Elogio del pelotero cubano
Sé que estas palabras se moverán a contracorriente, que el consenso que existe no respalda mi fe. Pero los consensos no son verdades, se construyen. A veces, expresan realidades; a veces, las producen. Un lento y arduo proceso de construcción ha convencido a muchos de la superioridad del profesionalismo (que no es igual a profesionalidad) en el deporte, sobre el ya casi extinto ideal del amateurismo. Y ese convencimiento –sobre el que pesan mitos, argumentos y deserciones bien remuneradas: toda una estrategia de imposición persuasiva–, ha disminuido nuestra autoestima en el deporte nacional. El más reciente Clásico Mundial –no por la ubicación conseguida en él, sino por las sucesivas derrotas que sufrió nuestro equipo en la segunda etapa, la última por nocaut– ha sido, para decirlo en términos beisboleros, el puntillazo. Algunos han dicho, supongo que sin alegría, «al fin podemos apreciar el nivel real del béisbol cubano».
No estoy de acuerdo con esa frase. Mi posición no pretende que se ignoren deficiencias y carencias actuales –organizativas, técnicas, incluso conceptuales– que sin duda afectan a nuestro deporte nacional, desde sus bases hasta el nivel superior. Durante décadas sostuvimos una Serie Nacional de alta calidad, a pesar de que el número de equipos y peloteros involucrados no se correspondía con la cantidad de habitantes en el país; en realidad, tampoco se «corresponde» la cantidad de médicos, de científicos o de bailarines clásicos, para solo citar tres ejemplos, pero de eso se trata cuando se habla de Revolución. Ello no significa que hoy, ante circunstancias nuevas, no podamos reestructurar la Serie y disminuir la cantidad de equipos contendientes –aunque esa no es la solución real–, para mantener la calidad.
Pero sobre estos y muchos otros temas, ya se ha escrito.
Quiero exponer mis criterios personales sobre aquellos tópicos que sobrepasan lo estrictamente deportivo, y que sin embargo lo condicionan. Porque la derrota transitoria del sistema deportivo socialista –que el atleta de alto rendimiento sea un profesional no significa que aceptemos gustosamente las reglas del profesionalismo; el socialismo no puede prescindir del mercado, pero se opone por esencia al mercantilismo en el arte y en el deporte–, es una de las consecuencias naturales de la derrota transitoria del ideal socialista. Dejaron de existir los escenarios internacionales de prestigio para el deporte amateur, y la guerra en torno al deporte cubano, y al béisbol –que es parte de la identidad nacional, de la autoestima que la Revolución sembró en el pueblo–, se intensifica.
2
La desaparición del llamado «sistema socialista» tuvo un efecto económico devastador en el país, y sin dudas, también, en el deporte cubano. Sin embargo, ninguno de los tres primeros Clásicos logró demostrar la inferioridad del béisbol nacional. Recuerdo que en días previos al I Clásico, los medios contrarrevolucionarios auguraban la más rotunda derrota de Cuba y la politizaban. En una publicación en Internet que supuestamente abogaba por el reencuentro entre cubanos, se afirmaba:
«El Clásico Mundial de Béisbol (CMB) dará la posibilidad, de una vez y por todas, de comprobar cuál es el nivel real del béisbol cubano. […] Alejada del mejor béisbol del mundo por casi cinco décadas, Cuba competirá con una presión adicional. El equipo de la Isla no puede darse el lujo de una derrota aparatosa, pues se derrumbaría toda la propaganda montada durante tantos años. El béisbol ha sido el principal baluarte de una política propagandística dirigida a demostrar la superioridad del sistema deportivo cubano […].»
