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Un periodista es un intelectual

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…aunque eso no signifique mucho.

periodismoA la profesora Beatriz Maggi su alumnado de la otrora Escuela de Letras y de Arte de la Universidad de La Habana la recuerda y la recordará por la altura de su desempeño, incluidas no pocas singularidades. La menos relevante no sería la que le permitió ser, a su modo, continuadora del Félix Varela, que nos enseñó la importancia de pensar: ella enseñaba, o aún enseña, a leer, acto que en su caso debe entenderse como leer no de cualquier manera, sino pensando y calando, desentrañando. Era también posible oírle franquezas como esta: “Ustedes se están preparando para ser intelectuales. Pero no crean que intelectual es sinónimo de inteligente”.

La clasificación de intelectual —ni título nobiliario ni necesariamente aspiración que convertirla en cuestión de vida o muerte— concierne a una forma determinada de ocupación, de trabajo, y no se limita al sector que estrechamente suele denominarse, y autodenominarse, de la cultura. Esta ni empieza ni termina en lo literario: asociada al cultivo y, por tanto, al quehacer agrícola, abarca un área vasta y heterogénea, la obra toda de los seres humanos, ni remotamente solo lo hecho o atendido por la intelectualidad.

Fuera de los intelectuales quedan, también por convención, quienes califican como trabajadores manuales, aunque para trabajar estos necesiten igualmente de la cabeza y no solo de las manos, y no sean los únicos en usar estas últimas. Ello se aprecia con relativa facilidad —pudiera hasta ser un ejemplo manido— si se piensa en los intelectuales de la Medicina que ejercen la cirugía y tienen en ellas un recurso básico, sean cuales sean los equipos que empleen y el grado de complejidad tecnológica de estos.

Entre otros, un maestro de escuela y un profesor universitario, un ingeniero en una disciplina o en otra, un escritor, un pensador, un graduado de Filosofía —lo que no basta para ser filósofo, título que actualmente se prodiga y ostenta con pasmosa facilidad—, un político verdadero, un sociólogo, un médico de la especialidad que sea… en fin, científicos de todas las áreas, son intelectuales. ¡Ah!, si además son inteligentes, mucho mejor, y aún más si son buenos seres humanos, virtudes no exclusivas de un sector determinado.

También es intelectual un periodista, aunque voces provenientes de lo que suele llamarse “la Academia” reclamen que la prensa dé más cabida en ella “a los intelectuales”. Ni siquiera parece necesario que alguien proclamado académico —también cuestión de clasificaciones, un vocablo que tiene raíz en clase— sepa escribir bien, no digamos ya que lo haga con elegancia, para que, además de levantar un hombro, ladear la cabeza y autodeclararse intelectual, menosprecie quizás a quienes ejercen el periodismo. Pero ciertamente, aunque no esté libre de prejuicios deplorables —no siempre al margen de factores objetivos que les den asidero—, el aludido reclamo no sale del aire.

Es cierto que demandar mayor presencia de intelectuales como autores en la prensa cubana pudiera asociarse al peso predominante que en ella se ha dado a los periodistas de plantilla. Ello se vincula con la mengua de la participación de profesionales que no son parte de esa plantilla y, por tanto, pudieran acaso estar menos cautivados por la prolongación de males como el secretismo, que puede prosperar sustentablemente con la obediencia laboral.

En el ámbito internacional la banalización del periodismo la nutren hechos como el remplazo de la información seria por noticias falsas y por el morbo —que también empobrece el conocimiento y el espíritu— de las llamadas noticias del corazón, la crónica roja y el cotilleo. Pero, si es cuestión de menospreciar el oficio periodístico, miserias tales no campean en Cuba. Nadie pondrá en duda la vocación de seriedad de la prensa en este país, donde, sin embargo, causan estragos los déficits que ella tiene, en parte al menos porque el bendito afán de responsabilidad ha conducido a otros males, como alguna grisura y el mencionado secretismo, que parece en camino de tornarse crónico, si no lo es ya.

