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La discografía cubana exige una solución integral

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Van van, “La fantasía”.

Van van, “La fantasía”.

Si el disco cubano es una realidad, no puede decirse lo mismo de la industria fonográfica y mucho menos de la existencia de un mercado para la circulación de esas producciones.

El disco no es un lujo, sino una necesidad. La grabación de la música es la única garantía de que la creación sonora, en su más completa realización, trascienda. Cierto que las partituras representan una primera instancia de plasmación del pensamiento del creador. Pero es mediante la grabación de esas partituras que un hecho artístico que transcurre en un plazo temporal determinado queda fijado para la posteridad como ocurre cuando un pintor lleva una imagen al lienzo o un escritor su novela al papel.

Por no hablar de cómo muchas expresiones musicales se improvisan y por tanto escapan de los límites del pentagrama, y solo pasan de ser sucesos irrepetibles a logros permanentes gracias a la grabación, bien sea en un estudio o una presentación pública.

Lo que digo está lejos de ser una disquisición teórica. Si sabemos cómo sonaban los Matamoros y Sindo, Arcaño y Arsenio, o cómo cantaban el Benny, Rita y Bola, es porque existe el disco.

Cuando me refiero al disco, asumo sus diversos soportes: desde la placa de vinilo hasta las actuales plataformas vinculadas a la era digital, incluyendo el registro audiovisual.

En medio de carencias materiales y financieras, las casas discográficas cubanas no dejan de grabar. Y no dejarán de hacerlo. Aun cuando la demanda supera la capacidad, por lo que se impone un más riguroso trabajo en el área que atiende la relación entre artistas y repertorios, cada nuevo fonograma constituye un documento único, un testimonio histórico. Esos contenidos, los de ayer, los de ahora mismo, los de mañana, se nos revelan como piezas de una trama patrimonial para nada intangible.

Pero si no se escucha el disco, si no llega a los auditorios, si no circula, poco se habrá hecho. Se me dirá que las grabaciones se transmiten en programas de radio, que los conciertos audiovisuales y videoclips nutren la programación televisiva, que unas y otros se hallan muchas veces disponibles en canales digitales de acceso libre y hasta es posible que alguien enumere unas cuantas vías más de circulación social de las producciones fonográficas.

No olvidemos, sin embargo, que la audición o visualización de un fonograma es un acto de libre elección ni que el fonograma y la tecnología para su reproducción forman una unidad indivisible. Sin los medios de reproducción disponibles y accesibles a escala doméstica, la música pierde valor. Como tampoco sin el disco que soporta la grabación. Fabricamos muy limitadas cantidades de discos para un mercado también limitado y donde las reproductoras en el mercado tienen el tratamiento de los artículos suntuarios.

Prueba al canto, la circulación de los fonogramas premiados y nominados en los más recientes Cubadisco. Apenas se conocen, a duras penas se escuchan.

Por si fuera poco, convivimos con la perniciosa e irrefrenable práctica de la piratería, que entre nosotros ya es endémica, asunto al que debemos prestar atención de una manera seria y responsable.

Pienso ha llegado el momento en que una política pública abra la senda para la potenciación integral de la fonografía nacional. Contamos con estructuras generadoras y proveedoras de valiosísimos contenidos, contamos con un patrimonio de primera magnitud y un talento artístico que muchos quisieran tener. Lo que se necesita es integrar esfuerzos, concebir estrategias y dar vida a un programa que ponga al disco cubano a la altura de lo que representa.

40 años de música, de José Maria Vitier.

“40 años de música”, de José Maria Vitier.

Se han publicado 6 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Pavel Milanes (CO7WT) dijo:

    CITA: “Por si fuera poco, convivimos con la perniciosa e irrefrenable práctica de la piratería, que entre nosotros ya es endémica, asunto al que debemos prestar atención de una manera seria y responsable.”