Algún comentarista llegó a decir que si Cuba no llegaba a la discusión de la medalla de oro, se evidenciaría «el fracaso del sistema deportivo revolucionario». Era tal el deseo de que el equipo cubano naufragara, que ese mismo medio, en un editorial de la redacción, estalló de alegría cuando caímos en el primer juego frente a Puerto Rico –con marcador similar a la reciente derrota frente a Holanda, por cierto–, y se apresuró en la organización del entierro:
«El marcador, 12 x 2, refleja la derrota más abultada del equipo cubano desde que el régimen de Fidel Castro decidiera darle la espalda al mundo profesional del béisbol. (…) Fuera de la burbuja propagandística del castrismo, el equipo nacional se vio desamparado y sin respuesta ante una novena que le arrolló en todos los ámbitos del juego. Tras más de cuatro décadas de politización de la vida cubana en general, y en especial del deporte y del béisbol, se hace muy difícil para los aficionados obviar tras el partido un enfoque desde esta perspectiva. Y lo que acaba de pasar, impensable en un año como 1959, dice mucho de la situación actual del país».
¿Quién politiza qué? El mercado politiza todo lo que toca, a favor del capitalismo por supuesto. La verdadera despolitización del deporte es su no mercantilización. No se trata de una discusión técnica o de preferencias organizativas; la sola posibilidad de que un país pobre, con políticas masivas y gratuitas de atención al deporte y a la educación física pueda producir peloteros del nivel de aquellos que devengan millones en un negocio extraordinariamente lucrativo, es inadmisible para los que ostentan el poder global. Una periodista de origen cubano escribía el 27 de marzo del 2006 en El Nuevo Herald, al finalizar el I Clásico:
«Aunque puse cara de póker durante las dos semanas que duró el torneo, hacia el final, en vísperas del juego definitivo entre Japón y Cuba, me hicieron la pregunta inevitable: ¿quién quieres que gane? Y les contesté la respuesta, para mí, inevitable: en todos y cada uno de los partidos he deseado fervientemente que Cuba perdiera».
Sin embargo, cuando se obtuvo el subcampeonato frente a Japón, ningún medio, ni siquiera los nuestros –hay que confesar que, acostumbrados a ganar, nos sentimos insatisfechos con ese segundo lugar– invirtió los términos de la apuesta y exclamó: ¡Cuba ha demostrado tener un sistema deportivo superior! Ninguno de los tres primeros Clásicos, por otra parte, reivindicó la real calidad del equipo estadounidense, pero la prensa de aquel país no habló de crisis (no tenía por qué) en el béisbol de los Estados Unidos.
Durante el II Clásico, los vaticinios de la contra fueron más cautelosos. Entonces empezó el largo recuento de las glorias deportivas que tuvo Cuba antes de 1959, para fijar la idea de que los triunfos en la pelota nada debían a la Revolución. Es algo que se repite, el deseo genuino por rescatar la historia acaba siendo manipulado: hubo cine antes de 1959, pero la Revolución unió arte e industria y desarrolló lo impensable, un cine nacional; hubo una Alicia Alonso antes de 1959, pero la Escuela Cubana de Ballet es hija de la Revolución; hubo médicos brillantes en las primeras décadas del siglo XX, pero nunca antes el país alcanzó cifras tan bajas de mortalidad infantil ni soñó con tener el más alto índice de médicos por habitante del planeta, entre otros ejemplos. Quiero citar las palabras de un reconocido estudioso del béisbol cubano, el estadounidense Peter C. Bjarkman, coautor de los libros Smoke: the romance and lore of cuban baseball (1999) y A History of Cuban Baseball, 1864-2007 (2da. edición, 2014), en una entrevista concedida al bloguero Reynaldo Cruz:
«La Era Dorada del Béisbol [en Cuba] está en las últimas décadas y no con la limitada liga invernal profesional de La Habana en la primera mitad del siglo XX. ¿Por qué? (…) Uno no podía imaginar a las principales estrellas cubanas en los años 50 compitiendo contra los mejores de las Grandes Ligas como lo hicieron Cepeda, Paret y compañía en el primer Clásico en el 2006. Incluso con las trabas políticas, Cuba envió más nuevos jugadores a las Grandes Ligas (nueve) este año [2014] que en cualquier temporada precedente en la historia. Los peloteros cubanos (y por tanto el béisbol cubano como un todo) son mucho, mucho mejores en las dos últimas décadas que antes de 1960. También la Cuba posrevolucionaria tiene ahora una liga verdaderamente a escala nacional, mientras el béisbol profesional en la Isla antes de Fidel estaba mayormente restringido a solo cuatro equipos en la ciudad de La Habana (y más de la mitad de los jugadores en esa vieja liga invernal eran realmente norteamericanos y no cubanos de nacimiento)».
