Imprimir
Inicio » Opinión, Política  »

¡Viva la revolución!

| 38 |
Jóvenes reflejados en una bandera gigante, antes del desfile del Primero de Mayo en la Plaza de la Revolución, en La Habana, Cuba, el domingo 1 de mayo de 2016. Foto: Ramón Espinosa/ AP

Jóvenes reflejados en una bandera gigante, antes del desfile del Primero de Mayo en la Plaza de la Revolución, en La Habana, Cuba, el domingo 1 de mayo de 2016. Foto: Ramón Espinosa/ AP

Para la reciclada mentalidad colonial criolla toda trascendencia es, no solo irrelevante, sino dañina. Al fin y al cabo para ellos, el planeta, en toda su diversidad y riqueza, se reduce a la hegemonía cultural norteamericana. Es la mentalidad de que “outside is America”. Cómo esperar entonces que puedan reconocer trascendencia en la cultura propia.

Mucho menos reconocerle utilidad a la virtud y necesidad al ideal emancipatorio. Como bien señala Luis Britto en El imperio contracultural: del rock a la posmodernidad, “las bombas empiezan a caer cuando han fallado los símbolos” (Luis Britto, Editorial arte y literatura, 2005) . En el caso de Cuba, que ciertos sectores del poder imperial en EE.UU hayan decidido dejar de insistir en las bombas, aunque reconocimiento al fracaso de la violencia física para derrocar la Revolución, es también resultado de la certeza de que hoy pueden lograr el mismo propósito con la violencia cultural.

La mejor arma de dominación y conquista en la historia siempre ha sido la cultura. Originalmente llegada después, o junto, a la conquista de las armas, acompañó al conquistador español, con la cruz en la mano, a la larga mucho más efectiva para asegurar la hegemonía que el arcabuz.

Una república frustrada, resultado del encontronazo entre una nacionalidad cristalizada en la manigua cubana por décadas de lucha y la intervención recolonizante de la potencia imperial emergente de los EE.UU, no podía ser circunstancia social favorecedora del desarrollo armónico de una cultura nacional. Todo el siglo XVIII y XIX fue testimonio de un creciente sentido de cultura propia, pimero criolla y luego cubana, que fue gradualmente abarcando todas sus dimensiones: artística, literaria, científica. Más aún, ese sentido creciente de empeño intelectual propio se forjó sobre la certeza de que una Cuba independiente sería no sólo condición necesaria, sino suficiente, para el florecimiento de la cultura que sería base de una sociedad educada en la virtud. Todo ello se frustró con la intervención recolonizadora. Las consecuencias fueron terribles. Un complejo de inferioridad social, civil e intelectual, sobre todo a partir de la segunda intervención norteamericana, fue penetrando en todos los estamentos de la sociedad cubana.

La idea de que éramos incapaces de valernos por nosotros mismos fue la premisa ideológica esgrimida por los interventores y sus amanuenses locales, para justificar la colonización desde el norte. Ese “complejo” en lo político fue trasladado a los demás ámbitos sociales, incluyendo la cultura. La educación pública, cuando fue promovida por los invasores, en particular por Magoon en la segunda intervención, se hizo en buena medida como instrumento de penetración cultural norteamericanizante. No sólo se introdujo en las escuelas el mantra de que la independencia de Cuba era resultado del altruismo de los Estados Unidos de América, sino además, que el futuro de Cuba estaba indisolublemente ligado a su supeditación al vecino norteño.

Lo peor no es la visión que de nosotros tenía el interventor, sino que esa perspectiva penetró en no poca medida en la sociedad insular, aupada por la medio burguesía nacional clientelar de las migajas que dejaba el capitalista transnacional. Apareció la idea de que la prosperidad entraba por el puerto o los aviones, desde los EE.UU, como la tierra mítica del cuerno de la abundancia. Junto a ello, la convicción de América como “continente vacío”, lo cual en la cultura afirmaba que siempre seríamos provincianos, imitativos, atrasados y hasta patéticos.

Todo ello vino acompañado del secuestro de los símbolos de la nacionalidad cubana, incubados dolorosamente durante más de un siglo, primero de desarrollo criollo y luego cubano e insurgente. La bandera era admirada como símbolo supremo y demostración de que éramos una nación independiente. Pero la pomposa formalidad oficial en su uso, era sólo un juego de máscaras. En un complejo, pero no menos claro, propósito de engaño, los sucesivos gobiernos genuflexos pretendieron hacer de la apropiación superficial  de la simbología de lo nacional, una manera de canalizar el irreductible ímpetu patriótico hacia cauces de esterilidad no transformadora. La idea de que ya no había nada que hacer en términos emancipatorios, que todo estaba hecho, era parte del mensaje que se intentaba transmitir detrás del uso fatuo de la bandera. Luego, y de manera creciente, sobre todo en la corrupción y decadencia moral de los gobiernos auténticos hasta Batista, los símbolos patrios fueron tornándose cada vez más en mercancía o promotores de mercancía.

La mercantilización de la vida en Cuba, especialmente en La Habana alcanzó nuevos niveles. Con la promoción del negocio del turismo dirigido al ocio más banal y degrandante, los símbolos nacionales no escaparon de la ola de relajo. La televisión que comenzaba y el anuncio publicitario agregaron el uso de los símbolos culturales de lo cubano como puro fetichismo promotor del consumo. Todo valía en función de la ganancia, en especial de esquilmar al turista norteamericano, ávido de engullir lo prohibido en su casa pero permitido en nuestra tierra, cercana y a la vez éxotica, vista como paraiso de pecado y excesos.

