctor José Pareda, su médico de cabecera, que lo acompaña, y que ha diagnosticado una pihoemia. En verdad, el mayor general Máximo Gómez ha enfermado de popularidad.

En un tren especial sale hacia La Habana el ilustre paciente. Lo acompañan sus familiares, los doctores Pareda, Guimerá y Martínez Ferrer y una enfermera, y los generales Valiente y Nodarse, del Ejército Libertador. Como el médico principal que lo asiste ha indicado que no se le lleve a su casa de la calle Galiano, que el pueblo le regaló, su hijo Urbano se ha anticipado para las gestiones pertinentes, pero el Gobierno, que vota un presupuesto para cubrir los gastos que reporte la enfermedad, alquila, para que viva o muera en ella, la residencia de 5ta. esquina a D, en el Vedado, cercana al mar, ocupada hasta poco antes por la legación alemana, y que se amuebla convenientemente.

Gómez nada tiene y nada pide. No aceptó la paga que le hubiera correspondido como Mayor General. Precisamente su negativa a respaldar el empréstito que garantizaría el licenciamiento de los mambises, le había traído, en 1899, la animadversión de la Asamblea del Cerro que terminó destituyéndolo como General en Jefe del Ejército Libertador y donde no faltaron voces que le echaron en cara su condición de extranjero, lo conminaron a marcharse y llegaron a pedir incluso su fusilamiento. Lo que cobró por la venta de sus propiedades en Santo Domingo debió emplearlo en honrar sus deudas. No ha sido nunca hombre de excesos. Durante la guerra, a la hora del rancho, su comida era la misma que la del último soldado; dispuesto a compartir el pedazo de jutía o alguna de las cañas de azúcar que en un canutillo mantenía siempre cerca de sí. Atadas a la montura llevaba sus únicas propiedades: un costurero con hilo y agujas, el álbum con las fotos de sus hijos y el jarrito para el agua y el café.

Con honores de jefe de estado

En Matanzas, abordan el tren miembros del gabinete de Estrada Palma. Son los generales Fernando Freyre de Andrade y Juan Rius Rivera, secretarios (ministros) de Gobernación y Hacienda, respectivamente. También el secretario de Obras Públicas, Rafael Montalvo, el secretario del Presidente, el Gobernador de La Habana y Domingo Méndez Capote, presidente del Senado y rector del gubernamental Partido Moderado. Sube también al tren el general Emilio Núñez. Acompañarán al enfermo hasta La Habana. En la capital, una multitud compacta lo espera en la estación ferroviaria de Villanueva (donde está el Capitolio) pero en la Quinta de los Molinos el tren hace una parada para que desciendan los viajeros. Los espera uno de los ayudantes de don Tomás y en coche, se trasladarán al sitio escogido.

El General empeora por horas. Sube la fiebre, desvaría, los escalofríos son insoportables. Persiste la debilidad general y se detecta un absceso hepático a punto de supurar. El día 11 su estado era ya de gravedad extrema y Gómez estaba consciente del final irremediable. El 12, por la noche, lo visitó el general Emilio Núñez, uno de los pocos que tuvo acceso en todo momento a la alcoba de paciente.

—Se te va tu amigo —dijo. Núñez rompió a llorar y Gómez tuvo fuerzas aún para consolarlo.

El 17, por la mañana, el guerrero se despidió de su esposa y de sus hijos. A las cuatro llegan a visitarlo el secretario (ministro) de Gobernación y el jefe de la Guardia Rural, general Alejandro Rodríguez. No es una mera visita de cortesía, sino una negociación. Se interesan por saber si la familia estima oportuna la visita del presidente Estrada Palma, aquel hombre a quien Gómez llamaba  Tomasito y del que lo han separado sus arbitrariedades y ambiciones. A esa hora, el General da una orden, la última de su vida. Antes de caer en un letargo del que no saldría ya, dice a los que lo rodean:

—Lo reclamo. Si estoy muerto, enterradme, caballeros.

Faltan 15 para las seis cuando arriba el mandatario a la casa de 5ta. y D. El paciente había entrado ya en agonía. A las seis en punto de la tarde, el doctor Pareda da la noticia, no por esperada menos dolorosa. Dice: “Señores, el General ha muerto”.