Es curioso que Bjarkman sostenga su polémico criterio –llega a decir: «Creo que los jugadores en Cuba durante los últimos diez años son los mejores»– sobre la base del exitoso comportamiento de los peloteros cubanos contra sus similares de Grandes Ligas, en sus encuentros correspondientes al Clásico y en sus inserciones posteriores en ese circuito profesional, ya que ese es el patrón de medida impuesto, y subestime a las figuras de las décadas del 70, 80 y 90.
Lo cierto es que más allá de hasta dónde avanzaron los equipos nacionales en los primeros tres Clásicos –en cada uno de ellos, la escuadra nacional era «evaluada» como inferior a sus rivales de la Gran Carpa e incluso, de otras ligas profesionales, aunque se le exigía el triunfo inobjetable, lo que creaba en sus integrantes un estado sicológico adverso que se unía al acoso político y de los cazatalentos–, la presencia cubana dejó una huella positiva. De hecho, muchos de los integrantes del equipo nacional que desertaron y se incorporaron al circuito de Grandes Ligas, brillaron también en sus filas –y hubo quienes no desertaron (los Lazo, Cepeda, Vera, Despaigne, etc.) y eran superiores a muchos de los que tuvieron éxito en aquella «otra pelota»–, lo que desmiente la aseveración de que no eran peloteros de ese nivel.
Previo al IV Clásico, un sitio anticubano, sabedor de que la mayoría de nuestros representantes en las primeras ediciones ya jugaban en otros países, difundió algunas estadísticas sorprendentes: el bateador de mejores números y el pitcher de mejor desempeño en la historia de esos eventos, pertenecían al vilipendiado equipo Cuba. Del primero, Frederich Cepeda –que prefirió vivir y jugar en Cuba–, decía: «entre los 541 bateadores que se han parado en el plato desde el 2006, lidera categorías tan importantes como las de carreras anotadas (17), hits (31), extra bases (15), dobles (8), jonrones (6) y empujadas (23)», y añadía: «En las primeras tres ediciones, Cuba ha dejado los mejores dividendos en promedio (único equipo que compila para 310, con 30 jonrones y 69 extra bases)».
3
Un artículo publicado el 19 de octubre del 2016 en El Nuevo Herald era titulado con cínica satisfacción: El béisbol se hunde en Cuba, pero sus peloteros brillan en las Grandes Ligas. Es poco serio discutir sobre la real o supuesta merma de calidad en las Series Nacionales y en los equipos cubanos, si no mencionamos el continuado desangramiento que producen las deserciones (el robo) de peloteros consagrados y de talentos en desarrollo. Tampoco es posible ignorar las consecuencias de la debacle económica de los años noventa. La pregunta es: ¿funcionaba o no el sistema deportivo revolucionario?, ¿producía o no peloteros y equipos de primer nivel mundial?, ¿era o no una inobjetable conquista el quinto lugar que alcanzamos en las Olimpiadas de Barcelona? La respuestas a estas preguntas son vitales, porque la intención de nuestros adversarios históricos es pasarle la factura al socialismo del «estado actual» del deporte cubano. Con los peloteros que abandonaron el país y hoy son estrellas en diferentes organizaciones del béisbol profesional –me refiero a los formados por el sistema cubano, algunos de ellos, exmiembros de nuestro equipo nacional, por mucho que quiera atribuírsele a los compradores el haber limado posibles deficiencias– podrían confeccionarse varios equipos de nivel mundial.
