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Crisis en Estados Unidos: fundamentalismo y decadencia

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Por Stella Calloni

“Si nos vamos a enredar, todo el mundo se enreda y todo el mundo tendrá problemas”, advirtieron los voceros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos recordando que si hay solución será imposible dar prioridad a pagos de deuda por sobre otras obligaciones. Esto sucederá si el Congreso no logra aumentar el límite de endeudamiento de 16.7 billones de dólares. Ni hay que recordar que el déficit mensual ronda los 60 mil millones de dólares que deben ser obtenidos en los mercados financieros.

El temor generalizado es que Estados Unidos podría entrar en una crisis tan severa que llegaría a ser mucho peor que la de la Gran Depresión de los años 30 y los daños provocados a la economía afectarían a más de una generación. Además que no existen precedentes de un incumplimiento de pago.

¿Estados Unidos en default? Aunque parezca imposible, inimaginable, esta amenaza está a la puertas de Washington y se estima que esta circunstancia sería catastrófica no solo “sobre los mercados financieros sino también sino también sobre la generación de empleo, el gasto de los consumidores y el crecimiento económico”, de acuerdo al mensaje del Tesoro, que se dio a conocer en el tercer día del dramático cierre del gobierno.

Entre otras situaciones, el mercado del crédito “podría congelarse, el valor del dólar podría caer y las tasas de interés estadunidenses podrían dispararse llevando a una crisis financiera y a una recesión que podría recordar los episodios de 2008, o incluso peor”, advirtió el Tesoro.

Paralizado el gobierno de Estados Unidos, la crisis podría empeorar y, como señala el informe del Tesoro, si se mezcla “con el grave tema del límite de la deuda federal, esto tendría un efecto de catástrofe, agravando los problemas económicos”.

El presidente Barack Obama responsabilizó a los republicanos en el Congreso de llevar al país a una situación dramática y advirtió sobre la dura influencia de los dirigentes conservadores (ultraderechistas) del Tea Party.

“Haga una votación, detenga esta farsa y termine con este cierre ya mismo”, le exigió Obama al titular de la Cámara Baja, el republicano John Boehner, a quien acusó de tratar de ser complaciente con los “extremistas” de su partido. Solo hay una salida, sostuvo Obama, y es que el Congreso apruebe el presupuesto para financiar al gobierno “sin ataduras partidarias” y terminar con “la obsesión” de la dirigencia del Tea Party con la reforma de salud, que en realidad es moderada y muy necesaria, en un país con millones de desempleados.

Es posible que Boehner actúe más allá de lo que piensen los fundamentalistas de su partido, y se decida a dar pasos posibles para impedir que Estados Unidos entre en default. Por su lado, el senador republicano John McCain admitió que los republicanos “serán percibidos como los que han bloqueado y provocado el cese de las actividades del Estado federal”. Todos saben que es una crisis, que no tiene tan fáciles salidas como en otros tiempos, que esto mostrará la extrema debilidad de un presidente estadounidense, que se puede interpretar como un “golpe de Estado” del que se habla desde 2011, pero también que existen severas contradicciones al interior del país, se ha perdido credibilidad, toda vez que la población se expresó contra una guerra en Siria (80%) y que también lo hicieron militares.

Cinco generales advirtieron hace una semana a Obama que si Estados Unidos entraba en Siria, ellos tomarían medidas. En esos momentos también se habló de un “golpe” en este caso de otro tipo. Pero lo que es más grave para el gobierno y para los guerreristas es que el escenario está llegando a parecerse a lo sucedido cuando la guerra de Vietnam, que no solo se perdió contra un pueblo en lucha, sino que también se perdió hacia adentro del propio país, cuando se filtraron las escenas terroríficas de esa guerra y llegaban no solo miles de cadáveres de soldados estadunidense sino también de discapacitados y enfermos mentales, mucho de los cuáles se suicidaban como está sucediendo en estos momentos. Esto hizo reaccionar masivamente a la población de Estados Unidos y especialmente a los jóvenes.

De hecho, la crisis de las hipotecas y otras que se sucedieron actuaron como un terremoto sobre buena parte de la población. Y se ha optado por la represión contra las marchas que exigen los cambios prometidos, un alto a la guerra, no aceptar recortes que sigan expulsando a una buena parte de la sociedad hacia confusos arrabales.

20 ciudades están a punto de quebrar como quebró Detroit, cuya situación es trágica. Miles de familias quedaron sin casas. El cruel negociado de las hipotecas destruyó hogares y vidas y salvó a los bancos, al sistema financiero implacable. Esto lleva a observar quien está detrás de un presidente de Estados Unidos, quien maneja el mundo.

Sin olvidar que para los fundamentalistas del Tea Party, cuya única razón es la fuerza, la violencia y la guerra, llevar contra la pared y acorralar al primer presidente negro de Estados Unidos, es como dice Obama una decisión ideológica.

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