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La ciudad tiene muchos libros, pero los de César son tres

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De izquierda a derecha, escritores cubanos de la generación de los cincuenta: Manuel Díaz Martínez, Roberto Branly, César López, Lezama Lima, Manuel Álvarez Bravo, Fayad Jamís y Onelio Jorge Cardoso.

De izquierda a derecha, escritores cubanos de la generación de los cincuenta: Manuel Díaz Martínez, Roberto Branly, César López, José Lezama Lima, Manuel Álvarez Bravo, Fayad Jamís y Onelio Jorge Cardoso.

La poesía está a medio camino entre la realidad objetiva y la realidad “otra”. No resulta difícil pensar que una grúa eleve un gran peso, eso es lógica y no fantasía, lo difícil es hacer creer “…¡Si tuviera un espejo! O al menos una grabadora/ que acumulara el olvido y el paso de los meses/ más allá de las calles y de las novias muertas”[i], usando el primer lenguaje; el de la poesía.

César Antonio de Jesús López y Núñez (25 de diciembre de 1933), es poeta, narrador, ensayista, crítico literario y escritor cubano, Premio Nacional de Literatura en el año 1999. Estudió hasta el bachillerato en su natal, Santiago de Cuba, posteriormente estudió Filosofía y Letras en las universidades de La Habana, Madrid y Salamanca. En España se doctoró en Medicina (en Salamanca) y realizó también estudios inconclusos de filosofía y letras. Es miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua y correspondiente de la Real Academia Española.

César, entre 1960 y 1962, fue Cónsul cubano en Gasglow, Escocia y desempeñó el cargo de jefe de departamento de Europa Occidental en el Ministerio de Relaciones Exteriores, unos años después.

También ha sido secretario coordinador de la Sección de Literatura de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba y secretario de actividades del Pen-Club de Cuba. Trabajó como profesor de literatura en el Instituto Preuniversitario Raúl Cepero Bonilla desde 1964 hasta 1965 y en los grupos de teatro del Consejo Nacional de Cultura. En 1972 pasó a trabajar en la Academia de Ciencias de Cuba, primero en su Departamento de Traducciones y posteriormente, en el Instituto de Documentación e Información Científico-Técnica.

Como escritor, se dio a conocer en la revista Ciclón, una de las precursoras de la vanguardia literaria cubana que fundara el reconocido dramaturgo y narrador Virgilio Piñera.

César además ha colaborado en Revolución y Lunes de Revolución, El Mundo, Combate, Pueblo y Cultura, Islas,La Gaceta de Cuba, Unión, Casa de las Américas, El Caimán Barbudo, Cultura ’64, Conjunto, todas de Cuba; y en el extranjero en Siempre y Parva (México); Vanguardia (Colombia); Poor Old Tired House (Inglaterra) e Ínsula y Ruedo Ibérico (París).

Pero César es poeta -los poetas dicen unos que son filósofos, o al revés-, porque la diferencia que estriba entre ser uno y otro es casi nula, está en la intención; para el filósofo los datos de lo real explican la existencia de algo; mientras que para los poetas lo real se tiene en cuenta porque es imposible evitarlo; y si le queda alguna duda pruebe Usted a leer este fragmento: “Amo, amor, los amantes/ desconocen no sólo su destino, / sino también se embrollan recordando el pasado./ Nada hay ahora que hacer, como no sea/ rumiar, escribir un bolero sin cantarlo, / observar el desastre. /El fracaso distinto a la derrota.”[ii]

La poesía de César lo llevó a ser una de las voces más relevantes de Cuba en los últimos 50 años; y aunque también ha incursionado en la narrativa y el ensayo, sus tres Libros de la Ciudad, lo colocan entre los escritores más significativos del siglo XX cubano en ese género.

César ha recibido muchas distinciones cubanas y extranjeras, entre ellas Mención de Poesía del Premio Casa de las Américas (1966), el Premio «Ocnos» de Poesía (1971) y varias veces el Premio de la Crítica, entre otras.

