Imprimir
Inicio » Opinión, Educación  »

Los años dorados del siglo XX en la Universidad de La Habana

| 8

La Universidad de La Habana arriba a sus 290 años.

La documentación corriente acerca de la vida universitaria en cualquier lugar del mundo suele abordar muchas facetas de esa componente indispensable de la vida humana de hoy. Los rendimientos y la reputación de los centros suelen dominar la información para los que conducen la actividad y también para los que se preparan para acceder a ella. Muchos de los más maduros sienten que reviviendo con recuerdos pueden de alguna forma replicar la felicidad, o las dulces desventuras, experimentadas en esos años de la vida. Los que gobiernan bien se preocupan por toda información que contribuya a la buena marcha de la educación superior como una pieza decisiva de la trama social moderna. Poco se conoce y está documentado, sin embargo, de intervenciones sistemáticas y efectivas de gobernantes en contacto directo con estudiantes y docentes en una universidad.

A partir de la Reforma Universitaria de 1962, documento abarcador y modernizador de un sistema de educación superior que mucho lo requería, se fueron cambiando estructuras y concepciones. La Universidad de La Habana resultante de ese proceso abarcaba la formación de todo joven que deseara y pudiera cursar estudios superiores en las provincias desde Matanzas hasta Pinar del Río, incluida la entonces Isla de Pinos. Comprendía todas las carreras, desde las médicas hasta las de enseñanza, pasando por las tecnologías, las ciencias básicas y las humanidades. Varios presidentes de la Federación Estudiantil Universitaria, secretarios generales de la Unión de Jóvenes Comunistas, rectores, vicerrectores y decanos conducían seria y paulatinamente los cambios que la reforma indicaba. Los estudiantes y profesores, todos muy nuevos y muchas veces indistintos, enfrentábamos el nuevo escenario con el entusiasmo del que confía en un futuro irremisiblemente maravilloso. Algunos éramos estudiantes de tercer año en la mañana y profesores conferencistas de otra carrera por la tarde. Un Ministro de Industrias como el Che, con alma de redentor y cultura multifacética le pedía a una decana, directamente por carta y también personalmente, que su Facultad se sumara a sus cometidos. Quería también aprender las matemáticas que su educación de médico no le había proporcionado.

Lo insólito comenzó a ocurrir en los años alrededor de 1965 y continuó prácticamente hasta iniciada la década de los 70. El primer ministro del país, que era Fidel, visitaba regularmente la Plaza Cadenas, corazón del campus central. Ocurría generalmente durante las horas de la activa noche de cursos para trabajadores, estudios en la Biblioteca Central, encuentros sentimentales y reuniones de las organizaciones que no se podían dar por el día porque las clases y su horario eran sagrados. Los que estábamos por esos entornos y súbitamente veíamos aparecer por la entrada de la calle J los tres Oldsmobile del año 1960 ya sabíamos que nos esperaban unas cuantas horas de diálogo activo, sobre temas publicables o no, y de la más variada índole. Desde la Revolución China, hasta los efectos de ciertas carnes para la salud, pasando por las formas de distribución de la tierra que habían seguido diversas revoluciones antes de la cubana.

En 1966 todos nos sorprendimos al conocer que había sido nombrado como rector un médico desconocido para muchos. Se trataba de José Millar Barruecos, con el apodo de “Chomi”. Un rector joven y con un apodo informal ya sonaba a “cosas de Fidel”. Se trataba de alguien que se había destacado en los primeros intentos de llevar la salud a los lugares donde vivían los olvidados de siempre en Cuba. Era un producto del llamado entonces “Servicio Médico Social Rural”. Nada más sabíamos de él.

Lo que si supimos después fue que esa medida significó la intervención decisiva de las ideas revolucionarias para realizar lo mejor de la Reforma de 1962 y bastante más. El estrecho y fresco contacto sistemático de Fidel con los estudiantes y profesores y ahora la frecuente, informal y efectiva comunicación entre el rector y el líder de la Revolución condujeron a años de cambios y fomento radicales.

