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Cuba para pasajeros de tránsito

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Dos notas sobre un género literario (y otra).

habana-cuba

El tono de sus aseveraciones de estas “crónicas de tránsito” es del tipo “esta es Cuba, todo lo demás es mentira”. En la imagen, el Malecón de La Habana.

La verdad no entra en un entendimiento rebelde.
Jorge Luis Borges, “El aleph”.

Si un viajero que visitara por apenas una semana Tánger, Santiago de Chile o la ciudad de México, asistiera durante dos o tres días a un evento académico o religioso, y se reuniera con un puñado de viejos conocidos y diplomáticos extranjeros, se lanzara luego a emitir un dictamen sobre la situación económica, social, política e ideológica de esos países, los lectores tendrían múltiples reacciones: se encogerían de hombros, pasarían a la página de deportes, o soltarían una exclamación irrepetible aquí.

Este tipo de texto forma parte, sin embargo, de un género establecido en relación con la isla, al que se podría denominar “retrato de Cuba como desastre”, o para abreviar,  apocalíptica cubana. En este género híbrido, que ha proliferado en las dos últimas décadas, se reúnen, para ponerlo en términos de teoría literaria, lo épico-narrativo, el drama y a veces hasta la lírica. Sin espacio aquí para desarrollar el punto, como podría hacerse en una tesis de Letras, me detendré en una subespecie suya, a la que podría llamarse crónicas de tránsito.

¿Qué elementos permiten identificar este subgénero de la apocalíptica? ¿Cómo se escribe? ¿De qué se trata? Por lo general, los cronistas de tránsito suplen la investigación de terreno por lo que se les pega en almuerzos y recorridos; si asisten a un evento académico o cultural, eligen lo que cuadra con su manera de pensar; y luego de ese minitour por el país, asumen que Cuba es La Habana; la capital, determinadas áreas y gentes preferidas; y los siempre locuaces y críticos ciudadanos cubanos, una multitud desesperada que languidece o clama en el desierto, urgida de redención y portavoces extranjeros, a punto de estallar contra el sistema. Es sobre las características de contenido y forma se ese subgénero que quiero compartir un par de apuntes.

Uno.

Tengo delante de mí dos muestras de crónicas de tránsito. La primera es un reportaje de un periodista francés (¿o marroquí?), Bertrand de la Grange, ex-corresponsal en México de Le Monde; la segunda, una reciente entrevista a Sergio Bitar, ex-ministro socialista chileno. Ambas compaginan en la medida en que a) ofrecen un juicio rotundo 100% negativo sobre “lo que pasa realmente en Cuba”; b) pintan a los habitantes de la isla como una sociedad atrasada, al margen del mundo contemporáneo, embrutecida por el estancamiento político; c) caracterizan como decrépitos, dinosáuricos y sordos a los actuales dirigentes cubanos; d) multiplican por cero el debate de ideas en torno a los problemas nacionales y la perspectiva política dentro del país. Abusando de la paciencia del lector, y como botón de muestra, los cito a ambos (de la Grange: BdG, y Bitar: SB).

“Después de cinco años sin pisar tierra cubana descubro el mismo país que se cae a pedazos” (BdG).  “No hay visión, no hay futuro”. La “sociedad está paralizada” (SB).

“El régimen da palos de ciego con sus reformas para actualizar el socialismo —tarea imposible”. “La Feria Internacional del Libro es la mejor ilustración del estancamiento intelectual de la cúpula dirigente.”(BdG). El PCC “no escucha a la ciudadanía”, no sabe “lo que está ocurriendo en el mundo”, es responsable de “congelar a un país como Cuba”. (SB)

“Un país donde coexisten las penurias de todo tipo (alimentos de calidad, papel higiénico y, sobre todo, libertad)” (BdG). “No mejoran las condiciones de vida, no mejoran las libertades” (SB).