Sólo la Revolución, culminación de un largo y azaroso proceso de regeneración nacional desde el pueblo, puso fin a todo eso y recuperó como arma redentora de la nación los símbolos de la patria. Redifinió su función de síntesis de todo lo que nos hace distintos del otro, a la vez que nos une en función de un destino y propósito común basado en lo socialmente emancipador. En ese último sentido, se da, solo posible desde una revolución como la nuestra, que los símbolos de la nacionalidad propia se tornan para nosotros mismos en recordatorio de lo universalizador de nuestra gesta. La bandera no es plasmación simbólica de chovinismo o arrogancia imperial, superioridad cultural, fetichismo consumista, sino recordación de un deber de justicia social y humildad, que va más allá de la geografía nacional para estar en todo rincón del planeta donde haya un revolucionario cubano o no que lleve por dentro la enseña de la isla redentora.

La bandera ahora acompaña la firma de la reforma agraria, al alfabetizador lo mismo en el campo cubano que en el nicaraguense, en el angolano, en el venezolano; al pueblo soldado lo mismo en Girón que en Bolivia, Argelia, el Congo, Angola, Etiopía; al médico lo mismo en cualquier rincón del país que en Guatemala,  Bolivia, Ecuador, Mozambique, Sudáfrica, Sierra Leona; al deportista lo mismo en el Pedro Marrero o el Latinoamericano que en San Juan, Montreal, Moscú, Madrid, Atenas, Londres.

Toda esa historia viene a la mente al ver la triste manera en que se usó la bandera sobre el cuerpo de bailarinas para recibir al primer crucero norteamericano llegado a Cuba desde hace mucho tiempo.

Pero más allá de lo anecdótico del hecho en sí, lo que debe llevarnos a reflexionar es, en que medida este suceso es reflejo de un mal más profundo, que silenciosamente hemos ido incubando desde adentro y hoy se siente con suficiente fuerza para mostrar la cara. Perfumes con nombres de Celia, Alejandro, Chávez o el Che; una proliferación en establecimientos de venta en divisas o del sector turístico, de modelos de publicidad que recuerdan esos empeños de asociar los símbolos de lo cubano con la mercantilización y la mercachiflería. Ninguno de esos ejemplos nacieron huérfanos, fueron diseñados, aprobados o aceptados por personas con poder de decisión empresarial, administrativa o política. Son reflejo de la emergencia de actores sociales con importantes lagunas culturales e históricas, que los conducen a no rebasar en la apropiación de la simbología nacional, su dimensión utilitaria mas pueril. La realidad demuestra que las carencias culturales en el plano de los valores que defiende la Revolución, no se quedan vacías, son llenadas consciente o inconscientemente por una simbología ajena y contrapuesta a esos mismos valores. Y en el contexto cubano, las lagunas no conquistadas por la cultura revolucionaria, son llenadas con aguas recicladas del neoautonomismo o el neoanexionismo.

Conceptualizado por el Che en “El hombre y el socialismo en Cuba” y desarrollado por otros como Alfredo Guevara, la Revolución necesita del revolucionario “difícil”, contestatario y a la vez, fiel en la médula y culto en la expresión más cabal del término, para que su rebeldía resulte cósmica y no la del aldeano ignorante del gigante de siete leguas. El peor enemigo de la Revolución es la entronización de la mediocridad en los espacios de decisión política, administrativa, económica. Personas sin sentido del titanaje universalizador que Fidel de manera permanente le confirió a la Revolución. Debemos negarnos a aceptar que el destino de la Revolución más grande del tercer mundo sea el naufragio en las costas de lo culturalmente estéril.

En demasiadas ocasiones se promueve a personas a espacios de decisión que desconfían de la mirada culta, de la necesidad de la reflexion pausada, del espacio para el pensamiento. A ello no escapa la seleccion de los que dirigen entidades económicas, políticas, educativas o culturales con casi nula cultura y poco sentido del diálogo, resultado de la incomprensión de la complejidad social actual. La busqueda del buen administrador capaz de atenerse a una disciplina, no niega la necesidad del dirigente capaz y culto que logra conducir procesos complejos y diseñar e implementar respuestas adecuadas, frutos de su pensamiento. Si promovemos la incultura, no podemos luego escandalizamos cuando se le ocurre diseñar o aprobar manifestaciones vulgares y sietemesinas de identidad nacional o de lo revolucionario.

Debemos entender además que la lucha contra la corrupción económica comienza en primer lugar por una batalla contra la corrupción cultural. Por la incultura entra la vanidad de creer que el “sacrificio” de dirigir te hace merecedor de privilegios. Por la incultura entra el afán desmedido de lucro, de poseer bienes materiales como fin primero de la actividad  humana.

Tenemos un problema serio en la degradación de lo político, lo histórico y lo ideológico como símbolo cultural en todos los grupos etáreos de nuestra sociedad. El neoautonomismo y neoanexionismo que nunca murió, sino buscó refugio durante décadas fuera del país, hoy siente que comienza a llegar su hora. La hora de su ofensiva cultural, con la reescritura de la historia, la invocación de la nostalgia, con el desenterrar de la mentalidad de inutilidad nacional, del fatalismo frente a la hegemonía norteamericana. Y siente que las condiciones están dadas para que esa ofensiva se haga desde adentro de manera tal, que toda resistencia sea inútil. Hoy, los revolucionarios no estamos llevando la iniciativa, estamos cediendo terreno en el imaginario social, solo hay que salir a la calle para darnos cuenta. En esta guerra cultural, cada espacio que es tomado por la incultura colonizante, es una trinchera que abandonamos para ser ocupada por el enemigo. A ello contribuye, cada vez que la entronización del silencio es la respuesta pública a los cuestionamientos argumentados.

