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Las “Palabras a los intelectuales” a la vuelta de medio siglo

En este artículo: Cuba, Cultura, Fidel Castro Ruz
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Fidel con los intelectuales. Foto: Roberto Chile

Fidel con los intelectuales. Foto: Roberto Chile/Archivo

En 1961 se hacía crítico el complejo de contradicciones que generó la radicalidad del proceso de transformación revolucionaria iniciado dos años antes en la sociedad cubana. No habían transcurrido más que unos meses desde las últimas reformas que completaron la nacionalización de los sectores fundamentales de la economía cubana, la contrarrevolución se lanzó a las armas, con el apoyo expreso de la Casa Blanca, en la invasión por Playa Girón, en planes de atentados y sabotajes, y en alzamientos locales. Una detención preventiva dentro de la oposición desmovilizó la base potencial de respaldo con que contaban los invasores si no se lograba la derrota inmediata.

El pueblo cubano, enrolado en la empresa de barrer el analfabetismo, tenía que asumir también las armas para defender el proyecto revolucionario. Fidel Castro anunció, el 1ro. de mayo, la nacionalización de la enseñanza, lo cual dio lugar al éxodo de sacerdotes y religiosos vinculados a las escuelas católicas. En resumen, y para no entrar en más detalles, llegaba al clímax el dilema entre revolución y contrarrevolución.

No cabe pensar en los escritores y artistas como los únicos intelectuales atenazados por las preguntas que la coyuntura levantaba. Creo que para el periodismo, las disciplinas del pensamiento social y otros sectores del mundo profesional, la necesidad de definición era la misma, o muy parecida.

No fue que se prohibiese la exhibición de un filme documental de un realizador cubano, sino la urgencia de saber si la política cultural de la Revolución naciente iba a estar regida por la censura; de saber si serían impuestos patrones ideológicamente rígidos al arte y a la literatura, y con ellos, de manera más general, si el camino sería el de embridar y poner orejeras al pensamiento y a la creación. El propio Fidel lo resumía así en su intervención: “El problema que aquí se ha estado discutiendo y vamos a abordar, es el problema de la libertad de los escritores y de los artistas para expresarse […] El punto más polémico de esta discusión es si debe haber o no una absoluta libertad de contenido en la expresión artística”.

La urgencia de respuesta era, en sí misma, una urgencia revolucionaria. No puedo verlo sino como un dilema inevitable de la Revolución. La intelectualidad que vivía la sacudida cubana tenía que dirimirlo. Se trataba de las preguntas que no podían dejar de formularse los coetáneos de los nuevos conductores políticos, ni los de otras generaciones que les precedían. Los que, en sentido inverso, les seguíamos, los más jóvenes, no éramos todavía más que “aprendices de brujos”, incapaces de imaginar cuánto significarían para nosotros, y para los que iban a nacer después, aquel debate y aquella definición.

Hablo de urgencia porque hasta aquel momento no se había dado aún reunión o discusión nacional alguna dentro de la intelectualidad a la cual tocó participar del cambio, que lo estaba viviendo, de un modo o de otro, recibiendo satisfacciones o padeciendo angustias. El cambio nos involucraba a todos: el pueblo lo protagonizaba. Y dentro del pueblo, los creadores, la universidad, el mundo entero de la cultura, se debatía ante el reto de conectar, defender y legitimar su propio protagonismo dentro de un torbellino en el cual podía hacerse difícil encontrar articulación.

No fue aquel un encuentro planificado, ni con programa o agenda previa, ni acotado por filiaciones ideológicas. No recuerdo otra ocasión en que la espontaneidad haya funcionado con tanta eficacia. No se resolvió en un horario fijado o dentro de una jornada: se mantuvo mientras quedaban cosas por decir, preguntas por hacer, respuestas por recibir. Sesionó en la Biblioteca Nacional los días 16, 23 y 30 de junio. Solo un mes y medio después se celebraba el congreso fundacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y aquel encuentro que lo precedió le dejaba como legado coordenadas de reflexión.

