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Informe Central sobre la Feria del Libro 2017 (y collage para una feria en movimiento)

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00-feria-libroLo de “central” en la primera parte del título de esta crónica es, por supuesto, un chiste. Se refiere a cuáles y cómo fueron las actividades del Centro Pablo y sus Ediciones La Memoria en la Feria, que ahora comento brevemente para ustedes.

El Centro tuvo cuatro presentaciones, dos en la Sala Nicolás Guillén de la Cabaña y dos en la Casa del Alba Cultural.

En la Sala Guillén presentamos, el sábado 11, el libro Las crónicas de Segunda Cita de Guillermo Rodríguez Rivera y el Centro homenajeó a nuestro hermano Silvio Rodríguez por su tenaz y necesaria labor en el blog Segunda Cita, que lleva casi 7 años en el aire del ciber y ha recibido más de 5 millones de visitas.

No se trató, por tanto, de una presentación de rutina, como a veces sucede, sino fue una extensión, por las cosas que dijimos allí, de los planteamientos de ese blog, firmemente comprometidos con la necesidad de promover el debate y ampliar los hasta ahora estrechos e insuficientes canales de información y confrontación de ideas que nuestra prensa establecida ofrece. El libro de Guillermo incluye una selección realizada por él mismo de las “entradas” suyas publicadas en el blog, a veces acompañadas, en el libro, por debates y polémicas con otros segundaciter@s: en resumen, un ejercicio de pensar con cabeza propia y debatir, transparentemente (sin los traspiés y enconos personales que se han venido produciendo recientemente en ese mundo –o mundillo– de las redes sociales nuestras), para buscar segmentos de verdades que ayuden a encontrar verdades de más largo alcance.

Esa primera presentación del Centro en la Feria culminó con la presentación del dúo matancero de Lien y  Rey, a quienes invitamos para compartir canciones que se proponen objetivos similares a los de ese blog y este libro.

La segunda presentación en la Sala Guillén incluyó los libros Sara González: una explosiva ternura y Memorias de A guitarra limpia, junto al cuaderno Memoria dedicado a ese espacio que el Centro Pablo ha desarrollado durante 18 años, con la participación de trovadores y trovadoras de todas las generaciones y tendencias.

El libro de/sobre Sara fue preparado por su compañera la artista plástica Diana Balboa y un grupo de gentes amigas: Sigfredo Ariel, Mayra A. Martínez, Olga Marta Pérez y Reynaldo González, que tuvo a su cargo el prólogo titulado “La inolvidable Sara de todos nosotros”. Ediciones La Memoria recibió la solicitud de publicar este libro el año pasado, de manos de la propia Diana, quien había participado en la presentación, en España, de una breve edición especial, publicada por nuestra amiga Mayda Bustamante y sus Ediciones Huso.

Sara González: una explosiva ternura incluye un amplísimo testimonio gráfico con fotos, caricaturas, obras plásticas y portadas de los discos de la gran trovadora cubana. La portada realizada por Katia Hernández a partir de un dibujo de Eduardo Abela, resume en su candor y belleza la memoria de esa hermanita querida.

Aquella misma tarde en la Guillén Xenia Reloba presentó una importante obra bibliográfica, enciclopédica, sobre la nueva trova cubana: los dos tomos del libro Memorias de A guitarra limpia. Compilado por la propia Xenia, esa editora de capacidad y formación cultural ampliamente probadas, el libro reúne extensísima información (textos, letras de canciones, fotos, reseñas…) de todos los conciertos realizado en el patio del Centro Pablo desde noviembre de 1998, cuando Santiaguito Feliú inició con su Futuro inmediato ese espacio de todas las generaciones y tendencias de la nueva trova cubana. El libro preparado por Xenia, que lleva en su portada una excelente foto de Santiaguito tomada por Enrique Smith, Kike, posee un utilísimo índice onomástico que lo convierte, además, en un imprescindible texto de consulta para estudiantes y estudiosos de la nueva trova y la canción cubanas.