De semejante mal huelga citar ejemplos, dadas las frecuentes y rotundas críticas, o denuncias, que han hecho de él los más altos foros del mismo sector periodístico y varios de los mayores representantes de la dirección política del país. De lo enraizado que está dicho mal habla, en los hechos, lo lejos que tales y tan justas arremetidas lanzadas contra él están de haber conseguido los frutos deseados y necesarios.

Aunque siempre los haya guiado la buena fe, no poca responsabilidad cabe en ello también a quienes en la prensa ocupan el lugar del soldado raso: siquiera sea por no haber llevado hasta las últimas consecuencias su enfrentamiento al secretismo, del cual últimamente, ¡preocupante señal!, parece que ya ni se habla. Pero, si pudiera ser cómodo echarles encima el alud de reproches por las deficiencias del sector, harto injusto, o más, sería hacerlo.

Por ahí habrá algún periodista honrado e inteligente, y con relevantes responsabilidades en su currículo, que tal vez aún esté esperando por la autorización que en su momento pidió para escribir sobre determinados sucesos. Cabe citar los que a inicios de 2010 empañaron el Hospital Siquiátrico de La Habana (Mazorra), tan contrarios objetivamente a la Revolución que transformó de raíz, con esencial sentido humano y con la admiración de incontables personas honradas del mundo, el infierno que aquel centro fue antes de 1959.

El silencio de la prensa nacional facilitó a otros hacer carrera con el tema, lo que puede haber irritado a algunas personas e instituciones del país. Pero, que se sepa, nadie ha pagado por el mutismo que primó, roto oficialmente por dos escuetas notas: una a raíz de la tragedia; otra sobre las sanciones, meses después, a quienes se estimaron sus mayores responsables. No hubo ni un reportaje como el que ella exigía —lo merecía la nación ofendida— para educar sobre la necesidad de impedir que se repitiera algo semejante.

Pero, por mucho que se haya enraizado —y el secretismo no es una excepción—, ningún mal debe estimarse inextinguible, ni lo es, menos aún si lo enfrentan trabajadores y trabajadoras convencidos de la necesidad de combatirlo, y que para ello estén decididos a poner en tensión la debida energía revolucionaria. Eso, nadie lo dude, también entraña riesgos, no solamente el de equivocarse, pues no se trata de un conflicto entre ángeles. Pero las fuerzas para oponerse a lo que debe ser enfrentado, y cambiar lo que debe cambiarse, menguan si los primeros en devaluar el periodismo, aunque sea de manera inconsciente, fueran quienes lo ejercen.

No es infrecuente en el ámbito de la prensa misma oír o leer que alguien es —dicotomía no forzosamente infundada, pero discutible— periodista y escritor. Se sabe que hay límites, particularidades individuales, pero el desiderátum brújula debería estribar en que, quien opte por cumplir la misión periodística, tenga o se proponga alcanzar el necesario dominio del idioma, aunque solamente cultive géneros propios de esa misión.

En otras zonas del mundo en las cuales lo fictivo goza de particular prestigio como centro del hecho literario, también abundan ejemplos señeros del manejo artístico de los llamados géneros ancilares: oratoria, ensayo, testimonio, los característicos del periodismo —como la crónica—, el epistolar… Pero en nuestra América estos han sido fundamentales.

Piénsese no más en Cuba, donde José Martí, Julián del Casal, Rubén Martínez Villena, José Lezama Lima, Juan Marinello, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Mirta Aguirre —y tantos otros casos que han sido altos cultores asimismo de vertientes expresivas como la poesía y la narrativa, asociadas por excelencia al universo de la ficción— han sido y son ejemplos que ilustran con sus obras el desiderátum antes mencionado, y estimulan su cumplimiento. Ante ellos resulta ostensible el frecuente sentido pleonástico de una expresión como escritor y periodista, o viceversa.

