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España se librará definitivamente de papagayo de Bush en Madrid

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España se librará definitivamente en enero venidero del embajador norteamericano Eduardo Aguirre, afamado por su actuar injerencista, y quien a pesar de su tozuda pretensión no consiguió subordinar la política de las autoridades de ese país europeo con respecto a Cuba a la del régimen del mandatario George W. Bush.

 

El diplomático norteamericano, un conocido vasallo del saliente inquilino de la Casa Blanca, abandonará finalmente Madrid sin lograr su objetivo de que el actual gobierno español asumiera la conducta hostil que Washington mantiene hacia la isla caribeña desde hace casi cinco décadas.

 

El papagayo de Bush en España recibió otro jarro de agua fría esta semana, cuando el Ministro de Relaciones Exteriores cubano, Felipe Pérez Roque, cumplió una visita oficial a ese estado ibérico, que sirvió para continuar normalizando los vínculos bilaterales, y emprender un diálogo político con la Unión Europea (UE).

 

Aguirre, quien padece de incontinencia verbal crónica,  no pudo ocultar su disgusto por la estancia positiva de Pérez Roque en Madrid, y salió molesto a fanfarronear, agrediendo a Cuba, e inmiscuyéndose en los asuntos internos de España, como suele hacer siempre.

 

El diplomático norteamericano, queriéndose mostrar al mismo tiempo una víctima, acusó a Cuba de utilizar a Estados Unidos como "chivo expiatorio de todas sus ideas fallidas", cuando en realidad es su régimen el victimario,  al obstinarse en hacerle la guerra a la mayor de las Antillas para intentar rendirla por hambre.

 

Por supuesto que el representante de Bush no hizo ni una sola alusión, en sus infortunadas declaraciones,  al arreciado bloqueo que Washington impone a la isla caribeña desde el mismo triunfo de su Revolución, y que la historia se ha encargado en demostrar una y otra vez que es un fracaso.

 

Precisamente, el próximo 29 de octubre la Asamblea General de Naciones Unidas votará otro proyecto de resolución que exige el fin definitivo del bloqueo contra Cuba, el cual se augura desde ya recibirá, como en 16 anteriores ocasiones, el respaldo mayoritario de los países miembros de esa organización internacional.

 

Aguirre, como su jefe Bush, de seguro sufrirá un nuevo desengaño, cuando la comunidad internacional alce su voz nuevamente en la sede de la ONU, en Nueva York,  para condenar la criminal política de cerco aplicada por Washington al pueblo cubano.

 

Al igual que el mandatario norteamericano, su representante en Madrid está destinado a dejar su cargo padeciendo el mismo y endémico síndrome de frustración que sufren quienes a lo largo de la historia han persistido inútilmente en derrumbar la Revolución Cubana, que justamente el 1 de enero de próximo celebrará su 50 cumpleaños.

 

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Patricio Montesinos

Patricio Montesinos

Periodista español residente en La Paz, Bolivia. Es corresponsal de Cubadebate.