Se crearon grupos multidisciplinarios con estudiantes y profesores de diversas áreas que se llamaron “polivalentes”, usando graciosamente un término químico para fomentar lo que hoy es una práctica modernísima de gestión en todas partes. De ellos salieron recomendaciones fundacionales de muchas iniciativas fidelistas de entonces. También se crearon “equipos económicos” con los de economía, contabilidad, y otras carreras que conviniera. Se fundaron centros de investigaciones, lo mismo de aplicaciones informáticas a las ciencias médicas que de ciencias marinas; se fundó un monumental jardín botánico; se cimentó la formación biológica, física, matemática, química. Se impartieron semestres completos de ciertas carreras en la Sierra Maestra, para conocer científicamente lo que ya se sabía empíricamente por los revolucionarios. También se diseñó y produjo en pequeñas series una computadora de las más modernas de entonces, acompañada de un inédito lenguaje de programación en español, que se llamó “LEAL”. Todos estos hechos y muchos más en tan poco tiempo y por parte de gente tan joven tienen pocos o ningún referente en este mundo, en cualquier época pasada o presente.

También, algunos de los problemas teóricos que más tarde conducirían a cataclismos de revoluciones anteriores fueron presentidos en un novedoso Departamento de Filosofía que tenía su propia revista, culta, joven, revolucionaria, esencialmente admiradora de las esencias de Marx y Lenin. Los que estudiamos entonces los cursos obligatorios de ideas filosóficas en cualquier carrera solo vimos en las librerías a los manuales que habían digerido otros de los fundadores, a imagen y semejanza de un proceso deformador de las raíces. Nuestros textos, por el contrario, eran los documentos originales de los autores de la teoría revolucionaria. Y eso era una indicación de Fidel.

Para los testigos y modestos protagonistas de aquellos tiempos en la Universidad de La Habana, la que entonces “solo” tenía 240 años, esos fueron sus “años dorados” del siglo XX. Entonces estaba entera, con todas las disciplinas que hacen a una universidad y éramos estudiantes o jóvenes graduados dedicados a las ciencias, o a las tecnologías, o a las humanidades. Un joven, culto, audaz, visionario y admirado líder revolucionario usaba parte de sus noches de trabajo conversando con los estudiantes y profesores que habitaban entonces la Acrópolis de La Habana, aceptando la invitación del Alma Mater para escalar por la colina hasta ella y poder participar en la conversación con Fidel.

En estos tiempos que la madre cumple 290 años, los simples y hermosos vínculos que se establecían entonces entre los jóvenes creativos y los líderes pueden reeditarse mirando hacia los tres siglos. Eso sí, en esos nuevos vínculos no cabrían ataduras formales, ni lenguajes aburridos y ni estilos artificiales. Las mentes jóvenes y fisiológicamente revolucionarias siguen ahí, en la misma plaza, y con nuevos futuros que deberían estar en Cuba y también cargados de ilusiones tan o más cautivadoras que aquéllas de los años dorados.

Una universidad que se parezca a su tiempo (+ Video)

Se han publicado 8 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Jose R Oro dijo:

    Honrar honra! El Dr. Luis A. Montero Cabrera nos muestra tanto sus facetas cientificas como humanas, ambas ejemplares. Muvhas gracias por su importante escrito!

  • ManuelB dijo:

    Excelente escrito. Creo que la Universidad de la Habana es imposible de separar de la Historia de las Luchas y de la Revoluciòn Cubana que es una Sola,incluso de la cubanìa ; de la Soberanìa y la Independencia de la Isla. ESE COLOR DORADO QUE MÀS NUNCA SE HA OPACADO DESPUÉS DE 1962 ,TUVO MUCHOS MOMENTOS DE BRILLANTEZ A LO LARGO DE SUS 240 AÑOS. Sin que mi criterio sea algo antagònico a lo escrito por el Profesor Luis A. Montero Cabrera. Todos, cuando oímos hablar de la Universidad, pensamos en lo que se escribiò en este Artìculo. Es mi humilde Criterio

  • HECTOR Y EL HERMANO dijo:

    Excelente y oportuno articulo profesor, podría haber tenido por título, los años dorados de la revolución, porque realmente eso fue lo que sucedió, fue en todo el universo de nuestro pais el que sintió ese accionar inteligente y enérgico de Fidel, no solo la universidad, esos años dorados con un Fidel no volverán, el liderazgo de Fidel es nuestro tesoro, nuestra generación, y algunas otras por venir no lo verán imitado, es algo lógico, se trata de un ser, como diría Silvio, de un ser de otra galaxia. No se trata de un simple estilo y/o métodos de dirección, es algo más complejo, es un liderazgo único.
    Sobre eso vengo insistiendo en la necesidad de institucionalizar nuestro proceso de dirección, a partir de las más alta dirección primero, con medidas organizativas y estructurales, aprovechando la experiencia que ya acumulamos en otros sectores en nuestro pais, que funcionando como un sistema, logre en gran medida desarrollarse, supliendo como sistema, lo que un hombre logro hacer con su liderazgo en todos los ámbitos de la vida de nuestro pais.
    La ciencia y la universidad debe completar su sistema de dirección participativa, que propicie, que facilite, de forma institucional, el encuentro y análisis sistémico con la más alta dirección del pais, en los temas más complejos y de futuro de nuestro desarrollo, se trata de potenciar ahora sin Fidel, el sistema que institucionalmente supla lo que logro hacer el comandante en jefe con su estilo y métodos de dirección, con su liderazgo. Creer que con cambio de persona podrá cumplir tal expectativa, es mucho riesgo, y hasta un posible grave error.
    Neceitamos mirar más las fortalezas en la organización de nuestras fuerzas vivas en el sistema de la ciencia, en su unidad, de forma que facilite su protagonismo en el accionar de dirección del pais en general, así como de la universidad y de la ciencia en particular. En otros comentarios he propuesto ideas al respecto.
    La universidad requiere adelantarse a su tiempo, a este tiempo tecnológico que estamos en empezando a vivir, donde la diferencia de protagonismo hoy en día se pones en el papel cada vez más auto didacta que seamos capaces de desarrollar y estimular en nuestro jóvenes, ahí está el ¨ABC¨ de la universidad en la era de internet, donde el joven en esa etapa pregrado universitaria pone su diferencia, por su auto preparación, que sabiamente debemos estimular, donde insistimos menos en al asistencia y menos en el debate, dos componentes que por naturaleza son contradictorios con la juventud talentosa, a los jóvenes debemos abrirle el horizonte sin límites, para que ellos nos sorprendan y expresen su potencialidad, mientras por otro lado hacemos más grande, más masivo e innovadora la etapa de posgrado, amarrando con nuevos vínculos y materias específicas a la universidad lo más talentoso de esos jóvenes. La universidad debe ser una fábrica de nuevos proyectos vinculados al desarrollo del pais, en el socialismo no podemos pretender que los grandes proyectos surjan en un garaje de una casa, la cuna natural de esas innovadoras ideas debe ser la universidad..

  • Eduardo Ortega dijo:

    Muy buen análisis del Profesor Montero. La idea expresada de que: “Las mentes jóvenes y fisiológicamente revolucionarias siguen ahí, en la misma plaza, y con nuevos futuros que deberían estar en Cuba y también cargados de ilusiones tan o más cautivadoras que aquéllas de los años dorados.”, tiene una importancia capital. Mucho tenemos que trabajar, con mucha dialéctica, con profundidad, sin esquematismos, con mucha participación del claustro y los estudiantes y el oído bien pegado para promover, escuchar y tomar en consideración las opiniones de los jóvenes estudiantes y de los profesores jóvenes o de más experiencia; entonces estaremos en condiciones de acercarnos a lograr lo que expresan las palabras finales de este excelente artículo. SALUDOS!

  • Néstor del Prado Arza dijo:

    Concuerdo con Montero que fueron años dorados de la vida universitaria, no solo en la UH, sino también en la UCLV, la UO y el incipiente Centro Universitario de Camagüey. En el caso de la Universidad de La Habana es justo el reconocimiento a José Miguel Miyar Barruecos, un inteligente y carismático rector que supo interpretar, enriquecer y aplicar las ideas de Fidel en el proceso de universalización de la Universidad. A quienes la vida nos deparó tomar caminos alejados de la vida cotidiana universitaria, solemos subir la escalinata, llegar a la colina universitaria, sentarnos en un banco, conversar con conocidos y también con desconocidos; para de esa manera llenar corazón y cerebro de esa fuente nutricia, que efectivamente replican felicidad y renuevan la fe revolucionaria.

