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Nunca como hoy urge contar con lúcidos y honestos como Armand Mattelart

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Armand Mattelart recibe el Doctor Honoris Causa por la Universidad de La Habana. Foto: Cubadebate/ Ismael Francisco.

Armand Mattelart recibe el Doctor Honoris Causa por la Universidad de La Habana. Foto: Cubadebate/ Ismael Francisco.

Cuando Garcés me pidió que dijera “las palabras de elogio” de Armand Mattelart en este acto, le expliqué que en todo caso, lo que podría compartir aquí con ustedes sería un mensaje de admiración, de afecto, de gratitud, por él, por Armand, y también (inevitablemente y con gran placer) por Michèle.

Hay que felicitar a Armand por haber encontrado a Michèle y por haber fundado con ella una pareja para la vida y para el trabajo en común. Es un privilegio. Los felicito a los dos. (En Cuba tenemos el caso de dos poetas y ensayistas de los más grandes de nuestra historia literaria, Fina García Marruz y Cintio Vitier, dos martianos además, que vivieron y escribieron juntos hasta que Cintio lamentablemente falleció. “Destinada mía”, le llamó Cintio a Fina en un bello poema. Así, como la pareja de Fina y Cintio, veo yo a la pareja de Michèle y Armand. Es decir, que Michèle es la destinada de Armand y viceversa.)

Volviendo a al tema de “las palabras de elogio”, quiero decir que he estado presente en muchos actos de este tipo y he visto que “las palabras de elogio” son auténticas conferencias magistrales. Estas notas que hice no tienen nada que ver con eso.  En todo caso, la culpa es de mi querido compañero Garcés.

Yo hubiera necesitado un año sabático, o más, un quinquenio sabático quizás, para adentrarme en la amplísima obra, tan excepcional, tan grande en extensión como en profundidad, de Armand (formada por libros hechos en solitario o en coautoría con Michèle y otros estudiosos),  y tal vez un quinquenio extra para elaborar unas legítimas “palabras de elogio”, realmente dignas de la extraordinaria figura del pensamiento antihegemónico que hoy recibe el título de Doctor Honoris Causa de la UH.

Empezaré con una confesión personal: aquel libro tan célebre de Armand, hecho en coautoría con Ariel Dorfman, Para leer al Pato Donald, tuvo un efecto muy impactante en mi formación, cuando estudiaba Letras en la universidad. Si algún día se me ocurre escribir una especie de Bildungsroman autobiográfica, es decir, una de aquellas clásicas “novelas de aprendizaje”  en las que el protagonista va pasando por una serie de “iniciaciones” sucesivas, asociadas al descubrimiento del mundo y de sí mismo y a la pérdida de la inocencia, tendría que referirme a mi encuentro con el Pato Donald desmenuzado por Armand y Dorfman.

Es más: podría comparar, sin exagerar demasiado, la experiencia reveladora y algo perturbadora que significó ese libro para mí, con aquella otra, que me ocurrió muchos años antes, cuando un niño de mi escuela me dijo que los Reyes Magos no existían, que eran los padres.

Yo había sido de los que se había creído con total ingenuidad el cuento de los Reyes Magos, de Melchor, Gaspar y Baltasar, de los que ponía yerba y agua para los camellos y hacía cartas diciendo que me había portado impecablemente y que merecía tal o más cuál regalo. Por supuesto, me daba cuenta de que estos Reyes no eran totalmente justos, porque había niños en mi barrio, los niños de familias más pobres, que se portaban muy bien y recibían regalitos ridículos. Pero, bueno, lo cierto es que me sentí engañado, traicionado, al saber que todo aquello era una farsa.

Yo me había creído también, como todos los niños cubanos de mi generación, y como los de muchos otros países y generaciones, el cuento de los personajes de Disney, del Pato Donald, de Mickey Mouse, de Tribilín (aquí le llamábamos Tribilín; en otras partes, Goofy). Y aunque cuando cayó en mis manos Para leer al Pato Donald ya yo sabía muy bien que en las películas del Oeste de mi infancia los “malos” eran los cowboys y no los indios, todavía conservaba un espacio benevolente (y hasta un poco nostálgico) para las criaturas de Disney.

