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Teledramas, series y telenovelas: ¿Reflejos del variado entramado social?

En este artículo: Cultura
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television-cubanaEn Cuba como en casi todos los países del mundo existe una “variedad, desemejanza, diferencia” o “abundancia, gran cantidad de varias cosas distintas”, según define lo diverso el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Basta salir a la calle para ver desde perrazos peludos hasta miniaturas sin nada en su piel o seres humanos negros, rubios, mulatos; también personas con problemas al caminar, o sin brazos; ciegas o débiles visuales; viejas caminando solas a pesar de evidente demencia senil; gordas o flacas… en fin de todo como… termine Usted la acuñada frase.

Ahora bien, ¿es aceptada esa rica diversidad o solo es tolerada? Por ejemplo, a pesar de lo mucho que se ha avanzado en el tema, la diversidad sexual es más tolerada que aceptada, con las lógicas consecuencias: aún la condición gay no es mostrada en todos sus matices (que tiene muchos) en la televisión. Aparecen más en programas científicos o educativos que en los dramatizados, género muy popular y que habitualmente despierta la polémica.

Las actitudes discriminatorias hacia negras, negros y mestizos en general, tampoco tienen una presencia sistemática en la pequeña pantalla de tal suerte que los televidentes se vean reflejados o no en esas situaciones. Conozco una preciosa niña, inteligente, agradable, carismática que no quiere ser ni jabá, ni mulata. ¿Por qué? ¿Acaso el entorno social no influye en esa pequeña para que desee ser blanca?

Pero hoy no voy a hablar (aunque existen) de la discriminación por color de la piel o sexo, sino de aquellas que se centran en discapacidades físicas.

Para ello me voy a servir de un ejemplo muy querido: mi amigo Joaquín Borges Triana. Es ciego de nacimiento, nunca ha visto la luz del sol y con esa carencia, gracias a la dedicación y esfuerzo de su madre más su talento, estudió periodismo en el curso regular de la Universidad de La Habana, hoy es todo un Doctor en ciencias sobre artes por lo que ofrece cursos y conferencias en prestigiosas universidades de Estados Unidos y toda Europa.

Igual conoce nuestro país porque participa en festivales de la trova, semanas de la cultura o sencillamente viaja a alguna ciudad a impartir un curso.

El Joaco, así le llamamos sus amigos, es reconocido en Cuba como uno de los críticos más agudos y certeros de la música cubana, especialmente de los discos y de la programación radial. En tanto periodista tiene el mérito de que sus textos además de conocimiento están bañados de ética y de sus criterios más honestos, aunque sean duros con algún conocido.

Joaco sube corriendo las escaleras de su edificio, bebe ron hasta el cansancio, no le han faltado amantes, tiene tantos amigos en Cuba y fuera de ella, que deviene un contertulio habitual de los lugares donde se habla de música, filosofía, política, pelota, en fin de la vida.

Ese ser humano, uno de los que más admiro por su inteligencia, cultura y bondad, sintió mi discriminación cuando él era muy joven y yo no le di oportunidad de escribir para la revista El Caimán Barbudo. Yo no me acuerdo, él sí. Y recuerda el día que se sentó en el piso en el aeropuerto José Martí porque no lo querían dejar subir solo en un vuelo nacional, en los internacionales sí y lo hace con frecuencia.

Otro caso: nunca olvidaré las opiniones diversas que se vertieron cuando se trasmitió, con guión y dirección de Rudy Mora, la obra Diana, con un protagonista gago (defendido muy bien por Fernando Echeverría). Una amiga negra increpó la defensa que hice de ese personaje y ella es… gaga.

Aún estoy por ver en pantalla un ciego o ciega de protagonista, que sea un(a) triunfador(a) a pesar de los escollos que le pusieron, o una persona sin piernas, o sin brazos, campeona de deportes paralímpico, o un Síndrome de Dwon, como Maritza Ortega, la muchacha que se enamora en el filme La pared de las palabras de Fernando Pérez.

En documentales existe el ejemplo aleccionador de la realizadora Lizzete Vila que durante décadas ha dedicado su obra a luchar contra las actos discriminatorios, sean contra las mujeres, los gays, Down, transexuales y muchas otras personas que han sufrido o sufren discriminación social y en los medios de difusión.

No aspiro a que se arremeta una cruzada contra manifestaciones discriminatorias en la televisión. Pienso que ya se ha transitado por esa experiencia y no es saludable. Creo que igual que en los barrios hay personas sin un brazo, ciegas, cojas y puedes ser especialistas en leyes, música, por poner sólo algunos ejemplos. O que sencillamente viven, venden cosas en una mesa, café en una esquina, y son felices, así teledramas, series y telenovelas pueden incluir ese variado entramado social que es Cuba.

(Tomado de Portal de la TV)

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Paquita Armas Fonseca

Paquita Armas Fonseca

Periodista cubana especializada en temas culturales. Colabora sistemáticamente con el diario digital La Jiribilla.

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