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Los que “cuentan las historias” en Onelio Jorge Cardoso

En este artículo: Cuba, Cultura, Literatura
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onelio jorge cardoso

Retomo el teclado en un punto, motivado[i].

La especie humana pasa una parte de la vida calificando y clasificando, sucede con casi todo. Se “compara con…”, esto ha provocado y provocará más de una “bronca” entre novios”, porque se empieza por ahí precisamente, por comparar digo, es parte del proceso de aprendizaje y de aprehender tanto las cosas de la realidad como la realidad de las cosas. De esas operaciones salen y quedan las etiquetas, tanto para las personas como para las cosas; los ángeles –que no siempre lo son- ascienden o descienden, causan estragos o su contario; los demonios y quienes emponzoñan también, a veces se salvan algunos, otros no. ¡Las etiquetas, ay las etiquetas!

“En el principio…” fue la división de la producción del cuento en Hispanoamérica, a partir de Horacio Quiroga, en dos grandes grupos o corrientes; “…la criollista o impresionista y la psicológica o expresionista[ii] ”; así fue y fue tanto que se quedó la etiqueta para “siempre“; y de tanto repetirse ya casi era un axioma, tal como ocurre con las leyes que “supuestamente” rigen las cosas (incluido el mundo); algunos protestaron , pero ya había pasado el tiempo.

El problema había comenzado antes, a finales del largo siglo XIX[iii] cuando los escritores comenzaron a “confundir”, para suerte de la literatura, a los hombres con sus hablares, como especies puras, en el volumen denso y colorido de estos[iv]; y es a partir de este momento que nos encontramos al habla en la literatura, muy parecida a como lo es en la realidad, tratando que no existan falsedades.

El realismo crítico ya había intentado presentar a la sociedad en un todo, en grupo-conjunto; reduciendo a sus personajes-actores a las relaciones de fuerza de una determinada formación económica social en las que actuaban , y la era del realismo haría –costaría mucho trabajo en el tiempo- que los lectores volvieran a considerar, lo hicieron los sofistas griegos, como índices a la dignidad humana y a los engaños del arte, esto ocurriría a nuestro juicio porque quien reacciona a los “engaños” ha superado el nivel de lo “vulgar”, ha logrado incorporarlos a las otras realidades de sus vidas . Entonces la literatura ya comenzaría a ser vista (¿comprendida?, no lo creo), en lo adelante, también, entre otras cosas, como un acto de información porque aparece en ella el habla real de los hombres.

Con Onelio Jorge Cardoso pasó; alguien -o más de uno en realidad- decidió que era un escritor “criollista”[v] y ya.

Onelio nació en Calabazar de Sagua, el 11 de mayo de 1914 y falleció en Habana el 29 de mayo de 1986. Cursó estudios hasta el bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara y no pudo continuar estudiando por dificultades económicas familiares. Desempeñó varios oficios, entre ellos el de viajante de comercio, que le hizo viajar por varias zonas del país y conocer a personas que le sirvieron, en muchas ocasiones, de modelos para sus personajes y sus historias.

Junto a la intelectualidad local contemporánea publicó en revistas locales como Umbrales, Club Umbrales, La Hora Umbrales.

Onelio Jorge, en 1936, ganó un concurso de cuentos de la revista Social, pero no es hasta la década de los años 40 que empieza a darse a conocer al obtener menciones en el prestigioso Concurso Alfonso Hernández Catá y finalmente el primer premio, en 1945, con el cuento Los carboneros. En ese propio año se publica en México, preparado por José Antonio Portuondo, su primer libro: Taita, diga usted cómo.

Aunque escribe hace otras cosas, es vendedor ambulante, viajante de medicina y maestro rural, junto al poeta Raúl Ferrer, en una pequeña escuela del Central Narcisa.

En 1948, en La Habana, comienza a trabajar de redactor del noticiero de la emisora Mil Diez; escribe libretos para la radio comercial y fue jefe de redacción del noticiero cinematográfico Cine-Revista.

En 1952 obtuvo el Premio Nacional de la Paz, por su cuento Hierro viejo.

Su segundo libro no aparece hasta 1958, El cuentero, editado por la Universidad Central de Las Villas.

Después del triunfo de la Revolución desempeñó varias responsabilidades: dirigió el Instituto de Derechos Musicales, fue jefe de reportajes especiales del periódico Granma, jefe de redacción de la revista Pueblo y Cultura y del semanario Pionero. También trabajó como guionista de documentales en el ICAIC y en la Sección Fílmica del Ejército Rebelde.

Desde 1961 perteneció al Ejecutivo de la Sección de Literatura de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba Unión de Escritores y Artistas de Cuba y a su fallecimiento era Presidente de la Sección de Literatura de esa organización.