“El contraste entre la calle y esa dirigencia congelada en el tiempo es asombroso. Los jóvenes ya no hablan de Fidel Castro y muy poco de su hermano Raúl. No esperan nada de ellos. Los dan por muertos” (BdG) “Es una sociedad que depende más de un caudillo que de las instituciones”. “No hay socialismo humanista que pueda sostenerse conceptualmente desde el punto de vista de las realidades cubanas”. “Se ha pasado de la épica de los 60 a una situación patética”. (SB)

El lector podría juzgar demasiado rápido si asumiera que lo definitorio de estas escrituras radica en sus creencias políticas. Si de diferencias ideológicas se tratara, no valdría la pena extenderse, pues cada uno es libre de adoptar la que prefiere. La cuestión, en cambio, radica en su condición textual, la que Borges describiría como “estar contaminada de literatura, de falsedad” (“El Aleph”). Mis amigos periodistas en otras latitudes afirman que no se puede dar por válida una información sin confirmarla al menos en dos fuentes confiables. Me pregunto cuáles avalan el aserto de que “se han ido de Cuba”, a raíz de la nueva Ley Migratoria (enero, 2013), nada menos que “230 000 personas”. “Antes de esa fecha, solo viajaban los adictos al régimen” (BdG).

A estas alturas, el lector se habrá hecho su propio juicio sobre estas crónicas de tránsito, y se preguntará de qué sirve partir pelos en dos en torno de ellas. Precisamente ese es el argumento de mi segunda nota.

Dos.

Para aquellos que no lo consideran un material digno de atención, permítanme advertirles que la crónica de tránsito sobre Cuba comparte un grupo de rasgos con visiones divulgadas por agencias de prensa y medios que no son tenidos por libelos. Si momentáneamente dejamos de lado su maniqueísmo, y las tomamos realmente como un subgénero literario, por sus rasgos estilísticos y sus referentes, encontraríamos ciertas particularidades que vale la pena considerar. Entre estos se cuentan al menos las siete siguientes:

a) Adoptan un estilo a tono con un invariable leitmotiv (“la hora final de Castro”, el socialismo agonizante). Como ocurre con el Armagedón, este se anuncia por señales, no se explica.

b) En el discurso de estas crónicas, los adjetivos remplazan a los argumentos, y la descalificación al análisis.

c) Carecen de perspectiva temporal, extrapolan el pasado al presente, mezclan la Cuba de hoy con “la del Che Guevara”.

d) El tono de sus aseveraciones es del tipo “esta es Cuba, todo lo demás es mentira”. Cuando aluden a las visiones alternativas sobre la isla, si son de izquierda, las califican de nostálgicas, idiotas o “lengua de madera” –traducción literal afrancesada de lo que en español se dice retórico y en cubano “descarga” o “teque”.

e) No reflejan el análisis crítico sobre los problemas del sistema económico y político cuyos autores radican en Cuba; pero tampoco el de estudiosos nada sospechosos de castrismo o guevarismo, como el titular de Harvard Jorge Domínguez, o el profesor emérito de economía Carmelo Mesa-Lago.

f) Sus referentes no se encuentran entre las publicaciones académicas cubanas, como Temas, pero tampoco en las revistas de análisis sociopolítico editadas por instituciones religiosas cubanas, como Espacio Laical o Caminos. Lo mismo ocurre respecto a las fuentes institucionales, incluso las que no se expresan en “lengua de madera”, como el Censo, pero también CEPAL, FAO, y hasta el Índice de Desarrollo Humano del PNUD, que aprecia el nivel de Cuba entre los países de la región (y que algunos de ellos llegan a calificar de “mal calculado” por parte del sistema de Naciones Unidas.)

g) Su discurso abunda en sintagmas recurrentes: la “excepcionalidad cubana” (léase, “Cuba es una aberración”), la falta de “modernidad y cosmopolitismo” (o sea, “no tienen conexión a Internet”), “la brecha creciente entre viejos y jóvenes” (donde “joven” abarca a todas las generaciones “entre 15 y 59 años”), el bajo nivel de “desarrollo” (es decir, la baja “tasa de crecimiento económico”), las “dos Cubas: La Habana y Miami” (significa: “un mismo país dividido, como Alemania”, en lugar de “una población étnica cubana, mitad emigrada, mitad nacida allá, lo mismo que Dominicana, Centroamérica, México, etc).

A la manera de géneros como el cine catastrofista, donde un protagonista lúcido alerta sobre el advenimiento de la desgracia a una masa sorda, terca e irresponsable, esta singular variante literaria no se ahorra vaticinios ni efectos dramáticos, desde el presagio de primaveras árabes hasta la desaparición del socialismo por fade, cuando ya no estén “los Castros”.