Lo que nadie dice es que el bloqueo estadounidense obliga a los peloteros cubanos que se insertan en Grandes Ligas a vivir fuera de la Isla, y los estimula a hacerse pasar por opositores al sistema (aunque no todos acepten ese papel).
Tampoco suele mencionarse un elemento moral que atañe a quienes deciden, incluso en esas condiciones, abandonar el país y el equipo nacional –en la sociedad que queremos construir, el mercado tiene que ser confrontado por la moral–: esos peloteros aceptan la oferta de un sistema que intenta desangrar a su Patria, porque quieren alcanzar una gloria personal, material o deportiva, que no puede esperar –el tiempo deportivo es corto– a un contrato digno. El monto del dinero recibido no los dispensa de la indignidad.
Mi punto es este: aún cuando ese dinero que la MLB desembolsa –haciéndose cómplice de la trata de personas– tenga en parte motivaciones políticas, también pone de manifiesto la calidad de los peloteros cubanos. Los estadounidenses saben unir política (o más certeramente, guerra) y negocios. Calidad que se extiende a los cubanos que ahora integran equipos españoles, mexicanos, boricuas, venezolanos y asiáticos, exjugadores de series nacionales que nunca clasificaron o sí, para el equipo del país. Entonces, ¿cómo es que, a pesar de esa continua sangría, el equipo Cuba –sin un solo pelotero no nacido en su territorio, sin uno solo proveniente de las Grandes Ligas, sin un solo integrante formado en otra escuela que no sea la propia– logra recomponerse año tras año? Más aún, ¿por qué se habla de crisis de la pelota cubana, si cada año la escuela nacional aporta, de la peor manera, nuevas estrellas o prospectos a la Gran Carpa? ¿Por qué no se habla de crisis en la pelota caribeña, si sus series nacionales son cada vez más breves y con menos equipos, y en ella son indispensables los talentos extranjeros?
Hay que cambiar dinámicas en el béisbol nacional, empezar otra vez, cuesta arriba, con los más noveles, con los que no nos abandonaron –la guerra en torno a los símbolos nacionales, incluye a la pelota–, pero para eso todos tenemos que cambiar, incluso nosotros, los aficionados. Si perdemos la autoestima como afición, si dejamos de creer en los que salen al terreno a entregarnos lo mejor de sí, si el lugar de prestigio deja de ser el Latinoamericano, el Guillermón Moncada, el Sandino o el Capitán San Luis y pasa a ser el Yankee Stadium, los peloteros jóvenes no tendrán opción. En este sentido, Alfredo Despaigne hace un invaluable aporte: ha transitado por los mecanismos que la Comisión Nacional ha abierto en Japón y cada dólar suyo –salud, educación para los hijos, casa propia– se triplica para su provecho en Cuba. Vive y disfruta su Patria, y al dinero que gana une el amor, la veneración de su pueblo.
Sí, el mundo ha cambiado. Hay que adaptarse a las nuevas condiciones. Eso no significa que dejemos a un lado los principios del amateurismo. El mundo ha cambiado, pero nosotros no hemos renunciado a construir una sociedad socialista. El retorno de Cuba a los escenarios del profesionalismo, que ya son todos, no es una victoria. Es una derrota la conversión de las Olimpiadas en bazares inescrupulosos, en los que todo se vende, se publicita y se compra. Es una derrota –que la Humanidad subsanará algún día– la desaparición del espíritu amateur en el mundo. Escuché apostillar a un comentarista que alababa el regreso de Cuba a la Serie del Caribe que de ella «nunca debimos haber salido», y a otro que enfatizaba que de aquel evento nunca quisimos irnos, sino que nos echaron: no, queridos lectores, abandonamos con toda lucidez la senda del profesionalismo (probablemente nos echaron, pero igual ya nos íbamos), y esa fue una decisión sabia –«el triunfo de la pelota libre sobre la esclava», en palabras de Fidel– que hoy, con pesar, no podemos mantener. Lo que a partir de entonces denominamos amateurismo fue el esfuerzo del socialismo histórico por rescatar el deporte de las trampas del mercantilismo.