El silencio tiene extrañas maneras de aullar las ausencias.

Algunos decisores nuestros creen revolucionaria la práctica de imitar a Dorian Gray y creen necesario mostrar al público una falsa belleza, a sabiendas de que detrás de la puerta, un cuadro más real refleja las cicatrices necesarias o no, de la práctica de la autoridad. Frente a la pretensión enemiga de mostrar una imagen falsificada del ejercicio del poder revolucionario por más de cinco décadas, no hay mejor respuesta que no sentir angustia de enseñar el curtido rostro del veterano combatiente y estar dispuesto a debatir cada una de sus marcas, erradas o no, todas testigos de su entrega heroica. Al fin y al cabo, no serán esas las últimas huellas en su tesitura: la Revolución estará viva mientras su rostro siga reflejando el paso del tiempo.

En la etapa actual de la Revolución, la batalla por el triunfo se plantea contra tirios y troyanos: tanto hacia afuera contra las fuerzas imperialistas, como hacia dentro contra los representantes de la incultura estéril y colonizada. La primera se seguirá oponiendo a la trascendencia de la Revolución cubana con todas sus fuerzas, la segunda no entiende qué es trascender. Ambas batallas no pueden ni deben ser eludidas. No olvidemos las enseñazas de la historia, fue esa costra inculta la que traicionó a la Unión Soviética cuando esta se constituyó en freno a su desmedida ambición aldeana.

Hemos ido incubando durante años una pequeña protoburguesía propia, heredera de aquella clientelar con alma enana. Hoy ella siente menos verguenza en mostrarse públicamente posando para fotos en pasarelas de modas importadas y excluyentes, frecuentando espacios sociales hechos exclusivos a razón de su carácter económicamente inalcanzable para el resto. Rescatando para si y sus familias modos de vida consumistas y vacíos. Promoviendo su incultura elitista, su imagen de éxito, creando sus propias tribus sociales.

Viendo los procesos de desmerengamiento del socialismo europeo, la pregunta sobre cuándo la protoburguesía emergente toma conciencia de si misma como clase y busca aliarse con la burocracia no ha sido contestada. Preguntas como esa no sólo son importantes como curiosidad académica, son esenciales para abortar amenazas y conjurar peligros a tiempo. Hay que trascender lo descriptivo en los estudios sobre el fracaso del socialismo europeo, en particular el soviético, y ahondar para lograr periodizar, descubrir dinámicas, entender cómo se comporta el tiempo como variable social. Otras muchas preguntas de la misma índole y mirando hacia nosotros mismos esperan respuestas.

Estamos viendo en el país el paso de una forma participativa pero centralizada y verticalmente estructurada de democracia, a otras formas participativas desde lo individual y donde la centralizacion vertical se debilita necesariamente y en ciertas áreas pasa a ser irrelevante. El fenómeno, con todas sus aristas es sencillamente el resultado objetivo de un decursar social determinado.

Hay que entender que las consecuencias de ese proceso de paso a formas democráticas, igualmente participativas pero no verticales, de toma de decisiones, ha abierto la puerta a cambios importantes en las dinámicas políticas y sociales. La pretensión de imponer el silencio social a opiniones contrarias es hoy irrealista.

No ya la opinión minoritaria, sino incluso la opinión éticamente rechazable (léase en ello, por ejemplo, puntos de vistas misóginos, machistas, racistas y hasta neofacistas) puede lograr y logran transmitirse por el carácter descentralizado de los mecanismos digitales de divulgación.  Estos fenómenos conducen igualmente a la desjerarquización de la información y los medios. Si en la opinión pública, la veracidad y calidad de una información se daba no sólo por su presencia en los canales aprobados como la radio y la televisión, sino además por la ausencia social de la “otra” información, hoy, en buena medida, una información no se califica de calidad solo por su presencia en los medios oficiales (por el contrario, para ciertos sectores sociales, la presencia de una información en medios oficiales la hace de por sí sospechosa). Los medios de comunicación  hasta ayer considerados marginales, cada vez se vuelven más centrales. Las consecuencias de todo esto aún no las apreciamos en todo su alcance.

El enemigo, en su guerra de símbolos, apuesta a nuestra lentitud en reaccionar frente a las nuevas dinámicas. Ellas, siendo irreversibles, le plantean a las ciencias sociales, como sustento de las decisiones políticas, retos en sus investigaciones básicas o fundamentales. Es evidente que la supervivencia de nuestro proyecto social pasa por encontrar formas de estructurar, dentro de las relaciones de producción socialista, una superstructura que asimile estas formas participativas no verticales, como formas también fundamentales de una democracia realmente desterradora de la enajenación humana. Alienación que aún se da en buena medida en nuestra sociedad por ser heredada en primer lugar de las prácticas del ejercicio del poder en el capitalismo, pero también fertilizadas desde nuestras propias carencias actuales.

Carencias culturales tenemos en muchos ámbitos esenciales de la sociedad. Estas carencias conducen, en ocasiones, por ejemplo, al mimetismo en nuestra televisión, radio y medios digitales de lo que vemos realizado por los centros de poder imperial capitalista y su industria de producción de símbolos. Si la televisión bombardea desde los productos televisivos norteamericanos, la imagen de la bandera imperial, por qué nos asombra que prolifere su uso en la población. No hay espacio televisivo norteamericano, sea seriado o fílmico, que no muestre en reiteradas ocasiones la bandera de las barras y las estrellas como símbolo poderoso de superioridad cultural. Ello, además, provoca la reacción errada de creer que la respuesta a esa invasión es usar las mismas armas culturales para promover la nuestra. No se dan batallas en el terreno escogido por el enemigo, es estratégico crear nuestros propios escenarios de guerra y obligarlos a pelear en ese espacio, así hemos llegado hasta aqui.

