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Releyendo Palabras a los intelectuales

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Fidel CastroPor Elier Ramírez Cañedo

Aunque para muchos pueda parecer reiterativo, el paso del tiempo obliga a nuevas relecturas de Palabras a los intelectuales. No son pocos los representantes de las nuevas hornadas de jóvenes que desconocen la trascendencia de aquellos intercambios sostenidos los días 16, 23 y 30 de junio de 1961, en la Biblioteca Nacional, entre la dirección de la Revolución Cubana, en especial su líder histórico Fidel Castro y un grupo de escritores y artistas. “Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”, es la frase a la que se recurre en muchos casos como único referente de las memorables Palabras….

En aquellas reuniones que marcarían el destino de la política cultural de la Revolución Cubana, estuvieron entre otros destacados intelectuales: Roberto Fernández Retamar, Alfredo Guevara, Graziella Pogolotti, Lisandro Otero, Pablo Armando Fernández, Lezama Lima y Virgilio Piñera. El más joven era Miguel Barnet, con apenas 21 años. El detonante de la reunión fue la prohibición del documental PM —realmente intrascendente si lo analizamos hoy— por la dirección del ICAIC, pero en realidad la cuestión trascendía a PM. El fantasma del “realismo socialista”, provocaba temores en algunos círculos intelectuales y, al mismo tiempo, a la dirección de la Revolución, enfrascada en un proceso de unidad entre las tres fuerzas principales que habían luchado contra Batista: el movimiento 26 de julio, el Partido Socialista Popular (PSP) y el Directorio Revolucionario 13 de marzo; se le hacía imperioso extender también ese proceso al terreno de los escritores y artistas cubanos, donde existían no pocos conflictos y divisiones. El intercambio dio su primer fruto con la creación de la UNEAC en agosto del propio año, al celebrarse el Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas.

El alcance de las Palabras… de Fidel está también en el contexto en que fueron pronunciadas. La Isla acababa de derrotar una invasión mercenaria en abril del 61 y permanecía movilizada para la guerra. El presidente J.F. Kennedy había sufrido la principal derrota de su carrera política y era evidente que buscaría el desquite. En noviembre de ese año el presidente norteamericano aprobó la operación Mangosta, el plan subversivo más grande orquestado contra Cuba desde Washington, que debía culminar con la intervención directa en la Isla, de las Fuerzas Armadas de los EE.UU. en octubre de 1962. Existían bandas armadas en distintas zonas montañosas del país y los planes de atentados contra la vida de los dirigentes de la Revolución seguían su curso. La lucha interna de clases en Cuba estaba en pleno apogeo y la guerra psicológica hacía sus estragos, en especial a través de la llamada operación Peter Pan.[1] Es en medio de ese contexto de guerra abierta y encubierta contra Cuba, que el líder de la Revolución dedica una buena parte de su tiempo a los problemas de la cultura. Durante tres días, escucha pacientemente las preocupaciones y reclamos de los escritores y artistas, hasta que finalmente el día 30 pronuncia las históricas palabras.

Ello es una muestra fehaciente de cómo la cultura estuvo desde los propios inicios en el corazón mismo del proyecto revolucionario cubano. La Revolución, para poder sobrevivir y avanzar tenía que ser por sobre todas las cosas un hecho cultural. No se trataba solo de la toma del poder político, sino de la creación de una nueva cultura, de la creación de un hombre nuevo. De ahí que la institucionalidad de la cultura comenzara a crearse desde 1959. Por eso, al llegar el año 1961 ya existía, entre otras instituciones, Casa de las Américas y el ICAIC. Además, el país se encontraba inmerso en la Campaña de Alfabetización. Es esta acelerada revolución cultural la que explica que en un país como Cuba, donde el anticomunismo se había inoculado hasta el cansancio, se pudiera, en tan corto tiempo, declarar el carácter socialista de la Revolución, y que, cuando los milicianos fueran a las arenas de Playa Larga y Playa Girón, lo hicieran no solo con el objetivo de enfrentarse a una invasión mercenaria, sino dispuestos a morir en la defensa del socialismo.

Cuando uno analiza esto, le es muy fácil entender entonces, por qué en los más difíciles años del Período Especial Fidel plantea que lo primero que había que salvar era la cultura. Y es que en la cultura ha estado siempre la clave de la resistencia y sobrevivencia de la Revolución frente al poder global del capitalismo liderado por la potencia imperialista del Norte, incluso, en los momentos del derrumbe del campo socialista, cuando muchos de nuestros adversarios pensaban que el “efecto dominó” terminaría con el desafío cubano.