La noción de la supuesta inferioridad del oficio periodístico asoma asimismo en el afán que, al parecer, algunos de sus representantes ponen en literaturizar sus textos, cuando la literatura es la primera en no soportar que la literaturicen, como si fuera necesario, digamos, “poetizar la poesía”. Cada género, es decir, cada función expresiva, tiene su camino y sus maneras se realizarse. No hay por qué forzarlo a nada, sino darle lo que reclama y necesita para ser eficiente y bello, artístico incluso, si quien lo cultiva es capaz de lograrlo. Otra inclinación que cabría comentar en este punto, pero requiere tratamiento aparte —probablemente lo tenga en un próximo artículo—, es la de confundir, a veces en grados patéticos, periodismo personal y derroche del uso del yo, aunque en el fondo no se diga nada que pueda tenerse por personal de veras.

Aunque sea involuntaria, la marginación del periodista puede subrayarse si en una publicación las aportaciones se dividen en bandos diferentes: de un lado, las de “intelectuales y artistas”; del otro, las de “periodistas”, sin más. Pero el título no debió haber sido “Periodistas relatan”, sino “Nuestros periodistas relatan”, porque la sección reunió artículos de profesionales —alguno, si no algunos de ellos, miembro a la vez de la Unión de Escritores y Artistas y de la Unión de Periodistas— que integran o integraron el equipo de la publicación y para ella escribieron los textos. Si se buscaba que dicha sección honrase no solo a la revista, sino al gremio periodístico todo, no fue eso lo que se logró al separar tajantemente a este de la intelectualidad nacional, como si no fuera parte de ella.

Quienes tengan responsabilidad profesional en el uso del idioma —máxime si esa responsabilidad radica en guiar y hacer realidad una publicación llamada a influir de alguna (buena) manera en el público lector— no deben considerar que la sensibilidad lingüística es un lujo, manía de exquisitos, sino lo que es: un recurso fundamental para el trabajo, un compromiso que ha de cumplirse para poder decir lo que se debe y como debe decirse. Si se carece de ese recurso, será necesario tratar de conseguirlo, o procurarse la inteligencia y la modestia (que es también sabiduría) necesarias para hacerse asesorar, aun en medio de la prisa a la cual suele obligar el periodismo, aún más en un diario que en una publicación de frecuencia más holgada.

Otras muchas cosas pudieran decirse sobre un tema que no es cuestión de tiquismiquis ni coquetería de salón. Resulta inaceptable el flaco servicio que hace a la prensa, y al país, el deficiente conocimiento del léxico por parte de quienes tienen el deber de expresarse públicamente por escrito o de forma oral. Para contribuir a la formación del público impreparado se requiere un buen uso del lenguaje, y el preparado no confiará en quien le diga —va una joya— que “la consagración al trabajo y la eficiencia de un colectivo laboral dieron al traste con altos resultados productivos”; o que —vaya otra— “tal equipo deportivo goza de favoritismo”; o —una más, aunque sin afán de exhaustividad— que “la crisis humanitaria está causando graves estragos en determinado país”.

Quien quiera hacerse leer u oír por otras personas, sea consciente del alto grado de responsabilidad que contrae con ello, y sepa que las pifias que cometa van contra su propia credibilidad y contra la del órgano o medio de comunicación en que se desempeña. Sea una televisora cubana o de otra nación, como Telesur —que, de no existir, habría que inventarla—, un programa para la infancia o la Mesa Redonda, o un espacio deportivo, el profesional del sector tiene el deber, o la obligación, de conocer bien lo que dice.

Ello incluye saber que dar al traste con significa echar a perder o destruir algo, y que favoritismo no es ventaja, fuerza propia con que se cuenta para ganar una competencia, sino favor inmoral, mientras que humanitario no califica todo lo relativo a seres humanos, sino solamente lo que les hace bien. Esto último no puede decirse ni de una crisis, ni de un desastre natural ni, menos aún, de un bombardeo de la OTAN, cuyos voceros han manipulado a sus anchas aquel calificativo para justificar asesinatos cometidos por fuerzas de la agresiva organización militar en distintas partes del mundo.