El cadáver fue medido y los escultores Fernando Adelantado y Miguel Meleros hicieron sendas mascarillas mortuorias. Se embalsamó el cuerpo y se colocó en la sala principal de la casa.

A las 11:30 de la noche el Senado, en sesión extraordinaria, declaraba luto nacional los días 18, 19 y 20 de junio, y establecía que los cuerpos armados guardaran duelo oficial durante nueve. Disponía que las honras fúnebres tuvieran carácter nacional y votaba un presupuesto de hasta 15 mil pesos para los gastos del sepelio. El cadáver sería velado en el Salón Rojo del Palacio Presidencial (antiguo de los Capitanes Generales) y se tributarían al difunto las honras correspondientes a un Presidente de la República. Poco después se reunía la Cámara de Representantes y aprobaba, también por unanimidad, el proyecto del Senado que, sancionado por Estrada Palma, se convertía en ley y se publicaba de inmediato en una edición extraordinaria de la Gaceta Oficial. Mientras, el Presidente de la República daba a conocer una Proclama al país:

“El mayor general Máximo Gómez, General en Jefe del Ejército Libertador, ha muerto. No hay un solo corazón en Cuba que no se sienta herido por tan rudo golpe; la pérdida es irreparable. Toda la nación está de duelo, y estando todos identificados con el mismo sentimiento de pesar profundo, el Gobierno no necesita estimularlo para que sea universal, de un extremo a otro de la Isla, el espontáneo testimonio, público y privado, de intenso dolor”.

Se difunde la noticia. Cuba entera está de luto. Consternado, el pueblo llora y se aglomera frente a la casa. También llora Manana en una de las habitaciones, desconsolada por el golpe demoledor. Minutos después de la hora convenida, los hijos de Gómez —Máximo, Urbano, Bernardo y Andrés— cargan el féretro en hombros y lo sacan a la calle.

Cubren el ataúd, en el Salón Rojo, las banderas de Cuba y de Santo Domingo. Acude el Gobierno en pleno, se hacen presentes los parlamentarios, altos oficiales del Ejército Libertador, las clases vivas… ¿Y el pueblo? Clemencia se percata que el cadáver permanece aislado de los sectores humildes y reclama su presencia. Pregunta airada: «¿Dónde está ese pueblo que liberó mi padre?». Es entonces que comienza el desfile de los desposeídos, interminable.

El erudito dominicano Pedro Henríquez Ureña, testigo de los hechos, escribiría:

“Estaba prohibido hacer música y no se oía vibrar un piano ni sonar uno de los muchos fonógrafos de La Habana. Cada media hora, durante tres días, disparaba el cañón de la fortaleza de La Cabaña; y cada hora tañían las campanas de los templos. Cerrados los teatros, las oficinas, los establecimientos, ofrecían las calles llenas de colgaduras negras y banderas enlutadas, un aspecto extraño con las multitudes que discurrían convergiendo hacia el Palacio”.

La Isla quedó paralizada.

El sepelio más grande

A las tres de la tarde del martes 20 de junio, al toque de 21 cañonazos, sale el cortejo fúnebre desde el Palacio Presidencial con destino a la necrópolis de Colón. Es el sepelio más grande que se haya visto en Cuba hasta ese momento. Veinte carruajes y dos largas hileras de personas se requieren para trasladar las ofrendas florales. Hay alteraciones del orden en Galiano y San Rafael y en Reina y Belascoaín porque la multitud insiste en llevar el féretro en hombros y en esos lugares, y también en el cementerio, la fuerza pública trata de controlar la muchedumbre a golpes. Por suerte, los ánimos se calman cuando José Cruz y Juan Barrena, los cornetas de siempre del General, tocan silencio y generala, el toque que tantas veces acompañó los combates en la manigua insurrecta. Los generales mambises Bernabé Boza, Emilio Núñez, Pedro Díaz y Javier de la Vega sacan el ataúd del carruaje que lo condujo a la necrópolis y lo depositan en la fosa.

No hubo despedida de duelo.

