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La pelota, el fenómeno cultural de mayor arraigo en Cuba

En este artículo: Béisbol, Cuba, Deportes
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Ricardo Bordón decidió el campeonato con doble al derecho. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate

Ricardo Bordón decidió el campeonato con doble al derecho. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate

De noviembre a mayo, la fiesta crece poco a poco. La pasión pelotera germina en los juegos manigüeros con sus altibajos incompresibles, como un motor que arrancara en falso una y otra vez. Esa cotidianidad algo monótona tiene, sin embargo, sus seguidores, inspirados en el orgullo local y, sobre todo, en el debate ininterrumpido de las peñas, allí donde todos, en paridad de condiciones, califican de expertos, desafían la autoridad del manager y narradores deportivos y desarrollan facultades poco frecuentes entre nosotros: el análisis y la crítica. Se desmontan los mecanismos del juego y se someten a escrutinio cada jugada, tanto como el pensamiento estratégico que conduce el encadenamiento de las acciones.

Con el transcurso de las semanas, el jugo de la caña se depura y el calor se expande de la caldera a la gran fábrica, invade el batey hasta que todos y cada uno, jóvenes y viejos, intelectuales, obreros, campesinos y cuentapropistas, estamos involucrados en las expectativas del desenlace. La pasión se desborda y atraviesa transversalmente todos los sectores de la sociedad. Es, sin duda, por su fuerza contaminante, el fenómeno cultural de mayor alcance y arraigo.

Nunca he visitado un estadio, salvo cuando, en mis tiempos de estudiante, nuestro profesor de Historia de Cuba, el muy singular Elías Entralgo, nos convocaba una vez a la semana a jugar pelota en la instalación universitaria que todavía existe y funciona. Nunca pude lograr que el bate tropezara con la bola. Se me escapa la coordinación temporal. Intenté en vano solicitar la ayuda del azar. Desconfiaba de mis propias habilidades y cerraba los ojos. El madero seguía operando en el vacío. Por contagio, era partidaria del equipo Almendares. La continuidad del azul me induce a simpatizar con Industriales, aunque lamento que el alacrán haya sido sustituido en operación sincrética por el león del entonces rojo club Habana.

El último play off de la pelota nacional estremeció a la Isla entera. El fenómeno tiene razones y raíces complejas y profundas. Un amigo, nacido en la capital, simpatizó sucesivamente con Matanzas y Ciego de Ávila. Como José Martí, me dijo, quiero echar mi suerte con los pobres de la Tierra. La mayor parte de los casos, sin embargo, el comportamiento individual y colectivo no tiene base tan racional. Cuando el desenlace se va acercando, el despliegue de los debates y la información de los medios polarizan la rivalidad y sumergen a cada persona en la fiebre generalizadora. Como en el proceso de carnavalización descrito por Bajtin, la creatividad latente y la voluntad participativa rompen las ataduras. El juego se convierte en espectáculo, no solo por lo que ocurre en el terreno donde, a diferencia del fútbol, las jugadas rápidas alternan con el más lento enfrentarse del pitcher y el bateador, atávico tironeo entre el dominador y el dominado. El estruendo sonoro de las gradas acrecienta la atención. A su manera, los espectadores también se han transformado en protagonistas. Se desarrollan así dos discursos paralelos, interconectados por los incidentes del juego. El público manifiesta su necesidad expresiva por múltiples vías. La palabra señorea al increpar al otro, al espectador cercano, al manager, al pelotero que comete una pifia, batea el jonrón oportuno o roba una base con eficaz audacia. El vocabulario adquiere colorido y riqueza. La gestualidad improvisa coreografías insospechadas fruto de la imaginación creadora, los cocodrilos enfrentan a los leones mientras algunos, a pesar del calor de la temporada, visten la piel rayada de un tigre. Las individualidades se funden en espíritu colectivo, porque al estadio se va en familia, en grupos organizados desde el barrio, junto con viejos compañeros de peña deportiva.

