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¡SOS, Snowden!

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snowden1. En su antiutopía Nosotros, Evgeny Zamiatin imagina un mundo con rascacielos con paredes, techos y pisos de cristal, donde ningún acto pasa desapercibido para los demás. En 1984, de George Orwell, hay ubicuas pantallas de televisión inapagables que nos espían. Vivimos esa fábula: ninguno de nuestros actos puede ser ya ocultado, pero para observadores que nos escrutan detrás de espejos impenetrables. Saber es poder. Los espías conocen todo de nuestras llamadas telefónicas, correos, ingresos, gastos, hábitos de consumo, ideas, enfermedades, relaciones, ubicación. Este flujo de información es unilateral.

Espiar es poder. Con el pretexto de la guerra contra el terrorismo hemos caído en el terror total.

2. Desde el siglo XIX, todas las legislaciones garantizan la inviolabilidad de la correspondencia. En la actualidad, gobiernos y empresas no solo se atribuyen el derecho de conocer el contenido de los mensajes que cursan o interceptan: también el de utilizar, publicar y registrar los datos obtenidos. Facebook y otras redes sociales pretenden tener la propiedad intelectual de cuanto circula por ellas. Es como si las compañías transportistas se declararan dueñas de toda la mercancía que mueven. En su carrera por confiscar los medios de producción, el capitalismo confisca la información.

3. ¿Para qué se aplica este control? Un manejo tan total o totalitario de la información permitiría erradicar el crimen organizado, el mercadeo de productos dañinos para la salud, el tráfico de armas, la corrupción política, los delitos bancarios, la evasión tributaria, el tráfico de personas, la explotación laboral, el lavado de capitales, los paraísos fiscales, el monopolio de los alimentos, los falsos pretextos para las guerras, tales como la imaginaria construcción de armas de destrucción masiva. Si tales lacras persisten, es porque el espionaje no las impide: las posibilita y asegura su impunidad. El espionaje no viola el secreto: lo crea. Todos los que crearon sistemas de espionaje terminaron siendo sus prisioneros. Tras el cristal impenetrable, presidentes, financistas, sicarios son más espiados que nosotros.

4. El temor de revelar miserias domésticas llevó a la burguesía a valorar la privacidad. El miedo a la policía indujo a los revolucionarios a no revelar ni a palos sus contactos. Hoy en día nada se recata. Todos aspiran al cuarto de hora de celebridad que prometió Andy Warhol. El presidente Obama recomendó a los jóvenes cautela con lo que colgaban en sus redes sociales. Pero ¿qué revela este ubicuo fisgoneo? Abrir páginas web es acceder a vitrinas impúdicas donde los usuarios exhiben desde pertenencias hasta perversiones. Una mirada crítica revela que el retrato del usuario es fotoshop, que sus supuestas posesiones son corta y pega, que su lista de amigos consta de centenares de personas que no lo conocen. El narcisismo digital infla los archivos de los espías con terabytes de propiedades y relaciones inexistentes. No estamos lejos del mundo ficticio anunciado en The Matrix. Como sus víctimas, los espías informáticos viven en un universo ilusorio.

5. En pasados tiempos turbulentos debí entrar en la clandestinidad. Desde hoy, debe hacerlo toda la humanidad. Ello requeriría prudencia elemental. Usar con limitación extrema los medios de comunicación.

Disfrazar lo que por ellos se comunica. Saber que siempre podemos estar ante un espía, un micrófono o una cámara. ¿O por el contrario, debemos actuar con el total desenfado de quien nada tiene que ocultar?

Una encuesta demostró que 67% de los estadounidenses aprueban que Snowden haya revelado información secreta del gobierno de Estados Unidos. También confirma que esa mayoría no aprueba el secreto ni el contenido de la información. Son los espías y sus sicarios los inconstitucionales, los ilegales, los antidemocráticos, los secretos.

Su poder consiste en obligar a ocultarnos. Que se escondan ellos.

Se han publicado 4 comentarios



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  • Santiago dijo:

    Está demostrado que todo lo escucha y lo revisan, lo leen, esto quiere decir que no hay privacidad en estos medios, lo correcto es el que use estos medios no dar los datos reales de tu identidad y sabes que solo publicaras lo que tu considere que no es de tu confidencia, y utilizar lo menos posible estos medios, principalmente los que están en Estados Unidos o las grandes potencias capitalistas y sus aliados.

  • Prudencio dijo:

    En varias ocasiones he podido leer aquí en CUBADEBATE varios artículos donde se hace referencia al libro 1984 de George Orwell y me pregunto porqué motivo no publican esa obra asi como Rebelión en la Granja ambas del mismo escritor para que todo el que lea la columna pueda saber de que están hablando porque, que yo sepa esos libros jamas han sido vendidos en Cuba.

    • pedro dijo:

      Prudencio, esa obra fue publicada en Cuba por colecciones HURACAN, mi padre lo compro y esta en mi casa.

  • Carlos Gutiérrez dijo:

    Prudencio; prudencia.

    En cuanto a Snowden, sencillamente no me puedo tragar este bulto.

    Un hombre que, según lo que se dice, reveló importantísimos secretos de estado de la mayor potencia militar del planeta y, peor aún, que todavía tiene cosas más importantes bajo la manga, y que ese hombre haya estado completamente solo durante muchos días en la zona de tránsito de un aeropuerto ruso, sin escolta y sin el amparo jurídico de Rusia, un país cuyo presidente llama "su socio" a los Estados Unidos, y que le pone como condición a Snowden que deje de molestar a su socio si quiere permanecer en Rusia, y que una organización tan tenebrosa como la CIA, que no tiene escrúpulos en cometer los mayores crímenes y cuenta con medios técnicos para liquidar a cualquiera y hacerlo aparecer como un accidente ó una enfermedad, y que Snowden siga vivo y sano... Perdónenme, pero no puedo creer que ese señor no sea un fraude orquestado por quíen sabe qué agencia norteamericana.

    No trago.

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Luis Britto García

Luis Britto García

Narrador, ensayista, dramaturgo, dibujante, explorador submarino, autor de más de 60 títulos. En narrativa destacan "Rajatabla" (Premio Casa de las Américas 1970) y "Abrapalabra" (Premio Casa de las Américas 1969).

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