    Eso digo yo, imagina que el propio estado patrocina una categoría de trabajador por cuenta propia llamado algo como “Vendedor de CD/DVD”…

    Y de donde cree el estado que sale el contenido de estos CD/DVD? (que en realidad se dedican mayormente de distribuir el pakete)

    Por lo que se puede asumir que el estado patrocina la piratería de contenidos audiovisuales
    digitales…

    Como dice Taladrid en pasaje a lo desconocido…. Saque usted sus propias conclusiones…

    73 de Pavel.

    • Valeri DG dijo:

      Touché!

  • MONCADA dijo:

    NO ES POR NADA – PERO USTED HA PARAFRASEADO AL MAESTRO LEO BROWER – MARQUE LAS CITAS CORRESPONDIENTES

  • Reyes dijo:

    Muy buen enfoque del problema creo es necesario ya

  • ARJ dijo:

    Cuando yo estudiaba en la antigua URSS con mucho esfuerzo y algo de trabajo extra en vacaciones usted podia comprarse un tocadisco, melomano al fin, todos los meses despues del cobro salia a buscar los discos (vinilo), con suerte y presupuesto compraba al menos 1, llegue a tener mas de 50. Tambien mis compañeros de estudio llevaban los suyos ( los que podian) y alli pude escuchar los discos completos de Van Van, Aragon y el Beny, entre otros, la musica de la Aragon era la que mas me gustaba. Oir un disco de vinilo tenia su ritual, usted se sentaba delante del tocadisco, comenzaba a buscar el de su preferencia, lo sacaba de la caratula, lo limpiaba de alguna particula de polvo, lo colocaba en el plato, leia en la caratula las canciones, ponia la pista que le gustaba, o lo ponia desde el inicio. A donde quiero llegar con este relato: simple, usted podia comprar el tocadisco, y los discos. Cuando termine los estudios año 1988 comienzo a trabajar, ingeniero en adiestramiento = a 198 pesos, con el de mi esposa = 396 pesos. Con esa cantidad de $$$, podia tambien buscar en las tiendas los discos de vinilo, pero ademas en ese tiempo tambien se vendieron al contado o con credito tocadiscos rusos; pero ademas con ese salario podia ir a Sears (actual palacio de computacion) y comprar todos los meses unas cuantas cosas, bebidas, comidas, aseo, dulces, etc, etc, pero ademas podiamos ir al menos una vez al mes a un restaurand de la habana vieja, a nosotros nos gustaba la Zaragozana; pero ademas podia ir de vacaciones a ver a nuestra familia en Bayamo y Manzanillo y podiamos de una semana al menos 3 o 4 dias estar en los hoteles. En el año 1990 se acabo todo eso!!!!!!…..Ahhh, los discos los tuve que vender para sobrevivir. Hoy por hoy sigo sin poder comprar un CD, mucho menos un equipo de musica que pierden la garantia y se añejan en los estantes de nuestras tiendas llenos de polvo. Entonces, SI, estimado Pedro de la Hoz y demas foristas, la industria del disco y nuestra economia necesita, y todas nuestras familias piden a gritos una solucion integral……

  • aobb dijo:

    Pavel Milanes (CO7WT) “Eso digo yo, imagina que el propio estado patrocina una categoría de trabajador por cuenta propia llamado algo como “Vendedor de CD/DVD”…”

    Y ellos pagan una licencia como cualquier otro TCP, creo que debiera preocuparse mas por los que intentan acaparar las mercancias que entran en las tiendas y las revenden , esos que sin licencia alguna lo que hacen es hacerle daño al pueblo y al esfuerzo del gobierno,, vease el caso de los materiales de construccion, ademas si va a hablar de pirateria apuesto a que usted ha escrito su comentario desde una maquina con sistema operativo Windows, usted paga alguna licencia al monopolio Microsoft?,

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Pedro de la Hoz

Pedro de la Hoz

Periodista cubano, jefe de la página cultural del diario Granma.

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