El discurso de Fidel Castro que ha quedado para la historia con ese título: “Palabras a los intelectuales“, tampoco era un texto elaborado sino un verdadero ejercicio de pensamiento: una respuesta revolucionaria de altura ante la problemática que tres sesiones de discusión de inquietudes habían puesto ante la mirada de todos. Fue en aquella intervención que quedó plasmada, en una expresión sencilla, inequívoca, una postura que devendría paradigmática. Cimentada en un principio -tal vez sin precedente en la tradición socialista- que previniera, al mismo tiempo, los riesgos de dos dogmas extremos: de un lado, el de aplastar las libertades y, del otro, el de tolerarlas en detrimento, incluso, del proyecto revolucionario.

Recordemos la sentencia que marca la perpetuación de aquel discurso: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho”. Cito la versión en que precisa, como “ningún derecho”, lo que expresó en líneas anteriores como “nada”. Me cuido así de la antinomia, que a menudo ha prevalecido: erróneamente citado como “dentro” y “fuera”, o como “con” y “contra”. En las líneas que preceden a esta frase tan recordada, leemos: “que la Revolución no puede ser por esencia enemiga de las libertades; que si la preocupación de alguno es que la Revolución vaya a asfixiar su espíritu creador, que esa preocupación es innecesaria, que esa preocupación no tiene razón de ser”. Fidel no excluye de derechos a intelectuales y, en general, a personas honestas que no se sientan revolucionarias, en tanto subraya, a la vez, que a la Revolución, que representa el interés nacional, le corresponde el derecho de existir, y “nadie puede alegar con razón un derecho contra ella”.

Recuerdo que esta afirmación provocó una verdadera explosión de interpretaciones, entre el entusiasmo y la perplejidad, en Cuba y en el mundo. Había logrado articular el compromiso revolucionario con un escenario de libertad creativa en una fórmula inédita en los esquemas del socialismo certificado hasta entonces.

Pero la práctica política se dirime en un tablero con muchas fichas en acción. Consumado el debate de 1961 y registrada en la memoria la fórmula de Fidel, hemos podido ver (y sufrir), en la posterioridad, cómo la interpretación burocrática acerca del alcance de las libertades era condicionada por otros giros de la historia. Y sabemos que en la década siguiente a aquel instante, traumático e iluminador a la vez, “dentro” y “contra” fueron manejados muchas veces en referencias arbitrarias.

Algunas de las obras cubanas más significativas de aquellos años fueron proscritas y tuvo que correr agua bajo los puentes para que llegaran a manos de los lectores más jóvenes. La creación llegó a experimentar episodios sombríos que no necesitamos inventariar aquí. La ingeniería de lo que Ambrosio Fornet bautizó como “quinquenio gris” no se implementó contra las “Palabras a los intelectuales”, sino, paradójicamente, a partir de una interpretación distorsionada de estas. En 1996, recordaba Armando Hart que su actuación fundacional en el Ministerio de Cultura, 20 años atrás, se orientaba a “aplicar los principios enunciados por Fidel en ‘Palabras a los intelectuales’ y para desterrar radicalmente las debilidades y los errores que habían surgido en la instrumentación de esa política”.

La experiencia del marxismo soviético está cargada de ejemplos de esa suerte de hermenéutica distrófica del pensamiento revolucionario, concebida para justificar las arbitrariedades políticas consumadas. También para nosotros (los intelectuales cubanos, quiero decir) la crítica a una proyección soviética, durante algunos años, podía volverse objeto de una severa descalificación ideológica; poco importaba que fuera justa o no. Pero lo más complicado es que el futuro del pensamiento no está exento -no lo estará nunca, ni aquí ni en ninguna latitud- de la recurrencia a estas deformaciones. Es la vertiente más escabrosa de la real batalla de ideas.

Para terminar, quiero añadir que me resisto a desestimar el reparo contenido en la frase: “contra la Revolución, nada”. Y es que observo una tendencia crítica liberal que objeta esta advertencia, que la tacha de represiva, o de excluyente o, al menos, de extemporánea.

En una Mesa Redonda Informativa dedicada a las “Palabras…” el 29 de enero de 2001, Roberto Fernández Retamar recordaba haber hallado una resonancia martiana en “Con todos y para el bien de todos”, el discurso de 1891, pronunciado por Martí en Tampa, en plena campaña revolucionaria. Acudo a esta cita porque ella precisamente, extraída de su contexto, se ha visto manipulada hoy para oponerla al tramo final de la frase de Fidel: “contra la revolución, nada”. Fernández Retamar apunta que el del Maestro “es un discurso englobador, pero cuando se lee con cuidado se ve cómo Martí también excluye de ese ‘todos’ a quienes podríamos llamar ‘recalcitrantes’, para utilizar el término de que se valió Fidel”.