Por su fuerza, su creatividad y espíritu participantes, por constituirse en punto de convergencia de todas las capas de la sociedad, la pelota ha venido a ocupar el sitio que antaño correspondiera al carnaval, subsistente hoy en Santiago, en las parrandas villaclareñas y en los festejos de Bejucal, mortecino ya en La Habana. Hijos de tradición similar, la pelota y el carnaval inician su cocción en lo más profundo del barrio. La preparación de muñecos y disfraces canaliza una imaginación que no suele desplegarse en la vida cotidiana, sometida a otras convenciones en el vestir y en el modo de relacionarse. Hace más de 30 años, Antonia Eiriz detectó esa fuente de un imaginario popular latente de raigambre carnavalesca cuando incitó a sus vecinos de Juanelo a volcarse en la fabricación de objetos de papier maché. En efecto, desde los tiempos más remotos, trabajo y diversión han tenido sutiles vasos comunicantes. Después del intenso laboreo de las cosechas, las celebraciones juntaban a hombres y mujeres en el jolgorio. La personalidad individual crecía, fundida en los cantos y bailes del grupo.

En lo más álgido del campeonato, en el estadio o ante el televisor hogareño, el espectador no permanece como ente pasivo. Sostiene el bate en la mano en las jugadas decisivas, discute con el árbitro y con el manager y se desliza en la base para asegurar una carrera a su equipo. Nadie queda inmune del contagio progresivo. Al final, sentimos todos un enorme vacío. En el barrio, cada cual se repliega al vivir habitual. Pero las cenizas mantienen el calor hasta la próxima temporada.

La pelota ha permeado el habla del cubano. La investigadora Lidia Castro estudia el reflejo del deporte en el idioma de la Isla. Estamos “en tres y dos” cuando nos hallamos en situación límite ante una disyuntiva. “Partimos el bate” cuando alcanzamos un logro extraordinario. Por un descuido, nos “cogen fuera de base”. La lista es muy larga. Pero esas expresiones enriquecen y dan colorido al lenguaje. No fue lingüista Bobby Salamanca, pero intuyó esa particularidad comunicativa, tanto como el hilo secreto que vincula todas las instancias del hacer humano, diversión y trabajo, entre tantas otras. Inspirado por la zafra del 70, esfuerzo monumental que involucró al país entero, introdujo el léxico azucarero en la narración del juego. La guardarraya podía estar limpia y la caña a tres trozos. Para cerrar el tema del vocabulario, recuerdo que, desde la infancia, quienes suspendían un examen recibían un “ponche”.
Multifacética, la pelota toca todas las aristas de la vida nacional. La radio y la televisión contribuyen a llevarla a todos los hogares. Pero, desde mucho antes se fue expandiendo. Los historiadores afirman que en los inicios, llegó a los EE.UU. a través de jóvenes pertenecientes a las elites económicas que estudiaron en ese país. Puede que, en reacción contra la metrópoli española se contrapusiera al fútbol, del mismo modo que la lidia de gallos ofrecía una alternativa a la corrida de toros. Lo cierto es que, del ámbito de los clubes aristocráticos pasó a convertirse en deporte popular y los muchachos jugaban en los solares yermos con guantes, bates y pelotas improvisados. El sector pudiente blanco optó por las regatas y la natación y cedió el paso a negros y mulatos, devenidos pronto héroes legendarios que horadaron el valladar del color establecido en el profesionalismo norteamericano.
Para ahondar en el tema de la cultura, sería útil convocar a un taller multidisciplinario con especialistas del sector deportivo, antropólogos, miembros de la UNEAC donde son muchos los aficionados entre escritores y artistas, funcionarios y animadores de la cultura.

La modernidad, con la revolución industrial y el crecimiento de las ciudades, ha modificado la naturaleza de la cultura popular, antes de base campesina, asociada a lo que los románticos denominaron folclor. La producción artesanal, sustituida por la producción en serie se convirtió en artículo de lujo. Nacidos en el ámbito del trabajo, bailes y cantares pasan al olvido, perdida ya su funcionalidad original. Sus células rítmicas básicas, elaboradas por artistas se difunden a través de los medios sometidos a un sofisticado proceso de mercantilización y mercadeo. En los grandes conjuntos urbanos, los ciudadanos se aíslan en apartamentos y pierden los nexos solidarios. En ese contexto de aparente conformismo, subsisten sentimientos de vacío y de pérdida, síntomas de graves carencias espirituales. Surgen fórmulas sustitutivas, prácticas religiosas alejadas de las instituciones tradicionales, llamadas la astrología y la cábala para encontrar asideros en medio de las incertidumbres del mundo contemporáneo. Comienzan a manifestarse las “tribus urbanas”. Como el agua que desborda las márgenes del río, la creatividad contenida por modelos de diversión impuestos desde arriba, busca otras vías de expresión.