En la prensa y los medios de comunicación en general, para no hablar de otros ámbitos, cuidar el idioma, practicar su buen uso, es, además de una expresión de respeto al público, y de autorrespeto, una manera de no desprestigiar al sector periodístico. Y ello atañe a todo el que —como soldado de filas, o como dirigente a quien se le ha confiado velar por la calidad integral del trabajo— desempeña funciones informativas. Ser falible —como todo ser humano es— no autoriza a sentirse con derecho a trabajar mal. Por el contrario, llama a poner alto sentido de responsabilidad y digna pasión en lo que se hace.

(Tomado de Cubarte)

Se han publicado 12 comentarios



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  • Baby dijo:

    Gracias, Toledo Sande.

  • jpuentes dijo:

    Directo articulo al fenomeno del secretismo. Y es verdad que puede ser posible que sea endémico. Sin embargo existen casos que evidentemente eluden a esa enfermedad. Casos que tienen una buena dosis de coraje y una buena buena dosis de cultura. El secretismo como fenomeno en la prensa y en el funcionariado es sintoma de inseguridad y no de “seguridad” para que el “enemigo no se entere”. Hay otro asunto que influye en el secretismo y es la posición de poder. Es sabido que una opinión se escucha mejor desde la posición del poder. En el caso cubano este asunto se ha ido de las manos. Si yo hubiera escogido la profesión de periodista (hermosa y util profesión), creo que hubiera tenido serios problemas con mis superiores. El periodista y el periodismo cubano no se atreve a emitir una noticia sino la ha verificado y confirmado varias veces, eso denota que el gremio tiene una cualidad exepcional: la honestidad. Sin embargo, no solo que han aumentado los “periodistas” fuera de nomina en el sector sino que no alcanzamos, creo yo, a un indice aceptable de periodistas cultos o medianamente cultos. Es notable las diferencias que existen entre algunos periodistas de carrera y de los que no lo son en el rublo de la cultura. Se nota en sus prosas de una manera muy evidente. No deseo poner ejemplos aquí para no dilatar mi intervención, pues sería muy larga y no tengo mucho tiempo. Pero existen y bastante. La cultura en el periodismo debe ser mejor atendida. Esto es un pueblo instruido y como tal no acepta información manida. Pero como pueblo instruido también tiene un defecto: supone que sabe de todo. Y sino preguntele a un transeunte por una dirección que siempre te va a decir algo, pero nunca te va a decir: “no sé”. Hay que cuidar de la cultura en los periodistas, hay que poner las fuentes para que el lector indage, confirme e investigue, hay que ser valiente y saber expresar lo que se quiere incluso ante editores incultos y cobardes. Eso ha de hacer nuestro periodismo un periodismo con cultura, por el bien de las nuevas generaciones que aunque muy tecnologicas todavía le falta mucho por aprender de las anteriores pues las primeras, en cuba, han sido mas cultas que las actuales y las actuales mas rapidas que las precedentes, es mi opinión.

  • Jose R Oro dijo:

    Sin dudas, un periodista es un intelectual, como correctamente indica el autor, pero no todos los intelectuales tienen necesariamente la capacidad comunicativa que se requiere para ser un periodista.

  • Néstor del Prado Arza dijo:

    Gracias al intelectual Luís Toledo Sande por este sustancioso artículo y a Cubadebate por compartirlo con sus lectores. Ya sabemos que no todos a quienes publican nuestros artículos de opinión en Cubadebate somos periodistas; en más de una ocasión he aclarado sobre este asunto, sin demeritar la importante profesión del periodismo.
    Es cierto que se confunde intelecto con inteligencia e intelectual con inteligente.
    Miren lo que aparece en la WEB
    Intelecto
    Facultad de la mente que permite aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad.
    Sinónimos: entendimiento, inteligencia
    Intelectual: Que se dedica fundamentalmente a actividades o trabajos en los que predomina el uso de la inteligencia. Entre los intelectuales del país se encuentran escritores y científicos de fama internacional
    La clasificación absoluta y excluyente entre trabajador manual y trabajador intelectual no siempre es bien conceptuada ni explicada.
    Ninguna labor manual está exenta de la actividad intelectual, como ninguna labor intelectual lo está de la actividad manual. Es un asunto de proporciones, de intencionalidad y de convenciones.
    Algo similar se produce cuando en los últimos tiempos en que ha cobrado auge la llamada gestión del conocimiento, o sociedad del conocimiento, se pretende clasificar como conjuntos disjuntos a los trabajadores manuales de los trabajadores del conocimiento. Los llamados trabajadores del conocimiento, digo yo.
    Por sentido común no abundaré sobre esta otra interpretación, pero es muy pertinente decir algo para enriquecer lo escrito por Toldo Sande. La empresa en que trabajo GECYT (Gestión del conocimiento y la tecnología) desarrolla una actividad sistemática para lograr que la información pase a ser conocimiento, que es cuando una persona la hace suya y es capaz de interpretarla, enjuiciarla y aplicarla si procediera. Desarrollamos eventos científicos y tecnológicos para pasar de lo epistemológico a lo operacional.
    Con toda intención recalco lo del llamado trabajador del conocimiento, ya que el otro también utiliza conocimiento principalmente pretérito, pero también nuevo.
    Cuando digo que es un problema de proporciones, es porque el trabajador manual utiliza en superior proporción las manualidades, mientras que el intelectual su cerebro.
    Uno no es más importante que el otro; la clasificación no ha de ser fuente de competencia absurda, sino de complementariedad necesaria.
    Conozco a excelentes intelectuales que son magníficos artesanos. Y he conocido a obreros de la metalurgia ejerciendo oficio intelectual que merecen el reconocimiento de los más encumbrados intelectuales.
    Como ya dije queda mucho por decir, pero un comentario debe tener la virtud de no ser demasiado extenso.
    Termino diciendo que lo fundamental es hacer bien las cosas, con ética y disciplina cognitiva y tecnológica consecuentes.

  • Jorge Troya García dijo:

    Si el profesor habla de , ¨ Cuidar el idioma, practicar su buen uso¨, no debería escribir tarabajadores y trabajadoras, porque con esa lógia su texto estaría lleno de cosas como estas¨intelectuales e intelectualas, pariodistas y peiodistos, etc.
    Y como mismo hace la prensa cubana, hace el . Se sabe que el secretismo que ahora se habla de eliminar, tiene sus raices en los mismos que aparecen como los mayores criticos de el. ?Por que el periodista no se atrevio a criticar abiertament el secretismo hace unos años atras ,

    • jpuentes dijo:

      Amigo, el “secretismo” o en el mejor de los casos: la administración del secreto es una actividad licita y util para determinado momento y en un contexto especifico. En el caso de Cuba fué importante para enfrentar y desarticular la lluvia de ataques por diferentes vías de que fué objeto el proyecto cubano de Revolución en sus primeros años. Pero como dice la escritora canadiense Naomi Klein: a todo lo que se acostumbra la gente viene, a la larga, a formar parte de su propia cultura. Y eso sumado precisamente a la incultura que poseian muchas de las personas que lo ejercian y que estaban en la posición del poder, que dicho sea de paso, su incultura era precisamente unos de los males que la Revolución heredó que en muchas ocasiones se transformó en lo que también Michael Moore ha llamado la cultura del miedo. El autor de este articulo dice que es endemico. creo que la erradicación de este mal está sujeto precisamente a una nueva e inteligente revolución cultural, una nueva manera de pensar. En fin, amigo mío, el secretismo en Cuba es un fenomeno encadenado con otros procesos socio-culturales y politicos que será transitivo, no lo dudes. En cuanto al termino “intelectual”, coincido con el autor. Cabe señalar que en muchos lugares el llamado intelectual es visto como un bicho raro, incluso en los peores momentos de la historia ha sido perseguido y discriminado. Sin embargo la intelectualidad ha jugado y está jugando un papel importantísimo en los cambios que sufren las sociedades y en particular en la nuestra. Cuyas ideas han venido a reforzar y de qué manera la praxis de la cuestiones vitales a que nos enfrentamos hoy en día.