Hasta que llegaron Armand y Dorfman y (del mismo modo brutal de aquel compañero de escuela que me dijo “Los Reyes son los padres”) me advirtieron (y lo probaron brillantemente) que Disney me había estado envenenando con sus patos asexuados, con su legión de sobrinos, con un símbolo extremo del egoísmo capitalista, el Tío Rico Mac Pato, que se presentaba como un tacaño  invenciblemente simpático, al que uno siempre terminaba perdonando.

Después supe más: que Disney era un anticomunista furibundo, que había reprimido vengativamente al sindicato de sus estudios y que trabajó como colaborador del siniestro Edward Hoover. Y hace poco la serie de Oliver Stone (La historia no contada de los EEUU) nos recordaba al buenazo de Disney,  el papá tierno de tantos patos y ratones y ardillas y enanitos encantadores, cuando denunciaba a colegas suyos ante el tribunal de la inquisición del Macartismo.

Preparando estas notas, recordaba el reciente Consejo Nacional de la UNEAC, hace tres días. Discutíamos allí sobre ciertos símbolos yanquis que han tomado fuerza entre nosotros y mucha gente los recibe como algo “moderno” o “divertido”. Y pensaba en qué falta nos hace difundir más, ahora mismo, en este país, el agudísimo instrumental crítico de Armand, de Michèle y de otros investigadores de los mecanismos de dominación cultural e informativa. Un instrumental, como sabemos, ajeno a consignas y exhortaciones, que nos ayuda a distanciarnos de la hipnosis y a desmontar las manipulaciones.

Como Gramsci (que nació y se formó en el Sur de Italia, en Cerdeña, en un contexto rural muy pobre, muy del Tercer Mundo, y esta coyuntura marcó de un modo muy especial su pensamiento filosófico y político), Armand y Michèle Mattelart son intelectuales del Norte con raíces entrañables en el Sur. Son nuestros, como Gramsci es nuestro. (Incluso Gramsci es martiano, muy martiano, avant la lettre. Es el primer marxista-martiano, antes que Mella, antes que Fidel.)

El hecho es que Armand y Michèle supieron despojarse de todo vestigio de paternalismo europeo y buscar el Sur y habitarlo no como un paisaje exótico sino como un destino (si Michèle fue la destinada de Armand; el Sur estaba destinado para los dos). Y supieron comprometerse a fondo, desde el punto de vista intelectual,  político,  moral y afectivo, con el Sur.

Abel Prieto al hacer el elogio de Mattelart. Foto: Cubadebate/ Ismael Francisco.

Abel Prieto al hacer el elogio de Mattelart. Foto: Cubadebate/ Ismael Francisco.

La estancia de Armand Mattelart en Chile, entre principios de los 60 y 1973, fue decisiva para la estructuración de su pensamiento orientado hacia el Sur, hacia la descolonización y la emancipación. Y tuvo que ser decisiva la experiencia intensa y amarguísima de vivir junto a Allende y a la Unidad Popular la ofensiva de los medios al servicio de la oligarquía nacional y del Imperio y la escalada desestabilizadora y finalmente la barbarie del golpe y del subsiguiente genocidio. En una entrevista que le hizo María Cappa en Madrid publicada en Cubadebate, Mattelart evoca:

“…lo que viví durante los tres años que estuve en contacto con la Unidad Popular, en Chile, donde mis compañeros y yo vimos, claramente, la importancia de los medios para construir a la oposición. El Mercurio (…) fue el verdadero constructor del intelectual colectivo opositor. …los editoriales de este periódico (…) tuvieron un verdadero efecto al llamar hacia la movilización contra Allende…”

De hecho, publica desde 1963 varios libros en Chile que van desde  estudios demográficos y sociológicos hasta valoraciones sobre el papel ideológico, político y de poder de los llamados mass media, es decir, desde su Diagnóstico social sobre América Latina. Las estructuras sociales, freno al desarrollo económico (1963) hasta Los medios de comunicación de masas. La ideología de la prensa liberal (con Michèle y Mabel Piccini) (1970), texto que, según algunos estudiosos como Enrique Bustamante, marca el comienzo de las contribuciones de Armand a la comunicación, pasando por  Integración nacional y marginalidad, ensayo de regionalización social en Chile (con Manuel Antonio Garretón) (1965), Atlas social de las comunas de Chile (también del 65), La mujer chilena en una nueva sociedad, un estudio exploratorio acerca de la situación e imagen de la mujer en Chile (en coautoría con Michèle) (1968),  Juventud chilena, rebeldía y conformismo, (también con Michèle) (1970), Comunicación masiva y revolución socialista (con Patricio Biedma y Santiago Funes) (1971) y Agresión desde el espacio. Cultura y napalm en la era de los satélites (1972), entre muchos otros.

