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Ser o No Ser: ¿Obama se decide?

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Pronto o tarde se están disparando acusaciones de grueso calibre contra Barak Obama, quien, cuando menos, es juzgado de ambivalente, sobre todo en lo referido a sus propósitos de realizar cambios sobresalientes en la readquisición del tan fanfarroneado paradigma sobre liderazgo en derechos humanos, algo que olvidaron al ejecutar lo designado como lucha contra el terrorismo. El rotativo vienés Der Standard, lo enfoca de este modo: “Estados Unidos debe cerrar el campo (de Guantánamo) y acoger a los prisioneros (…) No puede derivar la responsabilidad hacia otros países (…) Hasta ahora, ha intentado darle el gusto a todos en el debate: acabamos con los métodos de Bush, pero los responsables quedan impunes; cerramos Guantánamo, pero los tribunales militares prosiguen…”

Otro enfoque pertenece al director ejecutivo de la Unión por las Libertades Civiles Estadounidenses, Anthony Romero, quien alude al desencanto de muchos al ver que Obama y el Partido Demócrata no se prepararon para contrarrestar la campaña de miedo orquestada por los republicanos, destinada a permitir que las repulsivas políticas de los 8 años recién pasados se mantengan.

“Celebramos el compromiso de Obama con la Constitución, el imperio de la ley y el inequívoco rechazo a la tortura. Pero, a diferencia del presidente, creemos que continuar con las defectuosas comisiones militares y crear un nuevo sistema de detención indefinida sin acusación formal es inconsistente con los valores que expresó tan elocuentemente…” opina Romero.

El asunto estriba en que si bien rechaza el empleo del suplicio para obtener cuestionables informaciones, el mandatario se niega con similar fortaleza a crear una especie de comisión de la verdad que investigue y eventualmente exija responsabilidades a todos cuantos permitieron vituperables métodos contra personas sobre las cuales ni siquiera existían evidencias mínimas de culpa.

Baste de ejemplo, entre muchos que vienen saliendo a la luz pese al intento por acallarlos, el denunciado por un grupo humanitario de Afganistán, asegurando que un prisionero de esa nacionalidad, Mohammed Jalad, tenía tan sólo doce años cuando fue encarcelado en Guantánamo donde está internado desde hace más de seis, víctima de repetidas torturas. Su caso -muy difícilmente aquel niño pudo ser un terrorista- pudiera añadirse al de unos 525 detenidos liberados tras resultar imposible obtener pruebas sobre sus hipotéticos vínculos con alguna organización extremista.

Los senadores norteamericanos que se han negato al cierre de ese penal creado en el sur oriente cubano, argumentaron que llevar hacia suelo estadounidense a individuos tan ¿amenazantes? constituye un desafío a la seguridad del país. La duplicidad expositiva que se le achaca a Obama parece haberle proporcionado a la cámara alta, un pretexto pues el jefe de estado abordó el asunto planteando que debía encontrarse un “marco legal para aquellos que no pueden ser juzgados” y pudieran ser “un peligro a la seguridad nacional”.
Los señores senadores de ambos partidos magnificaron los hipotéticos riesgos que supondría dejar en las calles norteamericanas a personas a las cuales les endosaron lo que no se les probó nunca, pero a que ninguno de los antes liberados se quedaron en EE. UU. Pues marcharon a sus puntos de origen.

Parece que de la misma manera en que Richard Cheney mintió al mundo diciendo que de Iraq habían salido los terroristas que atentaron contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre 2001, en uno de varios intentos para justificar la invasión de ese país, y nada le ha ocurrido aunque se regodee ahora aceptando que antes dijo tremendo embuste, hay investigaciones, reportes y quién sabe cuántas certificaciones demostrando que la aplicación de torturas y distintos atropellos siempre estuvieron fuera de la ley y por tanto ahora ni se deben practicar ni tampoco tolerarlos. Antes bien requieren ser castigados.

Pero las nociones de que las garantías internas se obtienen al margen de los principios,-criterio aplicado por el propio Cheney- sigue vigente en el mandato Obama cuando hace concesiones o titubea hasta con respecto a sus mejores compromisos.

El destacado politólogo Noam Chomsky aseveraba recién que las revelaciones actuales sobre torturas y qué se debe hacer sobre ello apuntan una vez más al eterno conflicto entre “lo que representamos” y “lo que somos”. Es decir, las palabras deben corresponderse con los hechos o no se consuman.

Desde que el general Taguba rindiera su informe antes de retirarse del ejército, se supo que aparte de las tétricas fotos difundidas sobre una parte de los abusos cometidos en Abu Graib existían pies de película y centenares de fotos con testimonio innegable de lo hecho en esa prisión y en otras del propio Irak o en Afganistán. Acaba de confirmarse que las peores no fueron dadas a conocer.

Algunas organizaciones estadounidenses pidieron que se publiquen, pero el jefe de estado solicita a un Tribunal de Apelación de Nueva York que paralice la divulgación de esas fotografías porque “Temo que tenga consecuencias para la seguridad de nuestras tropas”.

Obama le da base a su demanda partiendo de las valoraciones hechas por Raymond Odierno y David Petraeus, altos mandos militares a cargo de las fuerzas que en las dos naciones ocupadas cometieron los execrables actos. Según el mismo Petraeus son “…imágenes, en las que se ve a militares estadounidenses maltratando a presos” (incluso violándoles) y mostrarlas implicaría el posibilidad de que las tropas en ambos países fueran atacadas.

El debate está instalado en EE. UU. en torno a la exhibición de ese testimonio gráfico y en lo relativo a si los detenidos en Guantánamo deben someterse a juicio regular en tribunales estadounindeses o mantener la ficción de cortes militares sin garantías para los reos.

Un pequeño pueblo de Montana se ofreció para recibir a esos prisioneros si en definitiva Obama cumple su promesa de clausurar la mal afamada instalación que se convirtió en símbolo de la escasa probidad del gabinete Bush que se derramará sobre el nuevo inquilino de la Casa Blanca mientras él no se deshaga de tan pésimos influjos y los culpables sigan ilesos.

Sucede que en Hardin, el condado más pobre de ese estado norteamericano, hace poco construyeron una cárcel pensando que les ayudaría a lograr cierta reactivación económica, pero aún no recibieron allí ningún huésped.

En la disyuntiva y junto con Obama, están los demócratas sumados en este tema a las tesis republicanas y, por supuesto, el esqueleto que hueso a hueso se fue creando por el sistema y sus sustentadores, para darle músculo y fuerza a un modo sumamente egoísta de enfocar la vida propia y sobre todo, la ajena.

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Elsa Claro

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

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