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Gran Bretaña: Matrimonios y solterías

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Para un país donde se realizan fastuosas bodas, sin varitas mágicas  ni hadas madrinas  que conviertan calabazas en carrozas, no es extraordinario que la tasa de inflación tienda  a llegar al 5%, en particular si continúan subiendo los precios de los servicios públicos. El reporte es del Banco de Inglaterra,  donde se admite un empeoramiento de la situación económica: “lo más probable es que el crecimiento a medio plazo sea más débil de lo previsto en febrero por la demora en la recuperación del consumo y el impulso, menor de lo previsto, de las exportaciones”.

Los expertos hacen referencia  al coste ascendente de las materias primas y otros peritos se remiten a la elevación del IVA (impuesto sobre el valor agregado, o sea, encima de cuando se compra, desde un jabón hasta el pago del gas). Otros, más atrevidos, se refieren a lo deshonradas que están unas finanzas con  demasiados compromisos acumulados con los activos tóxicos, las malhadadas hipotecas de alto riesgo (subprime) o por efecto de las movidas con la Libra Esterlina, pues a semejanza de lo que suele hacer la Reserva Federal norteamericana cuando están en problemas, también Londres ha bajado varias veces los tipos de interés de su moneda, buscando favorecer sus exportaciones. Hasta ahora sin mucho éxito y con desempleo creciente.

En Marzo, medio millón de inconformes salieron a  las calles, tomadas tiempo antes por los estudiantes que no aceptan el aumento de las matrículas. Se dijo entonces y se materializa ahora, que el propósito tras esos pasos es la privatización no solo de la enseñanza superior, sino de tantas cosas que dejarán pequeña la ordalía neoliberal entronizada en los 80 por Margareth Thatcher.

Se cuenta que  el liberal Nicolas Clegg se puso él mismo la corbata al cuello, y que David Cameron  ayudó con el nudo. El mismo primer ministro pudiera también dar el último empujón a su consorte político que se quedaría colgando  mucho tiempo, antes de recuperar crédito suficiente, si el premier, aparte de anular la promesa que Clegg hizo a los jóvenes, garantizándoles que no habría obstáculos para el ascenso a las universidades, ejecuta además la privatización de todo o parte del sector sanitario, cuando el  impacto de los recortes al gasto público se están haciendo sentir.

No se olvide que hace apenas un año fue conformado este impar matrimonio y no por el placer de la convivencia o el reto de la discrepancia, sino debido a que ninguna formación política del Reino Unido tuvo la cantidad suficiente de votos como para formar gobierno en singular.

Si se hunde, Clegg será el culpable de su propio declive, por haber aceptado reducir 130 mil millones de dólares del presupuesto, afectando a tantos sectores, en busca de eliminar el déficit fiscal en un plazo breve, pero sin medir las consecuencias. Las primeras se vieron en las últimas elecciones municipales a inicios de mayo y las autonómicas de días atrás, que evidenciaron la pérdida de simpatía hacia los liberal-demócratas, de quienes se esperaba que amortiguaran los golpes, pero no, y en el ascenso de los nacionalistas escoceses.

Si Escocia se separara, se acabaría el Reino Unido, que mantuvo su nombre tras la independencia de Irlanda. En ese terreno, las teorías sobre el éxito del Partido Nacional Escocés para acometer un proceso de emancipación, son variopintas y, quizás, no realizables a corto plazo, pero el divorcio Cameron-Clegg, muestra una amplia emergencia.

El euroescepticismo de los conservadores  tiene en Cameron un adalid. El reciente aumento de facultades  otorgado a la Unión Europea, que se posesiona de competencias supranacionales mayores que las precedentes, pudiera ahondar las diferencias y rechazos del Reino Unido que solo participa en el pacto comunitario de aquello que le conviene y se queda fuera de cuanto decide. No sería imposible que estos hechos precipitaran arriesgados pronósticos: las condiciones y tendencias actuales pudieran llevar a una conveniente reactivación del Commonwealth, “grupo de comunidades autogobernadas que forman Gran Bretaña y sus dominios”. Son 54 estados en África, Asia y Oceanía.

Quizás puedan mantener su autónoma duplicidad (la UE y los otros) y en cualquier caso, poco probable resulta evitar avisados  descalabros políticos. Y como no son tiempos para nobles  hechizos, tampoco debe esperarse  el arribo de encantadas calabazas y bailes de lujo. Hoy se imponen peripatéticos apretones y extravagantes guerras.

Se han publicado 1 comentarios



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  • OBSERVADOR dijo:

    AHORA LA REALEZA ESTA VENDIENDO LOS DISQUITOS Y LAS REVISTICAS DEL WILLIAN Y KATY, HACE FALTA QUE VENDAN TAMBIEN LOS BOMBARDEOS A LIBIA O QUE LOS PONGAN GRATIS PARA QUE TODO EL MUNDO VEA LO QUE ESTAN HACIENDO ESTOS HIPOCRITAS

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Elsa Claro

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

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