Después del golpe y de su exilio codirigió La Spirale (La espiral), un documental sobre el período de la Unidad Popular exhibido en el Festival de Cannes en 1976.

Anoche, cuando todos estábamos pendientes de los resultados electorales en Venezuela, que ya sabemos cuáles fueron, vi a Ramonet comentándole a Telesur acerca de la gran conspiración mediática internacional que ha cercado sin piedad, sin tregua, al gobierno del presidente Maduro. Y en marzo de 2014, en la entrevista que cité ahorita de Armand con María Cappa, una excelente entrevista, en medio de la más rabiosa campaña de los medios hegemónicos contra la Venezuela Bolivariana, cuando tantas voces desde la derecha y desde una supuesta izquierda se alzaban día a día para unirse al coro de los que impulsan la Contrarreforma en América Latina y quieren liquidar lo que empezaron a construir Chávez y Fidel con el ALBA y que nos llevó hasta algo tan inimaginable en otros tiempos como la CELAC, Armand Mattelart, nuestro Armand Mattelart, declaró valientemente:

“…creo que hay un plan del Pentágono y del Departamento de Estado de EEUU para derrocar y terminar con el régimen chavista… (…) A Estados Unidos le molesta que gobierne el chavismo en Venezuela desde un punto de vista geopolítico. Pasa igual con otros países. Creo que es una nueva guerra en contra de lo que ellos llaman el retorno de la subversión contra EEUU. Es evidente que han repensado esto e, incluso, cada vez tienen más estrategias de uso de las nuevas tecnologías para participar activamente. (…) Lo que ocurre es que todos los grandes medios occidentales se han puesto de acuerdo para condenar al Gobierno de Venezuela pero no al estadounidense. No quieren contar que Estados Unidos está acorralando a los diferentes gobiernos que, por diferentes motivos, no les gustan…”

En esta misma entrevista, Mattelart señala que los medios actuales trabajan “para justificar aquello que denuncian ciertos sectores reaccionarios. (…)…sirven de respaldo para estos discursos emergentes de la extrema derecha (…). // [Y añade] La guerra determinante en la historia del manejo de los medios de comunicación fue la I Guerra Mundial, (…) una guerra de propaganda en la que apareció por primera vez una oficina de censura y de orientación de la información (…).

[Aquí habría que acotar que estuvo antes la intervención de los EEUU en la guerra que libraban los cubanos contra España y el papel en esa historia de la prensa controlada por William Randolf Hearst.]

[Y continúa Mattelart]…fue el Gobierno estadounidense quien aconsejó sobre la estrategia que tenían que seguir los medios para convencer a la población de que su país debía participar en el conflicto. (…) Este es un elemento fundamental porque las estrategias que aprendieron del comportamiento de los medios en una guerra para movilizar a las masas o, más específicamente, para lavar los cerebros, los usaron después con la sociedad civil. …en situaciones tanto de guerra como de paz, hasta llegar al punto más representativo que fue el comportamiento de los medios en el atentado de las dos torres fue fundamental.

// (…) Si nos fijamos en EEUU, en la guerra contra el terrorismo, su comportamiento se basa en un conjunto de excepciones: respecto a la libertad de expresión, a la libertad de prensa y, finalmente, a la libertad de movimiento de los ciudadanos, todo ello justificado por la mayor parte de los medios. // Incluso la vulneración del derecho a la privacidad…”

Y ante una pregunta sobre la continuidad entre las dictaduras militares de los 70 y la represión del neoliberalismo, responde:

“…hay una línea de continuidad, aunque como cuentan con otras tecnologías, se da un fenómeno en el que a la vez hay continuidad y ruptura. Por eso han redefinido su doctrina militar a partir de lo que llaman el soft power, el poder blando. Las prácticas de tortura, por ejemplo, son igual de drásticas que antes. (…) En ese sentido, creo que no han cambiado, sino que continúan con sus prácticas represivas (…). Esto es lo que trato de demostrar en un libro que publiqué en 2009 llamado El mundo vigilado, donde parto de la Guerra Fría hasta llegar a las estrategias de Bush, para acabar comprobando cómo las prácticas de hoy son hijas de las de ayer.”