Por su parte, nuestro amigo y cómplice trovadicto, el periodista Joaquín Borges-Triana tuvo a su cargo esa tarde en la sala Guillén, la presentación del libro Lo que dice mi cantar, del musicólogo Lino Betancourt, recientemente galardonado con el Premio Pablo.

La tarde culminó, como siempre en estas presentaciones de Ediciones La Memoria, con la presencia de la nueva trova y la canción cubanas: Heidi Igualada, Marta Campos y el dúo Jade tuvieron a su cargo ese momento, convertido también en homenaje a la memoria y la presencia de Sara entre nosotros.

Las presentaciones de libros del Centro Pablo en la Feria incluyeron, en dos ocasiones, esta otra locación fraterna: la Casa del Alba Cultural, el lunes 13 y el viernes 17 de febrero.

En el primer encuentro fueron presentados los libros Soy de aquí, de Adelaida de Juan (a cargo del crítico Nelson Herrera Ysla) y Los días de Manuel Octavio, homenaje al desaparecido y casi olvidado cineasta cubano, escrito por Jorge Calderón y presentado por Luciano Castillo, director de la Cinemateca de Cuba.

En el segundo, se presentaron los libros Pablo en Ahora (compilado y prologado por Leonardo Depestre) y Mi desquite, de José Américo Tuero y María del Pilar Tuero de Blas, junto al lanzamiento del cuaderno Memoria dedicado a recordar el 80 aniversario de la caída de Pablo de la Torriente Brau en Majadahona, España, mientras combatía en defensa de la agredida República y contra el naciente fascismo. Allí hice la presentación de Pablo en Ahora, un libro que me hubiera gustado preparar directamente, y Leonardo Depestre presentó el conmovedor testimonio de Mi desquite.

Los fieles y talentosos trovadores Eduardo Sosa y Rey Montalvo acompañaron estas presentaciones centropablianas en la Casa del Alba, para continuar uniendo en los espacios que ocupamos, las diversas áreas de la creatividad: literatura y periodismo, plástica y canción…

La segunda parte del título de esta crónica del día a día (“Collage para una Feria en movimiento”), quiere reunir informaciones parciales sobre este inicio del evento con sede en la Habana e invitar a los habitantes de las respectivas provincias a continuar siguiendo la labor de este evento cultural hasta el 15 de abril, cuando culminarán los trabajos de este año en la ciudad de Santiago de Cuba.

Apremiado por el tiempo y el espacio (¡vaya categorías!) recurro al montaje de algunas opiniones junto a mis propias observaciones y criterios sobre esta Feria del 2017, aun en movimiento.

Al día siguiente de iniciarse esta Feria publiqué la Crónica del día a día titulada “Ante (y antes de) la Feria del Libro de 2017” donde repasé algunos de los desastrosos resultados de la Feria del año anterior, comenzando por la supresión –inexplicable para el público, pero ratificada con entusiasmo y soberbia por un funcionario del ICL en el periódico Granma poco después de terminada la Feria– de que la librería central había sido abolida para siempre de la estructura ferial. Por suerte esa amenazadora admonición no fue cumplida en esta reciente Feria, probablemente porque “este año hubo un intento del Comité Organizador para rectificar”, según declaró el ministro de cultura Abel Prieto en una entrevista realizada por el periodista René Camilo García Rivera y publicada en el sitio Cubadebate.

En esa entrevista Abel valoró positivamente algunos de esos intentos de rectificación y arremetió contra lo todavía no logrado, definiendo al mismo tiempo la esencia a la que debiéramos todos aspirar en ese importante evento de la cultura cubana: “Se hicieron concesiones a los expositores extranjeros, a los que traían a Walt Disney y la chatarra cultural. Esa distorsión existe y hay que pararla. La Feria es un espacio para los libros, para la lectura, para las artes. Es un hecho cultural. La mercadotecnia desmedida puede convertir en una caricatura aquel sueño fundacional de Fidel. No lo podemos permitir”.

