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EN LA BATALLA DE IDEAS

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Para las clases sociales, convertir sus ideas en dominantes y trabajar por sumar a la mayoría a sus proyectos, es legítimo; otra cosa es pretender la exclusividad ideológica y tratar de imponer el pensamiento único y la uniformidad cultural.
El liberalismo, ideología de la burguesía revolucionaria y el marxismo, sostén teórico del socialismo moderno y, de alguna manera, de todas las corrientes alternativas al capitalismo, fueron originalmente sustentadas por minorías.
Las filosofías humanistas y las ideas políticas no son productos de la naturaleza, no se destilan espontáneamente no surgen de la práctica ni de la actividad de las masas, sino que son resultado de la labor teórica de los sabios y los líderes que, a partir de datos de la realidad, referentes conceptuales y de paradigmas ideológicos, las crean o las producen.
Los sabios y los enciclopedistas, los tratadistas y los hombres de ciencia, los guías espirituales, los conductores de masas, llamados ideólogos, son productores de ideas y de conocimientos que, al actuar en el sentido de las necesidades históricas, auspiciar el mejoramiento humano y trabajar por el progreso y a favor de las mayorías, asumen el papel de vanguardias.
Aunque la producción de conocimientos, que es un proceso esencialmente social, es realizada por individuos concretos que inscriben sus nombres en los anales de la historia. Esos hombres abarcan todos los campos del saber, existen en todas las culturas, épocas y lenguas, aparecen cuando las necesidades históricas lo demandan y cuando pasan a formar parte del acervo cultural humano, nunca pierden vigencia. 
Entre los hombres de esta estirpe existe la categoría de aquellos que contribuyen a la difusión de las ideas y con lucidez, encuentran los modos para, aún en las más difíciles circunstancias, propagar el pensamiento avanzado, ampliar el espacio para las ideas justas y prestar a la humanidad, a los pobres y a los excluidos un inestimable servicio.
Esos son los pedagogos y los hombres de la prensa, que trabajan en la elaboración y difusión del pensamiento avanzado, lo hacen asequible y lo difunden entre millones de personas. En esa pléyade figuran los militantes y los luchadores sociales que ponen su talento y sus energías al servicio de las causas más nobles, trabajan hasta el sacrificio, exponen su bienestar e incluso arriesgan la vida para armar a los pueblos con las ideas que iluminan sus luchas.
En la medida en que las ideas avanzadas se abran paso, se modificaran prácticas y estructuras de dominación y se removerán obstáculos que impiden el desarrollo y el progreso, sostienen la pobreza y el hambre, abriendo paso a la justicia social.
Lamentablemente hay otro bando. El de los reaccionarios y los conservadores; los imperialistas, los oligarcas y los oscurantistas, que se benefician con la ignorancia y la guerra, promueven ideas retrogradas y son refractarios a los hallazgos que abren caminos nuevos.
Los de esa casta nutrieron las filas de los inquisidores y los fascistas, los imperialistas y los oligarcas, que se agazapan en todas partes, temen a las ideas y para suprimirlas, aislarlas y conculcarlas no vacilan en enviar a la hoguera y a la cárcel a los pensadores avanzados.
 Las ideas políticas de vanguardia no son instrumentos de dominación sino de participación.

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Jorge Gómez Barata

Jorge Gómez Barata

Periodista cubano, especializado en temas de política internacional.