Fidel dedica una buena parte de sus Palabras… a despejar la duda sobre una posible variante tropical en Cuba del “realismo socialista”: “Permítanme decirles, en primer lugar, que la Revolución defiende la libertad; que la Revolución ha traído al país una suma muy grande de libertades; que la Revolución no puede ser por esencia enemiga de las libertades; que si la preocupación de algunos es que la Revolución va asfixiar su espíritu creador, que esa preocupación es innecesaria, que esa preocupación no tiene razón de ser”. [2] Más avanzada la intervención expresa: “La Revolución no puede pretender asfixiar el arte o la cultura cuando una de las metas y uno de los propósitos fundamentales de la Revolución es desarrollar el arte y la cultura, precisamente para que el arte y la cultura lleguen a ser un patrimonio real del pueblo”. [3]

Palabras a los intelectualesPalabras a los intelectuales en 1961, han sido en diversas oportunidades manipuladas o leídas de forma fragmentada. Lo frase que más se descontextualiza es cuando Fidel exclama: “dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”, [4] tratando de darle a esta un viso excluyente, cuando se trata de todo lo contrario. Está claro que, sin una lectura completa del discurso, puede surgir la incógnita de cómo definir y hasta dónde, el “dentro” y “el contra”. Mas Fidel responde de manera magistral esa interrogante —y me parece la frase más importante y a la vez menos citada de ese discurso—:“La Revolución solo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios”. [5] Con esta expresión estaba diciendo que podían existir, incluso, contrarrevolucionarios corregibles y que la Revolución debía aspirar a sumarlos al proceso. Además, que todos aquellos escritores y artistas honestos, que sin tener una actitud revolucionaria ante la vida tampoco eran contrarrevolucionarios, debían tener derecho y las oportunidades de hacer su obra dentro de la Revolución. “La Revolución debe tener la aspiración de que no sólo marchen junto a ella todos los revolucionarios, todos los artistas e intelectuales revolucionarios —dice Fidel— (…) la revolución debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario (…) la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo”. [6]

Este es otro de los pasajes más relevantes de las Palabras… en medio de aquellas circunstancias tan complejas y tensas, de peligro para la patria. En ellas solo puede encontrarse un tono y sentido totalmente inclusivo, antidogmático, alejado de cualquier tipo de sectarismo. Como en juicio docto ha señalado Fernando Martínez Heredia: “Yo veo la trascendencia de Palabras a los intelectuales en el conjunto de la intervención de Fidel y en los objetivos que tuvo, más que en la frase famosa. A mi juicio, esa frase atendía a lo esencial de aquella coyuntura, y no al propósito imposible de enunciar en un principio general permanente de política cultural”. [7]

Asimismo, Fidel esboza toda una serie de ideas para beneficiar a los artistas y escritores cubanos y estimular que su espíritu creador encontrara las mejores condiciones para desarrollarse. También sobre la promoción del arte y la literatura entre las grandes masas de la población. “La Revolución significa, precisamente, más cultura y más arte”, [8] enfatiza en los momentos finales del discurso.

Sin duda, esta intervención de Fidel marcó de alguna manera lo que podemos considerar los principios fundamentales de la política cultural de la revolución. Que en los años 70 hubo distorsiones y errores, eso nadie lo puede negar, pero por suerte luego se rectificaron muchas de aquellas prácticas y se recuperó el camino trazado por Palabras a los intelectuales. Este discurso definió la originalidad y herejía de la Revolución también en el campo cultural, frente a las experiencias socialistas precedentes. Permitió que la cultura en Cuba alcanzara tales grados de democratización, que trascurridos 53 años, podemos enorgullecernos diciendo que constituye una de las principales conquistas de la Revolución Cubana.

Por otro lado, habría que decir que Palabras a los intelectuales fue solo el comienzo de lo que sería un diálogo permanente y abierto, entre el líder de la Revolución con los artistas y escritores cubanos, siendo él mismo uno de los más brillantes exponentes de la intelectualidad cubana. En aquel junio de 1961, se confirmó que, una vez más en la historia de Cuba, la vanguardia política y la vanguardia intelectual volvían a ser la misma cosa.