La obra de César tiene un afán de participación, servicio y homenaje a la poesía cubana. Su narrativa es una zona cotidiana que sucede sin ocultarnos la realidad, el absurdo o lo fantástico;

“Penetran la ciudad, extiéndense, habitan luego/ las más estrechas calles, las distantes / casas de los extremos, la viuda los esconde / o entre velos y frascos la vieja solterona: Eduviges / Almánzaga remueve la cascarilla y el agua de Florida / y de vez en cuando, púdicamente, / hace a sus dedos resbalar por los lugares prohibidos. / Inundados rincones, los recuerdos tropiezan el hastío; / que es solamente el hastío quien preside: sus fantasmas / o espectros penetran la ciudad, extiéndense, la habitan luego, / y como los viejos tranvías desaparecen / y dejan nada más sus raíles o sus sombras, / marcan los silencios, la infancia común y los primeros / indicios de otros tiempos cuando se insinúan; / marcan también los bordes del mercado, el mercado / es el lugar y concurrencia donde la ciudad se despereza.”[iii]

César participó en la lucha clandestina y fue amigo de Frank País, páginas que figuran también en su historia personal; y tal vez por eso pide y advierte:

“Ciudad, no te equivoques nuevamente. /De qué ayer se trata. Qué lejanía convocas en el tiempo si el crimen te sostiene./ No vuelvas a dormirte. Los pajaritos cantan. / Las aves se levantan. Pero ya/ debías saber la diferencia entre un pajarito / y un ave. La modista y la costurera./ El vestido y el túnico de Virgilio. / Que llueva, que llueva. Que caiga un chaparrón.[iv]”

Sus ensayos, construidos desde una crítica erudita, con definiciones agudas, han abierto los primeros senderos en la comprensión de complejos fenómenos de las letras cubanas en la segunda mitad del siglo pasado.

César es además un conversador exquisito, tiene un humor fino, irónico y cáustico, que no solo lo hizo vencer a sus “enemigos” , sino que lo hizo crear una koiné de las ciudades vividas, de sus cotidianeidades, de sus prácticas, de sus calles y avenidas, del diario; y usó un rendimiento verbal exquisito, la primera teoría estética del lenguaje, la que hace de los hablares poéticos el hablar necesario, el hablar inicial, el hablar de la “ignorancia”, y quizás eso sea lo que explique por qué continúa pareciéndonos ese hablar el más bello y el más vigoroso de todos los hablares[v].

“Compórtate, fantoche, y pregunta,
demanda e interroga,
increpa a las alturas o al abismo,
no hay otra cosa ya sino tú solo,
rumiándote los años, reflejado en los otros.

Solo y acompañado, en multitud
y sin embargo único,
como si fueras a morir tu muerte.
Contesta entonces y sin actuar actúa.
¿Sabías antes, quieres saber ahora?[vi] “

Queda en estos tres libros, que Usted debiera leerse, la poesía e impregnada en ella, la ciudad que borra límites y fronteras para volverse una única y a la vez todas. Y es que hay quien cree que los “libros de la Ciudad” de César son solo a Santiago de Cuba, su querida y amada cuna, a La Habana o al Madrid que habitó juvenil él, o a la Salamanca de sus estudios universitarios; pero los libros son a la “Ciudad”, a esa entelequia que es una y muchas y que se repite en Londres, en Roma, en París o Viena. La ciudad que nos habita, a veces sin encontrar su sino ni su tino, a veces incomprensible, aunque no es el caso de César, pues no nos hubiera legado entonces tres libros.

Los de César son libros que no terminan nunca como las propias ciudades, que salvo que ocurran espectaculares hecatombes, perviven en sus ciudadanos aún si se han marchado; pues las ciudades viven en sus constructores, hacedores y en sus restauradores, en el espíritu que hará que estos tres libros estén, perduren, en su canto o en el silencio reflexivo que provocan tras su lectura, y aunque estos últimos versos no estén en los libros a la ciudad, es un guiño que quiero hacer a alguien citando estos versos del poema “Sin título” de César; “…—Decide tu futuro que es/ también tu presente, / no niegues lo que has sido, / sino erguido, dignamente; / humilde como un dios no alabado, / proclama tu verdad, aunque después / permanezcas callado para siempre.”

Notas

[i] Ver el poema “Han llamado a su puerta”, Tercer libro de la ciudad. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1998, p. 39.

[ii] Ver el poema “Estrépitos inundan la ciudad”, Tercer libro de la ciudad. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1998, p. 72.

[iii] Ver el poema “Penetran la ciudad”, Primer libro de la ciudad. Ediciones Unión, La Habana, 1967, p. 13.

[iv] IDEM

[v] Ver Mirta Aguirre, ”Apuntes para una filosofía del lenguaje figurado”. Cuaderno de trabajo.

[vi] Ver el poema “I”, Tercer libro de la ciudad. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1998, p. 7.

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F. Vladimir Pérez Casal

F. Vladimir Pérez Casal

Filólogo cubano. Colaborador de Cubadebate.

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