Nuestros peloteros, claro que son profesionales, eso lo he dicho en otras ocasiones, y deben ser remunerados en correspondencia con su rendimiento –el país necesita extirpar los falsos y dañinos igualitarismos–, pero siempre han jugado con espíritu amateur, y eso nos hace superiores. Conservar ese espíritu, en las aguas turbulentas del profesionalismo, es un reto que debe afrontar el deporte cubano. Aprendamos de los otros sin disminuirnos, sin que la descripción de un juego se convierta en el catálogo de los aciertos del contrario y el azote y la desconfianza evidente en la fuerza de los propios. Revisemos y reparemos las deficiencias, con la convicción de que el béisbol cubano no es inferior al de nuestros vecinos. Nadie duda de que en las Grandes Ligas, donde se reúne el talento mundial usurpado a fuerza de dinero, se juega un béisbol de alta calidad. Pero ellos, sus promotores, no dudan de que en una pequeña isla del Caribe, sin dinero, con la voluntad política de un Estado revolucionario, se producen peloteros espectaculares. ¿Lo dudamos nosotros?
(Tomado de Granma)
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Saludos Enrique, soy seguidor de sus artículos y me gustaría comentar algo. Soy Camagueyano y quiero que me responda hasta cuando exixtirán las famosas " piñitas" en el baseball cubano. Por eso estamos como estamos y vamos para atrás como el cangrejo. Aplastamos el talento y ponemos personas a dirigir que favorecen estas actitudes. Esto fue publicado en el periódico Adelante de Camaguey. Cuál es su criterio?
¿MALA SUERTE O INJUSTICIA?
En la actualidad, Leonel Segura es el mejor jugador joven de Camagüey. Sus méritos trascienden el terreno de béisbol. Foto: Otilio Rivero Delgado/ AdelanteNuevamente Leonel Segura quedó fuera de los “radares” de la Comisión Nacional, por motivos no muy claros para cualquier seguidor del pasatiempo nacional. Al margen de especulaciones, lo único cierto es que el capitán de los Toros ha ido evolucionando –año tras año– hasta convertirse en uno de los atletas más completos de la armada lugareña. Tampoco a nivel de país resulta fácil menospreciar sus desempeños, tanto en la serie de primera categoría como en la organizada para menores de 23 años.
Pero entre los encargados de conducir el pasatiempo nacional no parece que su estrella tenga el brillo suficiente como para ser tenida en cuenta. Luego de cuatro temporadas jugando en la primera categoría, Segura se mantiene como un excelente pelotero camagüeyano... que algunos insisten en no ver.
UNA VIDA EN NÚMEROS
Series Nac. Ave OBP Slug. C-CI VB SO-BB Def. TL-E
53 .167 .167 .167 0-0 109 2-0 1000 12-0
54 .283 .353 .326 4-4 46 9-4 .951 61-3
55 .339 .438 .404 6-10 109 17-18 1000 265-0
56 .373
(.263) .435
(.326) .494
(.350) 32-19
(10-9) 166
(80) 17-19
(14-8) .990
(.982) 406-4
(220-4)
• En la Serie 56, entre paréntesis, sus estadísticas de la segunda fase.
Ave OBP Slug. C-CI VB SO-BB Def. TL-E
4ª Serie Sub-23 .394 .460 .586 15-13 99 11-12 .993 277-2
• Líder en dobles (10), outs (256) y tiros en lance (277),; colíder en hits (39); segundo en total de bases (58), tercero en average, slugging y entradas jugadas (238.0); cuarto en doble plays (24).