Tampoco carece de cierto ingrediente sentimental. La “Cuba que yo quisiera” suele reemplazar el análisis de la Cuba que es o que podría ser. Entre estas Cubas queridas se destaca, naturalmente, la del capitalismo.

Tres.

Hasta aquí he intentado examinar la apocalíptica cubana como género y proponer una  tipología de la crónica de tránsito. Como se ve, los enfoques adscritos a esta literatura niegan a fondo la dinámica de la transición cubana, y sugieren de manera más o menos directa que la única alternativa abierta para la isla es avanzar sin pausa y con prisa hacia la economía de mercado.  Esto nos lleva a la vasta cuestión de los modelos alternativos, que apenas intentaré enunciar en esta tercera nota, sin discutirla como merece, pues se trata de todo un territorio de problemas que rebasa bastante las crónicas apocalípticas.

Aunque resulte asombroso, un cuarto de siglo después de las transiciones postcomunista europeas y del inicio de los experimentos neoliberales en nuestra región, todavía rebotan, sobre todo en los predios de la economía, fórmulas monetaristas y esquemas de liberalización que logran deslumbrar a algunos con sus ecuaciones econométricas y otros ejercicios técnicos. A nuestros vecinos de América Latina y el Caribe, que vienen de regreso de situaciones donde equipos de econometristas pudieron manejar las palancas de la economía como si fueran parámetros de laboratorio, con resultados conocidos, les debe resultar extraño escuchar que la solución a los problemas de Cuba sea más de lo mismo.

No obstante, se siguen emitiendo prescripciones extraídas de una amplia casuística, que incluye numerosas herramientas de los primeros 90. Así, según algunos, el “modelo polaco” y hasta la transición sudafricana aún tendrían lecciones para la Cuba de 2014; y todavía merodea la sombra del “modelo alemán”, cuando se habla de “una nación dividida”, que es necesario unificar, etc.

Ahora bien, más allá de estas calistenias mentales, parecería obvio, que Cuba está en movimiento, e inmersa en cierto tipo de transición, que con todos sus déficits, demoras, zigzagueos, resulta difícilmente confundible con las recetas preconizadas por la transitología (ciencia de moda a fines del siglo pasado e inicios de este). Y que esa ruta, según preconizan las políticas en curso, se encamina hacia un cierto tipo de socialismo.

Es ahí donde entran el “modelo chino”, y sobre todo “el vietnamita”. Como ocurrió con “el modelo cubano” en los 60 y 70, esos “modelos” asiáticos se presentan como paradigmas explicativos en todas partes, mucho más que en los propios países aludidos. En efecto, no pocos académicos chinos[1] y vietnamitas  se cuestionan la existencia de tales “modelos” en su acepción dura, es decir, como representaciones conceptuales abstractas que explican el comportamiento de los procesos reales con un alto grado de predictibilidad; más bien allí se conciben como políticas orientadas a objetivos específicos de mediano y largo plazo, muy susceptibles de corrección y ajuste, mediante paquetes de medidas quinquenales. Dicen ellos que saben adónde quieren llegar, pero los adóndes de cada etapa se revisan y redefinen sus tiempos, así como sus medios y ritmos. No parecen ellos interesados tampoco en promover su modelo de desarrollo como la panacea, y mucho menos exportarlo a ninguna parte.

La simpatía suscitada afuera de esos países por los supuestos “modelos” chino y vietnamita encubre diferencias de fondo. Aparte del casi universal  entusiasmo por las altas tasas de crecimiento, la reducción de la pobreza y el aumento relativo de la clase media, sus admiradores globales enfatizan la liberalización económica como la esencia del modelo. Para decirlo rápido, en la ecuación “economía de mercado con Partido único (comunista)”, lo que atrae a la mayoría de esos expertos es la parte del mercado, no la del Partido Comunista. Algo así como hacer el elogio de un tigre, pero preferirlo sin rayas, capaz de dormir en el sofá y, naturalmente, “que cace ratones”.