 

[1] La conocida como Operación Peter Pan fue una de las más secretas y siniestras operaciones de guerra psicológica organizada por el gobierno de los EE.UU. contra la Revolución Cubana, al manipular el tema de la patria potestad de los padres cubanos sobre sus hijos. Su principal ejecutor en coordinación con el gobierno de EE.UU. fue el cura de origen irlandés Bryan O. Walsh. Por esta vía salieron de Cuba un total de 14 048 niños, muchos de ellos nunca volvieron a encontrarse con su padres.

[2] Palabras a los intelectuales, Casa Editora Abril, La Habana, 2007 (cuarta edición), p.12

[3] Ibídem, p.17.

[4] Ibídem, p.16.

[5] Ibídem, pp.15-16

[6] Ibídem, p.15.

[7] Fernando Martínez Heredia, “Cincuenta Años de Palabras a los intelectuales”, Cubarte, 30 de junio de 2011.

[8] Palabras a los intelectuales, Ob.Cit, p.35

Se han publicado 8 comentarios



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  • wifi dijo:

    Porque se prohibio el documental PM. que alguien lo pueda explicar.

    • Sergio dijo:

      Porque “supuestamente”, daba una IMAGEN DESVIRTUADA de la vida NOCTURNA HABANERA,,,,gente en bares, grupos musicales catando, gentes bebiendo cervrza y bailando un buen SON CUBANO, un genial tumbador tocando y chiflando,,,,,,etc., etc., etc.,,,,,en fin NADA que fuese verdad,,,,que hasta el día de hoy vermos y que perdurará por los siglod de los siglos.

      En fin, de como el PUEBLO HABANERO se divertía por las noches. Hoy en día no podemos decir lo mismo, pues se divierte quien tiene CUC o FE, los demás ni la huelen. Si se hiciera hoy un documental con estos que no tienen acceso a la VIDA HABANERA de hoy, por un tema meramente economico,,,,que pasaría?, que creen?.

      Pero después de PM, vino Soy Cuba, del director SOVIETICO, Mijail Kalatozov, que hoy es considerado un CALSICO, después de que Coppola la “resdescubrió”, como casi siempre pasa, esto sería como un Buena Vista Social Club 2da. parte. Pues Soy Cuba nunca se puso en Cuba, por la misma causa,,,,”se desvirtuaba la vida nocturna”,,,,en fin,,,al final pareciera que por aquellos tiempos, de noche, había que leer el Manifiesto Comunista y el “PUNDOLOROSO” Manual de Kostantinov,,,,y hacer una pelicula al respecto.

      Después de analizar y leer mucho sobre aquellas cosas, yo, en lo particular, no me creo esa “TEORIA de ERRORES”, cada quien es libre de pensar lo que quiera, pero aquello, más el quinquenio gris con el difutno PAPITO Serguera fue más que intencionado, y aún no he visto una DISCULPA PUBLICA OFICIAL, al respecto.

      Pero bueno, esperemos que estas cosas no vuelvan JAMAS, aunque nunca se sabe.

      Saludos,

      si puedes aqui tienes el link de PM: https://www.youtube.com/watch?v=QKvbUeqPYlo

  • YoFumoVerdolaga dijo:

    Nadie ha supuesto nunca que todos los hombres o todos los escritores o todos los artistas tengan que ser revolucionarios, como nadie puede suponer que todos los hombres o todos los revolucionarios tengan que ser artistas, ni tampoco que todo hombre honesto, por el hecho de ser honesto, tenga que ser revolucionario. Revolucionario es también una actitud ante la vida, revolucionario es también una actitud ante la realidad existente. Y hay hombres que se resignan a esa realidad, hay hombres que se adaptan a esa realidad; y hay hombres que no se pueden resignar ni adaptar a esa realidad y tratan de cambiarla: por eso son revolucionarios.
    Pero puede haber hombres que se adapten a esa realidad y ser hombres honestos, solo que su espíritu no es un espíritu revolucionario, solo que su actitud ante la realidad no es una actitud revolucionaria. Y puede haber, por supuesto, artistas —y buenos artistas— que no tengan ante la vida una actitud revolucionaria.
    Y es precisamente para ese grupo de artistas e intelectuales para quienes la Revolución en sí constituye un hecho imprevisto, un hecho nuevo, un hecho que incluso puede afectar su ánimo profundamente. Es precisamente para ese grupo de artistas y de intelectuales que la Revolución puede constituir un problema que se le plantea.
    Para un artista o intelectual mercenario, para un artista o intelectual deshonesto, no sería nunca un problema. Ese sabe lo que tiene que hacer, ese sabe lo que le interesa, ese sabe hacia donde tiene que marcharse. El problema lo constituye verdaderamente para el artista o el intelectual que no tiene una actitud revolucionaria ante la vida y que, sin embargo, es una persona honesta.
    Claro está que quien tiene esa actitud ante la vida, sea o no sea revolucionario, sea o no sea artista, tiene sus fines, tiene sus objetivos. Y todos nosotros podemos preguntarnos sobre esos fines y esos objetivos. Esos fines y esos, objetivos se dirigen hacia el cambio de esa realidad, esos fines y esos objetivos se dirigen hacia la redención del hombre; es precisamente el hombre, el semejante, la redención de su semejante, lo que constituye el objetivo de los revolucionarios.
    Si a los revolucionarios nos preguntan qué es lo que más nos importa, nosotros diremos: el pueblo. Y siempre diremos: el pueblo. El pueblo en su sentido real, es decir, esa mayoría del pueblo que ha tenido que vivir en la explotación y en el olvido más cruel. Nuestra preocupación fundamental siempre serán las grandes mayorías del pueblo, es decir, las clases oprimidas y explotadas del pueblo. El prisma a través del cual nosotros lo miramos todo es ese: para nosotros será bueno lo que sea bueno para ellos; para nosotros será noble, será bello y será útil todo lo que sea noble, sea útil y sea bello para ellos.
    Si no se piensa así, si no se piensa por el pueblo y para el pueblo, es decir, si no se piensa y no se actúa para esa gran masa explotada del pueblo, para esa gran masa a la que se desea redimir, entonces sencillamente no se tiene una actitud revolucionaria. Al menos ese es el cristal a través del cual nosotros analizamos lo bueno y lo útil y lo bello de cada acción.
    Comprendemos que debe ser una tragedia para alguien que comprenda esto y, sin embargo, se tenga que reconocer incapaz de luchar por eso. Nosotros somos o creemos ser hombres revolucionarios; quien sea más artista que revolucionario no puede pensar exactamente igual que nosotros. Nosotros luchamos por el pueblo y no padecemos ningún conflicto, porque luchamos por el pueblo y sabemos que podemos lograr los propósitos de nuestras luchas.
    El pueblo es la meta principal. En el pueblo hay que pensar primero que en nosotros mismos. Y esa es la única actitud que puede definirse como una actitud verdaderamente revolucionaria.
    Y para aquellos que no puedan tener o no tengan esa actitud, pero que son personas honradas, es para quienes constituye el problema a que hacíamos referencia. Y de la misma manera que para ellos la Revolución constituye un problema, ellos constituyen también para la Revolución un problema del cual la Revolución debe preocuparse.
    Aquí se señaló con acierto el caso de muchos escritores y artistas que no eran revolucionarios, pero que sin embargo eran escritores y artistas honestos; que además querían ayudar a la Revolución; que además a la Revolución le interesaba su ayuda; que querían trabajar para la Revolución y que a su vez a la Revolución le interesaba que ellos aportaran sus conocimientos y su esfuerzo en beneficio de la misma. Es más fácil apreciar esto cuando se analizan los casos peculiares. Y entre esos casos peculiares hay un sinnúmero de casos que no son tan fáciles de analizar.
    Pero aquí habló un escritor católico, planteó lo que a él le preocupaba, y lo dijo con toda claridad. El preguntó si él podía hacer una interpretación desde su punto de vista idealista de un problema determinado, o si él podía escribir una obra defendiendo esos puntos de vista suyos; él con toda franqueza señaló si dentro de un régimen revolucionario él podía expresarse dentro de esos sentimientos, de acuerdo con esos sentimientos. Planteó el problema de una forma que puede considerarse simbólica; a él lo que le preocupaba era saber si él podía escribir de acuerdo con esos sentimientos o de acuerdo con esa ideología, que no era precisamente la ideología de la Revolución; que él estaba de acuerdo con la Revolución en las cuestiones económicas o sociales, pero que tenía una posición filosófica distinta a la filosofía de la Revolución.
    Y ese es un caso digno de tenerse muy en cuenta, porque es precisamente un caso representativo de esa zona de escritores y de artistas que tenían una disposición favorable con respecto a la Revolución y que deseaban saber qué grado de libertad tenían, dentro de las condiciones revolucionarias, para expresarse de acuerdo con esos sentimientos.
    Ese es el sector que constituye para la Revolución el problema, de la misma manera que la Revolución constituye para ellos un problema. Y es deber de la Revolución preocuparse por esos casos, es deber de la Revolución preocuparse por la situación de esos artistas y de esos escritores. Porque la Revolución debe tener la aspiración de que marchen junto a ella no solo todos los revolucionarios, no solo todos los artistas e intelectuales revolucionarios. Es posible que los hombres y las mujeres que tengan una actitud realmente revolucionaria ante la realidad, no constituyan el sector mayoritario de la población: los revolucionarios son la vanguardia del pueblo. Pero los revolucionarios deben aspirar a que marche junto a ellos todo el pueblo. La Revolución no puede renunciar a que todos los hombres y mujeres honestos, sean o no escritores o artistas, marchen junto a ella; la Revolución debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario; la Revolución debe tratar de ganar para sus ideas a la mayor parte del pueblo; la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo, a contar no solo con los revolucionarios, sino con todos los ciudadanos honestos, que aunque no sean revolucionarios —es decir, que no tengan una actitud revolucionaria ante la vida—, estén con ella. La Revolución solo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios.
    Y la Revolución tiene que tener una política para esa parte del pueblo, la Revolución tiene que tener una actitud para esa parte de los intelectuales y de los escritores. La Revolución tiene que comprender esa realidad, y por lo tanto debe actuar de manera que todo ese sector de los artistas y de los intelectuales que no sean genuinamente revolucionarios, encuentren que dentro de la Revolución tienen un campo para trabajar y para crear; y que su espíritu creador, aun cuando no sean escritores o artistas revolucionarios, tiene oportunidad y tiene libertad para expresarse. Es decir, dentro de la Revolución.
    Esto significa que dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie —por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera—, nadie puede alegar con razón un derecho contra ella. Creo que esto es bien claro.
    ¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas, revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho (APLAUSOS).
    Y esto no sería ninguna ley de excepción para los artistas y para los escritores. Esto es un principio general para todos los ciudadanos, es un principio fundamental de la Revolución. Los contrarrevolucionarios, es decir, los enemigos de la Revolución, no tienen ningún derecho contra la Revolución, porque la Revolución tiene un derecho: el derecho de existir, el derecho a desarrollarse y el derecho a vencer. ¿Quién pudiera poner en duda ese derecho de un pueblo que ha dicho “iPatria o Muerte!”, es decir, la Revolución o la muerte, la existencia de la Revolución o nada, de una Revolución que ha dicho “¡Venceremos!”? Es decir, que se ha planteado muy seriamente un propósito, y por respetables que sean los razonamientos personales de un enemigo de la Revolución, mucho más respetables son los derechos y las razones de una revolución tanto más, cuanto que una revolución es un proceso histórico, cuanto que una revolución no es ni puede ser obra del capricho o de la voluntad de ningún hombre, cuanto que una revolución solo puede ser obra de la necesidad y de la voluntad de un pueblo. Y frente a los derechos de todo un pueblo, los derechos de los enemigos de ese pueblo no cuentan.