    • güinicajina dijo:

      Sí, señor, y dígame algo usted sobre lo de lideresa, compay. Ay, amigo, sobre su interrogante, lo que se sabe no se pregunta.

  • armando dijo:

    Saludos:

    !!!! el trabajador de comunales es un intelectual !!!!

    !!!! el trabajador agricola es un intelectual !!!!

    !!!! el trabajador que pesca en el mar y las presas son intelectuales !!!!

    !!!! el trabajador que cuida los niños en el circulo es un intelectual !!!!

    !!!! el maestro de una escuela de enseñanza especial es un intelectual !!!!

    !!!! el trabajador de la salud es un intelectual !!!!

    !!!! los trabajadores del CIREN son intelectuales !!!!

    !!!! el investigador que investiga medicamentos y el mismo se prueba su vacunaes un intelectual y un heroe !!!!

    el periodista informa , educa, aprende, pero en Cuba tiene que recibir “” de arriba la autorizacion””, para desarrollar con justeza su trabajo, con respeto, sin ningun tipo de fanatismo , nepotismo, ni discriminacion con cualquier sector de nuestra sociedad.
    PROFESOR LUIS TOLEDO, EN ESTA SOCIEDAD NO SE DEBE CONTRIBUIR A LA SEGREGACION DE LOS OFICIOS Y LAS PERSONAS,

    !! ESAS APRECIACIONES SUYAS , SE PARECEN BASTANTE A LOS CONCEPTOS DE LA IDEOLOGIA CAPITALISTA – IMPERIALISTAS, QUE ESTABLECE

    “” DIVIDE Y CREARAS MALESTARES, DIVIDE Y VENCERAS “”

  • Julio dijo:

    Me parece muy bien el artículo, hace un tiempo leí en la prensa cubana que “los intelectuales, ingenieros, profesores, etc.” y pensé: “yo, que soy ingeniero y profesor, ¿no soy intelectual?”. Hay dos aspectos muy interesantes a mi juicio: la necesaria labor del periodista para esclarecer informaciones que pueden estar detrás de la noticia (dentro de las cuales puede estar el secretismo) y el uso adecuado del lenguaje (ese “dar al traste” como sinónimo de “lograr un triunfo” parece de un programa humorístico, algo paecido en un comentario anterior donde dice “rublo” en lugar de “rubro”). Hay otro aspecto que no es solo de los que buscan la noticia, y es que en la época actual la información envejece muy rápido y con los medios digitales usted no puede entender que un miércoles a las 10 am la prensa digital no tenga publicado el resultado del juego de béisbol del martes por la noche “porque acabó a las 11 de la noche y a esa hora había cerrado la edición”.

  • Ileana dijo:

    Me gustó mucho el artículo, quisiera aclarar algo

    Se dice que “humanitario no califica todo lo relativo a seres humanos, sino solamente lo que les hace bien”, entonces hay crisis en lo que debía hacer el bien a los humanos

    En principio, la palabra humanitario significa ‘bondadoso y caritativo’ y ‘que busca el bien de todos los seres humanos’ y resulta un contrasentido en el contexto de un suceso que hay que lamentar, pero el giro puede considerarse una extensión válida por la falta de una expresión clara y concisa en español que aluda a este tipo de situaciones, generalmente asociadas a desastres naturales, conflictos o violencia generalizada y desplazamientos de población.

    Este es el caso de «A los crímenes de guerra les ha seguido la catástrofe humanitaria, con centenares de miles de personas perdidas en el desierto sin víveres, sin agua, andando descalzos», en el que al drama humano que supone una guerra se le añade la ulterior crisis humanitaria.