No hay que pasar por alto que “el bien de todos” es de todos menos de quienes actúan por convertirlo en propio, en detrimento de otros. Advierte Martí, en el mismo discurso, sobre “la mano de la colonia que no dejará a su hora de venírsenos encima, disfrazada con el guante de la república. ¡Y cuidado, cubanos, que hay guantes tan bien imitados que no se diferencian de la mano natural!”. No hay ingenuidad política posible en Martí como para creer que para él no sería igualmente válida la afirmación de que “contra la Revolución, ningún derecho”.

Finalmente, lo que quisiera destacar en estas breves apreciaciones es la vigencia, que se me antoja imperecedera, de aquella síntesis que Fidel lograra en 1961.

La Habana, 13 de junio de 2011

(Con información de La Ventana)

Se han publicado 10 comentarios



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  • nelson dijo:

    Muy clarificador este analisis.
    Es muy util refrescar estas ideas sobre todo en los momentos actuales, en que pudiera resurgir la tendencia a exponer deliberadamente argumentos en contra de la revolucion, amparados en el reconocimiento por parte del gobierno de errores cometidos. Una persona dijo (no recuerdo quien ni cuando) “el gobierno se puede equivocar, pero la revolucion no”.
    En fin, le agradezco este articulo. Naci en 1951.
    Saludos

  • José Antonio dijo:

    En Cuba ha existido una sola Revolución, la que inició el Padre de la Patria y que llevamos nosotros en nuestros días, por tanto se mantiene la vigencia de las palabras de Fidel a los intelectules en 1961: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho”

  • ROGÉS dijo:

    Esclarecedor y orientador en el buen sentido del término,pues mantiene abierto el abanico del debate sano.que escucha y reflexiona ,que busca construir sin prefijos ni prejuicios asi entendido es como se establece el dialogo con el con y no aceptando el contra que es la negacion del dialogo pues niega la posibilidad de articular en conjunto.Sabia reflexión.

  • próspero dijo:

    La intelectualidad es una etapa importante en el ser humano, por cuanto representa la etapa evolutiva donde, el hombre o mujer desarrolla la cualidad de su mente.

    El intelecto, junto a otras herramientas como; el pensamiento, la visualización, la razón, la lógica, la reflexión; hacen que su ejecutor, logre irigirse a la vanguardia de la humanidad. Pero no para dominarlo y someterlo.

    Cuando esto ha ocurrido, es señal inequívoca, de que quien se sometió a ese desarrollo, no le correspondía por evolución, y por tanto no ha entendido el proceso humano para el cual se debe preparar.

    La Personalidad, está constituida por tres elementos indivisibles: el cuerpo físico, emocional y el mental.

    Para un perfecto y armónico desarrollo, el ser humano debe, mediante sus experiencias, ir cumpliendo simultáneamente con el desarrollo de los tres.

    Por su carencia, hemos visto a “grandes intelectuales” suicidarse, o caer en depresiones muy peligrosas, por eventos de orden “amoroso”. Del mismo modo, cuando nos encontramos con “intelectuales” que se oponen a las transformaciones, como lo exige la revolución. Se debe, básicamente, por la incomprensión, de la información.

    Esa información, mediante la correspondiente atención, nos llevará a un estado de comprensión. Sólo si es comprendida la información, pasará al estado siguiente, llamado conocimiento. Cuando tenemos pleno conocimiento, somos capaces de “hacer”. Sólo el que es capaz de “hacer” puede: “ser”.

    Ese que es capaz de “Ser”, es el verdadero revolucionario. De allí la poca abundancia de revolucionarios verdaderos en el mundo.

  • próspero dijo:

    Quise escribir “erigirse”. Pido disculpas

  • próspero dijo:

    Hay una muestra palpable y dolorosa de lo que anteriormente escribí.

    Hace algunos años, bajo un régimen de gobierno, diferente al actual, en Venezuela, hubo un ministro para la inteligencia. Este quiso demostrar que el hombre es inteligente por naturaleza. Tomó como ejemplo a un indígena Pemón.

    Lo llevó a la escuela de música y lo hizo un gran ejecutante, al punto de dar conciertos en Nueva York. El Pemón tuvo que radicarse en esa ciudad, ajena a su medio ambiente, y sumamente contaminada. En poco tiempo, comenzó a manifestar trastornos de orden emocional y mental.