Todo mimetismo cultural por definición es colonial.

No hay revoluciones por revoluciones, como espejo del arte por el arte. La belleza en este caso no es fin en si misma, sino resultado de un propósito social emancipador. Las revoluciones, como el verdadero arte, no tienen que ser bonitas, tienen que ser liberadoras, en eso estriba su belleza. Si un Degas elitista podía preguntarse retóricamente, que el colmo sería que el arte se hiciera para ser mostrado, las revoluciones no pueden darse ese lujo. Las revoluciones se hacen con todos y para el bien de todos, son por tanto, bien público.

La Revolución vale más que todas nuestras vanidades y egos, que pueden llegar a ser muy grandes.

Más allá del análisis de nuestros errores pasados y recientes, o su falsa contraparte, en el halago empalagoso y el abuso de lo hagiográfico, ejercicios ambos que pueden tornarse en un regodeo enfermizo para unos y una agenda deliberada para otros, los cubanos debemos entender que esta es la Revolución que tenemos, no hay otra y no habrá otra. Si esta perece, nuestras generaciones y las que están por venir en un buen tiempo, no tendrán una segunda oportunidad de construir una utopía realizable. Es por ello que esta es la Revolución que debemos defender y que tenemos el deber de defender. Defenderla desde la cultura en todos los ámbitos.  Pero debemos entender que defenderla, no es defender nuestras manquedades en nombre de ella, sino por el contrario, desterrar las manquedades que, secuestrando su nombre, se esconden a la vista de todos. Entender que es desde ese accionar permanente de emancipación, justicia social y carácter universalizador que tiene sentido un socialismo próspero y sostenible por el que siga valiendo la pena gritar: ¡Viva la Revolución !

(Tomado de La Pupila Insomne)

Se han publicado 38 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Santiago dijo:

    Desde otro punto del continente, me tomo el atrevimiento de decirle a los cubanos, al menos a los que lean esto, que defiendan los valores y principios conquistados, valores y principios socialistas y por lo tanto, emancipadores. Tendré la posibilidad de conocer su tierra en pocos días y deseo encontrarme con una defensa acérrima de su cultura por parte de ustedes que no es otra que la que debe adoptar todo nuestro continente que sabemos, un día cercano lo logrará.

  • idania dijo:

    el imperio esta destruyendoi la cultura cubana.hace pocos dias ese mismo imperio le puso un nombre en ingles a un hotel que administraran en la tierra que mancillan que la anuencia de decisores que lejos de conectar con las masas cada dia se alejan mas de ellas.el dia del final se acerca,pasito a pasito.la revolucion de los humildes y para los humildes se transformara en la de los opulentos,la de los empresarios..
    estamos vendiendo el pais por 4 pesos

    • el socialismo real dijo:

      El problema es Ernesto que por un lado vá el discurso oficial y por el otro vá la realidad, del discurso a los hechos, a Cuba le está faltando hombres y mujeres de caracter y dignidad revolucionaria cómo la que caracterizó a la generación de la que Fidel fué parte y llevaron a este país al punto más alto de toda su Historia, nos hace falta un Fidel, nos hace falta una Mariana y nos hacen falta un Martí y un Maceo, nó veo en las nuevas generaciones de cubanos, los pinos nuevos, ese caracter de dignidad, de antimperialismo, de patriotismo, de defensa de la independencia de su Patria, de ese sentido internacionalista por el cuál tantos cubanos apegados a una idea justa sacrificaron sus vidas, lo que se ve mayoritariamente en esta nueva juventud cubana es la expresión de una perdida de valores yá sin límites, y en donde portar un tennis de marca y escuchar la basura de reguetón es su cultura a ultranza, nó son los jóvenes los únicos responsables, la responsabilidad es integral y toca a todos, que no alaba esta prensa a esa vanguardia reguetonera que fuera del país es agazajada con tal premio capitalista ó más cuál?, cuando has visto a un ministro de estos días compartiendo en las fábricas ó empresas estatales con los trabajadores?, hombres cómo el Ché nó se ven en la dirigencia que se nos presenta en ocasiones en una tarima hablándole a las masas, el problema Ernesto es que ante la sociedad el ejemplo de los que tienen que dar el ejemplo ha brillado hace yá un buen tiempo por su ausencia, me temo Ernesto que en un futuro nó muy lejano las nuevas generaciones dejarán de gritar: !Viva la Revolución! y estarán ocupadas en su lucha de clases por pasar dos ó tres noches en “Four Points by……” ó en cualquier otra futura concesión.

      • Pepin dijo:

        “socialismo real”: Tu identificación lo dice todo. Mira, dice un adagio popular muy atinado que “Las generaciones se parecen más a su tiempo que a sus padres”. Con eso te lo digo todo, o casi todo.
        Esas personas que mencionas tuvieron su momento generacional en coyunturas muy distintas a las actuales; una de ellas es que las comunicaciones actuales nos pasan por al lado como un rayo… y la gente se entera. Tú no puedes pretender que nuestros nietos estén de acuerdo con pensamientos como los de la generación de Maceo, o de Fidel, ni siquiera con los que hoy tienen 30 0 40 años.
        Y esa, fíjate, esa es la razón por la que los cambios que es imperativamente necesario introducir vienen tan lentos, y seguirán lentos mientras la generación histórica se mantenga dirigiendo.
        Solo digo –y quiero– una cosa: Ojalá que los que vienen surgiendo como dirigentes mantengan la independencia, soberanía y dignidad que nos enseñaron aquellos, y que no se “embriaguen con la miel del poder”, como veo en algunos “cuadritos” nuevos.