  • jose matalobos dijo:

    impresionante, de lectura obligada en escuelas para mentes abiertas y quieran entrar en debates de contradiccion

  • Robert dijo:

    Me llama la atencion que no estaban figuras como Fina, Carpentier o dulce maria en palabras a los intelectuales o es que no hay listado, asiq ue branet con 21 años ya el creia que era un intelectual.

    • Sergio dijo:

      Los primeros años de la Revolución fue convulsa que incluía “enfrentamientos” ideas, posiciones, visiones, etc., etc., etc.
      En el caso de los intelectuales, muchos jovenes “impetuosos”, confrotaron “DE FRENTE” a los viejos ya consagrados como Lezama, Virgilio y hasta el propio Cintio Vitier.
      Desde el Semanario “LUNES de Revolución”, que dirigía Guillermo Cabrera Infante (hasta que prohibieron precisamente PM, su hermano SABA Cabrera Infante, era co-director del mismo), se lanzaban diversos “ataques” contra “LOS VIEJOS”.
      Toda esta Ola de nuevos intelectuales a la cual ahbría que sumar a Reynaldo González, irrumpieron con fuerza para tratar de minimizarlos más posible.

      Años más tarde algunos de ellos “sufririían” en carne propia, las consecuencias del oscurantismo ideologico e interpretativo, porque al final era la INTERPRETACION de un SACRO-SANTO, como si fuera un dios, quien decía,,,,esto sí, y esto no, sin más ni menos.

      Saludos,

      PD,,,,sobre el articulo,,,,sí, menos mal que el REALISMO SOCIALISTA no se instauró de lleno, menos mal.