Para algunos chinos y vietnamitas que interpretan sus propios procesos políticos, la legitimidad de esos PC en China y Vietnam tiene menos que ver hoy con el marxismo-leninismo ortodoxo y las concepciones estadocéntricas sobre el socialismo que con su rol histórico en la lucha por la independencia y la soberanía, la defensa del interés nacional de sus estados y de su población, y muy en particular, con su capacidad para desarrollar políticas estables dirigidas a modernizar sociedades todavía rurales en una alta medida, víctimas de una pobreza ancestral, con vastos territorios apartados y minorías étnicas que requieren integrarse de manera acelerada a un proceso que asegure la elevación del nivel de vida de toda la población. Entre los méritos reconocidos a esos PC y sus políticas de reforma se incluye, como componente clave, haber corregido el rumbo en sus relaciones exteriores, recuperando su lugar en la comunidad regional y en el sistema internacional, superando el aislamiento en que se encontraban, y conduciendo una política inteligente que ha logrado alcanzar un alto grado de cooperación con los países vecinos y los industrializados, incluidos sus antiguos enemigos.

Medida con esa regla, Cuba no ha alcanzado una parte de esos logros, otros sí –y otros no los requiere. Confundir el insuficiente acceso a Internet, el bajo percápita de teléfonos inteligentes, el estado precario del transporte, la carencia de TV por cable, automatización de los servicios, disponibilidad de libros electrónicos, y otros déficits tecnológicos y de consumo en Cuba con la medida de la modernidad en la cultura y la sociedad implica no entender el significado de moderno. Cuba es un país que ha experimentado durante cinco siglos el efecto de estar plantada en el cruce de caminos del Nuevo Mundo; donde las relaciones sociales capitalistas se extendieron en su momento a la totalidad del territorio nacional; la mayoría de su población desciende de inmigrantes pobres europeos y esclavos africanos emancipados, pero la más intensa influencia cultural en el último siglo proviene de los Estados Unidos; se ha integrado étnicamente más que la mayoría de las naciones; 75% de su población accede a las condiciones de la vida urbana; sus mujeres integran la mayoría de los científicos, estudiantes universitarios, la salud pública, la educación y el poder judicial; la asistencia escolar es universal y obligatoria durante 9 años; su modelo de bienestar social solo es comparable con el del Norte civilizado; y el incremento relativo de la pobreza (20%) y de la desigualdad racial, en el contexto de la crisis, se percibe como una anomalía.

Epílogo: el sentido de actualizar.

La revolución socialista en Cuba surgió de esa sociedad moderna, no de una guerra de independencia contra una potencia colonial o una rebelión campesina. En sus sucesivas etapas, ese socialismo generó su propia modernidad, con sus luces y sus sombras, como ocurre en un cambio social genuino. Nuevamente, es esa sociedad socialista moderna la que requiere hoy un socialismo distinto, de abajo arriba, que genere respuestas a sus problemas reales.

Imaginar soluciones propias a estos problemas no conlleva desechar ideas inspiradas en contextos ajenos (quizás más en Escandinavia, Canadá y algunos procesos de cambio social en América Latina, que en Asia), ni tampoco excluir del todo a algunos abogados del reino del revés, pues aunque no se compartan sus ideas, cuando se trata de propuestas creativas, pueden hacer repensar las establecidas sobre el desarrollo en Cuba. A fin de cuentas, el mayor desafío no consiste hoy en colocar fórmulas racionales sobre la mesa, sino en ponerlas en obra minimizando sus costos sociales y mediante un nuevo estilo político. Actualizar no solo significa poner al día, sino realizar, “hacer que los elementos abstractos o virtuales se conviertan en concretos e individuales”. Esta puesta en acto políticamente responsable y democrática es, o podría ser, la clave de un nuevo modelo.


[1] Yan Jiron, «El “modelo chino”: ¿qué dicen las investigaciones?», Temas # 66, 2011,http://www.temas.cult.cu/revistas/66/012_Jirong.pdf.