    • Emilia dijo:

      El imperio está haciendo por destruir, como siempre y por acá hay quienes se lo están facilitando. Pero eso siempre ha existido y si no han conseguido la destrucción total ha sido gracias a la capacidad de resistencia y supervivencia desarrollados en una parte de la población. Pero veo a mi alrededor más gente cansada de resistir de lo que me gustaría.

      En cuanto al ejemplo concreto el hotel con nombre gringo, yo la verdad tampoco entendí por qué había que quitarle el nombre de Quinta Avenida. Pero como tampoco hay a quien preguntarle…

  • Reynaldo Feijoo dijo:

    ¡Viva la Revolución, Carajo! Debemos reaccionar con la fuerza, la moral y el prestigio que nos dan 60 años de revolución y más de 100 de lucha contra los poderes hegemónicos. Con la Revolución todo, sin la revolución nada. Primero hundiremos a la Isla en el mar Caribe que verla corrompida y desdibujada por el imperialismo y su pseudocultura aberrante. Es mejor dejar de ser, que dejar de ser revolucionarios y patriotas cubanos. Si hoy Cuba es respetada y admirada en el mundo entero, no es porque seamos más lindos, ni más inteligentes, ni mejores que nadie. Es porque hemos sabido enfrentar al imperio norteamericanos y sus argucias. Si perdemos eso volveremos a ser una islita perdida en el Caribe de la que nadie se acuerde si no para “gozar” a nuestras mujeres y disfrutar nuestras playas ante la mirada de ciudadanos y gobierno indolente. Prefiero morir antes que ver que ya Cuba no es el faro que admira todo el mundo

  • victor dijo:

    En reiteradas ocasiones la vida nos demuestra que un proyecto social como el nuestro, necesita mpas lìderes que dirigentes. Nos llenamos de directivos que nadie conoce y que ellos mismos no conocen el valor del ejemplo.
    ¡Alguien ha sacado la cuenta de en cuàntos organismos de la administraciòn central del estado (tambièn en empresas importantes y otras instituciones) sus directivos entran por un lugar diferente al de los trabajadores: Sòtanos, puertas laterales, elevadores especiales y hasta etcètera, hacen que esas personas se enteren de lo que pasa en su organismo gracias a un informe que alguien le presenta en una pantalla, la mayor parte de las veces, limado de todas las asperezas que no sean de buen deglutir para los jefes.
    Ellos no lo comprueban, pues se reúnen con sus trabajadores un mínimo de veces.
    Cuadros designados que nadie sabe de donde salieron, que entran y desaparecen como en cualquier obra de teatro, a veces por una cortina lateral o haciendo mutis por el oscuro final de un telón de fondo.
    Necesitamos valores y EJEMPLO para seguir, como lo hemos hecho en estos casi 60 años.

  • Diógenes dijo:

    Muy lúcido y abarcador su artículo, sólo falta el “saber cómo” – eludo el famoso y colonizante término know how, por supuesto- para saber cómo se piensa salir de ese hueco que en parte ha sido creado por el exceso de discursos triunfalistas (incluida la hagiografia que Ud. señala), la repetición de lugares comunes y el divorcio con verdades soslayadas o eludidas durante tanto tiempo. Sólo con esos elementos el daño tiende a hacerse irreversible, por la banalización y consecuente indiferencia o hasta rechazo que crean en la gente. Pero también están, como elemento adicional, las conclusiones o declaraciones finales de diversos foros, culturales y de otro tipo, que luego no pasa nada con ellas. Muela y muela, como se diría en criollo. Y eso es fatal. Por otra parte, de la poca cantidad de personas que tienen acceso a la discusión abierta e inteligente de esos temas, creo que hay una buena proporción a la que sencillamente no les importa. Quizá porque no logran relacionarlos con sus aspiraciones personales o sus consecuencias prácticas en la vida del país.

  • Diógenes dijo:

    Muy lúcido e interesante su artículo. Lo que falta es el “saber cómo” –para decir en español el colonizante término know how-; saber cómo vamos a salir del sumidero en que nos hemos metido y al que tanto ha colaborado el triunfalismo, la frase altisonante y vacía, la hagiografía, el soslayar o evitar o mediatizar verdades evidentes, la evocación selectiva de la historia reciente y la falta de interlocutor válido para tantas dudas y críticas que hay en el ambiente …entre otros elementos de la vida nacional. Nada de eso coopera a crear una actitud o disposición participativa en la gente. Por otro lado están las conclusiones o acuerdos de muchos foros culturales y de otro tipo con los que luego no pasa nada en la práctica. Se olvidan hasta el próximo foro similar, que los retoma y repite casi letra a letra. Así, dígame Ud., quien puede creer. Pero creo que lo peor es que los decisores de diferentes niveles son usufructuarios aventajados del statu quo, por lo que se resisten con fuerza al cambio de dirección de la tendencia neocolonizadora–que probablemente comparten o al menos no la reconocen como algo tan grave como efectivamente es.
    Por otra parte estoy seguro de que, de la exigua cantidad de personas que tienen acceso a artículos como el suyo, hay muchos a quienes no les interesan esos temas. Y otros que se limitan a, por ejemplo, a emitir frases como ésta (que leí en uno de los comentarios): “Primero hundiremos a la Isla en el mar Caribe que verla corrompida y desdibujada por el imperialismo y su pseudocultura aberrante”. Vaya…