El caballo de coral, su tercer libro, y segundo libro publicado en Cuba, salió en 1960. En el año 1962 ve la luz la primera edición de sus Cuentos completos, con dibujos de René Portocarrero. Ese mismo año publica Gente de pueblo, una colección de reportajes con fotos de José Tabío, que fue su amigo entrañable y prólogo de Samuel Feijóo.

En 1964 obtiene el premio 26 de Julio con su reportaje Santiago antes del 26, publicado en la revista Pueblo y Cultura.

Sus textos también fueron editados en Bulgaria, Eslovaquia, España, Francia, Hungría, México, Rusia, Rumanía y Polonia, entre otros países.

Se desempeñó como diplomático en Perú, con el cargo de Consejero Cultural.

Le fue conferida la condición de Doctor Honoris Causa por las universidades “Simón Bolívar”, de Bogotá y de La Habana, en 1983 y 1984, respectivamente.

Algunos crecimos acariciando las hojas y disfrutando sus textos, quien no recuerda: El homicida, Moñigüeso, Mi hermana Visia, En la caja del cuerpo, Memé, Un brindis por el Zonzo y otros, estos nos acompañaron a buscar el sueño y a “olvidar” alguna que otra pena.

Nuestro Cuentero mayor, como se le identificó, si bien responde a algunas de las características del criollismo en sus textos, también las dejó detrás y usó en su obra otras, una de ellas muy repetida, fue la consistente en usar pequeños relatos que están contenidos dentro de una narración principal. Esos relatos poseen una “relativa” independencia de la narración regente; relativa porque están “emparentados” con la narración principal por medio de los personajes, sus funciones y por los narradores; en independencia de los hechos que, a pesar del parentesco con la totalidad son otros, y se insertan en el cuento.

Recordemos El Cuentero. Un narrador da voz a otros que a su vez cuentan historias que se interrumpen y se unen nuevamente. Lo que nos enseña que en un cuento[vi], podríamos encontrar varios relatos unidos por procedimientos coordinativos y subordinados (lo mismo que en los conjuntos oracionales) para enlazarse entre sí; y en el último caso, distinguiríamos los conceptos–términos de “relato regente” y relato regido”.

En la ya lejana -quien lo diría-, década del 80 del pasado siglo se afirmaba, intentando dar coherencia a este asunto, que “…la presencia de un relato enmarcado en un relato marco implica la existencia de dos niveles narrativos; un narrador para la diégesis y otro para la metadiégesis (…) El narrador de la diégesis (…) en un momento de su discurso delega en algún personaje parte de la narración. El narrador de la metadiégesis surge, necesariamente, de la diégesis en cuanto es un personaje de ella…”[vii].

Recalco que el análisis literario en muchos casos no utilizó una terminología coherente y transparente que, difundida en esa ciencia, resultara “neutra” y lógica desde el punto de vista terminológico, y entonces conceptos como los de subordinación y coordinación, que encuentran amplias posibilidades de aplicación muchos más allá de la sintaxis, donde surgieron, incluso dentro de la propia ciencia lingüística (por ejemplo en la fonología y la morfología) no fueron utilizados y se recurrió al uso de una terminología que, a nuestro juicio, terminó por confundir a varios.

En el domino de los estudios literarios en particular, no ha acabado de superarse el peligro nocivo de recurrir a fórmulas terminológicas cuyo carácter metafórico las hace de alguna manera esencialmente impresionistas (estoy pensando en ´myse en abyme´, pésima traducción de “puesta en escena o puesta en abismo” y servil calco del francés, además). Por si resultara poco, no es inusual el irresponsable abuso de lo que en linguística se llama “casillas vacías”, especialmente en lo tocante a la creación de hiperónimos; y por esa razón hacemos la contraposición de cuento – relato, o relato regente – relato regido.

En expresiones utilizadas por críticos literarios como “relato dentro del relato” o “relato enmarcado y relato marco”, encontramos la ausencia de hiperónimos que contengan a la(s) parte(s) innominada(s), por esa razón establecemos, para que se haga más nítida la distinción entre la totalidad contentiva en X relatos (cuento) y sus partes contenidas en la misma (relato regente y relato regido) y tal vez El Cuentero es el texto que explica mejor lo anteriormente señalado. Por primera vez Jorge Cardoso utiliza un personaje que narra historias; para hacerlo recurre al procedimiento explicado, hay una relato regente que contiene a varios otros relatos que resultan regidos.

Hay en este cuento cuatro relatos; el relato regente y los regidos. Un texto regente narrado en primera persona; un segundo relato narrado también esa misma persona por el personaje principal, un tercero de otro narrador, en tercera persona con intervenciones del personaje principal en primera persona; y otros 2 contados por un tercer personaje.

¿Los escritores piensan en esos artilugios para organizar o escribir los cuentos? A veces si, a veces no. A veces se hacen “mapas” o maquetas de una narración, otras salen solas y los personajes siguen sus caminos, a veces muy lejos de lo que se había diseñado.