Se han publicado 8 comentarios



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  • Roberto dijo:

    !Cuántas verdades! !Y que profundidad y amplitud en el análisis! Sobre los crónistas de tránsito me permito opinar que, casi siempre, tienen sus ¨notas de viaje¨redactadas incluso antes de llegar a Cuba y lo que hacen en el país en esos almuerzos y encuentros callejeros con personas que enseguida se dan cuenta de qué opinión necesitan estos personajes es simplemente hacer encajar lo preconcebido con lo que ven y escuchan. No les interesa ni importa nada más.
    En cuanto a modelos, me parece muy acertado el análisis sobre quienes a Cuba le dan instrucciones de cómo aplicar los de China y Vietnam. No he estado en China, ni siquiera en una de sus ciudades, pero estoy en Hanoi y he visitado algunas localidades del interior, Y me permito decir que junto al abarrotamiento de productos en los mercados, la extendida conexión a internet, el celular en los bolsillos de casi todo el mundo y la proliferación de periódicos, revistas, motos, etc, etc, persisten niveles de pobreza, carencias en salud y educación y otras manifestaciones de ese pasado colonial que entronizó ese modelo como forma de sojuzgamiento. Hay que leer a Ho Chi Minh y sus artículos sobre el Vietnam de los franceses para entender que todavía persistan esos males. Y ni que decir que todo ello ocurre en un país con recursos naturales inconmensurables, incluyendo el preciado petróleo y otros energéticos. Y aunque hay indudables avances, el llamado modelo ha ido introduciendo cambios- y lo está haciendo ahora mismo, en una nueva etapa- por lo que identificarlo como un patrón para seguir no está ya no en el discurso, si no ni siquiera en la mente de la actual generación de líderes del país. Gracias, Rafael Hernández, por este abordaje tan interesante y medular.

  • victor dijo:

    No hace falta hacer un viaje a Cuba. Con solo mirar los “productos culturales” producidos en el país, basta para tener incluso una visión peor del problema.Puede comenzar por los videoclips de mulatas, almendrones, supercadenas de oro y ciudades (La Habana) cayéndose a pedazos hasta las más sonadas y premiadas producciones cinematográficas cubanas. En ambas muestras parece que cambian los actores y el guión, montados sobre el mismo escenario. Le dejo que Usted ponga el nombre de la película. Por eso, ante la opción del catalejo, miremos primero cómo somos nosotros, qué proyectamos y después analicemos lo que dice el vecino, ya sea con buena o mala intención.

  • Beatriz dijo:

    Me gusta el artículo.
    Porque siempre tenemos que estar justificandonos a los que preferimos vivir en Cuba y defenderla, el porque lo hacemos, que somos marionetas, que no sabemos lo que es vivir.
    Vivir nio es simplemente tener un carro y poder ir a Disnelandia, lo siento, es tanto así como no tener que preocuparte porque cuando tengas un enfermo no tienes a donde llevarlo. Que hoy no hay duralgina pero ya pasado mañána llego. La comida… Se pasa trabajo para conseguirla con nuestros salarios , hay que luchar para hacer magia con lo poco que ganamos y los precios que tienen la scosas. Pero la dignidad humana esa que tienen que ver con la protección a las niños, mujeres y ancianos, esa no tienen precio. La deucación tampoco tienen precio. Que pasamos trabajos así mismo es, peor cuanto no pasan por allá por otros países del mundo a los que ni siuieran menciona. A es verdad Cuba está a 90 millas dle imperialismo. Con Cuba todo pasa por la política y por la Florida. Hasta cuando el gobierno y los representantes de la derecha cubano americana de Miami seguirán teniendo a Cuba como objetivo principal para sus planes de desetabilización.
    Se están formando jóvenes para continuar con nuestro socialismo cubano, ni es chino, ni es vietnamita, es solo made in Cuba.
    Y liberen a los trs presos antiterroristas cubanos presosn en EE UU, YA.
    BHS

  • ROSQUETE dijo:

    MUY BUENO, ME GUSTÓ MUCHO, TEMA ESTREMADAMENTE SERIO E INTERESANTE, Y PARA EL CUAL LOS REVOLUCIONARIOS TENEMOS QUE ESTAR PREPARADOS Y NO DEJARNOS ATRAPAR EN LA “TRAMPA DE LAS COMPARACIONES Y LOS DISCURSOS DE MODERNIDAD”.

  • el oriental dijo:

    interesante y bien medular artículo..