Este año se permitió menos, pero existió todavía esa presencia precisamente no cultural gravitando negativamente en las ofertas generales de la Feria, a pesar del celo y las medidas de sus organizadores. Sobre este tema habría que ampliar el diapasón del análisis y la crítica y probablemente llegar a esta conclusión: si existe esa preponderancia de objetos seudo culturales, como se les ha llamado (carteles de futbolistas famosos, personajes y emblemas de la llamada “cultura de masas” foránea, sobre todo norteamericana), es también porque no existe una oferta de objetos con valores provenientes de la cultura cubana: Elpidio Valdés y otros personajes de Juan Padrón, para citar un ejemplo ya conocido y más que re-conocido.

Después de la Feria propuse en una conversación informal con Abel y algunos de los organizadores del evento que se dedicara la edición del 2018 a la obra de Juan Padrón, de Padroncito, a pesar de que éste no fuera, visto con la lupa tantas veces miope de la Academia, “un escritor” –aunque ha publicado recientemente dos novelas recreando las historias de sus excelentes obras fílmicas de animación. Propuse que en esa Feria y después fuera de ella pudiéramos encontrar –en objetos de la vida cotidiana: carteles, ropa, gorras, mochilas, bolsos, tazas, platos, cortinas…– a esos personajes con los que nos hemos identificado más de cuatro generaciones de cubanos y cubanas: Elpidio, María Silvia, Palmiche, el capitán Resoples, los vampiros… (Al margen de esa propuesta lanzada, quiero comentarles que dentro del plan de las Ediciones La Memoria del Centro Pablo se encuentra un libro de Padroncito que debemos definir en una conversación con él la semana entrante.)

Recién acabo de conocer, fortuitamente, que en la fase final de esta Feria del 2017, en Santiago de Cuba, habrá pull-overs y quizás otros objetos que adelantan esa idea justa y útil de reconocer la obra de Padroncito también de esta manera. Enhorabuena, por la cultura popular y sus valores genuinos, como el papá de Elpidio.

Sobre el balance de la Feria de este año han aparecido y aparecerán trabajos periodísticos de diverso tipo: los que se dedican a repetir, mimeográfica y aburridamente la misma pobre información, que pasa con los mismos adjetivos acuñados de nota en nota, de imagen en imagen, hasta el cansancio (de nosotros, los hipotéticos lectores/televidentes); los que aprovechan la celebración del evento para mostrar su oreja, no sé si peluda pero oportuna; los que intentan contribuir al mejoramiento de un evento que pertenece a todos ejerciendo ese oficio necesario –que parecería estar en veda sostenida–: la crítica de bisturí (como la llamamos en El Caimán Barbudo, junto a Wichy Nogueras, hace algunos añitos).

Hay que señalar que la Feria necesita la presencia de más editoriales y autores, de más gentes de otras ferias importantes, con quienes establecer –autores e instituciones– vínculos fructíferos para el futuro, sobre todo en estos momentos en que Cuba –por las razones diversas, y a veces contradictorias, que conocemos– ha pasado a estar “de moda” y hay un cúmulo de expectativas, interrogantes y algunas cosas nuevas en y sobre la Isla –turismo, pero no solo turismo, incluido.

Hay que seguir defendiendo el criterio todavía vigente de la subvención estatal al libro cubano. Hay que hacer menos burocrático, más eficiente, el entramado organizativo del libro cubano.

Hay que encontrar, al fin, una solución económicamente válida pero sobre todo culturalmente eficaz, a la distribución verdadera, eficiente, del libro cubano a lo largo de la Isla.

Hay que trabajar, con más audacia y dedicación, en la promoción del libro y los autores y las autoras de la Isla en otros países, a partir de lo que se hace en las Ferias a las que Cuba asiste, pero con resultados todavía insuficientes.

