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Exprimiendo la teta de la General Motors

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Llevó a la General Motors a la bancarrota. Le ocasionó pérdidas por más de 88 mil millones de dólares. Lo destituyeron como presidente del gigante automovilístico de Estados Unidos que tuvo 325 000 empleados en 33 plantas dispersas por el mundo. Pero, en agosto, cuando pase al retiro, el multimillonario Rick Wagoner seguirá incrementando su fortuna, pues recibirá en los próximos cinco años unos ocho millones de dólares como pensión y, además, el pago por un seguro de vida por 2, 57 millones de dólares. Y no solo eso, sino que a partir del 2015, y por el resto de su vida, tendrá una pensión anual de 74 000 dólares.

Así premia el capitalismo a los “grandes hombres de negocios”, hayan triunfado o no. Lo evidencia claramente el caso de Wagoner,  quien trabajó 32 años en la General Motors. No puedo dejar de pensar, al leer la noticia, si igual suerte tuvieron las decenas de miles de trabajadores que en los últimos años por el cierre de las plantas de GM han quedado desempleados.

GM no es una empresa cualquiera para el Imperio. Los hechos desde el 30 de marzo pasado cuando se produjo la renuncia de Wagoner, por presiones de la Casa Blanca, lo han dejado bien claro. Y más aún cuando el gobierno de Washington salió a protegerla y en un acto de nacionalización adquirió más del 60 por ciento de las acciones de esa organización empresarial. Más de 50 mil millones de dólares han sido destinados para la nueva empresa  General Motors Company, que ahora así se llama (antes era General Motors Corporation).

¿Por qué es interés de Washington en salvar ese gigante automovilístico? ¿Acaso sólo por la producción de Chevrolet, Buick, Cadillac y otras marcas de autos y camiones? No debemos olvidar que la GM, aparte de ser un ícono del capitalismo a lo largo de un siglo, es parte del Complejo Militar Industrial, y, como ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, dejó de producir automóviles de paseo y de sus plantas salían tanques Sherman, equipos blindados, aviones, ametralladoras y fusiles vendidos al Pentágono y a otros ejércitos de grandes países capitalistas.

Aunque la información es escasa, la GM  no excluyó de sus negocios a los nazis. Tenía plantas en Alemania, luego que en 1929 había adquirido la empresa automovilística Opel, y el ejército de Hitler utilizaba transportes construidos por esa subsidiaria de la GM. Esas plantas, ciertamente, estuvieron controladas por los nazis, pero llama la atención que Hitler no dispuso su nacionalización. El 30 de noviembre de 1998 el periódico The Washington Post publicó una información sobre que las empresas automovilísticas Ford y GM estaban siendo investigadas por colaboración con los nazis. Pero de esa anunciada investigación no se ha sabido mucho más, aunque en el buscador de Google aparecen 58 millones 800 mil notas sobre el tema GM. Quizás muy pocos países tengan tal cúmulo de información en la red.

Luego de la Segunda Guerra Mundial los empresarios norteamericanos estaban tan contentos con los beneficios que habían alcanzado que surgió, de hecho, una alianza  entre las corporaciones y el ejército para “una economía de guerra permanente”, como lo había sugerido Charles Erwin Wilson, presidente entonces de la GM, y a quien llamaban “Motor Charles” para diferenciarlo de Charles E. Wilson, presidente de la General Electric, otra corporación del Complejo Militar Industrial, y a quien llamaban “Electric Charles”.

En 1953, el presidente Eisenhower facilitó el camino a las corporaciones cuando nombró a Charles Edwin Wilson como Jefe del Pentágono. Cuando fue interpelado por una comisión del Senado para aprobar su nominación, le preguntaron si podría tomar una decisión desfavorable para la GM y viceversa, es decir el gobierno, a lo cual respondió afirmativamente, y es entonces cuando brota de sus labios la célebre frase “lo que es bueno para la General Motors es bueno para Estados Unidos, y viceversa”.

Hoy en día, se expresa en Wikipedia y otros medios digitales, Detroit, donde radica la sede central de la GM, es también la sede central de Tank-Automotive and Armaments Command (TACOM) del Ejército de los Estados Unidos.

Busqué una página web de esa empresa norteamericana, donde se invita en su portada a dar clic en el titular “Mitos y realidades” a todos aquellos que tuviesen dudas sobre el presente y el futuro de la GM.

Y ahí, dentro de un lenguaje endulzado, se deslizan algunas informaciones como las que cito:

*Los activos de la GM fueron vendidos a NGMCO, Inc., una sociedad constituida por el Departamento del Tesoro de los EE.UU.
*El gobierno de EE.UU. posee la participación accionaria más importante dentro de la GM: 60,8 por ciento. Canadá (11,9%), Fideicomiso de Beneficios Médicos y Jubilados (17,5%) y la Vieja GM (10%).
*Dados los reajustes requeridos se reducirá este año en 5 100 empleados las plantillas  de las plantas de Norteamérica. El proyecto es operar en los años próximos con 64 000 de los 91 000 empleados que hay dentro de EE.UU. GM reducirá también el 12,5% de su plantilla laboral en México.

Otras fuentes aseguran que GM cerrará 14 de sus plantas y despedirá a 47 000 trabajadores alrededor del mundo.

El cierre de plantas y el despido de empleados no es nuevo. En 1989, cuando GM tenía grandes saldos de ganancias, cerró la planta de Flint, Michigan, donde nació esa empresa, y 30 000 empleados se quedaron en la calle. Entonces, la GM decidió efectuar un traslado a México, donde pagaban a sus trabajadores un tercio de lo que recibían los obreros de Flint. Michael Moore hizo un documental denunciando tal acción de la GM.

La bancarrota de la GM, sinónimo de “poderío industrial invencible a lo largo de un siglo”, ha sido un resultado de múltiples factores: desde una mala dirección hasta una crisis económica y financiera profunda que en los últimos años ha provocado una caída en las ventas. Lo cierto es que la GM se endeudó en 172 mil millones de dólares.

Ha sido, en fin, otro símbolo del capitalismo que se desploma, y que el Estado norteamericano trata de salvar con otra fuerte inyección financiera porque, al parecer, su ex presidente Wagoner, a pesar de los suculentos contratos que tenía con el Pentágono y otras dependencias del gobierno, fracasó en hacer una administración eficiente. Y la corporación ha tenido pérdidas constantes y cuantiosas en los últimos años.

A Wagoner, en verdad, le resbala que se le señale y responsabilice con el desastre económico, porque él va seguir exprimiendo millones de la teta de la GM, entre pensión inmediata, seguro de vida y pensión vitalicia. Si algo tiene el Imperio es que no desprotege a los magnates y privilegiados.

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  • Marianela dijo:

    Fomentar la Sociedad de consumo, garantizar que no se debilite el respaldo de la industria armamentista… son las prioridades. Los desempleados… bueno, mala suerte, que esperen tiempos mejores.

    A Wagoner lo van a seguir sustentando porque sabe demasiado y no es conveniente que se moleste y le dé algún día por hacer demandas o hablar secretos “sucios”; si jodió la empresa, es lo de menos, de todas formas, el mecanismo está diseñado para que no se vaya nada de las manos del poder monopolista: economía y militarismo, seguirán siendo las masas claves del equlibrio en la balanza del poderío norteamericano.

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Juan Marrero

Juan Marrero

Periodista cubano, vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba

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