  • carlosvaradero dijo:

    Creo que fueron años de extremisno extremo, sobre todo en la cultura.
    Tener el pelo largo, escuchar a los beatles, hablar ingles, incluso hasta la nueva trova no fuè bien interpretada, en fin…errores que de alguna manera fueron corregidos despuès…..la prohibiciòn, la censura, la exclusiòn se aopderaron de la cultura Cubana, de ahi que aquella frase de Fidel “Con la revoluciòn todo, fuera de lña revoluciòn nada” pudiera encontrar diferentes maneras de ver como seria la politica cultural en cuba.

  • delaisla89 dijo:

    Siempre he tenido mis reservas respecto a Palabras… En el contexto que surgió el discurso era necesario aunar el pensamiento creador e intelectual de aquellas personas que hasta ese momento estaban construyendo una nación desde la cultura. Nombres y personas con prestigio que se preocupaban por el papel que podían jugar dentro de un sistema que llegaba e imponía nuevas maneras de ver el mundo, de construir una socedad donde el hombre debía ser el centro de toda acción. No se puede negar que esos fueron años de creación y desbordamiento intelectual… ejemplos hay muchos, pero solo quiero mencionar el ejemplo de la Universidad de las Artes y quien tenga dudas que vea Unfinishes Spaces acerca de hasta donde la creación fue mellada por ideas que paran ada eran revolucionarias y progresistas…. Se alfabetizo, se crearon instituciones como el ICAIC, se imprimerion libros, se fomento el desarrollo teatral y la musica tuvo su momento de renaciomiento… pero: cual era el precio??? Hablar de la Revolución… exaltar los logros de la Revolución, enaltecer las victorias de la Revolucion.. y si eras un tanto critico terminabas en el fondo del cajón, olvidado, silenciado y destruido… sin importar si habias hecho la mejor biografia de Martí o si tu obra consistía paradigma para la epoca… Se mató la polemica, el dialogo, la crítica y el derecho a pensar.. era TODO o NADA…. Antonia Eiriz… por que termino haciendo mariposas de papier maché? Por qué otros tantos fueron relegados… Dulce María, Fina, Cintio…. otros tantos que sin ser opositores no fueron reconocidos y realmente merecedores del papel que jugaron en su momento… se sembro el miedo.. si existio un realismo socialista tropical en la Cuba de esos años…. muy tropical y plagado por el miedo a ser infieles ante un sistema que exigía de sus ciudadanos plena lealtad… aun se sigue teniendo miedo en el sector de la cultura a decir lo que siento o lo qe me parece… porque es muy facil decidir quien expone, quien canta, quien actua, quien graba… porque las instituciones son del Estado y cumplen políticas que vienen de arriba y de la parte trasera de un aclimatado buró. No es menos cierto que existe otra generacion de artistas cubanos que cada dia cree menos en el temor a nos ser “apoyado” por el sistema, que se declara independiente y que tiene otros conceptos mas transgresores y menos apocalipticos, pero persiste el fantasma de un ojo que te mira desde arriba y te dice que estas haciendo algo que noe stabien… Pinar del Rio no estaba listo para que Pedro Pablo Oliva viera una expo por los 25 años de su obra “Apagón”…. Quien decide este tipo de acciones? El Presidente llama a la critica y la reflexion, al debate oportuno e inteligente.. pero solo los autorizados a eso pueden hacerlo sin miedos… y eso mientras no traten los temas que realmente duele a los jefes que protegen sus puestos…. Debe desprenderse de nuestra mente ese fantasma.. pero debe intencionarse desde la cima de nuestro gobierno que solo una sociedad que tenga plena facultad de sus derechos ciudadanos y que sea capaz de defender aquello que quiere y desea sin temor a que se le sea criticado podrá progresar y construirse (o reconstruirse) en el día a día… Palabras a los intelectuales, como yo lo veo, fue un discurso que se dio en un contexto en el cual era necesario calmar a unos artistas paranoicos que veian un fantasma que no llegaría.. pero que si llego y se transformo en una mofa si nuestra historia tiene en su pasado un Quinquenio Gris o un solo Jefe que sigue decidiendo sin argumentos o conocimiento de causa lo que se publica o se propone… Cuando estaremos listos para enfrentar ese momento??? Quiero que sea ahora, no mañana cuando mi acanzada edad no me permita estar a la altura de estos tiempos modernos….

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Elier Ramírez Cañedo

Elier Ramírez Cañedo

Académico cubano. Doctor en Ciencias Históricas. Coautor del libro “De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba”. En Twitter: @islainsumisa

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