  • Raisa Hernàndez Valdivia dijo:

    Completamente de acuerdo con la opiniòn de Reynaldo Feijoo, son las mismas palabras que pondrìa aquì y solo me queda por decir “VIVA LA REVOLUCIÓN CUBANA” “VIVA CUBA” “VIVAN POR SIEMPRE FIDEL Y RAUL” “PATRIA O MUERTE, VENCEREMOS”

  • Ángel Blanco dijo:

    Estimado Ernesto Estévez, muy buen artículo que invita a la reflexión profunda.Sin embargo no se menciona la causa primaria, el porqué de todos los por qué.
    En el Universo absolutamente todo está vinculado, nada puede ser aislado y no existe el vacío absoluto.
    El problema fundamental no estriba en la apropiación de la plusvalía y su redistribución, sino en la mera existencia de la plusvalía o de cualquier eufemismo con el que se pretenda ocultarla. Viola la ley fundamental del Universo: la Ley de Conservación de la Energía y de la Materia.
    El dinero es sólo la unidad de medida del trabajo humano en su más amplio sentido y tiene que recuperar este rol.
    La socialización de los más importantes medios de producción no es suficiente, es más, surge como consecuencia natural de la eliminación de la plusvalía. Todos los “socialismos” reales que conozco hasta la fecha, han dejado intacto el mecanismo de autodestrucción. Esto no depende de la voluntad y el deseo de los pueblos, ni de sus dirigentes. Simplemente no se pueden violar las leyes de la naturaleza. Tiene serias consecuencias.
    La misma razón que prohíbe la mera existencia de la plusvalía, es la que permite la existencia de la energía libre (o de los mal llamados móviles perpétuos). La energía libre y “gratuita” cumple fielmente la Ley Universal de Conservación de la Energía y de la Materia.
    Sin embargo, nuestra mentalidad y psiquis se resiste a creerlo, luego de miles de años en que se nos ha cultivado como buenos esclavos. Tenemos una visión invertida de nuestro mundo y existen fuerzas muy poderosas interesadas en que esto continúe así, para garantizar sus privilegios, aunque ello conlleve a la extinción de esta Humanidad.
    Empiece usted por el principio y encontrará todos los vínculos a este neocolonianismo científico, político, ideológico, histórico, cultural, moral y ético que padecemos, la Humanidad en general y la sociedad cubana en particular.
    Muchísimas gracias por su excelente artículo.

  • Ángel Blanco dijo:

    Erratas: donde dice “perpétuo” debe decir “perpetuo”, en lugar de “neocolonianismo” debe decir “neocolonialismo”. Entre el punto y “Sin embargo …” debe haber un espacio.
    ¿Por qué no se permite reeditar los mensajes para eliminar los errores?

  • Eduardo Ortega dijo:

    Cuando hago click en el logo de la impresora para imprimir este excelente artículo, el sistEma me lleva a uno titulado “Accidente del tránsito”. Pido a los compañeros de Cubadebate que solucionen este problema. Gracias. SALUDOS!

  • siendobjetivo dijo:

    Mis felicitaciones para el prof. Ernesto! Excelente artículo! Seria ideal si lo pudieran leer todos los cubanos! Análisis sólido, objetivo y explicado de forma magistral sobre los desafios que enfrenta nuestro proyecto social, y que van más allá del acoso norteamericano a nuestro país.

  • AUREA VERONICA RODRIGUEZ RDGZ dijo:

    El que no ama a su patria no se ama ni a si mismo. pero tambien es muy necesario amar a nuestra America, pues es simbolo de rebeldia y de unidad muy imprescindibles en los tiempos actuales.
    Estoy muy en contra de que los simbolos patrios se mercantilizen. veo muchas personas usandolos en ropas, zapatos, carteras, volantes, etc. y es un irrespeto a ellos mismos. deberian existir leyes que lo impidan.
    Recuerden la cultura es un arma poderosa que une a los pueblos.

  • Luis A. Montero Cabrera dijo:

    Gracias, Prof. Estévez, por esta muy apreciable, profunda y verdaderamente culta aproximación a nuestra realidad ideológica y cultural actual. Debería desatarse en torno a este artículo una amplia y participativa polémica pública que nos traiga lo mejor, se concuerde o no con mucho de lo que aquí se dice.
    Particularmente el concepto visitado en la frase: “Viendo los procesos de desmerengamiento del socialismo europeo, la pregunta sobre cuándo la protoburguesía emergente toma conciencia de sí misma como clase y busca aliarse con la burocracia no ha sido contestada.” merece un comentario aparte. Creo que existe la lamentable respuesta de que nuestra burocracia local ya está aliada, consciente o inconscientemente, hace mucho tiempo a esa “protoburguesía emergente” que pronto será burguesía establecida, y donde no predomina particularmente la manifestación más culta. Basta con frecuentar muchos lugares de venta pública en divisas para darnos cuenta de que no es precisamente cultura y buen gusto lo que prolifera entre la clientela. Con esta inevitable burguesía deberíamos convivir en condiciones de ventaja y no de desventaja absoluta tal y como nos dejan las medidas económicas tomadas y pendientes de corrección con respecto al valor del dinero. Al ser la mayoría de los cubanos víctimas de una increíble disparidad en la distribución de la riqueza originada en una más increíble desvalorización de los salarios y del sostenimiento artificial de una divisa extranjera, le estamos entregando el futuro del país a las fortunas que se están creando.
    Según se detecta en los hechos relatados, aunque no en la forma de relatarlos, acerca del “demerengamiento” escritas recientemente por el Prof. J.L. Rodríguez en Cubadebate, la acumulación de riqueza por una burguesía, primero ilegal y luego legal, en la URSS, y su alianza con instancias partidistas y de otras organizaciones estatales de ejercicio de poder dieron el tiro de gracia al experimento socialista de ese país. La componente ideológica ya había sido “fusilada” con los graves excesos antiéticos, antidemocráticos y antisocialistas entronizados durante sucesivas gestiones de gobierno por burócratas designados a espaldas de la legitimación popular.
    La incomprensión y falta de acción actual en el sentido cultural, comentadas en este excelente artículo, traen a la mente muchas posibles acciones, pero nunca inacciones o silencio.