(Fuentes: Textos de Minerva Isa y Eunice Lluberes; Eduardo Robreño y José M. González Delgado)

Se han publicado 46 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • senelio ceballos dijo:

    Gracias Lic.Ciro Bianchi!!..POR TAN HISTORICO, ARGUMENTADO articulo periodistico….Fui por muchos annos el ING de la Brig. constructora MAXIMO GOMEZ -1 , llevaba y llevare ese nombre con orgullo…..No conocia algunos detalles de su entierro y despedida popular en la Habana…Gracias otra vez!!!…Deben publicar este articulo en otros medios, sobre todo para que los jovenes conozcan…la verdad sobre ese gran latino!!!

  • tomyone dijo:

    Este articulo de Bianchi es un homenaje al general al que me uno, esta para guardar y releer cuando las fuerzas flaquean, Gomez es un ejemplo de amor, solidaridad y lealtad a un pais en que no se nacio y eso lo hace mas grande aun, saludos

  • Diana dijo:

    Gracias por esta crónica…me gustaría saber más sobre el General Emilio Núñez, porque desde hace poco vivo cerca de una calle con ese nombre y no conozco su historia…saludos

  • orlando rodriguez ramirez dijo:

    uno de los grandes, hay que honrarlo todos los días

  • jpuentes dijo:

    Un llamado al gobierno y el Partido del municipio Plaza de la Revolución: Reparen esa casa de 5ta y D. Muestren mas respeto hacia la persona que hubo de fallecer en ese lugar erigiendo un museo o un monumento mas acorde a su dignidad. Que la Oficina del Historiador de la Ciudad colabore. Pero esa casa debe brillar para que el mundo y cada persona que pase por allí, enseguida se dé cuenta que allí murió el Generalisimo Maximo Gomez. Ahora sólo hay un busto mal cuidado y de muy mal gusto y la casa destruyendose, ocupada por una compañía de teatro o de artes escenicas, nada que ver….

    • Sergio dijo:

      Me has quitado el comnetario. Es INDIGNANTE, ojala y alguien muestre la sensibilidad necesaria,

      Saludos,

    • cam dijo:

      el grupo de teatro, por suerte, ya no tiene su sede ahí, pero esta casa está en terrible estado, y sufrió mucho con Irma

      • jpuentes dijo:

        Si ya no está mejor. Así no hay conflictos con nada ni con nadie. Un proyecto y un presupesto. El hombre muerto allí lo merece y merece mas que el busto feo ese que tiene allí.

  • ricardo dijo:

    magnífico artículo ciro. ¿ningún dramaturgo cubano ve aquí la posibilidad de hacer un guión para una película? !qué bueno sería! Estos temas nos hacen más falta que los de la homosexualidad y los de la emigración.

  • leo I dijo:

    Esa es la talla de los inmensos hombres.Gloria eterna para el Generaslisimo1.
    Viejo, cuba no te olvida nunca!

  • Eduardo Ortega dijo:

    Tengo una gran admiración por Máximo Gómez. Los cubanos le debemos mucho a este hombre recto, justo, patriota, incorruptible, que lo dio todo por la independencia de Cuba. Se debe divulgar mucho más la obra y el pensamiento del Generalísimo. Hace más de 30 años leí el Diario de Campaña de Máximo Gómez, debe hacerse algo para reeditarlo y todos los cubanos lo puedan leer. SALUDOS!

  • sachiel dijo:

    Conocí desde pequeño esta misma historia. Siempre me quedó la duda de que fuera solamente por la lesión al estrechar tantas manos, y quizas fue un tetanos inducido, no puedo decir si consciente o no, por un anillo o similar de hierro. ¿hubiera podido salvarse…? Yo creo que sí, y que sólo el retraso en advertir la gravedad de la infección hizo posible que esta se extendiera a todo el cuerpo. ¿Con qué, como se hizo la pequeña herida en la mano? Y me uno al reclamo de jpuentes, como tambien hay que ver el reporatje hecho en el cementerio de Colón, sobre el abandono que tienen algunos panteones y tumbas de próceres y martires…

    • Aroldo dijo:

      Concuerdo con ud.