    El mimistro, era un gran intelectual (dentro de lo que conoce el mundo). Sin embargo, su intelectualidad no le permitió saber la verdad plena sobre lo que es la Evolución, y para qué. La Inteligencia, es de orden divino. Es inmanente en todo ser humano.

    Sin embargo, el tránsito por la vida, nos permite tener acceso a esa Inteligencia divina, que se encuentra en nosotros sin saltos. A través del paso constante, perseverante y atento en nuestra encarnación.

  • N.S.F dijo:

    cuanta intolerancia¡¡¡¡

  • El sofista dijo:

    “Y es que observo una tendencia crítica liberal que objeta esta advertencia, que la tacha de represiva, o de excluyente o, al menos, de extemporánea.” Uno de los problemas radica en que así como las figuras monárquicas, pero especialmente a la autoridad suprema dentro de ellas, son entes sagrados a los que no se les permite a nadie criticarlos, sean la reina de Inglaterra ó los jeques y reyes de las monarquías árabes ó de donde sean, así tampoco en Cuba se permite que sean criticados los máximos dirigentes, lo que los coloca a ellos como personajes intocables tal y como también lo han sido los máximos dirigentes de Corea del Norte. El otro problema radica en la que revolución pudiéramos decir que nació deformada, por lo que sus fracasos consiguientes la han empujado a apartarse de ciertos principios a los que no respondimos a los niveles necesarios para hacer realidad sus promesas más nobles. Y digo que la revolución nació deformada por cuanto nació de muchas improvisaciones que resultaron ser el producto ideológico que se podía esperar de la época, y que todavía sigue siendo el producto ideológico de nuestro tiempo presente, tanto en Cuba como en el resto del mundo. O sea, que no culpo a nadie, por cuanto creo que nadie sabía ni sabe aun como crear una magia revolucionaria que fuera capaz de hacer realidad todos los proyectos y aspiraciones que estaban en nuestras utopías, si es que en realidad habíamos concebido en nuestras mentes alguna que fuera válida.
    ¿Alguna vez se pensó en priorizar la búsqueda del bienestar de los cubanos por encima de cualquier otra causa revolucionaria? Pues creo que no. Creo que en la llamada Cuba revolucionaria jamás se pensó en crearse una utopía, sino que sus principales dirigentes se dejaron “aturdir” por sus ansias de protagonismo político, entreteniéndose con motivaciones de carácter burgués que los envolvieron en el recibimiento constante de personalidades extranjeras, asistencias a foros internaciones, recepciones, etc., que les quitaron la capacidad para pensar seria y científicamente en como resolver los problemas humanos, pero especialmente los relacionados con Cuba, con lo que se desconectaron de la primerísima causa del comunismo romántico, cual era la de la creación de dicha utopía, lo que de haberse logrado, hubiera generado un fervor revolucionario de gran magnitud por todo el mundo que no hubiera podido ser contenido para evitar la revolución mundial.
    ¿Qué se hizo en Cuba diferente a lo que se hace en el capitalismo, aparte de que se eliminó la empresa privada? Pues se siguieron permitiendo que tierras que muy bien podrían ser útiles en muchos cultivos, se urbanizaran y así le fueran robadas a la humanidad unas tierras que tanto necesita -lo mismo que se hace horrorosamente en el mundo capitalista, donde hasta en las tierras más fértiles se han creados grandes urbanizaciones -, crearon zoológicos en vez de eliminarse los que habían –así como lo hizo por primera vez un gobernante en el mundo llamado Evo Morales-, haciéndonos cómplices de esa manera con los crímenes que se comenten contra la fauna del mundo, lo que ha puesto en cautiverio a millones de animales silvestres para darles una vida triste, miserable y llena de abusos; se descuidaron los bosques naturales (cuales son los que realmente mantienen la humedad de la tierra y causan que llueva con regularidad debido a la gran diversidad de arboles que los componen), siendo reemplazados por bosques artificiales con vista al comercio de sus maderas, bosques que no han ayudado en nada a mantener el caudal de los ríos, cuales se están secando de una manera alarmante; en fin, que son muchas las cosas a mencionar que muy bien se pudieron hacer en nuestro país desde el mismo principio y que nadie pensó en ello. ¿Qué clase de socialismo humanista es éste que comete los mismos errores y absurdos del capitalismo donde no era necesario que ello ocurriera? ¿Qué hay de la utopía que aun se nos debe? ¿Qué hay de ese país lleno de flores, de ríos limpios, de personas bellas, decentes y esbeltas, carentes de avaricias, egoísmos, maldad y competiciones entre ellas? ¿Acaso se pensó alguna vez en esto y en como crearlo? Es por todo esto y cien mil cosas más que como pueblo defraudado ponemos en duda las palabras de “con la revolución todo; fuera de la revolución, nada” O sea, que ante la realidad de que nuestra llamada revolución se ha degradado tanto que ya ni siquiera de habla de los idealismos mas puros ni de la creación de la utopía, pues ello nos hace pensar que la revolución es contrarrevolución y que contra la contrarrevolución y contra los contrarrevolucionarios si tenemos que luchar, pues ellos, ó nunca creyeron en los grandes ideales, ó pronto dejaron de creer en los ideales más puros y elevados.