Por múltiples razones, en Cuba, la vida barrial no ha muerto. El clima obliga a mantener abiertas puertas y ventanas. Los vecinos intercambian gestos de colaboración solidaria. Las escaseces y el racionamiento han generado peculiares formas de convivencia. La cola contribuye a difundir informaciones de toda índole, elabora estados de opinión, mientras el grito “llegó el pollo” se expande por calles y pasillos, de balcón a balcón en acto de elemental solidaridad. A pesar de las migraciones persiste una memoria barrial en los pasos de los Guaracheros de Regla y los Alacranes del Cerro. Entre los conservadores de esas tradiciones palpita una capacidad potencial de liderazgos. Allí donde la semilla generadora de antiguas celebraciones, como sucedió con las parrandas remedianas, no ha muerto, conviene irrigar y quitar obstáculos del terreno para que renazca, anime y exprese el existir y los sueños de la comunidad. Inútil desperdicio de recursos y esfuerzos resultaría, en cambio, intentar desde arriba el suministro de respiración artificial para revivir lo ya desaparecido en virtud del paso del tiempo y la recomposición del tejido social.

El fervor creativo suscitado por el campeonato de pelota revela, que entre nosotros, la cultura popular conserva potencialidades inexploradas. Hay que poner oído en tierra para escuchar el latido, para detectar el modo de salvar su poder convocante y las fuentes de su afirmación vitalista. El Rey Momo sigue renaciendo cada año con alegre desparpajo. Corresponde a los protagonistas del acontecimiento en cada lugar, junto a especialistas en distintas disciplinas, encontrar el modo de garantizar su continuidad.

(Tomado de La Jiribilla)

Se han publicado 52 comentarios



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  • critico dijo:

    que manera de divagar este articulo sin decir nada, verdad que se pierde tiempo escribiendo. mirando objetivamente el articulo, no le veo sentido por ningún lado, son un bulto de palabras ordenadas ahí al azar sin ningún sentido

  • habanero dijo:

    me durmo leyendo el articulo, yo creo que esta mal hubicado, no pertenece a la seccion de deportes sino a la de palabras sin sentido.

  • md. dijo:

    muy bueno el articulo, critico y habanero, el problema es que son unos imbeciles que no pueden interpretar el articulo, uds son del equipo de rodolfazo.

  • Ramon García dijo:

    Me gustó mucho el artículo, una forma casi poética de describir nuestro arraigo por el beisbol.
    Dice “Corresponde a los protagonistas del acontecimiento en cada lugar, junto a especialistas en distintas disciplinas, encontrar el modo de garantizar su continuidad”. Esta es la parte más preocupante, si seguimos por el camino que vamos, quizás algún día este artíulo esté fuera de contexto porque la pelota no cuenta con el apoyo de las altas esferas para que continúe siendo “el fenómeno cultural de mayor arraigo en Cuba”.
    Un saludo

  • Argimiro dijo:

    Genial maestra. Esto es arte, comunicación, un articulo para meditar, para disfrutar, para aprender. Felicidades querida y admirada maestra e intelectual.

    Critico, te sugiero que uses espejuelos, porque estas ciego, pero ciego culturalmente. Se ve que no sabes ni si quiera quien es la autora de este articulo. Te recomiendo averigües y luego nos cuentes.

  • Marianela dijo:

    Los anteriores no entendieron nada.
    Grazziela esta genial su articulo, de primera me asombro que usted escribiera sobre el tema, muchas gracias, ojala y los involucrados en el espetaculo lo leyeran

  • Carol dijo:

    Me gustó mucho.Es una mezcla de historia,arte y deporte y lo principal un llamado a mantener y enriquecer nuestras tradiciones dentro de las que se incluye “la pelota”.Ojalá vuelvan a La Habana los Carnavales como los que teníamos antes.

