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Un ser en quien vive la música

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Cuando a los 21 años le regaló al mundo su bolero “Palabras”, comenzaba un camino que la ubicó entre los máximos exponentes del filin, movimiento que se ha mantenido sin grietas dentro de la música de la Isla y al que acuden, casi como obligado homenaje, creadores de variadas tendencias. Foto: Archivo de Cubadebate

Cuando a los 21 años le regaló al mundo su bolero “Palabras”, comenzaba un camino que la ubicó entre los máximos exponentes del filin, movimiento que se ha mantenido sin grietas dentro de la música de la Isla y al que acuden, casi como obligado homenaje, creadores de variadas tendencias. Foto: Archivo de Cubadebate

No sabría explicar las razones, pero cuando tengo que escribir un trabajo periodístico acerca de alguna de mis amistades, me siento muy inseguro en relación con lo que voy a decir. Es algo que no lo puedo evitar, por más que ya debería estar acostumbrado. Por eso, cuando desde La Jiribilla me pidieron hiciera un texto a propósito del 80 cumpleaños de Marta Valdés, aunque de inmediato respondí que sí, sabía que al sentarme ante mi PC, de inicio me iba a sentir bloqueado.

Afortunadamente, tengo la dicha de poder afirmar que disfruto del privilegio de la amistad de Marta Valdés. Por supuesto que fue el amor por la música lo que nos acercó. Incluso, en un período en que yo editaba un boletín electrónico mensual en relación con el acontecer musical cubano dentro y fuera de nuestro país, una de mis más fieles colaboradoras y suerte de agente de promoción fue Marta.

Porque aunque muchos lo desconozcan, además de ser una de esas figuras imposible de obviar a la hora de formular la historia de la canción en Cuba, ella también ha sido activa y eficiente cronista en más de un medio de comunicación.

Ya como integrante del movimiento del filin, creo que uno de los rasgos que hay que destacar es que desde su posición como creadora y a tono con el proceder del grupo de figuras al que pertenecía, en Marta Valdés siempre ha sido una constante la intención de que los temas que surgen de su inspiración no sean interpretados únicamente por ella, sino que ha buscado que fuesen versionados por muchos cantantes.

Sucede que Marta Valdés no encaja en la categoría de cantautor. Por su proyección, hay que decir que es una compositora que interpreta sus temas, realizados en gran medida para que mucha gente los revisite y se apropie de ellos con sus particulares versiones. Esto hace que el repertorio de Marta recorra un camino semejante al de las piezas denominadas standards.

Otra particularidad en la trayectoria de Marta Valdés tiene que ver con el hecho de que la música compuesta por ella, cuando aparece, es mejor comprendida por una generación mayor a la suya, que por sus coetáneos. En dicho sentido, soy del criterio de que tras el momento inicial en que se dio a conocer, hubo un desfasaje en la recepción de ese tipo de propuesta y no es hasta los 90, cuando irrumpe una nueva generación de creadores que se identifica con lo hecho por Valdés. En breves palabras: es como si Marta compusiera para un momento futuro.

Junto a su profunda vocación por componer canciones que se inscriben por derecho propio en la más selecta antología de la cancionística nacional, como ya adelantaba líneas atrás, Marta ha sentido la necesidad de plasmar sus opiniones en periódicos, revistas, programas de conciertos… Esto es algo que debería ocurrir con mayor asiduidad entre nuestros artistas e intelectuales pues por razones que no vienen al caso analizar, la participación de ellos en los medios de comunicación en Cuba resulta en demasía reducida, con lo cual el consumidor habitual de prensa periódica y en particular de la diaria, se pierde reflexiones e ideas siempre necesarias para el mejor desenvolvimiento de la sociedad. Y es más, mirándolo desde otro punto de vista, ese intervenir de forma activa en lo que para algunos tan sólo posee valores efímeros, asunto por demás discutible, también resulta un acto creativo.

Esta vocación siempre ha acompañado a la fecunda compositora de clásicos como “José Jacinto”, “En la imaginación”, “Tú no sospechas”, “Llora, llora, llora” o “Sin ir más lejos”… El estilo reposado, sensible y delicado que caracteriza el decir de Marta Valdés, es presencia permanente tanto en su música como en sus escritos.

Ahora, al arribar a sus fecundos 80 años de vida, Marta Valdés prosigue su andar con una vitalidad sencillamente sorprendente y llena de proyectos que son el testimonio de alguien que, por derecho ganado con creces, ya ha inscrito su nombre en el altar de los y las grandes artistas de Cuba.

(Tomado de La Jiribilla)

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Joaquín Borges Triana

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