Hay que dar al César lo que es del Cèsar, pero no endilgarle problemáticas que no le corresponden –al menos totalmente. Ese es el caso del “retroceso” reconocido por Abel en su entrevista en relación con los hábitos de lectura de nuestro pueblo. La Feria es un escenario que lleva inmediatamente al “descubrimiento” o reafirmación de esa situación. Pero la Feria no es su causa, sino una de sus expresiones, quizás la más coyunturalmente evidente. Las responsabilidades de esa grave situación tienen múltiples padres, comenzando con la economía del país, siguiendo con la calidad de las enseñanzas primaria, media y superior, continuando con las políticas informativas y deformantes de nuestros medios de comunicación establecidos; culminando con las consecuencias –todavía subestimadas en los análisis, incluso los del más alto nivel– de los 25 años vividos bajo (literalmente: bajo) el período llamado eufemísticamente especial.

En ese contexto de necesidades apremiantes creo que hay que reconocer los valores –y sobre todo la actitud– de esa entrevista ya citada con Abel. Recuerdo –pero no tengo tiempo ahora de ir a Cubadebate y verlos nuevamente– los comentarios que la entrevista suscitó en decenas de lectores de ese sitio informativo digital. (¿Habrá que preguntarse otra vez aquí, en el espacio fugaz de esta crónica del día a día, cuándo esa posibilidad de interacción y debate estará al alcance de ciudadanos y ciudadanas en la prensa establecida? No. No hay que preguntarse: hay que seguir exigiéndolo.) Esos comentarios señalaban al entrevistado como el ministro “más accesible”, entre otras valoraciones positivas a este aspecto de su gestión institucional. Al margen de cualquier otro aspecto desfavorable que pueda mencionarse, creo que no es poca cosa ese reconocimiento a la accesibilidad, al carisma y a la transparencia en los momentos que vivimos –no solamente, claro está, aplicado a la cultura.

Esos –y otros para los que una de las categorías mencionadas ahorita, el tiempo, ya no colabora a estas alturas de la madrugada– eran los ingredientes de ese “collage para una feria en movimiento” anunciado en la segunda parte del título de esta crónica. Aquí van y ojalá contribuyan en algo al debate hoy más que nunca necesario.

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  • Eduardo González S. dijo:

    Por mi parte, autor de un testimonio sobre nuestra aviación de combate en Angola y Cuba, tuve que pasar por la vergüenza de ver agotado el libro antes del comienzo de su presentación a las 4 PM del jueves 16. Una asistente soltó una crítica fuerte, muy cruda, en el lanzamiento y con razón. Personajes vivos de mi obra vinieron desde San antonio y Güira de Melena para no poder adquirirlo y retirarse frustrados. Es elemental que el módulo de venta de una obra el día de la presentación debe ser el doble o más de ejemplares que un día de venta normal. Por si fuera poco, sucedió lo mismo el sábado y no sé si el domingo se repitió la cosa. Quedan aun cosas que organizar mejor , clavijas por apretar, instruir a la gente veladora para que pueda pensar y no soltar el rápido fogonazo “negativo, no puede acceder por aquí” y uno con una silla de ruedas huyendo a las barreras arquitectónicas y un veterano minusválido que venía no solo a adquirir el libro sino a reencontrarse con sus compañeros que no veía hacía treinta y un años atrás desde los tiempos de Angola. Lunares que no empequeñecen la obra grande pero hay que mejorar.

  • Eilberto Sosa Rey dijo:

    Wichy Nogueras(Luis Rogelio Nogguera) Sus libros,sus obras ,esa obras inmortalizada como “Y SI MUERO MAÑANA” ,entre otras,son de obligatoria recordacion,de obligatoria lectura actual,si fuera de mi facultad yo dedicaria en algun momento de nuestras ferias del libro,una a ese valioso escritor y cubano que es Noguera,como es Soler Puig,y se que fisicamente no estan,pero la vida,su obra lo inmortaliso,pues los grande no mueren perduran eternamente en nuestras vida,en nuestro dia a dia,a esos valientes soldado de la pluma mi eterno agradecimiento,a los que de una forma u otra hicieron posible esta feria,tambien.muchas gracias.

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Víctor Casaus

Víctor Casaus

Poeta, cineasta, narrador y periodista cubano. Es el director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau en La Habana.

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