    • Eduardo Ortega dijo:

      Excelentes el artículo del Profesor Estevez y el comentario del Profesor Montero. Cubadebate se ha convertido en una excelente trinchera de lucha ideológica de los revolucionarios cubanos; pero tengo la gran preocupación, desde hace tiempo, de que lo que aquí se publica y comenta llega a un pequeño número de compatriotas. Este artículo del Prof Estevez debería ser publicado en Granma para que alcance a toda la población. Sugiero a los lectores de Cubadebate y a los compañeros de la Dirección de este sitio que hagamos una petición para que Granma publique este artículo. SALUDOS!

  • lili dijo:

    “el porqué de todos los por qué.” También creo que debía comenzarse por ahí. MUY BUENO SU ARTÍCULO, pero si vamos a ver cuantos han escrito referidos a esta grave situación, nos llamaría la atención su volumen númerico.De los símbolos no quiero hablar, esa es otra historia. Lo peor es la inactividad, los oídos sordos, me pregunto dónde están los líderes nacidos después del 59. Un líder es el que motiva y sigue la masa, con el que se identifica por la bandera que levanta. Y le digo más: cuál es el líder para 2018, es un problema para pensar, y lo que está en la calle no es fácil. Lo publican o no?

  • Arturo Menéndez dijo:

    Interesantísimo, profundo, abarcador, valiente … el asunto está en por dónde empezamos a rectificar, a cambiar todo lo que tenga que ser cambiado, lo cual incluye cambiar a todos los que tengan que ser cambiados, a los jefes que no son líderes y se creen dueños de lo que debe ser propiedad común, de todo el pueblo, a los que muy bien caracteriza el autor, a los que dan vivas a la Revolución y lo que hacen en realidad es alimentar las rutas de su autodestrucción. Realmente nos encontramos en una encrucijada, hay que reconocer que hay mucha confusión, incluso en los que sinceramente la han defendido y están decididos a seguirla defendiendo, y sobre todo en las nuevas generaciones, en los jóvenes que son apabullados por muchos mensajes de amplia diversidad (incluyendo lo relacionado con su calidad estética) y que en gran medida desconfía de una prédica que no explica los desaciertos del proyecto social que defendemos, o los explica (o justifica) casi siempre a partir de una real agresión constante, mantenida (bloqueo y otras formas de esa agresión), pero sin profundizar en los males propios. Se impone que nuestros vivas a la Revolución no solo sean desde los sentimientos, lo cual sin duda es muy importante, sino también a partir de la reflexión y la acción que debe emanar de las convicciones y la crítica profunda y constructiva.

  • juan carlos corcho vergara dijo:

    ´´En demasiadas ocasiones se promueven a personas a espacios de decisión que desconfían de la mirada culta, de la necesidad de la reflexión pausada, del espacio para el pensamiento. A ello no escapa la selección de los que dirigen entidades económicas, políticas, educativas o culturales con casi nula cultura y poco sentido del diálogo, resultado de la incomprensión de la complejidad social actual. La búsqueda del buen administrador capaz de atenerse a una disciplina, no niega la necesidad del dirigente capaz y culto que logra conducir procesos complejos y diseñar e implementar respuestas adecuadas, frutos de su pensamiento. Si promovemos la incultura, no podemos luego escandalizamos cuando se le ocurre diseñar o aprobar manifestaciones vulgares y sietemesinas de identidad nacional o de lo revolucionario.
    Debemos entender además que la lucha contra la corrupción económica comienza en primer lugar por una batalla contra la corrupción cultural. Por la incultura entra la vanidad de creer que el “sacrificio” de dirigir te hace merecedor de privilegios. Por la incultura entra el afán desmedido de lucro, de poseer bienes materiales como fin primero de la actividad humana´´. Se ha dicho hasta la saciedad que nuestra política de cuadro es fallida, pero sigue intacta, pero incluso la que está vigente no se cumple, hay que otorgarle a las bases un poder real y participativo en la selección y fiscalizacion de los directivos, los cuales deben convertirse obligatoriamente en verdaderos líderes, ejemplos indiscutibles de capacidad, de honestidad , de sencillez, cultura general, y cultura política, de entrega total e incondicional al servicio público, y sobre todo fidelidad absoluta y probada en el día a día al proyecto revolucionario y socialista que pretendemos construir. Yo creo sinceramente que la mayor parte de nuestros males descrito en el artículo se debe al acomodamiento y finalmente al proceso de degradación y corrupción de muchos de nuestros cuadros, y no hace falta sacar cuentas de si es minoría o mayoría, hace ya rato Fidel advirtió del daño que hace un solo, un solo dirigente autoritario, abusador del poder y de las gentes y corrupto al proyecto revolucionario. Ya es hora de pasar a la ofensiva. AAHA Y SI, Viva la Revolución, pero la de Fidel, la de Raúl y la generación histórica que la hizo.