________________________________________
Apoyo 100% los criterios del autor Enrique Ubieta.
Digo NO al profesionalismo en Nuestro Deporte Revolucionario.
Digo NO a la venta de nuestros atletas como mercancías del mercado.
Digo NO a la entrega de nuestros atletas a la propiedad de los clubes capitalistas.
el articulo no me parece objetivo...se queda en concepciones de los años 80, ademasq sigue tratando diferente a los mismos cubanos..el bloqueo es solo una parte infima del problema..en el articulo no menciona la diferencia de trato por la prensa cubana entre 2 amigos, Cespedes y Despaigne..a Cespedes le hubiese encantado ser campeon con Granma tambien. Recuerden q si Messi no hubiese "abandonado" su patria a los 12 años no seria el gran deportista q es...entonces pq cespedes es un traidor?? ese es el gran problema...q los periodistas ven a los dominicanos como suyos y a los cubanos como traidores..pregunta seria: cual es la diferencia entre Despaigne y Cespedes??
el articulo no me parece objetivo...se queda en concepciones de los años 80, ademas q sigue tratando diferente a los mismos cubanos..el bloqueo es solo una parte infima del problema..en el articulo no menciona la diferencia de trato por la prensa cubana entre 2 amigos, Cespedes y Despaigne..a Cespedes le hubiese encantado ser campeon con Granma tambien. Recuerden q si Messi no hubiese "abandonado" su patria a los 12 años no seria el gran deportista q es...entonces pq cespedes es un traidor?? ese es el gran problema...q los periodistas ven a los dominicanos como suyos y a los cubanos como traidores..pregunta seria: cual es la diferencia entre Despaigne y Cespedes??
Muy buen articulo. A mi modo de ver muy aterrizado. Pero yo agregaria algo. No veo que el Beisbol Cubano tenga la crisis tan grande como se dice. Fíjese si es así que luego del Clásico se actualizó el Ranking mundial y estamos en el lugar 8. Para que tengan una idea, en el Futbol que muchos adoran estamos en el lugar ¡¡ ...163 ... !! de casi docientos paises. ¿Que me dicen? ¿Que deporte está en crisis?. Lo que claro CUBA NO HA DEJADO DE PRODUCIR TALENTOS EN EL BEISBOL PERO TENEMOS UN SALIDERO QUE TODOS CONOCEMOS. Se imaginan si no se hubiera ido Pitty Abreu, Chaptman, Guerrero, Heredia(296 Ave 2017), José Miguel Fernandez, Puit, Cespedes, Rudney Castillo, Kendrys morales, Yasmany Tomás(7 HR 2017), Yunel Escobar, Leonys Martín, Yadiel Hernandez, etc, etc, etc en fin tuvieramos un tanque ¿Quien lo niega???. Saludos
Cubano al fin sería bueno comentar cuanto tiempo fue Cuba el primero del Rankin y cuánto hizo falta para caer al 8. Es como decir que Cepeda es el mejor bateador de los cuatro clásicos sin haberlo sido en ninguno en particular, lo que pasa es que entre los buenos peloteros y nadie duda que sea uno de los buenos, es probablemente el único que ha estado en los cuatro. No es justo eso de las verdades a medias.
Muy bien profesor Enrique...cambian las reglas del juego pero no las esencias que debemos tener como cubanos y cubanas...la utoestima nunca la hemos perdido ni en las peores condiciones, no será ahora que nos la arranquen.