Justamente en el “Epílogo” de Un mundo vigilado, Mattelart, después de estudiar el itinerario de las fórmulas de espionaje y control en las llamadas “sociedades democráticas”, demanda sumar “el derecho a la seguridad” a aquellos derechos sin los cuales “no puede haber dignidad humana”, es decir, “el derecho al trabajo, a la educación, a la vivienda, a la salud, a la comunicación”, es decir, a la verdad.

Armand Mattelart recibe el Doctor Honoris Causa por la Universidad de La habana. Foto: Cubadebate/ Ismael Francisco.

Armand Mattelart recibe el Doctor Honoris Causa por la Universidad de La habana. Foto: Cubadebate/ Ismael Francisco.

Puedo imaginar cuánto sufrieron Armand y Michèle Mattelart el exterminio por el fascismo del noble proyecto de la Unidad Popular y de tantos hombres y mujeres cargados de utopía. Supongo (aunque no se los he preguntado) que fue también muy duro para ellos ver cómo el sistema liquidaba aquel movimiento liberador de los 60 y absorbía a sus líderes o los condenaba a la más humillantes frustraciones.

Asistieron también al derrumbe del Muro, a lo que Fidel llamó “desmenrengamiento” de la URSS y del socialismo llamado real, a la desmoralización generalizada de la izquierda, a las teorías del “fin de la historia” y a los cantos triunfales de los adoradores del Dios Mercado. Sin embargo, Armand y Michèle mantuvieron la ruta tercamente antihegemónica, humanista y emancipadora de sus investigaciones.

“No he perdido mi capacidad de indignarme (declaró Armand en una ocasión). Pueden haber cambiado muchas cosas, pero no mi indignación constante ante los desniveles de equidad y ante la injusticia. En eso sigo siendo el mismo de siempre.”

De ahí que cuando Pablo González Casanova y otros intelectuales mexicanos, cubanos y de otros países de nuestra América lanzaron la convocatoria de formar una red de intelectuales, artistas y movimientos sociales “En defensa de la Humanidad”, Armand y Michèle se adhirieron de inmediato.  Era en ese momento post-Muro una red diseñada y concebida escandalosamente a contracorriente de los procesos de la cultura dominante.

Precisamente en un texto titulado “Los intelectuales y los media”, fechado en la fecha ya remota de 1985, Armand y Michèle adelantaron la caracterización de un fenómeno que ha venido creciendo y articulándose más y más hasta llegar en el presente a un panorama patético. Voy a citarlo:

“La larga tradición de análisis crítico sobre los (…) medios de comunicación de masas parece hoy barrida (…) en el momento (…) en que la explosión de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información dan a la cultura mediática un papel cada vez más determinante en la vida social…”

Se ha legitimado, aseguran, ante el festejado “advenimiento de la sociedad de la información y la filosofía del mercado”, “la cultura mediática, que cuestiona “toda una parte de la historia occidental de las ideas y de las teorías sobre la cultura (…) [y] también la historia de las relaciones que ha mantenido con los media la clase intelectual. Con ella, igualmente, la historia de las relaciones que los intelectuales han mantenido con las otras clases y grupos sociales…” [El hecho es que el papel de líderes espirituales que tuvieron en otras épocas escritores como Zola, Víctor Hugo, Tolstoi, Sartre, entre otros, ha sido entregado por esta “cultura mediática” a los llamados “famosos”, cuyas travesuras y frases vacías son seguidas en las redes sociales por millones de fanáticos.]