    Se trata de un uso asentado en el derecho internacional humanitario que se ha trasladado a la lengua general, tal como recoge el diccionario combinatorio Redes, que señala que el vocablo humanitario se emplea con sustantivos que designan situaciones de dificultad, adversidad o infortunio, a menudo con resultados trágicos, como catástrofe, crisis, desastre y drama. De todas las variantes en uso, la preferida por los organismos internacionales es crisis humanitaria.

    Es impropio emplear estas expresiones en situaciones de emergencia en las que no se dan circunstancias descritas o como meros sinónimos de catástrofe terrible, enorme desastre, gran tragedia o drama humano, como en «La muerte de los 15 inmigrantes de la patera es el segundo desastre humanitario de este tipo en pocos días».

    El concepto “crisis humanitaria”, según la Organización de Naciones Unidas, está relacionado con situaciones de emergencia producto de desastres por eventos naturales (terremotos, inundaciones y tormentas) y a conflictos armados de alta intensidad que ponen en peligro la vida de millones de personas.
    Por ejemplo puede leerse en el sitio de la OMS http://www.who.int/hac/es/:
    ” Acción sanitaria en las crisis humanitarias “.
    En ocasiones el término se usa con fines políticos, ya que algunos aparatos militares aprovechan los desastres naturales o situaciones de conflicto interno como una autopista para la intervención en países soberanos, y tratan de utilizar a la ONU como soporte legal y a las ONGs como propagandistas.

  • Africano dijo:

    Oye Jorge Troya con ese punto de vista te comportas así como un caballo de Troya, todo en la vida tiene y tendrá su momento PORQUE HAY COSAS QUE PARA LOGRARLAS HAN DE ANDAR OCULTAS o tú dices en todas las esquinas de tu barrio los planes que tienes para que se enteren además los que no te quieren, los que hoy han indicado acabar con el secretismo, en su momento supieron defender de nuestros enemigos nuestros planes y proyectos y por esas razones en muchos casos estamos aquí, hoy las circunstancia han cambiado y cumpliendo el mandato del Hombre se debe cambiar lo que no ayuda, pero cuidado también con demasiada transparencia que le serviría más a otros que a nuestro pueblo en las condiciones tan difíciles en que aún nos mantenemos, recuerda nada más que lo que ha cambiado fueron las formas y los métodos, pero los objetivos que quieren son los mismos.

  • Carlos Manuel dijo:

    Un periodista es sin dudas un intelectual, es quien usa el intelecto para de forma creativa y veraz brindar una noticia, llevar a cabo una investigación, dar seguimiento a una noticia ya publicada y mantener al público expectante de los acontecimientos en desarrollo. Los periodistas además deben tener aguzada la sagacidad, saber la pregunta correcta en el momento adecuado, estar fuertemente armado de el mejor de los escudos; la ética y de espada la responsabilidad. El periodista es una figura pública, de ahí que deba tener la suficiente capacidad de entender este status o condición, lo digo porque debe saber vestir, comportarse en público tener buen léxico, entre otros atributos. El tema del secretismo es harina del mismo costal. En la actualidad existen espacios en la prensa que rompen partículas de la roca monolítica que lo ha resguardado: cuba dice de la TV, acuse de recibo de Pepe Alejandro, Cartas al Director de Granma y algunos más, pero no es suficiente. Cualquier analista que desee hacer un estudio de desaguisados, absurdos y burocracia aderezada con dogmas puede estudiar los últimos cinco años los acuse de recibo de Pepe Alejandro, ahí existe de todo como en botica. En la TV existe un programa extranjero que se titula la Ciencia de lo Absurdo, bueno en ese acuse de recibo los documentalistas tienen para deleitarse y los humoristas, los mejores guiones.

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Luis Toledo Sande

Luis Toledo Sande

Escritor, poeta y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas y autor, entre otros, de “Cesto de llamas”, Premio Nacional de la Crítica. Mantiene el blog http://luistoledosande.wordpress.com/

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