    • el socialismo real dijo:

      Muchas gracias Juán Carlos Corcho Vergara, 100% de acuerdo, crear un mecanismo popular de control sistemático de los dirigentes y cuadros y fiscalización de cuentas contra la corrupción, pero quién ó cuando se le pondrá por fin el cascabel al gato?

      • Eduardo Ortega dijo:

        De acuerdo con Ud y con juan carlos corcho vergara. Muchos dirigentes no son líderes. Muchos dirigentes solo responden a sus propios intereses y a los de arriba, que fueron los que los designaron y no a los de abajo que son los que hacen las tareas. Los verdaderos líderes tienen el apoyo de las masas; pero, para saber si lo tienen hay que utilizar el método de elección directa y secreta de los dirigentes y no la designación donde en muchos casos no se toma en consideración la opinión de los dirigidos. Hacen falta muchas cargas “para matar bribones”, y esas cargas solo las puede lograr el pueblo haciendo uso de la mayor democracia. SALUDOS!

  • juan carlos corcho vergara dijo:

    La fábula de los dos lagartos: En cierta ocasión escuche decir a dos personajillos, y no de poca monta, muy ocupados por el tema del poder, uno por mantener el que ya ostentaba y el otro por el poder al que aspiraba, que la política de cuadro en cuba era inamovible e intocable, esos dos términos que utilizaron estos dos personajes para definir un aspecto tan sensible en el desarrollo de nuestra sociedad y tan atacados por el enemigo para descalificar nuestro modelo político, siempre me parecieron de sus autorías y con partida de bautismo y todo, el más viejo, con una extensa carrera ´´política y administrativa´´ y muy aferrado a los grandes´´ sacrificios, vicisitudes, esfuerzos y renunciaciones´´ que le imponía una longeva carrera de´´ entrega absoluta e incondicional al servicio del bien público´´ el más joven, un mozalbete ´´ polifacético´´ y muy decidido a ´´triunfar y brillar´´ en lo que sea, para alcanzar lo que sea y saciar toda su sed narcisista y egocentrista, nada, la vida no me hizo esperar mucho para descubrir la génesis y el desarrollo en la formación y consolidación del clásico y metamorfoseo oportunista. Yo estoy convencido que estos personajes camaleónicos no ostentan la razón, y que en la política de cuadros que pretendemos construir, se le otorgue más participación y protagonismo a todo el pueblo, para poder blindarnos contra estos lagartos corrosivos capases corroer hasta las propias entrañas del proyecto de socialismo próspero y sostenible que aspiramos para nuestra sociedad.

    • Arturo Menéndez dijo:

      De acuerdo con la fábula de los dos lagartos. NO tengo duda, la famosa “política de cuadros” necesita ser revisada y actualizada a la luz de un mayor protagonismo del pueblo en las decisiones de la economía, de la sociedad, de la política. ¿Qué impide que los cuadros para los cargos sean electos, no designados? Por supuesto, se necesita de procedimientos debidamente normados, una metodología que tenga como principio funadamental la capacidad de las masas de elegir a sus dirigentes y de demoverlos cuando no cumplan debidamente o se desvíen del actuar honrado, honesto y comprometido con el pueblo. Otra expresión de la democracia socialista.

  • juan carlos corcho vergara dijo:

    socialismo real, creo que podemos empezar por incluirlo en los textos a que estamos convocados a discutir ,nuestra controladora refiriéndose al mal actuar de algunos de nuestros cuadros ,enfatizó que´´ la esencia de tales comportamientos radica en la conducta asumida por parte de quienes se asocian para delinquir o faltar a la ética en beneficio propio y de terceros; las fallas en los sistemas de control interno; la inobservancia de los deberes funcionales; y el abuso en el ejercicio del cargo y en la utilización de facultades por parte de los directivos y funcionarios. ´´No es correcto que pidamos al pueblo sin un poder real , primero para elegir y luego en una fiscalización sistemática y hasta constructiva , que estemos vigilantes ante estas manifestaciones y después denunciarlas, exponiéndose a lo que se expone el que tiene el valor de denunciar, y lo dejen indefenso ante las´´ actitudes asociativas para delinquir o faltar a la ética en beneficio propio y de terceros´´ , se silencie , aniquilen o linchen, o tenga que pasar por largos procesos también burócratas y asociativos, para demostrar y se haga justicia con lo denunciado. El linchamiento no necesariamente tiene que ser físico, está el linchamiento funcional, el político, y hasta el ciudadano total, es triste hablar de estas cosas así de crudo pero están desgraciadamente interactuando en nuestra sociedad y no debemos esperar por convertimos en un Colombia o en un Méjico, nuestros delincuentes de cuello blanco como los llaman, no son tan blancos como aparentan.

  • juan carlos corcho vergara dijo:

    La convocatoria al combate contra la corrupción y la indisciplina social, es el estado y sus autoridades, los responsable de convencer que se trata de un combate épico desde todas sus aristas, que es la épica, el deber sagrado de nuestros días de todos por salvar la patria, pero con verdadera participación democrática desde las selecciones y hasta el control, sin tener en cuenta estos aspecto es muy difícil decidirse entrar al juego después de comenzado el mismo.

  • juan carlos corcho vergara dijo:

    Quisiera que este articulo tuviera la connotación y rompiera récor, al menos con mis contemporáneos que nacimos y crecimos con la revolución y como su autor digo, Viva la Revolución, la de Fidel, la de Raúl y la mia y la de mis padres y mis abuelos ,que también me enseñaron a amarla y a defenderla.

Se han publicado 38 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Ernesto Estévez Rams

Ernesto Estévez Rams

Instituto de Ciencia y Tecnología de Materiales (IMRE). Universidad de La Habana

Vea también