En el contexto posmoderno (dicen Michèle y Armand) ya no es ciertamente el intelectual tradicional el que está llamado a ocupar el lugar central.” Son “los nuevos sectores profesionales del tratamiento del saber sobre el comportamiento de las diversas categorías sociales” quienes “conciben y administran el nexo social, en nombre mismo de su desaparición y de la evaporación de lo político”.// Si se quiere sobrevivir en este nuevo campo de fuerzas, resulta oportuno observar las reglas de la puesta en escena mediática, con el riesgo de dejarse en el vestuario toda interrogación sobre las apuestas del trabajo intelectual. Es necesario ocupar el terreno preocupándose ante todo de definir la mejor imagen para ofrecer al público (…). // Como observa la novelista Armie Ernaux: “Existe como una renuncia progresiva y casi generalizada a las preguntas que siempre se ha planteado (…) la literatura sobre su papel, su finalidad; su relación con lo real, con la sociedad, aunque sólo fuera para negarla… Es posible que (…) la literatura renuncie a todos los poderes distintos de los del placer y la distracción”.”

Con respecto a la reducción de la cultura al mero papel de mercancía, señalan:

“…la conexión cultura-negocio, sobre la que (según la expresión de Umberto Eco) se han arrojado los apocalípticos, se ha procurado (ya) un lugar (…) [bajo el] sol. [Ahora, treinta años después de escrito este texto, hay que decir que esa conexión cultura-negocio ha desplazado brutalmente del mercado cultural a todo lo que no sea vendible. En este, como en tantos otros temas, los Mattelart han sido unos adelantados. Es impresionante cómo vieron muy temprano, por ejemplo, la farsa de la tecnología presentándose con ropaje democratizador.] [Y continúan:] En algunos medios intelectuales no se ha llegado a discernir lo verdadero de lo falso en las teorías de la Escuela de Fráncfort. Y algunos se libran hoy alegremente de las dudas que, a sus ojos, han inhibido a tantos de sus predecesores….” Y nos recuerdan aquello que decían Adorno y Horkheimer: que ellos “no detestaban la cultura de masas porque fuera democrática, sino precisamente porque no lo era”.”

Y aparecen, por supuesto, las musas predilectas de la todopoderosa industria del ocio: “El placer, el deseo, lo lúdico…”

“…en Francia durante la discusión sobre los usos sociales de las nuevas tecnologías (videotexto, teletexto, cable, etcétera) y (…) el papel que puede jugar la investigación en las ciencias sociales para acompañar al dominio democrático de las nuevas redes. (…) En el curso del debate fueron (…) atacados aquellos sociólogos presentes que, apelando a una idea renovada del servicio público, veían en la experimentación social una de las vías más democráticas para asociar a los ciudadanos con las opciones tecnológicas (…). “Si yo miro”, confesaba ese publicitario, “lo que sucede actualmente fuera de Francia, lo que me llama la atención en particular en el Silicon Valley, en California… En todas esas exposiciones que escucho hay un gran ausente: el deseo. …lo que está pasando con esas tecnologías es un formidable trastorno del deseo, un formidable aspirador movido por el deseo; lo que pasa en California es que las gentes tienen ganas de ello. Cuando digo las gentes hay que tomar el término en una acepción muy amplia: son quizá los publicitarios, los jóvenes empresarios, las asociaciones de consumidores, etcétera. Se trata (…) de crear las condiciones para que las gentes tengan ganas de jugar con… Van a llegarnos nuevos productos japoneses o estadounidenses porque ellos habrán conseguido crear las condiciones en que las gentes van a jugar con el deseo e inventar productos y usos nuevos”…

Es decir, concluyen Michèle y Armand, “Frente a la pesadez de la herencia de un servicio público cuyo pensamiento sobre lo social se asimila a las formas arcaicas del cuadriculado tecnocrático, he aquí legitimado como natural el empuje de las nuevas tecnologías porque responden a la dinámica, también natural, de los deseos, “deseo de comprar, deseo de comunicar, deseo de utilizar los nuevos medios”…

Así quedan prácticamente suprimidos el derecho y la obligación del Estado de establecer políticas culturales públicas ante la avalancha neoliberal, en la práctica y en la producción teórica.

Para integrarse a la realidad domesticada por el mito, había que “admitir las bases sobre las que se edificaba la ideología dominante, es decir, a condición de admitir el punto de vista particular de una clase propietaria de la cultura legítima como parámetro de objetividad y de universalidad”.