  • Laduraverdad dijo:

    Tengo un hermano sociólogo que un día decidió abandonar Cuba e instalarse en los EEUU, antes de partir le dije: te voy a describir la sociedad con la que te vas a encontrar, en ese momento no me prestó toda la atención, pero seis meses después de su llegada me preguntó: cómo es si no has estado aquí, que conoces esta sociedad mejor que los que llevan muchos años aquí. Me gusta profundizar en las distintas manifestaciones culturales de los países, por ahí saco mis conclusiones de cómo son, porque nadie duda que el arte refleja la realidad. Entonces sin más muela, prácticamente el arte cubano, presenta a Cuba en el estado que se expone en los trabajos que estás presentando , donde se muestra una Cuba, sucia, de gente detenida en el tiempo, y más y más, o sea que es llamativo que el arte cubano presente la isla de esa manera y entonces ahora estás analizando de que esas son visiones catastróficas de nuestra realidad. Yo por mi parte te digo, estoy de acuerdo con muchas cosas de las que se dicen en esos comentarios sobre Cuba, pero aun así prefiero vivir en ella, porque no he dicho que en otro lado sea mejor, lo ideal fuera que esa Cuba la pudieramos tranformar, sobre todo suprimir las trabas internas que no lo permiten, tengo suficiente claridad para saber la existencia de las acciones externas para desaparecernos. Como tampoco creo que quien llevó a muchos errores que hoy son cruciales para nuestro desarrollo, sea capaz de sacarnos de esos errores, por una obvia lógica marxista. Increiblemente y eso no ha sucedido en ningín país del mundo, pertenezco a una generación donde ninguno de sus miembros sirvió para el gobierno, en 50 años los que hemos nacido en ese tiempo somos incapaces de gobernar, todos tenemos problemas, por lo que tenemos que seguir dirigidos por una generación donde nadie falla, todos son muy capaces, nadie comete errores a pesar de su avanzada edad.

  • RAFAEL dijo:

    Siempre me he preguntado porque en Cuba no existen o están en extinción cineastas, escritores y etcétera, que alaben las virtudes de nuestra sociedad, (creo que las tiene y no pocas). Sin teque, pero con sensibilidad e inteligencia, para atraer a los muchos.
    Las alasbanzas se concentran casi absolutamente en la TV, la radio o en la prensa plana los cuales, mayoritariamente, son ignorados por los que más necesitarian asimilar sus mensajes, que por cierto, casi siempre incluyen el consabido teque y similar estilo, repetido durante medio siglo. Hay que cambiar los metodos y estilos de trabajo, como diria un expermentado dirigente nuestro…

    Veo

  • Livio Delgado dijo:

    Las crónicas de transito como le llamas a este tipo de escritos, parten de cómo crónica reflejar la visión de una persona sobre la realidad que él ha vivido bajo sus conceptos y sus aspiraciones personales en esas cortas visitas a Cuba, en muchas aspectos de la realidad Cubana mencionada por estos dos visitantes coincido, otras inclusive como Cubano veo que aflora superficialidad en sus opiniones pues la mayoría de los problemas que la sociedad Cubana tiene hoy son reflejo de estos últimos 20 años de “periodo especial”, en los que a fuerza de sostenerse en el poder la dirección del país fue improvisando políticas de sobrevivencia . La realidad de una sociedad muy Humanista ( educación, salud, deporte y cultura a los niveles del primer mundo ) pero económica dependiente del bloque soviético y su intercambio preferencial, con una economía interna donde su agricultura es incapaz de suplir el 80 % de lo que se consume, un sistema de propiedad estatal absoluta irresponsable, reconocida ineficiencia económica e improductiva a todos los niveles de la producción mercantil, y sumida la industria heredada hoy en una descapitalización impresionante de cualquier sector productivo nacional. Esa dicotomía inoperante hoy seguimos sufriéndola. Si alguien a finales del siglo XX asumió responsablemente en medio del mal llamado periodo especial que los bueyes son mejores que los tractores para la agricultura Cubana, o que la pasta dental no hacía falta que jabón hacia lo mismo, o ahora mismo la retorica sobre la política energética de cocción de los alimentos muy ligada a la futura real capacidad de generación de energía eléctrica, sin la solución temporal convertida en desgracia permanente de los grupos electrógenos tomada anteriormente. Cuba desgraciadamente necesita reinventarse completa, nadie puede negar que Raúl intenta hacer un make-up con su Actualización económica, pero para remover la mata como se necesita lo hecho hasta hoy no creo sea suficiente.

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Rafael Hernández

Rafael Hernández

Sociólogo cubano. Director de la revista “Temas”.

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