    • Dr. Pedro Véliz dijo:

      Excelente artículo y muy buenos comentarios. Sólo recordar que en esa época no existían los antibióticos y de ahí que una herida en una mano pudo complicarse con tantos estrechones de mano. Saludos a todos, me uno al reclamo de que arreglen la casa de 5ta y D; y que se hagan películas de esa parte no contada de la historia de Cuba

  • oslaida dijo:

    No es por gusto que se le ha llamado el Generalísimo. Hombre de un calibre y grandeza únicos. Creo que pocos hombres en el mundo han bregado tanto por la libertad de un país que no era el suyo. En ese sentido lo equiparo al Che.

  • Gina dijo:

    Concuerdo mucho con la idea de Ricardo, por qué no se hacen audiovisuales (películas, series, aventuras o lo que sea) con temas cubanos como estos que no traten mas temas de homosexualidad o de emigración de los que estamos realmente cansados. Los buenos cubanos y estoy segura que somos muchos de aquí y de todas partes, estamos orgullosos y enamorados de nuestra rica y bella historia, considero que se pudieran hacer emocionantes películas sobre los mambises y una de ellas pudiera ser sobre la hazaña invasora realizada por Maceo y Gómez, admirada por sus contemporáneos de todo el mundo.

  • Yamilet González Becerra dijo:

    Gracias por su libro “Palabras de Escribidor”.

  • Alexis dijo:

    Asi son los generales de pueblo ,

  • Martha dijo:

    Ciro sus comentarios sobre temas históricos los disfruto ya que tiene una forma muy amena de hacerlo además me gusta conocer de nuestra historia fui profesora y maestra durante 20 años y aunque no impartía Historia en Secundaria me gusta la historia de mi país sobre esas anécdotas que se desconocen de nuestras guerras y de nuestros héroes. Es verdad que esa casa de 5ta y D debe rescatarse y darle el valor que tiene ya que en ella murió uno de los grandes de nuestras guerras. Me surge una duda porque no se acaba de rescatar ese gran teatro que es Amadeo Roldán asistí a muchos recitales allí y es tremendo teatro por la acústica que tiene.

  • RAULITO dijo:

    Excelente trabajo de Ciro Bianchi, como siempre.Aqui en Ciego de Avila muchos lugares llevan su nombre y sobre todo la plaza de la Revolucion en esta ciudad. No conociamos detall4es de su muerte, me gustaria saber mas del general Emilio Nuñez, su vida y su relacion con Gomez. Gracias Ciro.

  • Ludwig dijo:

    El 12 de marzo de 1899, la Asamblea del Cerro acordó la destitución de Máximo Gómez como General en Jefe del Ejército Libertador, y la eliminación definitiva de ese cargo.

    Gómez, mediante un manifiesto a la nación, expresó:
    “…Extranjero como soy, no he venido a servir a este pueblo, ayudándole a defender su causa de justicia, como un soldado mercenario; y por eso desde que el poder opresor abandonó esta tierra y dejó libre al cubano, volví la espada a la vaina, creyendo desde entonces terminada la misión que voluntariamente me impuse. Nada se me debe y me retiro contento y satisfecho de haber hecho cuanto he podido en beneficio de mis hermanos. Prometo a los cubanos que, donde quiera que plante mi tienda, siempre podrían contar con un amigo.”

    Sin comentarios.

    Tomado de Ecured.

    • Adonis D ángeles dijo:

      Y así fue, mi General, estuvo entre los pagos que le ofreció Martí, cuando solicitaba nuevamente su sacrificio como encargado supremo del ramo de la guerra: […] Yo ofrezco a usted sin temor a negativa, este nuevo trabajo, hoy que no tengo más remuneración que brindarle que el placer de su sacrificio y la ingratitud probable de los hombres”.