Esa ideología dominante es capaz de apropiarse “del campo semántico de los múltiples procesos de liberación que agitaban a la sociedad” y así, por ejemplo,  podía convertir el “ideal de la mujer moderna” en “la línea de impacto de las estrategias de ventas”. De este modo, “Esa modernidad se (…) alimentaba con las pulsiones del movimiento de emancipación de la mujer…”

En suma, “Es la época del look, la era de las apariencias la que se abre. Se asiste a la pérdida del vínculo social. (…) En el goce de la forma y sus resplandores ha dejado de tener importancia el contenido”. [Algo que vemos de manera escandalosa en la política, donde “dar una buena imagen”, fotografiarse del modo más “atractivo” o “sexy”, es más ventajoso que las ideas programáticas.]

Al propio tiempo, Armand y Michèle anuncian la desintegración acelerada de “los órdenes y las jerarquías”. “Todo se da en el instante”, y ya no es posible saber que es “importante y no importante, esencial y no esencial, entrada y salida, “primera instancia” y “última instancia”, preámbulo y desenlace”.

En un libro de Armand y Michéle del 86, Pensar sobre los medios, señalan al paso algo que ya habían advertido en el Chile acosado de Allende, cuando los obreros desatendían la información sobre la crisis para ver las telenovelas: “el consumo (el consumo cultural, pero también de forma más general los modelos de consumo) apenas si ha sido tomado en cuenta por la izquierda”. Advierte una “carencia histórica del movimiento obrero”, en los partidos y en los sindicatos, un “desinterés por la dimensión consumo y más generalmente por el marco de vida, y por los problemas de la vida cotidiana de la gente”.

Por eso, consideran, “han nacido nuevos movimientos sociales” y algunos reivindican “un sindicalismo del marco de vida”. Consumo cultural y modelos de consumo, marco de vida, una construcción subjetiva que tiene que ver con el sentido de la vida, la hegemonía de la “nueva cultura” que nos exigía Gramsci.

Hay que decir que en los debates de la izquierda (y entre nosotros también) han faltado muchas veces los que tienen que ver con los temas de este congreso. Una de las batallas que perdió aquel socialismo que se derrumbó fue el de la comunicación y la información, el de la cultura, el del “sentido de la vida”, y por eso es tan significativo tener aquí con nosotros a Michèle y a Armand y a otros especialistas internacionales muy importantes, como me explicaba Garcés, para enriquecer nuestras discusiones con otros puntos de vista, con material teórico del más alto nivel.

Para terminar, quiero recordar que este homenaje se da en uno de los momentos más terribles de la historia contemporánea. La política debe verse como un show; la guerra, como un show; las catástrofes ecológicas y humanitarias, como shows. El Papa Francisco dijo que se había iniciado una 3ª Guerra Mundial por etapas, y uno se siente tentado a darle la razón.  Vivimos, como todo el mundo sabe, una crisis medioambiental, ética, de legitimidad de la política tradicional, económica y sistémica, de los valores más elementales de solidaridad entre seres humanos, de la memoria cultural e histórica, de la inteligencia, del humanismo.

Junto a esto, asciende el fascismo, la xenofobia, el racismo, el odio, el culto a la violencia. El Frankenstein creado por la CIA para sacar a los soviéticos de Afganistán se ha ramificado y terminó proliferando y convirtiéndose en un monstruo mucho mayor y más poderoso y, por lo pronto, sirve para provocar el pánico (tan útil en medio de las crisis del sistema) y, de paso, favorecer electoralmente a la ultraderecha.

El Frente Nacional en Francia acaba de obtener una resonante victoria en las elecciones municipales. (No olvidemos que, cada vez que bajaba la popularidad de Bush, aparecía un video aterrador de Bin Laden con amenazas que funcionaban para reforzar el apoyo a los “halcones” neoconservadores y a su delirante cruzada contra el terrorismo.)

Aparte de sus drones y de su armamento cada vez más sofisticado, el sistema sigue contando con el Pato Donald, un ejército de súper-héroes hollywoodenses y mísiles de alcance global para llevar sus mentiras a todas partes. Cultura y napalm siguen juntos, muy unidos, para defender los intereses imperiales.

Nunca como hoy nos urge contar con personas lúcidas y honestas, de una lucidez y una honestidad a toda prueba, como Armand y Michèle Mattelart.

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Abel Prieto Jiménez

Abel Prieto Jiménez

Reconocido intelectual cubano. Es Asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Durante 20 años fue Ministro de Cultura. Autor de numerosos cuentos y novelas como “El vuelo del gato” (1991).

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