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Atizando fuegos

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Antes y durante su gira  por Asia Central y países  árabes Hillary Clinton tuvo que telefonear al menos a una docena de personalidades en un intento por atenuar los efectos de las revelaciones destapadas por  Kiwileaks. Su periplo mismo parece motivado por algunas de las filtraciones, pues en el voluminoso paquete de memos, mensajes e informes secretos, puestos en circulación, está el documento 225598 donde se revela que ella instruyó a las embajadas norteamericanas para que trasladaran confianza a los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) inquietos ante los anuncios hechos en septiembre del 2009 por Barak Obama, sobre la que llamó nueva política de defensa antimisiles.

El CCG está formado por  Arabia Saudí,  Kuwait, Qatar, Bahréin y Omán, además de los Emiratos Árabes Unidos (EAU son 7 islas con Abu Dhabi presidiendo esa federación). La secretaria de estado pretendía calmar los temores suscitados por el anuncio del mandatario estadounidense, asegurándoles a los dignatarios árabes que “Los programas BMD (defensa de misiles balísticos) en Europa no van a requerir un desvío de activos de EE. UU. desde el Golfo”.

El emplazamiento del avanzado sistema integrado de misiles Aegis en el Pérsico y de baterías de misiles Patriot en Bahréin, Kuwait, Qatar y los EAU, se mantuvo todo lo posible en secreto hasta tanto  The New York Times publica una breve información a inicios de este año que ya termina, provocando un intenso malestar en las naciones concernidas porque ninguna desea que Irán las vea como hostiles. Otros trascendidos aseguran que enviados especiales de Teherán sugirieron a los estados vecinos que no cayeran en la trampa de constituirse en base de agresiones contra los persas, pues ello pudiera convertirles en eventual blanco si ocurren confrontaciones.

Por interés empresarial o torceduras en la visión política imperante, Washington ha desatado un fuerte armamentismo en un área tan importante como complicada, dados sus yacimientos de petróleo y los conflictos, violentos o prolongados, que la aquejan.

La gravedad se detecta al saber que el Pentágono vendió a los citados países armas y servicios militares por un importe de 123 000 millones de dólares en este 2010,  lo cual supera en tres veces los convenios materializados  en los cuatro años anteriores.

Solo con respecto a Arabia Saudita  el gobierno norteamericano ratificó el mayor contrato bélico establecido entre ambos en toda la historia de sus cercanas relaciones, ascendente a 60 000 millones de dólares. Los saudíes son los socios más íntimos y comprometidos de Washington en la zona y si de Irán se trata, con ese reino es de los desafectos hacia Teherán.

Para las divergencias existen motivos de índole religiosa. En Arabia Saudí, se encuentran los lugares venerados del Islam y practican la rama sunní de esa fe, en oposición a los chiíes, vertiente ejercida por los iraníes en general y otros grupos en diferentes países circundantes. Aparte, los  sauditas ven a Irán como un rival que les impide tener el liderazgo de la región, tanto debido al desarrollo que alcanzaron, como con motivo del proceso revolucionario de 1979, cuando liquidaron la monarquía para crear una República Islámica, desenlace de mayor avance, tanto si se le aprecia en su valor político como en el terreno confesional, al decir de varios expertos en esta área.

El auge de los arsenales en los citados países árabes,  tiene dimensiones tan serias como para poner en alerta a Israel, inconforme ante tanto poder de fuego “amigo” y razón para que Tel Aviv pidiera a las autoridades estadounidenses mantener su “ventaja militar cualitativa”.

Insisten en que Irán tiene ya, o está a punto de poseer, armas ofensivas. Contradictorio, porque quieren atacarlo. Si están tan seguros de que los persas poseen ese tipo de armamento, agredirles provocaría un conflicto devastador para ese pedazo de la geografía donde los incidentes provocan sombrías consecuencias.

Otro factor es el contagio de, o el sometimiento a, la política norteamericana y que deriva hacia posiciones controversiales como la sugerencia de atacar  al país de los ayatolas de modo preventivo, o de lo contrario, dicen,  si allí obtienen armas nucleares, el resto de las naciones circundantes también  las van a procurar.

Si hubiera inquietudes tan pronunciadas con respecto a la sinrazón que padecen los palestinos, quienes apenas cuentan con un octavo de su territorio y a quienes les siguen quitando trozos de suelo y opciones de futuro, esa injusticia histórica estaría reparada ya.

No es ocioso observar que si se estimula una confrontación sectaria entre países, los resultados serán temibles. A escala reducida, los norteamericanos promovieron un conflicto de ese tipo en Iraq buscando dividir a la resistencia y lograr un control mayor del país invadido.  Ello provocó miles de muertes, destrucción, situaciones gravísimas y perdurables. Algo parecido, dentro de su tiempo y circunstancias, ocasionaron al favorecer a los musulmanes bosnios contra los ortodoxos serbios. Asunto todavía sangrando.

Cordura no abunda -ya se sabe- entre los del beneficiado complejo militar industrial y quienes están procurando  aumentar su control sobre importantes recursos donde los haya. Tales proyecciones desatan miedos infundados en el Medio Oriente, como parecen ser los que aliñados con ofuscación mística,  uno de los más antiguos subterfugios,  existen y se incrementan desde fuera.

Otras acritudes y reparos no escasean. Dimitri Medvedev, hizo referencia al cinismo de la ¿diplomacia? norteamericana evidenciada en las filtraciones que obligaron a la Clinton a tantos telefonemas y a la extensa gira emprendida. El presidente ruso, de otro lado, advirtió que si fracasan las negociaciones sobre la creación de un escudo antimisiles junto con Rusia, el Viejo Continente deberá afrontar una carrera armamentista, otra, cuando  la situación económica mundial no es marco apropiado para tan indeseable acontecimiento.

Lo dicho es una pequeña parte de una complejidad mayúscula, dentro de la cual  las filtraciones de Wikileaks, lo mismo si son reales, como si forman parte de un complot de la derecha norteamericana contra la actual administración, según suponen algunos, como pruebas documentales  de erráticas conductas, constituyen puntos añadidos sobre abundantes motivos que deberían inducir a  prudencia por parte de quienes ignoran que está minado el campo sobre el cual se camina hacia el futuro… si lo hay.

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Elsa Claro

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

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