  • HGM.CIEGO. dijo:

    El Artículo realmente tiene una calidad excelente, y cuando no se tiene respeto hacia lo que las demás personas expresan, solo son signos de incultura y falta de muchas cosas. Si los primeros lectores no tienen el mismo criterio, que se expresen con disciplina y educación formal algo que en estos días se ha ido perdiendo.
    Muy de acuerdo con que no solo los carnavales de la Habana, yo diría que casi todas las fiestas tradicionales de nuestro pais han sido sepultadas, en muchas ocasiones solo nos queda una vez al año pasar malos ratos en los ahora llamdos festejos populares. Decir que esto no tiene que ver con el deporte es no entender lo que la escritora nos da como mensaje y es que como pasatiempo nacional la pelota es realmente un suceso sociocultural que tenemos que defender al igual que lo autótono y nunca dejar que nos corten nuestras raices.

  • paquita dijo:

    Gracias Dra Pogolotti: Usted siempre ofrece una lección de culta y cubanía…

  • Emilio G dijo:

    Me quito el sombrero ante este articulo, vaya forma de interpretar este fenómeno sociocultural llamado, por nosotros los cubanos, pelota

  • gladys regina dijo:

    Es la descripcion mas exacta que he leido acerca de nuestra cultura popular.No se por que los dos primeros foristas dan esa opinion desfavorable respecto al articulo,seguramente estaban presionados por el “tiempo de conexion”,y como lo vieron extenso ni siquiera se dignaron a leerlo hasta el final,pero bueno,esa no es agua que mueve molinos,por suerte la Profesora,eminente critica ademas,no es de las que se deja llevar por esos comentarios,pero,tambien debemos darle oportunidad a nuestros detractores,dejemoslos expresarse,asi hacen publico su analfabetismo cultural.
    Me ha gustado mucho la forma de tratar nuestras tradiciones,algunas ya en dacadencia y otras que ni existen,pero dudo mucho que algun dia vuelvan,al menos con la calidad requerida.Como todos recurrimos a “la falta de reccursos”,estoy convencida que nuestras tradiciones a partir de ahora seran otras,y nuestra cultura popular sera otra tambien.
    ¡Que pena que los cubanos del futuro no puedan apreciar esas costumbres,esas comidas,esas labores bordadas o tejidas,ese gusto particular que nos han distinguido en el mundo por ser Cubanos!
    Creo muy saludable leer y releer este trabajo de la Dra Graziella,muchas gracias por darnos a conocer que es Ud una cubana a quien le gusta disfrutar del (hasta hoy) deporte nacional…no se mañana…Gracias Doctora.

  • Reu dijo:

    excelente artículo, por favor aquellos q no lo entiendan y se aburren, vuelvan a leerlo. Si no lo entienden todavía, vuelvan a leerlo, si no lo entiende, por favor necesitan un mínimo muy pero muy elemental de cultural. Gracias Dra, por hacernos pensar y llenarnos de buenas lecturas

  • René dijo:

    Con todo respeto a la opinión ajena, ya he escrito sobre la tremenda carencia de instrucción, de cultura y ahora de educación formal de algunos que aqui se expresan con frases chabacanas y fuera de lugar que conducen a pensar que son adolescentes frustrados y con complejo de inferioridad. Eso dicen los sicólogos que se refleja en el lenguaje guaposo y grosero…

    Gracias a la Dra. Pogolotti por analizar este tema (hoy salió en destaque de primera plana de Juventud Rebelde) y sólo decirle que, como en los últimos temas tratados (la chabacanería entre ellos) y para decirlo en términos besiboleros, Ud. habló “al duro y sin guante”.

    Ojalá su atinada propuesta no caiga en la nada, pues hace falta que, conscientemente, entre muchas cabezas pensantes de buena fe, se rescaten las legítimas tradiciones que aprendimos de nuestros padres y abuelos, para que no se nos olviden, entre ellos, cómo no, la pelota, una pasión que une a la gran mayoría de los cubanos.