Pero no es solo en El Cuentero que estos procedimientos suceden sino en otros textos como son el caso de Nino, en el que simultáneamente dos historias transcurren en paralelo, también presente en el texto El hilo y la cuerda.

En la cuentística de Jorge Cardoso ocurre que son homólogos los “contadores” de la historia y quienes intervienen en los relatos regidos.

¿Esto nadie le interesa en medio de tantos problemas? Probablemente sea cierto, pero existen siempre “alguien” al que le llame la atención y que quiera conocer las sutileza que ilustren alguna que otra cuestión y que nos hace distintos de la “manada”, nos separa de la masa.

¿Elogios?, muchos causó la obra de Onelio, para Pablo Neruda fue uno de los mejores cuentistas de América; para José Rodríguez Feo fue una hazaña – la publicación de sus Cuentos completos– lograda a plenitud[viii]; pero los elogios duran poco, se van con el tiempo y en cuanto pasa la memoria, desaparecen con las generaciones que un día leímos; y hoy, como con dolor sabemos, pocos leen, pocos recuerdan también. Los libros quedan todavía, espero que no desaparezcan y un día vuelvan a re-descubrirse; y ojalá pase con Onelio.

Existe una razón por la cual se es, se está en un lugar determinado, por la que se hace cierta cosa, el misterio está en poder descubrirlo y quienes lo logran –pienso que no se hace por inteligencia sino por amor- tienen el privilegio de encontrar elementos importantes y alcanzar ciertas cotas de felicidad. A veces están las cosas ahí frente a todos y nadie las ve o las cuenta, en el caso de Onelio logró escribirlas y re – describirlas, hacer literatura con lo que estaba ahí porque no decidió ignorarlas, las hizo más públicas y al difundirlas, las compartió con todos.

Notas


[i] Ver a García Ronda, Denia (2009): “…sirvió de motivación a exámenes posteriores, como el que realizara Vladimir Pérez Casal en su investigación sobre la intertextualidad en la cuentística oneliana…” En “Un poco más allá. Proyección ético-estética de la cuentística de Onelio Jorge Cardoso”, Ediciones Unión, 221 págs. Op. Cit. 98.

[ii] Ver Portuondo, José Antonio (1947): “Lino Novás Calvo y el cuento hispanoamericano”, Cuadernos Americanos, nro 5, sept-oct, Vol XXXV, México, págs. 245-263. Op. Cit. pp 245

[iii] Largo porque nació con la Revolución francesa (1789) y concluyó con la sangrienta Primera Guerra Mundial y el comienzo de la Primera Revolución de Obreros y Campesinos del mundo en 1917.

[iv] Ver en Barthes Roland: “Novos ensaios críticos o grau zero da escritura”, Editora Cutrix, Sao Paolo, 167 págs. Op. Cit. 162

[v] El criollismo fue una corriente literaria que trató de llevar el sentimiento vernáculo a categoría literaria, en el que predomina lo autóctono, se usan modismos dialectales, se profundiza en las leyendas del pueblo. Se dice que surge como oposición al exotismo modernista, con personajes locales en contraposición a los desarraigados con “mentalidad extranjera”. También hay aspiración que las obras se vean como “documentos sociológicos” del momento que vive la localidad, más allá de lo netamente artístico.

[vi] Quiero hacer algunas precisiones terminológicas: cuento a una entidad narrativa total y relato una unidad narrativa menor contendida en la totalidad. En cuanto al término narración, aplicable por igual al cuento y al relato, vamos a asignarle la condición de hiperónimo diferenciado.

[vii] Ver Lértora, Juan Carlos (1980): “La estructura de la ´myse en abyme´ en Fragmentos de la Apocalípsis”, Semiosis Nro.4, Universidad Veracruzana, Xalapa, México (págs. 78-88). Esa misma terminología fue usada por importantes críticos como Genette, Gide, Ricardou, Ball y Dallenbach, entre otros.

[viii]http://librinsula.bnjm.cu/secciones/236/expedientes/236_exped_1.html

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  • lili dijo:

    que bien que alguien se acordó de la obra del cuentero mayor. Hay tantos olvidados, grandes de nuestra cultura. Gracias por este texto que bien podría estar en una revista especializada.

  • Ana Virginia dijo:

    En mis clases he trabajado con mis alumnos los cuentos : El cuentero y Metales.Para mí, el mejor de los mejores.Honrar, honra. Ana Virginia

  • María dijo:

    Querido Vladimir: muchas gracias por tu artículo tan ilustrativo. Mi cuento favorito de Onelio Jorge Cardoso es Francisca y la Muerte. Pero en general, todos sus cuentos me gustan. Te felicito por tu artículo. No dejes de escribir.

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F. Vladimir Pérez Casal

F. Vladimir Pérez Casal

Filólogo cubano. Colaborador de Cubadebate.

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