  • Ana Margarita Bestard dijo:

    Quiero referime a un artículo publicado meses atrás, pero que tenía su base precasamente las Palabras a los intelectuales. Su título es:

    La Biblioteca Nacional de Cuba. Una cultura organizacional revolucionaria.

    … La Biblioteca Nacional por su parte está desarrollando una política en favor de la cultura, empeñada en despertar el interés del pueblo por la música, por la pintura. Ha constituido un departamento de pintura con el objeto de dar a conocer las obras al pueblo. Un departamento de música, un departamento juvenil; una sección, también, para niños.

    Fidel Castro (1)

    La Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, al triunfo de la Revolución, se convirtió en la institución que aglutinó a los intelectuales y bibliotecarios que tenían como tarea principal orientar a las masas populares en el gusto por la lectura. Muchas ideas que aún en el 2010 nos resultan sorprendentemente novedosas, se gestaron en los predios de nuestra institución que no solo tendría como labor conservar el patrimonio de la nación, sino que también emprendería la titánica tarea de fungir como biblioteca pública.

    Por ello, la Biblioteca Nacional, teniendo en cuenta parámetros científicos en cuanto a cultura organizacional y normas bibliotecarias utilizadas en otros países con un trabajo de bibliotecas públicas más desarrollado y apoyando la política del gobierno revolucionario que implicaba profundos cambios, dicta el 3 de diciembre de 1959 la resolución que pondría en marcha la realización de los sueños de muchos: lograr que todos los sectores de nuestra población tengan acceso a nuestro patrimonio cultural fomentando el gusto por la lectura en un pueblo alfabetizado.

    La directora, Maria Teresa Freyre de Andrade, firmaría esta resolución de la que queremos reproducir fragmentos del acápite número 8

    “Por Cuanto: La Biblioteca Nacional José Martí al mismo tiempo que realiza su labor de biblioteca pública puede servir de guía a otras bibliotecas del país que deseen ser auxiliadas en su labor, así como, adiestrar a los bibliotecarios que trabajan fuera de la Habana sin haber tenido la oportunidad de trabajar en sus distintos departamentos bajo la supervisión de personal técnico: Resuelvo: Que la Biblioteca Nacional trabaja de la siguiente manera: Primero, cumpliendo a cabalidad su función de Biblioteca Nacional, para lo que recogerá, organizará y pondrá a disposición del público todo el tesoro bibliográfico y musical de la nación, y llevará a cabo, al mismo tiempo, una labor sistemática de recuperación por medio de microfilmes, de todos los documentos históricos de interés nacional… Que en atención a lo expuesto en el Por Cuanto No.6 de esta Resolución, la Biblioteca mantenga un personal idóneo y la debida organización departamental para llevar adelante las labores de Biblioteca Pública…” (2)

    para leer más, http://librinsula.bnjm.cu/secciones/267/desde_adentro/267_desde_1.html

    • Eduardo dijo:

      ¡Defiende lo tuyo, BALÓN!

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Aurelio Alonso

Sociólogo y escritor cubano. Licenciado en Sociología en la Universidad de La Habana. Miembro del Consejo de Dirección de la revista Pensamiento Crítico. Autor del libro “Iglesia y política en Cuba revolucionaria”. Es Investigador Titular del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS) y Profesor Titular Adjunto de la Universidad de la Habana.

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