  • Ludwig dijo:

    El 2 de abril en carta abierta a Bernarda Toro, Gómez expresa en relación con la situación del país:
    “Los que esperan, están desesperados. Como va no espero nada, estoy muy tranquilo con mi inesperada situación, descargado de toda responsabilidad y gozando del cariño de este pueblo que ahora más que nunca, me lo ha demostrado, comprometiendo, por modo tan elevado y sentido, mi gratitud eterna. (…)La actitud del Gobierno Americano con el heroico Pueblo Cubano, en estos momentos históricos, nos revela a mi juicio más que un gran negocio… Nada más racional y justo, que el dueño de una casa, sea él mismo que la va a vivir con su familia, el que la amueble y adorne a su satisfacción y gusto; y no que se vea obligado a seguir, contra su voluntad y gusto, las imposiciones del vecino. La situación pues, que se le ha creado a este pueblo; de miseria material y de apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día mas aflictiva, y el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía. “

  • Andrés Dovale Borjas dijo:

    Muy interesante la narración sobre el fallecimiento del Generalísimo Máximo Gómez. Del homenaje que tributó el pueblo cubano al representante más genuino de los mambises de las dos guerras por nuestra independencia. Poco se conoce en nuestro país de esos primeros cuatro años de nuestra independencia, de la composición del gobierno, de los aciertos y errores cometidos por Estrada Palma y su gobierno, de sus relaciones con el Congreso, etc. Sería un buen material para que Ciro Bianchi escribiera sobre esa etapa. No dice Bianchi que fue el Generalísimo quien propuso a Tomás Estrada Palma como candidato a la presidencia y que tuvo que viajar a Nueva York para convencerlo para que aceptara pues él había rechazado la propuesta. Ni que en lugar de los 10 millones de dólares de empréstito que quería solicitar la Asamblea del Cerro él aceptó los tres millones de dólares que donó el Presidente Mc Kinley para el licenciamiento de los miembros de Ejército Libertador y que fue Máximo Gómez quien izó la bandera cubana el 20 de mayo de 1902 como símbolo de la Independencia de nuestra Patria.

    • Sergio dijo:

      Se conoce POCO, porque infelizmente se ha ‘manipulado mucho” la historia de Cuba de esa época. Y la historia es la que es, y no la que uno quiere que sea, y es nuestras HISTORIAS, con sus defectos, pero también con sus virtudes.

      Es muy triste oir como REPITEN muchas cosas ERRADAS en relación a esa parte de nuestra historia, la cual no las dieron en la escuela, MUY SUPERFICIAL y “MANOSEADAMENTE”. Muchos hechos históritcos “OCULTOS”, en fin. Siendo sicnero, después de “viejo” es que he aprendido un poquito de muchas cosas de nuestra historia, y esto es muy triste decirlo.

      Un detalle Andrés, Gómez no fue quien izó la Bandera Cubana. Lo que sucedió fue que después del acto de la procalamción de la republica, el General Wood y Gómez, subieron al techo del Palacio de los Capitanes Generales, que fue el lugar donde tuvo el acto, para arrear la BANDER CUBANA que había izada por dos sargentos norteamricanos, y GUARDALA como recuerdo. En su lugar, se colocó una Bandera más pequeña, que esta vez sí fue izada por Gómez, y por eso es que aparece la FOTO de Gómez y Wood juntos izando una Bandera, y que trajo, posteriormente, mucha confusión al respecto. Pero OFICIALMENTE no fue Gómez quien izó la bandera. Esto fue revelado por el propio fotografo de las instantanea, José Gómez de la Carrera

      Saludos,

      • Mecanicles dijo:

        Andres y Sergio:
        Que buerno es encontrar aca criterios como los suyos!!!!!!!!!!!Ha sido la mia una lucha a brazo partido en mi radio de accion para que se cuente la historia como fue y no como quieren que sea.Estrada Palma se equivoco(es humano)pero hubo,por ejemplo ,mas maestros que soldados durante su gobierno,solo tenia tres trajes…remendados,no acepto su sueldo vitalicio como Presidente de la Republica y rechazo que le compraran una casa,fue a vivir a su finca en ruinas,trabajo ya viejo y murio en la miseria…y pidio ser enterrado lo mas cerca posible de Jose Marti,su amigo.

  • Adonis D ángeles dijo:

    Muchas gracias, estimado Ciro, por este artículo tan importante cuando muchas veces viene fallando la memoria histórica en nuestra América.

  • Vargas dijo:

    Eso es historia, amena, interesante, popular, muchas gracias a DOCTOR Ciro Bianchi por narrarnos este importante hecho histórico, así se debían narrar los hechos en nuestras escuelas.

Se han publicado 46 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Ciro Bianchi Ross

Ciro Bianchi Ross

Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.

Vea también