  • Pioneer dijo:

    La revolución nos liberó de la dictadura odiosa de Batista, por un sinfín de condiciones la dirección del país se sostuvo sobre una juventud con muchas ganas, con ideales sublimes pero sin la preparación necesaria la cual tuvieron que intentar alcanzar en medio del camino, los sistemas funcionan por la sincronización de sus partes , este empeño en Cuba se lograba por el carisma y sistemas diversos que imponía el líder, no obstante desde 1975 se trató a mi entender infructuosamente se institucionalizar el país, muchos factores económicos llenaron de “urgencias” el devenir del proceso , la formación acelerada de profesionales de diversas ramas , movilizaciones gigantescas para destinos económicos imprescindibles para dar respuesta a la superestructura que se construía aceleradamente, cuando parecía que se alcanzaban niveles loables de producción aunque fuera a expensas de convenios ventajosos con el ex campo socialista viene la debacle de 1989 y nos sume de nuevo en un mal de urgencias que desintegraron el sistema institucional del país y volvimos a las formaciones aceleradas a las concesiones organizativas por pura supervivencia y no por convicciones , hoy somos el resultado de todas y cada una de las decisiones que hemos tomado solo que cuando el liderazgo no está precisamos entonces las instituciones que las urgencias nos menguaron o en muchos casos cercenaron , tenemos una población que no reconoce a las instituciones como la respuesta a sus necesidades, aun se espera de los lideres la respuesta mágica al problema acuciante y esa mentalidad ha dado al traste con la participación activa de cada estructura y cada nivel en la solución de los problemas que le compete , en otras palabras las estructuras basales e intermedias se convirtieron con el paso de los años en meros traductores del discurso central y cuando hay dudas prima la inercia y la frigidez ante el movimiento propio creativo, eso a todos los niveles en todas las estructuras y en todos los segmentos no solo en el educacional y no solo en la universidad, cierto es que este ultimo que es del que trata el artículo es muy importante, se trata de los cerebros del futuro que tendrán por obligación que revertir este desasosiego, es el precio a pagar por el punto donde estamos para algunos muy “dificultoso” , para otros “un desafío una oportunidad” , para la mayoría la duda en como enfrentar el futuro y de donde vendrán ahora las decisiones y si serán acertadas o no, se impone el hecho de que tenemos que enamorar a esos cerebros que se siguen reuniendo en las plazas de las múltiples universidades del país no solo del alama mater, tenemos que avizorar, explicar y creer para hacer creer en el futuro sin ideologizaciones vacías , sin consignas agotadas conceptualmente, no será con elucubraciones ascéticas y asépticas que se consiga crear un ideario futuro social que comprometa a las generaciones que están liderando ahora el ímpetu social ,estas como aquellas, también tienen sueños y sin duda no son iguales y también sin duda serán mejores , todo tiempo futuro es mejor que el pasado , los padres no pueden decirle a los hijos cono deben hacer sus cosas porque sencillamente solo lograran que su deseo (que sus hijos vivan su vida o la que quisieron vivir) se convierta en el parangón de lo odiado de su prole, la libertad es inherente al ser humano y no habrá fuerza en el mundo que la limite eternamente, en el mejor de los casos va más lejos cuando más fisiológicamente se obtiene, sin duda Cuba tuvo pasado lejano y reciente llenos de glorias y sinsabores , con muchísimos protagonistas y tiene presente, también con muchos protagonistas y tendrá futuro que también tendrá sus figuras, es un egocentrismo creer que somos capaces de domar el ímpeto social de las nuevas generaciones y creérnoslo es quizás cavar la tumba de la patria.

  • Andrés dijo:

    Excelente escrito Dr. Montero. Es ese el espíritu que se necesita. Mi padre estudió durante esa época también y me cuenta cosas muy parecidas.

  • Carlos Rodríguez dijo:

    Excelente artículo del Luis Montero. Debe recordarse que la Universidad jugó un papel muy destacado en la lucha contra la Dictadura de Batista y en la defensa de la Revolución contra las agresiones militares durante los primeros años. A esos estudiantes que formaron las primeras milicias, que se movilizaban a la zafra o a cualquier otra tarea de la Revolución, Fidel les pedía ahora participar activamente en la transformación revolucionaria del país desde la Ciencia y la Tecnología. Y esa participación, él lo sabía, era la clave para su formación como los cuadros que la Revolución necesitaba.

Se han publicado 8 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Luis A. Montero Cabrera

Luis A. Montero Cabrera

“Es Doctor en Ciencias. Preside el Consejo Científico de la Universidad de La Habana. Miembro de mérito y coordinador de ciencias naturales y exactas de la Academia de Ciencias de Cuba.”

Vea también