En otro comentario sobre este tema del profesionalismo en específico en el béisbol se refiere al espectáculo deportivo como tal. Últimamente hemos visto lo que se hace alrededor de cada presentación de los domadores en sus enfrentamientos de la serie mundial de boxeo. Aunque se pueda pensar lo contrario el deporte no es una prioridad de nuestra economía, por eso se juegan los partidos de día, los estadios principales del país carecen de comodidades tanto para atletas como para aficionados. Para que el espectáculo del béisbol sea atractivo y acudan a los estadios los aficionados no basta con poner a VM32 como director de Industriales, hay que hacer inversiones en las instalaciones. De donde saldrían los fondos necesarios cuando el precio de la entrada es el de una tacita de café y del malo. En las transmisiones de la SC primero y del CMB después, pudimos ver algunos de esos estadios, que tienen condiciones con las que sólo podemos soñar. En Cuba no obstante tenemos que oír algunos que se desgastan hablando de ventas de gorras, camisas, pullovers y otras cosas en los estadios, yo quisiera saber si nuestros comentaristas entran al Latino por donde lo hace el público a través de una oscura y húmeda rampa en la que sólo te encuentras un par de mostradores semidesbaratados donde puedes comprar un vetusto pan con algo o un refresquito aguado. Sucede que de acuerdo con las concepciones de muchos los que van al estadio van a ver la pelota que importancia puede tener que la instalación esté iluminada y limpia, que cuente con espacios para hacer compras, para exhibiciones, wi-fi, espacios para que niños y jóvenes, por ejemplo hagan lanzamientos de pelotas donde se mida la velocidad, o baten contra un máquina. Pero quien va a pagar para crear tales cosas, para hacerlas con calidad y mantenerlas por siempre. Alguien va a pensar enseguida que como se le puede ocurrir a alguien pensar en tales cosas con el país sufriendo el más grande bloqueo de la historia, yo le pregunto si eso se haría en una época post bloqueo, no me parece porque las prioridades del país seguirían siendo las mismas, los ingresos del estado se seguirán dirigiendo a los sectores más estratégicos y este no será uno de ellos. En ninguno de los países donde se encuentran esas instalaciones deportivas de elevadísimo nivel que vemos por la televisión, el gobierno se ocupa de su estado, esas instalaciones tienen ingresos y con esos se mantienen. Claro para tener ingresos la gente tiene que ir y para que lo gente vaya tiene que sentirse atraída y no es el cuento del huevo y la gallina. Las ofertas tienen que venir primero, mejoras apreciables en la instalación, buenos espectáculos y buenos juegos de pelota atraerán cada vez más público y digo público porque no hay que querer llenar el estadio sólo de aficionados, el estadio se debe convertir en un centro cultural también, en definitiva sólo practican deporte en él los que están en el terreno las gradas las llena gente en busca de diversión. Ahora bien para que esto suceda el estadio tiene que funcionar como una empresa que pueda tener ingresos y pueda disponer de ellos para mantener sus dependencias incluidos los equipos. Pudiera ser esto realizado por una EES?, habría que ver, no son la mayoría las EES con la eficiencia que necesitaría una entidad cuyo objeto social no está en ningún sector de los que son considerados prioritarios y a demás con niveles altos de consumo energético y sólo para que la gente se divierta. Por lo pronto todo indica que los esfuerzos para que nuestro béisbol cambie seguirán marchando sólo dentro de los diamantes, buscando arreglar los problemas técnico-tácticos de nuestros peloteros, sin pensar en que las motivaciones que se necesitan deben ser repensadas con creatividad y mentes más abiertas para llevar a la práctica esa parte del concepto de revolución que tanto gusta citar y es cambiar todo lo que deba ser cambiado.
Con el mutuo acuerdo que se llevo a cabo entre la fcb y la mlb se incrementa también la calidad del béisbol cubano, ya que nuestros peloteros se entregaran más en el terreno de juego en busca de sus posibilidades. Estoy muy alegre d esa noticia.
Con el mutuo acuerdo que se llevo a cabo entre la fcb y la mlb se incrementa también la calidad del béisbol cubano, ya que nuestros peloteros se entregaran más en el terreno de juego en busca de sus posibilidades. Estoy muy alegre d esa noticia.
creo que debemos seguir los designios de nuestro Comandante en jefe cuando desde primera instancia se opuso al deporte rentado , creo que esta medida es una desviacion del programa martiano y fidelista