    En los días del play off, los chiquillos de mi céntrico barrio cambiaron el balón de fútbol por el bate y el guante y aún hoy domingo siguen y los oigo gritar de entusiasmo. Eso es también nuestra cultura, como una pintura de Fabelo, un chachachá de Jorrín o un ballet de Alicia.

  • RAUL DS dijo:

    habanero dijo:
    me durmo leyendo el articulo, yo creo que esta mal hubicado

    Para criticar a la Dra Poggoloti, debes primero aprender a escribir, te falto una e en duermo y te sobro una h en ubicado, eres un inculto al no respetar a tan ilustre escritora.. Gracias..

    inculto, ta. (Del lat. incultus). adj. Que no tiene cultivo ni labor. || 2. Dicho de una persona, de un pueblo o de una nación: De modales rústicos y groseros o de corta instrucción. || 3. Dicho del estilo: Desaliñado y grosero.

  • Latino_americano. dijo:

    Buen articulo…toca una de las escencias de nuestra cultura..!el beisbol!,hace falta que otras personalidades de nuestro patrimonio cultural se animen y hagan pronunciamientos como este de Graciella Pogolotti,a ver si los “especialistas” y dirigentes del beisbol cubano se destupen los oidos y empiezan a realizar los cambios necesarios para sacar adelante la pelota cubana en esta nueva era.

    Saludos azules.

  • jose sanchez dijo:

    Por lo que leo y oigo no es solo la pelota la que vamos a perder si no la inteligencia ,el buen gusto de la lectura y la belleza de la escritura nuestra ,como es posible que hayan personas en cuba que no sean capaces de reconocer un articulo como este a una de las basofias que se escriben hoy en dia .La senora Pogolotti es de esa generacion que fue capaz de tenerlo todo y entregarlo a los pobres de la tierra fue y es una maestra incansable de nuestra lengua .Antes en los puertos y canaverales blancos y negros sudorosos se saludaban ,de como estas amigo ,como esta la familia ,la sra ,el esposo los hijos ,hoy un intelectual saluda ,hey como estas asere ,y la family ,y la jeva o como esta el bacan y los chamas y la contesta es ,na asere estoy entero ,lajeva en la lucha y los chamas en la escuela o el curralo y como eso no lo lego la Pogolotti el sr.critico y el habanero no pueden saber lo que se escribio

  • grisel dijo:

    Gracias doctora, hasta a mí que no me gusta el béisbol me gustó su artículo, no haga caso de los comentarios de estúpidos a los que no ha llegado la política cultural de la Revolución, yo estoy segura de que no saben ni quién es usted.

  • Antonio Salgado dijo:

    Honor a quien Honor merece:

    Bueno, tenemos de todo en este foro,en pleno siglo XXI y todavia existen personas tan incultas y despreciables,perdone Usted Dortora Pogolotti,para los foristas,para su mayoria es una gran oportunidad y honor de tenerla a usted en nuestros medios,ha sido un privilegio y un gusto poder disfrutar de su gran articulo muy cubano 100X100,es verdad todo lo que ilustras en tus sabias palabras,he podido imprimir todo su articulo para que me sirva de preparacion socio-cultural y me permita conocer con gran interes el desvelo del pueblo cubano por su Deporte primado..Muchas Gracias Dr.

  • Wilfredo dijo:

    Gracias Dra. Pogolotti, excelente artículo

  • Maritere dijo:

    Excelente articulo, un urgente llamado al rescate de nuestras tradiciones culturales.
    De verdad no hubiera imaginado a la Dra Pogolotti jugando pelota en el estadio universitario, nada mas lejos de su porte y prestancia, es un orgullo para los seguidores de la pelota tenerla en nuestro clan.

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Graziella Pogolotti

Graziella Pogolotti

Crítica de arte, ensayista e intelectual cubana. Premio Nacional de Literatura (2005). Presidenta del Consejo Asesor del Ministro de Cultura, vicepresidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, miembro de la Academia Cubana de la Lengua y presidenta de la Fundación Alejo Carpentier.

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